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Leer The First Breath After the Last (Novela) Capítulo 19 online gratis en español

—Lucas, Luz, feliz cumpleaños… Nunca pensé que Grise iba a felicitarme a mí también. Se sentía extraño. Un recuerdo lejano se implantó en mi cabeza, recordando los viejos tiempos de cuando aún vivía con mi familia. Sentí una punzada en el pecho. Era el sentimiento más nuevo… Cada vez sentía algo más nuevo o conocía más cosas que en mi vida pasada desconocía. Sinceramente, no tenía palabras para este nuevo sentimiento encontrado. Pero finalmente me animé a hablar. Sin embargo, justo cuando iba a decirlo, Luz me interrumpió. —Yoo… —¿En serio, Grise? ¿Esto es por nosotros? —exclamó con mucha felicidad en sus ojos. —Claro que sí, Luz, y también Lucas —proclamó Grise con una sonrisa amable, parecida a la de mi madre. Ese sentimiento de nostalgia no podía evitarlo. Puse mi mano en el pecho y apreté fuertemente mi camisa hasta arrugarla completamente. Siendo sincero conmigo mismo, ya estaba olvidando por completo quién fui en realidad. Tras ese breve pensamiento, finalmente decidí hablar. —¿Qué sucede, Lucas? —Grise, yo… Muchas gracias por haberme incluido. Te lo agradezco mucho —hablé con los labios temblando ligeramente—. Y a ti también, abuelo. La sonrisa de Grise y la del abuelo se asomaron al instante, casi al mismo tiempo, para luego decir: —Bueno, empecemos antes de que arruinemos este momento. ¡Hahahaha! —dijo Grise. Momentos después, no perdimos más tiempo y nos sentamos a la mesa, cada quien en su silla. Luego, Grise empezó a repartir la comida en porciones iguales. Luz estaba tan feliz que se movía de un lado a otro de alegría. La verdad es que ya estaba acostumbrado al comportamiento de esta niña que se cree adulta. Sin embargo, debería corregirla luego. Puse mis dedos sobre la sien y dije: —Luz, deberías comportarte un poco. ¿Se te zafó un tornillo nuevamente o qué…? —Oye, eso fue grosero, Lucas. Grise, dile algo a ese gruñón. —Vamos, vamos, niños, no peleen —exclamó el abuelo. —Lo siento, abuelo —dije. Después de ese momento casi familiar, decidimos empezar a felicitar a Luz, aplaudiendo mientras ella sonreía a la vez que miraba la tarta. Rápidamente, decidí hablar. —Luz, feliz cumpleaños. Espero que sigas siendo así de animada y loca de remate. Miré hacia atrás mientras me tapaba la boca para aguantar la risa. —¡Oye, Lucas! —exclamó Luz, haciendo un puchero. Algo normal en ella. Más tarde, comimos hasta reventar. Las luces que iluminaban todo el lugar hacían que se sintiera familiar, pero también estaba un poco oscuro, debo admitirlo. Las antorchas apenas alumbraban la sala por completo. Sin embargo, no puedo creer que disfrutara esto. —Lucas, feliz cumpleaños —mencionó Luz mientras sonreía. —Muchas gracias, Luz. Varias horas más tarde, cuando finalmente todo había terminado, oficialmente había cumplido mis seis años. Era algo de lo que alegrarse, pero… Que Elena, Sasha y Andrew no estuvieran para presenciarlo me hacía sentir mal. —Rayos… —expresé, mirando con frustración el suelo. Últimamente he conocido emociones que para mí son completamente desconocidas. Al menos, antes de reencarnar, no creí que no ver a un ser querido te haría sentir realmente mal… —Lucas, ¿qué sucede? ¿Te sientes bien? —proclamó Grise. —¡Ah! —Sí, me encuentro bien. Solo estaba pensando. Bueno, necesito ir a dormir. Mañana también entrenaré. Grise, nuevamente se los agradezco mucho, abuelo y Grise. Hasta mañana. Luego de eso, caminé hacia mi habitación en el piso superior sin mirar atrás. Los sonidos que se escuchaban afuera eran bastante relajantes: los insectos cantando, los murmullos de las personas al otro lado y el sonido de mis pasos resonando sobre la madera… Suspiré, cerrando los ojos mientras sonreía levemente. Ya estoy tan acostumbrado a esto que se ha vuelto relajante. Me pregunto… ¿Luz extraña a su familia? Siempre parece sonreír, así que es difícil saber qué piensa realmente. Incluso era muy amable cuando estuvo en aquel barco… ¡Tsk! Tras esos pensamientos, abrí la puerta de mi habitación para luego encerrarme y tirarme a la cama en forma de estrella, cerrando los ojos mientras los sonidos se hacían lejanos poco a poco. Antes de quedarme dormido, por primera vez deseé que ese momento durara un poco más. … Al día siguiente, me levanté y regresé a mi rutina habitual. La meditación, como mencioné anteriormente, era la parte más importante para mí. Básicamente, es algo que llevo haciendo desde que era un bebé, así que se convirtió en algo del día a día. Luego, tras esos minutos de meditación, bajé de mi cama y caminé al primer piso. Al llegar, no había nadie, como si todo se hubiera esfumado. Me dirigí a la cocina mientras mencionaba el nombre de Grise, pero tampoco había nadie. Luego fui hacia la sala y tampoco hubo respuesta… ¿Qué está sucediendo? Luz, Grise, abuelo, ¿dónde están? Corrí hacia la habitación de Luz, pero no se encontraba allí. Mi último lugar era el patio. Sin dudarlo, bajé rápidamente al primer piso y salí hacia afuera mientras jadeaba un poco. Pero ahí se encontraban ellos, frente a mí, sonriendo mientras parecían hacer algo o revisar algo. Estaban sentados juntos. Sin esperar más, grité: —¡Luz, Grise, abuelo! —grité con una sonrisa. Pero no hubo respuesta. Luego me acerqué a ellos caminando. Sin embargo, no estaban parados ni caminando. Aun así, sus figuras se alejaban más mientras más me acercaba. El miedo empezó a llegar y, sin dudarlo, comencé a correr hacia ellos mientras extendía las manos y gritaba sus nombres. —¡Luz, Grise, abuelo! ¡Espérenme! ¿Adónde se dirigen…? Luego, todo se volvió nada. El suelo reflejaba el cielo como un espejo, como si todo se hubiera hecho agua por donde se puede caminar. Sin saber qué sucedía, me pregunté: —¿D-dónde estoy? La duda me carcomía. El miedo, que no era algo normal en mí, apareció por primera vez: esa sensación de volver a quedarme solo. Luego, una voz, como un susurro, habló: —Estás en tu mente, o bueno, en realidad es un sueño que yo creé para poder conectarme contigo. Niño, tú eres bastante peculiar… Se podría decir que pareces diferente a un niño normal… —¿Desde dónde me estás hablando? Muéstrate. ¿Quién eres y por qué estás haciendo esto? —Pero ya sabes quién soy. Después de todo, rescataste mi cuerpo de ese goblin que me usaba como bola de cristal mágica. Pero es normal; aún estoy en un profundo sueño. —¿De qué hablas? ¿Rescatarte? No entiendo a qué te refieres. Aquella bola de cristal colorida simplemente la traje porque me pareció que podría venderse. —¿Vender…? A ver, ¿cómo que venderme? ¿Acaso no la trajiste contigo porque querías tenerla para ti…? —No, claro que no. De hecho, no me interesó en lo más mínimo. Solamente quería ganar un poco de dinero vendiéndola en el pueblo. Tal vez así podría pagarle a Grise y al abuelo por lo que hacen por nosotros. —Niño, ¿te refieres a esos bendecidos? Vaya, tienes un buen corazón. Escúchame: quiero que mantengas esa bola de cristal a salvo por cinco años. Cuando lleguen esos cinco años, tú y yo nos volveremos a encontrar. —¿Qué? O sea, te apareces de la nada, no te muestras, me dices que te conozco y ahora te vas. ¿Qué diablos sucede aquí…? Luego perdí la conciencia por completo. Al abrir lentamente los ojos, me encontraba acostado en mi cama, en la misma posición de la noche anterior. Luego me levanté y observé aquella bola de cristal para revisar qué había sucedido y por qué había visto todo eso… En serio, ¿qué rayos pasó? —Lucas, buenos días —proclamó Luz, entrando directamente en mi habitación. —Oye, Luz, deberías tocar, ¿no crees? —Vine a meditar junto a ti. ¿Crees que pueda? —Mmm, claro, ¿por qué no? Sin embargo, intenta no molestar. Necesito concentrarme. Si aceptas esa condición, puedes quedarte. —Vale. Luego de eso, Luz y yo fuimos directamente al suelo y nos sentamos en posición de meditación. Cerrando los ojos, dejé fluir mi energía de Nexo. No presté atención a lo que Luz hizo; sin embargo, es obvio que intenta copiarme. Tras eso, finalmente pasaron algunos minutos, pero decidí continuar un poco más. Luego, la barriga de Luz sonó: ¡Gggrrrg! Abrí lentamente los ojos mientras intentaba aguantar la risa, inflando los cachetes. —Perdón, hahaha. Creo que ya tengo hambre. Luego, caminamos a la mesa del primer piso y nos sentamos mientras esperábamos la comida pacientemente. Al llegar, nos pusieron los platos sobre la mesa con una cuchara de madera que ahora sí se adaptaba a mi pequeña boca. Luego, sin dudarlo más, empezamos a comer. Luz parecía comer rápido, como si estuviera más hambrienta de lo normal. —Oye, Luz, deberías comportarte un poco… ¡Hip! Me tapé la boca, sorprendido por el repentino ataque de hipo. —¡Hahaha! Lucas tiene hipo. Eso te pasa por criticarme. Olvidé por completo que esta chica se ríe por todo. Tiempo después, terminamos de comer y, sin dudarlo, me dirigí al patio para seguir practicando mis movimientos. Esta vez no quería entrenar con la espada; quería practicar mis reflejos y rapidez. Así que agarré de la mano a Luz para que me siguiera. —Me gustaría que me ayudaras a entrenar también hoy. —Claro que sí, Lucas. —Bien, Luz —dije, poniéndome en guardia—. Intenta tocar mi hombro. Yo solo voy a esquivar. No me lo dejes fácil. —¡Ja! Prepárate para perder, gruñón —respondió ella con una sonrisa traviesa. Sin avisar, Luz se lanzó hacia adelante. Su primer golpe fue directo a mi rostro; agaché la cabeza rápidamente y sentí el viento rozar mi cabello. Es rápida, pensé. Ella no esperó y lanzó un manotazo hacia abajo. Esta vez no pude moverme a tiempo y su mano rozó mi camisa. Mi cuerpo de seis años era demasiado pesado y lento. Creo que puedo trabajar más mis reflejos. —¡Casi te tengo! —celebró Luz, dando un pequeño salto de alegría sin detener su ataque. El cansancio empezó a arder en mis piernas. El suelo de tierra estaba resbaladizo, así que decidí cambiar de estrategia: en vez de mirar sus manos, clavé mi mirada en sus ojos para anticipar su siguiente movimiento. Luz lanzó un golpe cruzado con la mano izquierda, pero yo ya lo sabía. Di un paso hacia atrás con elegancia, dejándola golpear al aire. Terminamos jadeando, con el sudor bajando por nuestras frentes, cansados, pero con una sonrisa. —Vaya, Luz, creí que hablabas en serio con lo de querer atraparme. Sin embargo, creo que no lo parece —le dije de forma burlona. —¡Oye! ¡Eso no vale, apenas estaba calentando! —exclamó Luz, inflando los cachetes con indignación. Su mirada cambió por completo. Sin darme tiempo a reaccionar, dio un pisotón contra el suelo y se abalanzó sobre mí el doble de rápido. Esta vez no se reía; sus movimientos eran puros reflejos. Tuve que activar un destello de mi energía de Nexo inmediatamente en mis piernas para poder saltar hacia atrás, esquivando sus dedos por apenas un milímetro. Justo cuando me disponía a atacar, el sonido de la puerta trasera abriéndose nos hizo voltear. Grise se asomó al patio con una cesta en las manos y una sonrisa cálida en el rostro. —Vaya, veo que se despertaron con mucha energía hoy —mencionó, mirándonos. —Grise, estoy intentando mejorar mis reflejos. Son demasiado lentos. Incluso Luz está casi alcanzándome ya. Si no entreno esta parte, me va a superar. —Oye, ¡tengo nombre! —Hahaha, solo es una broma. Bueno, en todo caso, ¿qué te parece si me ayudas un poco, Grise? A lo mejor contigo puedo mejorar más. —¿Acaso soy el juguete de Lucas? —gritó Luz en tono exagerado. —Oye, eso sí es bastante malo. Creo que deberíamos seguir. —Está bien. Ya que están aquí, les ayudaré a entrenar un poco a los dos. ¿Qué dicen? Pero, a cambio, tendrán que acompañarme al pueblo. —Claro, por supuesto —respondimos. Grise empezó en cuestión de segundos. A pesar de que Luz y yo intentamos coordinar nuestros movimientos para rodearla, ella esquivaba cada uno de nuestros intentos con una gracia asombrosa, como si pudiera predecir el viento. No usaba fuerza bruta; simplemente utilizaba nuestra propia velocidad en nuestra contra, dándonos pequeños toques en la frente cada vez que dejábamos una defensa abierta. El entrenamiento duró apenas unos quince minutos, pero terminamos el doble de exhaustos y con el patio lleno de risas. —Bien, suficiente por hoy —declaró Grise, limpiándose una inexistente gota de sudor mientras nos miraba en el suelo—. Vayan a cambiarse esa ropa sucia. Saldremos al pueblo como prometieron. Luz y yo corrimos a nuestras habitaciones para darnos un baño rápido y vestirnos con ropa limpia. Al salir de la casa, el aire fresco de la mañana nos recibió. Luego nos pusimos en marcha directamente hacia el pueblo, como habíamos acordado. Al llegar, el bullicio del mercado local nos envolvió por completo. El lugar estaba lleno de vida: el aroma a pan recién horneado se mezclaba con el olor de las especias, y los vendedores gritaban desde sus coloridos puestos ofreciendo desde frutas frescas hasta telas y herramientas extrañas. Caminamos sin prisa, simplemente observando la mercancía y disfrutando de la calidez del día. Por un momento, me olvidé de las preocupaciones y del misterioso sueño de la noche anterior. Solo éramos nosotros tres, paseando como una verdadera familia. Ese día quedó marcado en mi memoria como uno de los más pacíficos de mi infancia. El tiempo, sin embargo, no se detiene para nadie. Dos años pasaron volando desde aquella tarde en el mercado. Ahora, con ocho años recién cumplidos, mi cuerpo ya no se sentía tan frágil ni torpe. Aquel niño pequeño que apenas podía controlar sus movimientos había dado paso a una versión mucho más ágil y fuerte. Mis reflejos se habían agudizado gracias al entrenamiento diario, y mi energía de Nexo fluía con tanta agilidad que incluso a mí me sorprendía. Mi rutina seguía siendo estricta, pero las cosas a nuestro alrededor estaban a punto de cambiar drásticamente. Porque finalmente podríamos competir en el torneo. Tanto Luz como yo podríamos participar en el torneo del que habló el abuelo hace tres años. Quiero decir, ya que entrenamos por mucho tiempo, mi objetivo siempre fue entrar a ese torneo para luego obtener el permiso de poder entrar a los Huecos o mazmorras. Mientras pensaba en eso, llegó Luz con paso firme. Se detuvo a escasos centímetros y plantó ambas manos con firmeza sobre sus caderas, inclinando el torso ligeramente hacia adelante. Entrecerró los ojos con una confianza absoluta, como si estuviera a punto de declararme una victoria asegurada. Su postura desbordaba una leve inseguridad y nerviosismo, pero su magia estaba tan estabilizada que borraba por completo a la niña ruidosa de hacía dos años. —Oye, Lucas, ¿qué te parece mi nuevo estilo de ropa? Al observarla detenidamente, vi que vestía un traje de combate impecable en tonos azulados. Llevaba un leotardo oscuro y ajustado que le cubría las piernas, coronado por un corsé de cuero azul marino ceñido con correas oscuras sobre el pecho. Del reverso de su cintura se desprendía una larga túnica abierta de color azul zafiro con bordes dorados, la cual ondeaba con gracia a cada paso que daba. El conjunto se completaba con unos guantes largos de cuero que protegían sus antebrazos y, descansando elegantemente en su cadera izquierda, una espada enfundada lista para la acción. —¡Ah! Sí, te ves bien. Por cierto, ¿falta mucho para que salga Grise? —¿Qué clase de respuesta es esa? —dijo, haciendo un puchero. Luego de eso, finalmente Grise y el abuelo salieron. El abuelo vestía ropa bastante normal: una camiseta larga y pantalones marrones. Por otro lado, Grise estaba vestida como siempre, con su traje de combate y sus dos espadas cortas en la cintura. —Lucas, tu ropa tampoco está mal. Grise la eligió para mí. Era una vestimenta de combate completamente negra, de estilo fluido y oriental. Llevaba una túnica interior oscura ceñida al cuerpo, cubierta por una túnica larga y abierta del mismo color que ondeaba suavemente con el viento a cada paso que daba. Un grueso cinturón de tela blanca envolvía mi cintura, sosteniendo firmemente una espada enfundada en mi costado. Mi cabello azulado, que ahora me caía en mechones rebeldes hasta los hombros, enmarcaba mi rostro, dándome un aire mucho más maduro y serio. Luego de eso, finalmente nos pusimos en marcha todos. Salimos de la casa para llegar al pueblo y nos dirigimos hacia la salida. Era obvio que nos tocaría caminar; aquí no hay carruajes. Sin embargo, la sorpresa fue diferente. —Oye, ¿no íbamos a ir caminando? —le dije a Grise, a lo que ella respondió: —Ese era mi plan. Sin embargo, un amigo del abuelo se dispuso a llevarnos en su carruaje, así que decidimos aceptarlo amablemente. —Y-ya veo. Bueno, al menos no tendré que escuchar los quejidos de Luz a cada rato. —¡Oye! ¿Qué dijiste? —Nada. Bueno, creo que será mejor ir hacia donde se encuentra ese señor y llegar lo más rápido que podamos a donde toca inscribirnos. La emoción ya me está ganando. —Grise, Lucas siempre será impaciente, ¿verdad? —exclamó Luz. —Hahaha, tienes razón. Lucas siempre será Lucas. —Oigan, puedo oírlas. Pero es verdad, no puedo evitarlo. Me emociono mucho cuando se trata de este tipo de cosas. Creo que lo heredé de mi padre. Hahahaha. —Y creo que tú solamente buscas excusas para no admitir que la impaciencia solo proviene de ti —reclamó Luz. —No sé de qué hablas. —¿Lo ves? Intentas disimularlo. Al rato, todos llegamos al punto de encuentro donde el abuelo había quedado de acuerdo. Sin dudarlo más, subimos mientras esperábamos que el abuelo arreglara las cosas y hablara con su amigo. —Por cierto, el amigo del abuelo también es un Terio o bendecido por las bestias. —Lucas, ¿se puede saber por qué me explicas cosas que ya sé? “…” En fin… Después, el carruaje se puso en marcha. Los traqueteos empezaron a sonar a medida que avanzaba. Luz parecía nerviosa, más de lo habitual. Se quedó callada justo cuando el carruaje empezó a moverse; solo se limitó a observar el paisaje. Por otro lado, el abuelo y Grise estaban conversando, mientras yo me limitaba a observar hasta que Grise preguntó: —Lucas, Luz, ¿qué sucede? De pronto, los dos parecen estar muy callados. Hace un momento parecían emocionados. —Oh, ¿acaso están nerviosos? —dijo con una sonrisa burlona. —Y-yo no estoy asustada. Es solo que es mi primera vez en este tipo de cosas, así que no sé cómo comportarme. —¡Ah! Creía que de verdad querías participar, pero parece que ya te está ganando el miedo. Y eso que eres muy hábil. Lastimosamente, Luz quiere abandonar, Grise. ¿Qué hacemos? Sonreí, burlándome de ella. —¡Ya verán! ¡Ganaré ese torneo y los dejaré con la boca abierta a los dos! —Eso espero, pequeña Luz —exclamé, riéndome de ella. “Punto de vista de Luz” Grise y Lucas se la han pasado burlándose de mí desde que me puse nerviosa, o mejor dicho, desde que emprendimos el viaje al siguiente pueblo. ¡Ya verán que sí puedo! No quiero que todo mi entrenamiento se vaya a la basura por culpa de mis nervios y vergüenza. Mientras observaba el paisaje, este empezó a cambiar drásticamente, pasando de un bosque a un lugar con casas por doquier. El sonido del carruaje, que antes era tosco y brusco, cambió a uno silencioso y limpio. —Vaya, parece que finalmente hemos llegado —exclamé con la voz un poco cortada y nerviosa. —Eso parece. Por cierto, abuelo, ¿dónde nos quedaremos esta noche? Recuerda que nos quedaremos hasta que Luz y Lucas participen. —Tranquila, hija. Déjaselo a tu abuelo. Me encargaré de conseguir un lugar donde hospedarnos, además de buena comida. Los jovencitos necesitan comer bien. —Bien dicho, abuelo —dije. Luego de eso, finalmente el carruaje se detuvo. Al salir, vi frente a mí un pueblo muy diferente al nuestro. Se alzaba un enorme coliseo de combate, una estructura circular de piedra gigantesca cuyas murallas parecían tocar el cielo. Desde afuera se alcanzaban a escuchar los rugidos del público y el eco de las espadas chocando, lo que hizo que se me erizara la piel. Justo al lado de las inmensas puertas de madera, dos estatuas se alzaban sosteniendo unas espadas a la altura del pecho, con una armadura de estilo espartano. Cerca de la entrada principal había una mesa de madera custodiada por dos guardias, donde un cartel grande de piedra decía: «Firme aquí para participar». Lucas no lo pensó dos veces; se dirigió hacia allá. Sus dedos ya picaban por tomar esa pluma. Aunque debía aguantarse, había una fila entera de personas esperando su turno. Había diferentes razas de participantes: Terios de linaje puro que, por su aspecto y manera de comportarse, ya era obvio que serían los peores rivales. También había Terios bendecidos, humanos y unos cuantos enanos. Es la primera vez que veo unos. ¡Espera! Qué maleducada de mi parte tratarlos como animales. En fin, me coloqué en la fila junto a Lucas mientras esperábamos. Ahora que veo bien, también hay muchos humanos. —Por cierto, Grise, ¿por qué te formas? ¿Acaso también participarás? —Claro. No serán los únicos que se diviertan; yo también lo haré —exclamó Grise. Después de un rato, finalmente nos tocó a nosotros. Era el turno de Lucas de pasar a inscribirse. Su emoción se notaba hasta en su pequeña presencia. Luego se acercó a la mesa y le preguntaron: —Datos del participante: —Lucas Caldwell. —Ocho años. —Humano. —Aceptado. Siguiente, por favor. Luego de eso, una humana con ropa extraña que aún formaba fila hizo una especie de sonido extraño, algo sospechoso. Sin embargo, decidí no prestar atención. Voy. Al acercarme, el tipo frente a mí me hizo la misma pregunta. Luego de responder, finalmente me aceptaron y siguieron pasando lista y firmando los demás. Rato después, Grise, Lucas y yo regresamos con el abuelo. —Parece que ya están listos. El torneo empieza mañana, así que tienen un día para hacer lo que quieran. Disfruten de este lugar. ¿Qué dicen? —proclamó el abuelo Alan. —Por cierto, Lucas, cuando diste tus datos, alguien sospechoso reaccionó de una manera extraña. ¿No lo notaste? —¿Qué? Yo no vi nada. Estaba tan emocionado que no miré a mi alrededor. Ya olvídate de eso; disfrutemos de este lugar. No puede ser. ¿En serio eres un obsesionado con los combates? En fin, ¿qué se puede hacer? Luego de esa conversación, nos dirigimos a una de las posadas donde íbamos a quedarnos. Parece que el abuelo la había reservado mientras nosotros estábamos en la fila. ¡Qué bueno! Al pagar la estadía por los días que nos quedaríamos, cada uno se dirigió a su habitación, a excepción del abuelo y yo, que nos quedamos frente a la sala principal. —Oye, abuelo, ¿qué pasa? ¿Por qué te quedas aquí? —Oh, solo pensaba que mi nieta está mucho más animada que hace tres años. Ha cambiado mucho, y eso es gracias a ustedes, pequeños —dijo mientras me acariciaba la cabeza. Me quedé en silencio, disfrutando de la calidez de su mano en mi cabello largo. No era muy dado a los sentimentalismos, pero el abuelo se había ganado mi respeto. —Ella tiene talento, abuelo —respondí, mirando hacia la escalera por donde Lucas había subido—. Pero mañana en el coliseo las cosas serán diferentes. No sabemos a quién nos enfrentaremos. El abuelo retiró la mano y su sonrisa se volvió un poco más seria. —Por eso mismo, Luz, recuerda lo que has entrenado. En el coliseo, la fuerza bruta no lo es todo; observa los ojos de tu oponente antes de mover tu espada. Ahora ve a descansar. Mañana será un día largo para ambos. Asentí con la cabeza y caminé hacia mi habitación, sintiendo el peso de la espada en mi mente. Entré a mi cuarto y me desplomé sobre la cama, haciendo que la túnica azul zafiro de mi traje se desparramara sobre las sábanas. Me quedé mirando el techo, tocando con cuidado la empuñadura de mi nueva espada. Lucas creía que yo solo estaba nerviosa por las peleas, pero la verdad era otra. Cerré los ojos, dispuesta a dormir, pero de pronto un escalofrío helado me erizó la piel. El aire de la habitación se volvió pesado y una extraña presión oprimió mi pecho, como si una sombra enorme hubiera entrado a la posada. Me senté de golpe en la cama, empuñando mi arma a oscuras. Mi instinto me decía que algo terrible acechaba a Lucas en este torneo. ¿Qué fue eso? Es la primera vez que siento algo así. Sin dudarlo un solo segundo, corrí hacia la habitación de Grise, pero no estaba allí. Luego me dirigí hacia la de Lucas con la espada en mano. Al abrir la puerta, los encontré ordenando o, más bien, desempacando las cosas de Lucas. Un suspiro de alivio salió de mi boca. Una sensación de tranquilidad se sembró en mí y luego pregunté calmadamente: —Lucas, Grise, ¿sintieron esa sensación…? —¿A qué te refieres, Luz? —Eso, ya saben. Y-yo quiero decir… Olvídenlo, tal vez fue mi imaginación. Por cierto, descansaré un rato. El abuelo aún está abajo. Nos vemos luego, Grise y Lucas. —Claro —respondió Lucas. Finalmente, decidí regresar a mi habitación. Al cerrar la puerta, volví a lanzarme a la cama mientras observaba el techo. Levanté mi mano, abriéndola como si quisiera agarrar algo, y dije: Mañana finalmente será el torneo. Lucas ha estado entrenando mucho para regresar con su familia y ayudarme. Tengo que esforzarme.
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Estás leyendo el capítulo 19 de The First Breath After the Last (Novela), un novela. En los rincones más ocultos del planeta protegido por barreras indomables de escarcha. Jaxx gobernaba un reino completamente undido en el hielo. Era el monarca absoluto del frio, un genio que trataba la magia de hielo… Este capítulo tiene publicado el 10 de octubre de 2026. The First Breath After the Last (Novela) tiene 20 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.