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Leer Tengo una Ciudad en un Mundo Alternativo (Novela) Capítulo 86 online gratis en español

🏴 Grupo: Skotádi✍️ Traducción: Skotádi
Las heridas de Ivanov eran gravísimas. El disparo del enemigo le había atravesado el abdomen de parte a parte: la bala de calibre 7,62 milímetros le había destrozado los intestinos en varios trozos y luego había abierto un agujero sangrante en la zona lumbar al salir. Si en ese momento le hubieran abierto la cavidad abdominal, habrían visto que estaba inundada de sangre y materia fecal; eso solo ya habría sido suficiente para matarlo, sin contar con la terrible herida de bala. Si no recibía atención médica eficaz en el tiempo óptimo, Ivanov no duraría mucho. Tang Zhen apartó la mirada de Ivanov, cuya sangre iba empapando el asiento, y siguió conduciendo el todoterreno mientras pensaba en otras cosas. Esta vez había conseguido bastante armamento de Ivanov, y a primera vista parecía que podía suponer un salto importante en su capacidad de combate. Pero Tang Zhen sabía muy bien que todo ese armamento solo alcanzaba para afrontar la crisis inmediata; para un desarrollo sostenido a largo plazo, lo verdaderamente fundamental era desarrollar una tecnología armamentística adaptada al Mundo de las Ciudades Torre. El mantenimiento, la reparación, el entrenamiento y el manejo de las armas del Mundo Original requerían personal especializado, y solo con un apoyo logístico suficiente podía garantizarse el funcionamiento continuo y normal de ese equipamiento. Y esas eran precisamente cosas que Tang Zhen no podía resolver de momento. Ivanov parecía un socio a largo plazo muy valioso, pero por desgracia estaba a punto de morir. Tang Zhen estaba sumido en sus reflexiones cuando escuchó un gemido a su lado. Ivanov, que había estado en estado de semiconsciencia desde que subió al coche, se despertó de repente en ese momento, e incluso parecía haber recuperado algo de lucidez. Con los ojos hundidos, clavó la mirada en Tang Zhen, y tras un largo instante, Ivanov soltó una sonrisa lánguida y sin fuerzas: —Gracias por salvarme. ¿Sabes una cosa, amigo? En realidad yo no quiero morir, porque mi sueño todavía no se ha cumplido. Aunque, visto cómo están las cosas, temo que ese deseo ya no se va a hacer realidad. Tang Zhen no se volvió, y respondió con tono indiferente: —Nadie quiere morir. El problema es que eso solo lo decide el cielo, ¿verdad? Después de plantear esa pregunta, Tang Zhen echó un vistazo por encima del hombro para observar la expresión de Ivanov. El color del rostro de Ivanov en ese momento era terrible. Aunque todavía conservaba la lucidez, Tang Zhen percibió en él un aura de muerte; aquel estado de conciencia no era más que el último destello antes de apagarse. —Sí, eso solo Dios lo decide. Pero de todas formas no me resigno. Si hubiera alguna manera de seguir vivo, daría toda mi fortuna sin pensármelo un segundo y dejaría de aferrarme al dinero como si fuera mi vida. Ivanov se interrumpió con una sonrisa amarga y continuó: —Aunque de qué sirve decir todo eso. Al final igualmente me espera la muerte. Ahora mismo no soy más que un perro callejero agonizando en la cuneta. Tang Zhen no respondió. Siguió conduciendo, echando de vez en cuando un vistazo al retrovisor para observar los coches que los iban alcanzando por detrás. Como si hubiera tomado una decisión, Tang Zhen se volvió hacia Ivanov y le dijo: —En realidad no tienes que morir. O dicho de otro modo: puedo hacer que renazca. Las palabras de Tang Zhen dejaron a Ivanov perplejo. Después de mirarlo con ojos suspicaces durante casi medio minuto, Ivanov soltó una sonrisa amarga: —Amigo, ¿puedo interpretar tu «renacer» como un disparo en la frente? Si es así, no hace falta que te molestes, porque ya noto que las puertas del cielo se están abriendo para mí poco a poco. Tang Zhen respondió con una carcajada de desdén: —El cielo recibiendo a un traficante de armas; ni en broma, será el infierno. Y hablando en serio, esto no es el momento para chorradas; no tengo tiempo que perder. Cuando digo que puedo hacer que renazca, me refiero a que puedo darte un cuerpo nuevo. Solo durará unos años, pero no te preocupes: siempre que quiera, puedo conseguirte otro. Ivanov lo escuchaba como si le estuvieran contando un cuento de las mil y una noches. Pero en ese instante, sintiendo ya muy de cerca la llegada de la muerte, Ivanov ya no estaba en posición de cuestionarse si lo que decía Tang Zhen era verdad o mentira. —Por el amor de Dios, no tengo nada que perder intentándolo, ¿verdad? Al terminar la frase, Ivanov no apartó los ojos de Tang Zhen, muerto de miedo de que ese supuesto «renacer» consistiera en un tiro en la frente. Tang Zhen no tenía ganas de seguir dando vueltas al asunto con Ivanov; le hizo una sola pregunta: —¿Tienes algún lugar secreto donde esconderte? Necesito tiempo para prepararme. —Sí. Hay una villa junto a la carretera 236. La dirección es... Ivanov pronunció el nombre de un lugar con cierto esfuerzo; en ese momento ya sentía que la vista se le nublaba y los músculos del cuerpo le iban cediendo cada vez más. —Ya puedes morirte. Tang Zhen levantó la pistola apuntando a la frente de Ivanov sin volver la cabeza, y ante la mirada de Ivanov que decía «sabía que iba a pasar esto», apretó el gatillo sin vacilar. ¡Bang! La bala perforó el entrecejo de Ivanov. Sus ojos quedaron abiertos de par en par, con una expresión de pena y resignación congelada en ellos. Tang Zhen no prestó atención al aspecto del cadáver de Ivanov; sacó con rapidez una Perla Cerebral cubierta de runas extrañas y la introdujo con un golpe de presión a través del orificio de entrada de la bala en el entrecejo, empujándola hasta el interior del cráneo. —Si consigues sobrevivir, será cuestión de suerte. Al fin y al cabo, yo también es la primera vez que hago esto. Tang Zhen encendió un cigarrillo, detuvo el coche, dio varias caladas profundas, tensó el cerrojo del fusil automático con fuerza, abrió la puerta de un empujón y saltó. Tres todoterrenos llegaban levantando polvo en su persecución. Al ver a Tang Zhen plantado en el descampado esperándolos, varios hombres fornidos de la Alianza del Campo de Hielo asomaron el cuerpo por las ventanillas con subfusiles en las manos, dispuestos a disparar. Pero antes de que ninguno de ellos llegara a apretar el gatillo, Tang Zhen desapareció del sitio como un espectro ante la mirada atónita de todos, y simultáneamente varias balas silbaron por el lugar donde había estado. ¡Bang, bang, bang! El hombre fornido que asomaba el cuerpo por la ventanilla fue alcanzado por varios disparos; su cabeza quedó destrozada y el subfusil cayó al suelo polvoriento. Su cadáver quedó colgando de la ventanilla, como un amasijo de carne inerte. Después de abatir a ese tirador, Tang Zhen pasó rozando uno de los todoterrenos; un fulgor púrpura brilló en su mano: Zidian había salido de su vaina. Chssss... Un sonido tenue pero afilado. El todoterreno que había pasado junto a Tang Zhen se detuvo a unos diez metros, con el motor apagado. ¡Plaf! Otro hombre fornido que asomaba por la ventanilla cayó con la mirada extraviada; su mitad superior, junto con la puerta del vehículo partida en dos por Zidian, se desplomó sobre el suelo empapado en sangre y vísceras seccionadas. La mitad inferior del cuerpo todavía se agitaba con convulsiones que se iban apagando, arrastrando las entrañas cubiertas de polvo hasta quedar inmóvil. El conductor del todoterreno tampoco escapó al filo de Zidian. Tenía la mano presionada sobre la herida intentando frenar la sangre que brotaba a chorros, pero era completamente inútil; en apenas unos instantes, el interior del habitáculo estaba empapado en sangre. Los otros dos tiradores del todoterreno que no habían sido alcanzados por Zidian estaban paralizados por lo que acababan de presenciar, y con las armas en las manos no atinaron a disparar contra Tang Zhen en el primer momento. Tang Zhen observó a los dos jóvenes tiradores, y una leve sonrisa de satisfacción asomó a sus labios. Levantó despacio las manos y en un instante apareció en ellas una pistola. ¡Bang, bang! Dos disparos. Los dos tiradores recibieron sendas balas en el entrecejo y empezaron a desplomarse. Tang Zhen ni parpadeó. Con un movimiento rápido de muñeca lanzó dos Perlas Cerebrales que entraron por los orificios de los disparos en los entrecelos y se internaron en los cráneos, deteniéndose en las proximidades de la glándula pineal. Las Perlas Cerebrales manchadas de sangre brillaron levemente en el interior de los cráneos, y las runas finamente grabadas en ellas parecieron cobrar vida propia; al mismo tiempo, algo en el interior de aquellos dos tiradores, algo llamado «alma», empezó a ser absorbido lentamente por aquellas Perlas Cerebrales.
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Tengo una Ciudad en un Mundo Alternativo (Novela) Capítulo 86

Estás leyendo el capítulo 86 de Tengo una Ciudad en un Mundo Alternativo (Novela), un novela. En un mundo apocalíptico donde la superficie terrestre es sinónimo de muerte segura debido a peligros invisibles, la humanidad ha tenido que refugiarse en ciudades monumentales con capacidades asombrosas: fortalezas que… Este capítulo tiene publicado el 9 de abril de 2026, Traducido por el grupo Skotádi. Tengo una Ciudad en un Mundo Alternativo (Novela) tiene 91 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.