Leer Tengo una Ciudad en un Mundo Alternativo (Novela) Capítulo 75 online gratis en español
🏴 Grupo: Skotádi✍️ Traducción: Skotádi
Tang Zhen estaba absorto en sus pensamientos, rumiando las distintas capacidades de la Ciudad Torre, pero mientras él se quedaba ensimismado, Tyson, Qian Long y los demás ya habían entrado en acción. Qian Long vociferaba dando órdenes y coordinaba a los Vagabundos para que comenzaran a trasladar al interior del edificio los suministros necesarios para la defensa.
Tyson, por su parte, encabezaba a un grupo en la instalación de las armas. Da Xiong, el grandullón de piel oscura, cargó él solo una pesada Balista de Asedio y subió por las escaleras de la Ciudad Torre como una exhalación; en un abrir y cerrar de ojos apareció en la azotea y, con un golpe seco, la colocó en el punto indicado por Tyson.
Según la experiencia de los Vagabundos, una vez fundada la Ciudad Torre, los monstruos más débiles de los alrededores empezarían a congregarse automáticamente en su dirección, y el asedio comenzaría en cuanto llegaran los de nivel 4 o superior.
El tiempo apremiaba y no había un instante que perder.
Por norma general, para hacer frente a monstruos de nivel 4 o superior era imprescindible que la Ciudad Torre contara con al menos un Cultivador de ese mismo nivel de guardia; solo si las fuerzas eran equiparables habría posibilidad de victoria, porque los Cultivadores de nivel inferior simplemente no eran rival para las criaturas de alto nivel.
El problema era que los Vagabundos de nivel 4 estaban casi todos vinculados a organizaciones poderosas y los Vagabundos ordinarios prácticamente nunca tenían ocasión de verlos.
Tang Zhen no era un Cultivador de nivel 4, ni tampoco tenía entre sus filas a alguien de semejante calibre; sin embargo, en la práctica no tenía nada que envidiar a uno de ellos. Sin ir más lejos, ya había abatido monstruos de nivel 4, y si a eso se sumaban sus extraordinarias capacidades, su armamento de primer orden, sus subordinados completamente equipados y el abundante apoyo logístico del que disponía, podía plantar cara a criaturas de alto nivel sin salir en desventaja.
Al ver que sus Residentes habían empezado a moverse, Tang Zhen también volvió en sí, cruzó la entrada a grandes zancadas y se adentró en la Ciudad Torre que era ya suya.
Al traspasar las puertas, Tang Zhen se encontró ante un gran vestíbulo con cierto aire de antigüedad y un mostrador de atención al público protegido por cristal blindado, de aspecto muy similar a la disposición de un banco del Mundo Original. La diferencia era que en el vestíbulo no había empleados ni clientes, sino solo Vagabundos que iban y venían sin descanso.
Por el suelo del vestíbulo de la Ciudad Torre estaban esparcidos documentos y billetes de colores, todo en un caos que evocaba las secuelas de un desastre.
En realidad, toda Ciudad Torre recién fundada aparece en el estado en que se encontraba en el instante anterior a su destrucción: todo se conserva tal cual, excepto los seres vivos y los cadáveres. Era una especie de regalo para el Señor de la Ciudad Torre.
Entre los objetos dispersos, a menudo se podían encontrar artículos de gran utilidad para los Vagabundos.
A primera vista, Tang Zhen distinguió billetes, manchas de sangre, ropa y calzado, casquillos de bala esparcidos por el suelo y armas de fuego abandonadas al azar.
Los ojos de Tang Zhen se iluminaron. De un salto se lanzó hacia allí y en un abrir y cerrar de ojos recogió las armas del suelo.
Con una sola ojeada, Tang Zhen reconoció el origen de aquel fusil.
Un AK-47: el legendario instrumento de muerte, el arma automática de gran potencia que tiene más imitaciones que ninguna otra.
El fusil era evidentemente de fabricación reciente y había sido ligeramente modificado por su antiguo propietario, al que se le había instalado un carril Picatinny sin merma alguna de su potencia de fuego original.
Lo examinó con curiosidad durante unos instantes, pero entonces Tang Zhen comprobó que el cargador solo le quedaban cinco cartuchos; no parecía que fuera a suponer una gran diferencia en la batalla que se avecinaba.
Aunque algo decepcionado, Tang Zhen lo guardó con todo el cuidado en el Espacio de Almacenamiento, y luego recogió también el resto de las armas.
MP5K, P229, AR-15...
Tang Zhen fue recogiendo todas aquellas armas con cara de no dar crédito, recitando sus nombres en voz baja, porque todas ellas eran cosas que había soñado con tener en algún momento, aunque en la práctica solo había podido disfrutarlas mirando fotos.
Aunque los cargadores de todas estaban vacíos, Tang Zhen las atesoró con el mismo cuidado, pensando que algún día las luciría en su propia sala de armas.
A través de aquellas armas y de los rastros de sangre que salpicaban el suelo y las paredes, Tang Zhen no tuvo dificultad en reconstruir lo que había ocurrido en ese edificio. Aunque sus protagonistas habían desaparecido, los vestigios que dejaron se desplegaban ante él con toda claridad.
Un banco asaltado por ladrones armados; los asaltantes, acorralados sin salida, habían hecho detonar los explosivos que llevaban encima, arrastrando consigo al propio edificio.
Una descripción que en pocas palabras resumía la extinción de muchas vidas, y que no podía dejar de causar melancolía.
Pero el asedio de los monstruos estaba a punto de comenzar, y Tang Zhen no tenía tiempo para profundizar en aquella historia; subió las escaleras a paso rápido hasta la azotea.
Gracias a las modificaciones que Tang Zhen había realizado, el pretil de la azotea había cambiado por completo de aspecto y se había convertido en una posición de defensa y vigilancia. En ese momento Tyson y los demás estaban instalando las Balistas de Asedio y las catapultas en las almenas, fijándolas con piedras y sacos de arena.
Los toscos «virotes largos» fabricados previamente eran apilados en manojos junto a ellas, junto con los virotes especiales de fabricación moderna. Tang Zhen los miró de pasada y tuvo muy claro que aquel aspecto sencillo escondía un poder devastador: a varios cientos de metros de distancia seguían siendo capaces de atravesar una tabla de tres dedos de grosor sin dificultad, un arma formidable en manos de los Vagabundos para combatir monstruos.
La munición de las catapultas también estaba ordenada y lista: proyectiles macizos de forma casi esférica, metralla de hierro fragmentado, bombas con mecha e incluso Cócteles Molotov fabricados con botellas de vidrio.
No costaba mucho imaginar el efecto devastador que todas aquellas armas producirían al caer en medio de una horda de monstruos.
Tang Zhen inspeccionó cada rincón con atención para asegurarse de que no faltaba nada.
Tyson lo tenía todo bien bajo control; al comprobar que en la azotea no hacía falta su presencia, Tang Zhen bajó despacio.
Desde arriba había notado que ya comenzaban a aparecer monstruos sueltos en los bordes del valle; pero no eran más que la carne de cañón del asedio. Una vez que llegaran las criaturas de alto nivel, eso podría significar el inicio de la batalla.
En las distintas habitaciones del cuarto piso, Qian Long estaba coordinando a los Vagabundos equipados con arco y flecha para que ocuparan todas las ventanas que daban a la fachada. Habían sido seleccionados entre todos los Vagabundos por ser los arqueros con mayor fuerza en el brazo y mayor precisión.
A sus pies se alineaban cubos de hierro repletos de flechas de carbono con puntas de caza, cuyo valor solo ya era considerable.
Para garantizar el máximo poder de penetración sobre los monstruos, Tang Zhen había localizado a un proveedor de arco y flecha en la Capital Provincial y, sin pensárselo dos veces, había comprado de una sola vez casi un centenar de arcos compuestos y arcos recurvados, más todas las flechas que el comerciante tenía en stock.
Ese grupo de arqueros constituía la segunda línea de ataque a distancia, por detrás de las Balistas de Asedio y las catapultas.
Tras dedicarles unas palabras de aliento, Tang Zhen salió del cuarto piso y entró en el tercero, cuyo mando recaía en Murong Ziyan.
Los Vagabundos de esa planta usaban una combinación de pocos arcos y muchas lanzas. Al igual que arriba, todos ocupaban las ventanas y tenían al alcance de la mano tubos de acero galvanizado de metro y medio con las puntas afiladas y limadas, listos para ser arrojados al exterior en cuanto los monstruos rebasaran la tercera línea defensiva.
Intercambió un par de palabras con Murong Ziyan, se aseguró de que no había nada pendiente y subió de nuevo las escaleras hacia el segundo piso.
Comparada con el armamento de los pisos superiores, la dotación del segundo piso resultaba a la vez pintoresca y de lo más perversa.
En esa planta se encontraban algunas mujeres y niños. No se les pedía que participaran en la batalla de principio a fin; solo tenían que lanzar armas especiales en el momento oportuno. Si el armamento del segundo piso resultaba pintoresco y perverso era porque los recipientes apostados en las ventanas contenían cal viva, caltrops de hierro y sus habituales dardos arrojadizos impregnados de aguas fecales y potentes pesticidas tóxicos.
Su misión era ocuparse de los que se colaran entre las líneas. Tang Zhen tampoco esperaba demasiado de ese grupo de menor capacidad combativa.
Después de dar unas indicaciones a Jimmy y a Lisa, Tang Zhen bajó despacio hasta el vestíbulo de la primera planta. Ese sería el único lugar donde podrían verse las caras directamente con los monstruos: los que lograran cruzar las tres líneas de contención se toparían allí con la feroz resistencia de casi cien Vagabundos.
Aquellos Vagabundos llevaban armadura completa, iban equipados con lanzas, escudos y sables afilados, y bajo las viseras de sus yelmos sus ojos brillaban con una ferocidad salvaje, ardiendo en deseos de combate.
Tang Zhen asintió satisfecho al verlos, acercó una silla, se sentó y sacó un paquete de tabaco, distribuyendo los cigarrillos entre los presentes.
Al ver aquellos cigarrillos, algunos Vagabundos más curtidos se les iluminaron los ojos de inmediato y empezaron a presumir ante sus compañeros: esa clase de tabaco venía de las Ruinas de los Edificios Salvajes y valía mucho dinero, solo los poderosos y adinerados podían permitírselo.
Y el señor Señor de la Ciudad Torre lo estaba compartiendo con ellos, gente de a pie sin nada. Eso sí que era considerarles de verdad. Sin más palabras: a recibirlo con respeto y a disfrutarlo.

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Estás leyendo el capítulo 75 de Tengo una Ciudad en un Mundo Alternativo (Novela), un novela. En un mundo apocalíptico donde la superficie terrestre es sinónimo de muerte segura debido a peligros invisibles, la humanidad ha tenido que refugiarse en ciudades monumentales con capacidades asombrosas: fortalezas que… Este capítulo tiene publicado el 8 de abril de 2026, Traducido por el grupo Skotádi. Tengo una Ciudad en un Mundo Alternativo (Novela) tiene 91 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.