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Leer Tengo una Ciudad en un Mundo Alternativo (Novela) Capítulo 87 online gratis en español

🏴 Grupo: Skotádi✍️ Traducción: Skotádi
Tang Zhen completó toda esa secuencia de movimientos en un tiempo brevísimo. Los otros dos todoterrenos ya habían dado la vuelta y se dirigían de nuevo hacia él. Pero Tang Zhen no tenía ningún interés en seguir enredándose con aquellos tiradores; tenía cosas más importantes que hacer. El cuerpo de Tang Zhen se arqueó de forma extraña casi noventa grados hacia atrás, y luego, ante la mirada horrorizada de los hombres en los dos vehículos, en sus manos, que un instante antes estaban vacías, aparecieron de repente dos proyectiles de mortero. Los proyectiles de mortero eran armas que Tang Zhen había guardado previamente en el Espacio de Almacenamiento; podía usar su mente para quitarles el seguro antes de sacarlos. —Se acabó el juego. ¡Morid! El cuerpo de Tang Zhen se irguió de golpe como un arco recurvo al que sueltan la cuerda, y los dos proyectiles de mortero salieron despedidos con un silbido ensordecedor directamente contra los dos todoterrenos. —¡Dios mío, este tipo es un demonio! El conductor del todoterreno lanzó su último grito antes de morir; acto seguido, los dos vehículos estallaron en sendas bolas de fuego al recibir el impacto directo de los proyectiles. Los restos de la carrocería salieron disparados en todas direcciones mientras las llamas se elevaban acompañadas de un crepitar constante. Confirmado que no quedaban supervivientes, Tang Zhen sacó los cadáveres de los dos jóvenes tiradores a quienes había disparado en el entrecejo, los metió en el maletero de su coche y partió hacia el lugar que Ivanov había mencionado, arrastrando los tres cuerpos. El escondite de Ivanov resultó estar bien oculto; Tang Zhen dio varias vueltas por los alrededores antes de dar con él. Era una casa de tres plantas con entrada independiente y patio propio, rodeada por todas partes de altos muros que impedían ver el interior desde fuera. Siguiendo la información que Ivanov le había dado antes de morir, Tang Zhen entró sin dificultad. Cerró el portón con llave y trasladó los tres cadáveres al sótano del edificio. Dispuso los cuerpos sobre una mesa improvisada, abrió una botella del vino tinto que Ivanov guardaba celosamente, bebió varios sorbos y se puso a pensar en cómo llevar a cabo el ritual del supuesto «renacimiento» de Ivanov. Desde que obtuvo el manual de la técnica secreta de inhabitar almas en la cámara del tesoro de Ciudad Roca Negra, Tang Zhen lo había estudiado con dedicación. Sabía que en cuanto dominara esa técnica, que desafiaba el orden natural de las cosas, tendría en sus manos el punto débil de todos los poderosos del Mundo Original, con unas ventajas que superarían con creces cualquier riqueza imaginable. Por mucho dinero y poder que se tuviera, nadie escapaba a la vejez, la enfermedad y la muerte. Y el miedo a morir era la debilidad universal de la humanidad. En cuanto ciertos personajes poderosos supieran que existía un método para hacerlos inmortales, unos no lo creerían y otros enloquecerían de deseo; pero en cuanto confirmaran que era verdad, no escatimarían ningún precio para conseguirlo. Con esos personajes más poderosos del mundo en su mano, Tang Zhen podría manejar el Mundo Original a su antojo. En su opinión, el potencial del Mundo Original era mucho menor que el del Mundo de las Ciudades Torre, pero podía proporcionarle un suministro abundante de materiales y una reserva de miles de millones de personas. Su objetivo era fundar en el Mundo de las Ciudades Torre una Ciudad Torre de proporciones inconmensurables: quizás de escala continental, quizás planetaria, o quizás algo aún mayor... Para lograr todo eso, necesitaba atar el Mundo Original a su proyecto. Y el fundamento de todos esos sueños era que Tang Zhen dominara con éxito la técnica secreta de inhabitar almas. Por eso, el experimento de «renacimiento» de Ivanov no podía admitir ningún fallo. Repasando mentalmente la información registrada en el manual de la técnica, sacó papel y lápiz y elaboró una larga lista con todos los materiales necesarios para completar la técnica secreta de inhabitar almas. Algunos solo podían conseguirse en el Mundo de las Ciudades Torre; otros podían comprarse directamente en el Mundo Original. Con la lista terminada, Tang Zhen se Teletransportó al Mundo de las Ciudades Torre. En la cueva, Qian Long y Tyson estaban toqueteando una granada con cara de curiosidad. Tang Zhen los vio al aparecer y del susto gritó de inmediato: —¡Maldita sea! ¿Es que queréis morir? ¡No la toquéis! Qian Long y Tyson se quedaron petrificados al instante; hasta la más mínima expresión de sus rostros se congeló. La orden de Tang Zhen fue obedecida con una fidelidad absoluta. Tang Zhen, con el ceño fruncido, se acercó y le arrebató la granada a Qian Long para inspeccionarla. Por suerte el seguro no estaba quitado; de haberse activado, la explosión habría encadenado con el armamento del interior de la cueva, y no solo aquellos dos habrían muerto: la Ciudad Dragón Sagrado recién fundada probablemente tampoco habría sobrevivido. Si eso hubiera ocurrido, Tang Zhen no habría tenido lágrimas suficientes para llorar. Los dos lo miraban con aire de «tampoco es para tanto», como si en sus cabezas aquel pequeño pedazo de hierro no fuera nada del otro mundo y Tang Zhen estuviera exagerando. Tang Zhen suspiró con resignación y una sonrisa. Solo aquellos dos lugareños del Mundo de las Ciudades Torre podían ser tan temerarios; cualquier persona del Mundo Original con unos mínimos conocimientos militares no haría algo que podía convertirlos en polvo al menor descuido. —¿Creíais que esto no tenía importancia? A ver si también estabais pensando en abrirlo a martillazos para ver qué hay dentro. Tang Zhen les hizo la pregunta. Qian Long y Tyson soltaron una risita y aunque no dijeron nada, sus expresiones confirmaban que Tang Zhen había dado en el clavo. Tang Zhen los miró con irritación y luego hizo un gesto con la mano: —Los dos idiotas vienen conmigo. Hoy vais a ver con vuestros propios ojos de qué es capaz este «pedacito de hierro», porque si no, el día que os mate ni os enteraréis de cómo. Al ver la expresión de Tang Zhen, Qian Long y Tyson empezaron a intuir que aquello era más serio de lo que habían imaginado. Se cruzaron una mirada y lo siguieron. Tang Zhen los llevó al descampado frente a la Ciudad Torre, lejos de los Residentes que trabajaban en las obras, señaló un montículo de tierra a lo lejos y dijo: —Mirad bien. Esto es lo que puede hacer vuestro «pedacito de hierro». Dicho eso, Tang Zhen extrajo la anilla de seguridad de una granada defensiva, la lanzó hacia el montículo y empujó a los dos al suelo. Qian Long y Tyson esperaban ver un pequeño hoyo en la tierra donde el cacharro había aterrizado, pero lo que llegó fue un estruendo enorme seguido de una lluvia de fragmentos de piedra disparados en todas direcciones. Los Residentes que trabajaban a lo lejos también dieron un respingo de susto con la explosión. —¡Vaya, ese cacharro de hierro era una bomba! Qian Long llevaba ya tanto tiempo con Tang Zhen que había aprendido a soltar tacos cuando estaba muy alterado; al escuchar la explosión, entendió al instante para qué servía aquella cosa y se le puso la piel de gallina de golpe. Tyson, que también había visto lo que era capaz de hacer una bomba, se estremeció de pavor porque recordó que justo antes de que volviera Tang Zhen había propuesto a Qian Long darle al cacharro con un martillo para ver qué había dentro. Menos mal que no habían llegado a hacerlo antes de que Tang Zhen regresara; de lo contrario, en ese momento los dos ya estarían muertos. Tang Zhen traía del Mundo Original una cantidad enorme de suministros de toda clase, y a ojos de Tyson, que se encargaba de guardarlos, todos eran objetos rarísimos pero tremendamente prácticos. Con el tiempo, Tyson había desarrollado una nueva afición: investigar para qué servían esas cosas. Cada vez que descubría el uso de algún objeto, Tyson pasaba un buen rato de lo más contento. Así que cuando Tang Zhen trajo ese gran cargamento de armamento, Tyson se había abstenido de tocar las cosas que parecían armas de fuego, pero escogió lo que a su juicio parecía inofensivo —una granada— y se puso a investigarla con Qian Long. —¡La madre que te parió, por poco me matas! Qian Long se levantó del suelo y le arreó una patada en el trasero a Tyson. Tyson no se enfadó; se rascó la cabeza con vergüenza y esquivó la mirada de Tang Zhen. Tang Zhen los vio y se echó a reír: —Bueno, ya está, que no vuelva a pasar. Y en cuanto al armamento, tienes que vigilarlo muy bien: nadie puede acercarse, y sobre todo no puede haber fuego ni chispas cerca. Si no, todo Ciudad Dragón Sagrado podría volar por los aires. Tyson lo escuchó y su expresión cambió; luego asintió con fuerza. Ciudad Dragón Sagrado era su vida entera, y cualquiera que atentara contra ella era su enemigo a muerte. Si Tang Zhen decía que un descuido con el armamento podía destruir Ciudad Dragón Sagrado, Tyson no iba a permitir que eso ocurriera jamás.
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Tengo una Ciudad en un Mundo Alternativo (Novela) Capítulo 87

Estás leyendo el capítulo 87 de Tengo una Ciudad en un Mundo Alternativo (Novela), un novela. En un mundo apocalíptico donde la superficie terrestre es sinónimo de muerte segura debido a peligros invisibles, la humanidad ha tenido que refugiarse en ciudades monumentales con capacidades asombrosas: fortalezas que… Este capítulo tiene publicado el 9 de abril de 2026, Traducido por el grupo Skotádi. Tengo una Ciudad en un Mundo Alternativo (Novela) tiene 91 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.