Leer Tengo una Ciudad en un Mundo Alternativo (Novela) Capítulo 89 online gratis en español
🏴 Grupo: Skotádi✍️ Traducción: Skotádi
Al ver que Tang Zhen lo miraba sonriendo, el hermano calvo de la chica no pudo evitar que su cuerpo se estremeciera involuntariamente. Por su expresión, Tang Zhen le parecía un demonio con piel humana; lo que acababa de presenciar lo había dejado aterrado.
—Este... señor, en realidad yo no los conozco bien a ellos... sí, bien del todo no.
El hermano de la chica sentía algo revolverse en su interior. No tenía ningún interés en acabar como aquella pandilla de desgraciados tendidos en el suelo, el cuerpo cubierto de marcas de correa, revolviéndose en el polvo entre alaridos de dolor; ese sería un recuerdo doloroso imposible de borrar en toda una vida.
El hermano de la chica estaba muy seguro de una cosa: en el corazón de aquellos tipos había quedado grabado el miedo para siempre. De ahora en adelante, cada vez que vieran una correa de transmisión convertida en látigo, se alejarían instintivamente sin poder evitarlo.
La chica observó a su hermano encogerse de aquella manera y, aunque su expresión dejaba claro que le daba vergüenza ajena, eso no borraba el vínculo de sangre que la unía a él. Dio un paso al frente colocándose entre Tang Zhen y su hermano, y le dijo: —Lamento haberlo arrastrado a este lío. Pero le pido que no le haga daño a mi hermano. Aunque suele hacer cosas mal hechas, en el fondo no es mala persona...
Tang Zhen la cortó con un gesto. Se quedó mirando a los dos hermanos en silencio, aunque en sus ojos apareció un destello de duda.
Justo cuando se había dado la vuelta un instante antes, le había parecido percibir un aura de peligro que llegaba de algún lugar; pero había desaparecido enseguida. Una persona ordinaria no podía producirle esa sensación de alerta que le erizaba el vello.
El instinto que había ido desarrollando a golpe de combates a vida o muerte con monstruos le decía con certeza que no había sido una ilusión. Si era así...
—Estás fingiendo ser un miedica para despistarme, ¿verdad? Interesante...
Tang Zhen sonrió y tiró la correa a un lado, y dijo: —No tienes que ponerte nervioso. No tengo ninguna intención de hacerle nada a tu hermano; al fin y al cabo él no se ha metido conmigo, ¿verdad?
El hermano de la chica asintió con rapidez, y en su rostro apareció un gesto de adulación casi servil.
Después de decir eso, Tang Zhen volvió a examinar a los dos hermanos con detenimiento, lo que hizo que la presión que ambos sentían se disparara de golpe; la frente del hermano se cubrió de diminutas gotas de sudor.
Al ver que los dos se mostraban bastante incómodos ante él, Tang Zhen fue directo al grano: —Parece que os hace falta el dinero. Da la casualidad de que necesito gente para un trabajo. He decidido contrataros a los dos; el sueldo se paga en dólares de la Alianza, diez mil por persona a la semana. ¿Qué os parece?
Al escuchar las palabras de Tang Zhen, los ojos de los dos hermanos ardieron de inmediato; para ellos, aquella era una suma enorme.
—¿Puedo preguntarle qué tendríamos que hacer?
La chica, pasada la sorpresa inicial, le preguntó a Tang Zhen con cierta vacilación. El sueldo era tan elevado que no podía evitar sospechar de las intenciones de Tang Zhen al contratarlos.
Su hermano la miró con reproche por hablar de más, temiendo que se fuera a escapar la oportunidad de ganar dinero. Aunque pensándolo bien, preguntar tampoco estaba de más; un ingreso alto siempre conlleva un riesgo alto, y si el trabajo fuera matar a alguien tampoco lo descartaba, siempre que Tang Zhen pagara lo suficiente.
—Es que no conozco bien esta zona y necesito adquirir algunos suministros, así que necesito a alguien que se encargue de los recados. Si os contraté a vosotros fue simplemente porque os encontré en el camino; no tenéis por qué preocuparos de más.
Una vez explicadas las cosas, Tang Zhen ya no prestó más atención a los dos hermanos y volvió a su coche, donde sacó un cigarrillo y lo encendió.
Era del stock de Ivanov, de un sabor muy fuerte; Tang Zhen no estaba nada acostumbrado.
El hermano de la chica se acercó y le dijo a Tang Zhen: —Señor, hemos decidido aceptar el trabajo. Díganos qué tenemos que hacer.
Tang Zhen le echó un vistazo, le tiró el cigarrillo que tenía en la mano y le preguntó: —Primero necesito saber tu nombre. Y llámame Señor Tang.
—Me llamo Palgó, Señor Tang.
—Bien, Palgó. Esta es la lista de lo que necesito comprar. Échale un vistazo y dime si puedes conseguirlo todo en esta ciudad.
Tang Zhen extendió un papel mientras hablaba y esperó la respuesta de Palgó.
Palgó lo leyó atentamente y luego levantó la vista hacia Tang Zhen: —Ya lo he visto. Creo que todo lo que aparece en el papel se puede conseguir.
Tang Zhen asintió, entró en el coche y sacó una bolsa de papel que le lanzó.
Palgó la abrió y sintió que el corazón le daba un vuelco: la bolsa estaba llena de fajos de billetes nuevos, atados de a diez, que desprendían un aroma que lo aturdía.
—Señor Tang, esto es...
Palgó preguntó con cautela. Aunque estaba muy necesitado de dinero, encontrarse de repente con tanto efectivo entre las manos lo ponía nervioso, y más aún viniendo de Tang Zhen, al que en su cabeza ya había catalogado de «demonio».
—Vas a comprar suministros por mí, así que es lógico que no tengas que poner dinero de tu bolsillo. Ese dinero es el presupuesto de compra; recuerda que quiero lo mejor, aunque sea más caro. Cuando hayas reunido todo lo de la lista, llámame y te diré dónde entregarlo.
Tang Zhen lo dijo y luego miró a Palgó antes de continuar: —Lo que sobre quédatelo como compensación por las molestias. Si trabajas bien, no te voy a hacer quedar mal.
Palgó asintió una y otra vez prometiendo que haría el trabajo a la perfección.
Tang Zhen no dijo más. Rebuscó entre los cuerpos desplomados en el suelo hasta encontrar un teléfono inteligente, activó el Kit de Herramientas Electrónicas Universal y lo modificó ligeramente; el teléfono se transformó al instante en un superdispositivo de comunicación con funciones avanzadas.
Señal reforzada, anti-localización, anti-escuchas, rastreo y localización automática por red... Tang Zhen ni se molestó en revisar las demás funciones; hacía tiempo que estaba más que acostumbrado a la tecnología de vanguardia de la Tienda de Aplicaciones.
Le preguntó a Palgó su número de teléfono y lo marcó desde ese móvil. Palgó miró su teléfono y vio que era un número oculto.
—Este número solo puede contactarse desde el teléfono que he marcado. Cuando acabes, llámame. No me decepciones.
Tang Zhen le dio unas palmadas en el hombro a Palgó, saludó con la mano a la chica que estaba a un lado, arrancó el coche y volvió a la villa de Ivanov.
Cuando el coche de Tang Zhen desapareció, Palgó soltó por fin un largo suspiro de alivio, se volvió hacia su hermana y le preguntó: —Natasha, ¿dónde has ido a encontrar a ese monstruo? Casi me da un infarto.
Natasha lo miró con expresión de desprecio y le dijo: —¿Te atreves a hablar así de tu jefe? A ver si se lo cuento, así que él haga las veces de mamá y de mí para castigarte, con esa correa azotándote bien fuerte.
Palgó dio un respingo de susto y se puso a suplicarle, pero Natasha ni lo miraba. Cuando ya estaba harto de tanto rogar, la chica aceptó de mala gana no irse de la lengua.
Los dos echaron un vistazo a los jóvenes que todavía gemían tirados en el suelo y decidieron marcharse de allí cuanto antes para ponerse a comprar los suministros con la lista que Tang Zhen les había dado.
Ahí sí que se notó la ventaja de ser lugareños. Los dos hermanos, con su furgoneta, tardaron apenas una tarde en reunir todos los suministros que Tang Zhen necesitaba. Cuando lo llamaron para decirle que habían terminado, Tang Zhen se sorprendió bastante.
De todas formas, que hubieran conseguido todo era algo bueno. Tang Zhen le dio a Palgó una dirección y le pidió que llevara los suministros allí.
Cuando los dos hermanos llegaron a la villa de Ivanov con la carga, Tang Zhen los guió para que bajaran todo al sótano. Tal como era de esperar, los dos se encontraron con los tres cadáveres que Tang Zhen había colocado uno junto a otro.
Natasha y su hermano se cruzaron una mirada y pusieron cara de «ya me lo imaginaba», pero para sorpresa de Tang Zhen, ninguno de los dos mostró el menor signo de pánico.
Aunque al ver que la mano de Palgó rozaba de vez en cuando la zona de la cintura, Tang Zhen comprendió que ambos probablemente ya habían tomado sus precauciones.
Tang Zhen no le dio importancia y tampoco se molestó en darles ninguna explicación. Cuando terminaron de bajar todo, simplemente les sonrió y les dijo: —Buen trabajo. Ahora mismo tengo que ocuparme de algo que me va a llevar un tiempo; voy a quedarme en el sótano y no quiero que me interrumpan. Si me podéis vigilar esta casa durante tres días, os pagaré el doble del sueldo acordado.
Al mencionar lo de pagar más, Tang Zhen lo dijo con toda la naturalidad del mundo. Tiempo antes había descifrado la caja fuerte oculta de Ivanov con el Kit de Herramientas Electrónicas Universal y había sacado una buena cantidad de efectivo, así que repartir dinero no le suponía ningún esfuerzo.
Aunque si Ivanov renacía y descubría que Tang Zhen le había abierto la caja fuerte con el kit electrónico y que el efectivo había desaparecido, quién sabe si no moriría otra vez del disgusto.

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Estás leyendo el capítulo 89 de Tengo una Ciudad en un Mundo Alternativo (Novela), un novela. En un mundo apocalíptico donde la superficie terrestre es sinónimo de muerte segura debido a peligros invisibles, la humanidad ha tenido que refugiarse en ciudades monumentales con capacidades asombrosas: fortalezas que… Este capítulo tiene publicado el 9 de abril de 2026, Traducido por el grupo Skotádi. Tengo una Ciudad en un Mundo Alternativo (Novela) tiene 91 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.