Leer The Shadowed Chronicles The Ascension Of Creus (Novela) Capítulo 9 online gratis en español
El estruendo de la compuerta al cerrarse detrás de ellos retumbó por todo el corredor como el rugido de una bestia despertando de golpe. Creus sintió aquella vibración subir desde las plantas de sus pies hasta el pecho. Durante un instante creyó que el propio castillo intentaba expulsarlos, como si aquellas paredes centenarias hubieran decidido proteger a sus dueños incluso después de la muerte de Sir Gareth.
El aire era cada vez más pesado. El humo de las antorchas, mezclado con el olor de la piedra húmeda, el sudor y la sangre derramada durante los combates, hacía que respirar resultara cada vez más difícil.
—¡No os detengáis! —ordenó el líder rebelde mientras doblaba un estrecho pasillo. Nadie discutió. Todos corrían. Las botas golpeaban la roca irregular con un ritmo desesperado. Algunos resbalaban por la humedad acumulada durante años en aquellas galerías olvidadas. Otros empujaban a sus propios compañeros para evitar quedarse atrás. Creus intentaba mantener el paso, pero las piernas comenzaban a protestar. Nunca había corrido tanto. Durante años había trabajado hasta caer rendido, pero aquello era diferente. El esfuerzo nacía del miedo. Cada respiración quemaba. Cada latido parecía golpearle las costillas desde dentro. Miró por encima del hombro. Detrás de ellos, varias luces aparecieron en la oscuridad. Antorchas. Muchas más de las que deseaba ver.
—¡Nos pisan los talones! —gritó uno de los rebeldes. El líder ni siquiera giró la cabeza.
—Lo sé. Continuó avanzando. Creus comprendió entonces que aquel hombre ya esperaba algo así desde antes de entrar al castillo. La misión nunca había consistido en ganar. Consistía en sobrevivir lo suficiente para desaparecer. Un sonido metálico resonó delante. Todos se detuvieron de golpe. Un rebelde chocó contra la espalda de Creus.
—¡Ah! El joven perdió el equilibrio. Sus botas resbalaron sobre una capa de musgo húmedo y cayó de rodillas contra la piedra. Un dolor agudo le atravesó la pierna derecha. Instintivamente apoyó una mano en el suelo para levantarse. La roca estaba helada. Durante una fracción de segundo quiso quedarse allí, recuperar el aire y descansar. Solo unos segundos. Solo uno. Pero la realidad no concedía descansos. Elara apareció junto a él.
—¡Levántate! Lo sujetó del brazo con fuerza. Creus apretó los dientes. El dolor seguía allí, latiendo bajo la rodilla. Aun así consiguió ponerse de pie.
—Gracias... Ella negó con la cabeza. —Agradécemelo cuando estemos vivos. Continuaron corriendo. Delante de ellos había una reja de hierro medio oxidada. Dos rebeldes comenzaron a empujarla. No cedía.
—¡Otra vez! El metal crujió. Nada. Los pasos de los perseguidores sonaban cada vez más cerca. Creus tragó saliva. Podía distinguir voces.
—¡Han ido hacia los túneles inferiores! —¡No permitáis que escapen! El líder observó rápidamente el mecanismo.
—Está bloqueada. Uno de los rebeldes desenvainó una pequeña hacha. Comenzó a golpear el sistema de cierre. Cada impacto hacía saltar pequeñas chispas. Cada golpe era una llamada para los soldados. Creus notó cómo el corazón le golpeaba con violencia. Nunca había sentido una presión semejante. Recordó la habitación donde había matado a Gareth.
Durante unos segundos creyó que sentiría alivio. No había llegado. Solo existía aquella carrera interminable. Solo el deseo de seguir respirando. Un golpe más. El cerrojo se partió. La reja se abrió apenas lo suficiente para dejar pasar a una persona.
—¡Uno por uno! Los rebeldes comenzaron a cruzar. Creus esperó su turno. Las manos le temblaban. No sabía si era por el esfuerzo o por todo lo que acababa de hacer. Cuando llegó frente a la abertura tuvo que girar los hombros para atravesarla. La armadura ligera de cuero raspó contra el hierro. Durante un instante quedó atascado. Sintió un nudo en el estómago.
—¡Muévete! —gritó alguien detrás. Empujó con todas sus fuerzas. La tela terminó desgarrándose y logró pasar al otro lado. Cayó hacia delante. Esta vez consiguió amortiguar el golpe con los antebrazos. Una punzada recorrió ambos codos.
—¡Maldita sea...! —murmuró mientras volvía a incorporarse. No había terminado de levantarse cuando escuchó el estruendo. Los primeros soldados alcanzaban la reja. El líder fue el último en cruzar. Empujó el hierro hacia atrás. No serviría para detenerlos mucho tiempo. Pero quizá bastaría para robar unos segundos. Y en una huida... unos segundos podían separar la vida de la muerte. Siguieron descendiendo. El pasillo se transformó poco a poco en un túnel mucho más antiguo. Las piedras eran distintas. Más oscuras. Más grandes. Algunas estaban cubiertas por raíces que atravesaban el techo buscando humedad. El aire era más frío. Creus sintió un escalofrío recorrerle la espalda. El sonido del combate comenzaba a apagarse. Ahora solo escuchaba gotas cayendo en la oscuridad. Y, detrás de ellas... el eco de cientos de botas buscando el mismo camino.
—¿Cuánto falta? —preguntó un joven rebelde entre jadeos. Nadie respondió. El líder seguía avanzando como si conociera perfectamente aquellos túneles. Creus dudó.
—No pasamos por aquí cuando entramos... —Porque esta ruta solo sirve para salir —contestó el líder sin detenerse. Aquella frase hizo que Creus frunciera el ceño. Solo sirve para salir. ¿Cuántas veces habían utilizado aquellos túneles? ¿Cuántos ataques como aquel habían intentado? ¿Y cuántos habían terminado en fracaso? No tuvo tiempo para seguir pensando. Un estruendo sacudió el túnel. Todos se sobresaltaron. Polvo y pequeños fragmentos de piedra comenzaron a caer del techo. Algunos levantaron los brazos por instinto.
—¡Han derribado la reja! —exclamó Elara. El líder aceleró.
—Entonces ya no tenemos margen. Corred. Corred como si vuestra vida dependiera de ello. Porque depende. Creus reunió las pocas fuerzas que le quedaban. Las piernas pesaban como plomo. El pecho le ardía. Cada inspiración parecía insuficiente. Pero siguió. Un paso. Otro. Y otro más. No por valentía. Sino porque quedarse atrás significaba volver a ser prisionero. Y prefería morir antes que permitirlo. Mientras corría, una idea comenzó a abrirse paso entre el agotamiento. Había matado al hombre que gobernó su vida durante años. Había recuperado su libertad. Y, sin embargo... No tenía hogar. No tenía familia. No tenía destino. Solo un grupo de desconocidos que huía por túneles olvidados bajo un castillo lleno de enemigos. Por primera vez desde que abandonó su celda... Creus comprendió que la libertad también podía dar miedo.

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The Shadowed Chronicles The Ascension Of Creus (Novela) Capítulo 9
Estás leyendo el capítulo 9 de The Shadowed Chronicles The Ascension Of Creus (Novela), un novela. Un joven Creus de 16 años , que es esclavo en el castillo de un noble llamado Sir Gerath , Creus con su ferviente deseo de libertad empieza con su plan Este capítulo tiene publicado el 12 de julio de 2026. The Shadowed Chronicles The Ascension Of Creus (Novela) tiene 12 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.