Leer Tengo una Ciudad en un Mundo Alternativo (Novela) Capítulo 74 online gratis en español
🏴 Grupo: Skotádi✍️ Traducción: Skotádi
Cuando el sol del amanecer iluminó el valle desde el páramo, más de cuatrocientos Vagabundos ya se habían congregado en el claro frente al acantilado.
En el rostro de cada uno de ellos brillaba una expectativa reverente; sus ojos, habitualmente apagados, resplandecían por primera vez con vida, y sus cuerpos exhaustos parecían haber recibido una inyección de energía poderosa.
Algo llamado esperanza estaba echando raíces y brotando en sus corazones.
Qian Long lucía una sonrisa en el rostro; los ojos de Tyson destellaban con una admiración casi fanática. Ambos miraban con ojos encendidos a Tang Zhen, que estaba de pie ante la plataforma negra.
Todos contenían el aliento, temerosos de romper aquella atmósfera de solemnidad y gravedad.
Solo la pequeña, que iba en brazos de Da Xiong con Jimmy a su lado, y unos cuantos niños pequeños agrupados entre ellos, cada uno con un caramelo en la mano, permanecían sentados en la parte más exterior, completamente ajenos a lo que estaba a punto de ocurrir; lo único que les interesaba era el dulce que sostenían.
Tang Zhen se mantuvo en silencio frente a la plataforma de piedra durante un momento. Luego sacó del Espacio de Almacenamiento una Piedra Angular negra cubierta de runas: era la misma que habían hallado en la guarida de los Duendes Carroñeros.
Aunque todavía tenía otras Piedras Angulares que había tomado de la cámara del tesoro de Ciudad Roca Negra, Tang Zhen no sabía a qué tipo de Edificio Salvaje correspondía cada una de ellas. Para estar seguro, al final optó por usar esta, cuyo origen conocía.
Alzó la Piedra Angular sobre su cabeza y recitó en voz alta: —Hago saber a los dioses de las alturas que hoy un hijo de vuestra tierra desea fundar una Ciudad Torre. Os pido que derraméis vuestra gracia y compasión, y que bendigáis a esta Ciudad Torre para que perdure diez mil generaciones y sus Residentes gocen eternamente de bienestar y larga vida.
—¡Que esta Ciudad Torre perdure diez mil generaciones, que sus Residentes gocen eternamente de bienestar y larga vida!
Esas palabras las corearon al unísono los más de cuatrocientos Vagabundos con un bramido que resonó por todo el universo, rebotando una y otra vez en las paredes del valle sin que el eco se apagara.
Tang Zhen dio un paso al frente, posó la Piedra Angular con suavidad en el espacio vacío sobre la plataforma y esta quedó suspendida en el aire con firmeza, mientras las runas parpadeaban con un suave fulgor.
Sacó un cuchillo afilado, se lo pasó por la palma de la mano y la acercó a la Piedra Angular. El puño cerrado comenzó a dejar caer gotas de sangre que cayeron lentamente sobre ella.
En el instante en que la sangre tocó la Piedra Angular, esta se volvió roja como un rubí. Nueve runas dispuestas en círculo emergieron en el aire, brillaron durante varios segundos y luego desaparecieron.
En ese preciso momento, Tang Zhen sintió que algo surgía en su interior: la sensación de que su mente se había conectado con la Piedra Angular.
Tang Zhen había activado y vinculado la Piedra Angular. A partir de ese instante, su condición de Señor de la Ciudad Torre quedaba establecida de manera inamovible.
El siguiente paso era realizar el sacrificio de Perlas Cerebrales.
Tang Zhen hizo un gesto y un montón de Perlas Cerebrales de nivel 1 cubrió la plataforma; a ojo de buen cubero, había al menos un millar. Pero en el instante en que la Piedra Angular emitió un destello de luz, aquellas mil Perlas Cerebrales desaparecieron en un abrir y cerrar de ojos.
Sin vacilación alguna, Tang Zhen volvió a hacer el gesto y ofreció otras mil Perlas Cerebrales, que también desaparecieron.
Ofrecer Perlas Cerebrales, la Piedra Angular las absorbe. Aquel ciclo se repitió nada menos que diez veces.
Los Vagabundos que presenciaban la escena estaban consternados. No entendían cómo Tang Zhen podía hacer aparecer Perlas Cerebrales de la nada, pero aquello no hacía sino acrecentar la reverencia que ya sentían por él.
Cuando las diez mil Perlas Cerebrales de nivel 1 fueron absorbidas, Tang Zhen percibió a través de la Piedra Angular una sensación de saciedad, como si esta le estuviera diciendo que ya no hacía falta seguir ofreciendo.
Tang Zhen soltó un suspiro de alivio interior. Acababa de agotar una caja entera de Perlas Cerebrales; no había esperado que el sacrificio consumiera una cantidad tan enorme. Menos mal que había vaciado la cámara del tesoro de Ciudad Roca Negra; de lo contrario, cuando llegara el momento de mejorar la Ciudad Torre, quién sabe de dónde habría sacado tantas Perlas Cerebrales.
Porque justo al terminar el sacrificio, la Piedra Angular le transmitió un mensaje confuso: la siguiente mejora requeriría nada menos que diez mil Perlas Cerebrales de nivel 2.
Diez mil Perlas Cerebrales de nivel 2, equivalente a cien mil de nivel 1. No sabía si las que le quedaban en el Espacio de Almacenamiento serían suficientes.
Por mucho que quisiera mejorar la Ciudad Torre al nivel 2, Tang Zhen no se atrevía a asumir ese riesgo. Dejando de lado si tenía suficientes Perlas Cerebrales, la sola idea de enfrentarse a una oleada de monstruos el doble de grande ya era más que suficiente para tenerle la cabeza ocupada.
Además, esas Perlas Cerebrales las necesitaba para otras cosas importantes; por ahora no podía tocarlas.
Apartó los pensamientos dispersos de su mente y, ante la mirada llena de expectativa de todos los presentes, Tang Zhen pronunció en silencio las palabras: «¡Fundar la Ciudad Torre!»
¡Bum!
Tang Zhen sintió un estruendo que resonó en su mente, y acto seguido apareció ante él una maqueta en miniatura de un edificio de cuatro plantas con el aspecto exterior de un banco.
Al mismo tiempo, como si una voz surgiera desde dentro de sí mismo, Tang Zhen supo que esa maqueta podía modificarse hasta cierto punto según sus deseos.
Sin dudarlo, la encajó en la concavidad del acantilado y también realizó modificaciones en puertas y ventanas para hacerlas más favorables a la defensa, reacondicionando además algunas zonas que originalmente no eran adecuadas para habitar.
Una vez que terminó de remodelar la Ciudad Torre conforme a lo que tenía en mente, Tang Zhen dio la orden de construcción.
La maqueta que tenía ante sí desapareció y la concavidad del acantilado quedó envuelta de inmediato por una marea de luz y sombras caóticas. Los ojos de Tang Zhen se nublaron un instante y creyó ver el pasado y el presente de aquella Ciudad Torre desplegarse ante él.
Era un edificio construido al borde de una calle bulliciosa, destinado desde el primer momento a funcionar como banco. Había capoteado décadas de vaivenes, y por él habían pasado innumerables personas que trabajaban y vivían entre sus paredes.
Un día, un grupo de hombres enmascarados irrumpió en el interior. Blandiendo armas de fuego, abatieron uno a uno a los empleados y clientes que corrían despavoridos, y se apoderaron de grandes fajos de billetes.
La imagen cambió en un destello y, por razones imposibles de comprender, aquellos enmascarados enloquecieron de repente. Masacraron a todos los rehenes y luego, entre carcajadas frenéticas, se desgarraron la ropa para dejar al descubierto los explosivos que cubrían sus cuerpos.
Un estruendo enorme, y la imagen se detuvo bruscamente.
Esa era la memoria de toda una vida de aquel edificio, y ahora se desplegaba ante los ojos de Tang Zhen en su totalidad.
Tang Zhen se quedó en silencio. Jamás hubiera imaginado que una simple construcción pudiera albergar recuerdos tan vívidos; incluso en aquellas memorias creyó percibir un apego profundo a la vida.
Qué disparate; ¿cómo iban a tener sentimientos unas cosas tan frías e inanimadas?
Tang Zhen sacudió la cabeza, desechó aquellos pensamientos confusos y fijó la vista en el acantilado frente a él. Cinco minutos después, la marea de luz y sombras se disipó y un edificio nuevo y reluciente se alzó ante todos los presentes.
Tres de sus lados estaban encajados en la roca, con solo la fachada delantera a la vista. Los muros estaban cubiertos de relieves de hermosas formas, de una elegancia refinada. A simple vista, casi todas las puertas y ventanas contaban con rejas de protección, y en la entrada se erguían dos gruesas puertas de bronce.
—¡Larga vida al Señor de la Ciudad Torre!
Al presenciar aquella escena, todos los Vagabundos prorrumpieron al unísono en vítores. Muchos de ellos lloraban con lágrimas que les corrían por el rostro, desbordados por una alegría desbocada que surgía desde lo más hondo de su ser.
Al fin y al cabo, frente a una escena que parecía un milagro, casi nadie era capaz de mantenerse impasible; y encima aquel lugar estaba a punto de convertirse en su hogar.
El corazón de Tang Zhen también estaba sacudido por el asombro, porque él, como Señor de la Ciudad Torre, conocía mucha más información que los Vagabundos, que solo percibían lo que veían desde fuera.
La Piedra Angular de la guarida de los Duendes Carroñeros había pertenecido en efecto a un banco en su día, y precisamente por eso, aquella Ciudad Torre, además de sus funciones normales, contaba con tres funciones exclusivas.
Lo que a Tang Zhen le resultó incómodo fue que aquellas tres funciones pertenecían al tipo de lugar extraño que toda Ciudad Torre parece llevar consigo inevitablemente; como la Escalera de Penrose de Ciudad Roca Negra, la de su Ciudad Torre era el Banco Fantasma.
Las tres funciones exclusivas del Banco Fantasma eran las siguientes. La primera era el ahorro: cualquier Residente de la Ciudad Torre podía depositar sus Perlas Cerebrales en el Banco Fantasma y obtener un interés mensual del cero coma cinco por ciento, lo cual era una ventaja bastante generosa.
La segunda era el préstamo: cualquier Residente de la Ciudad Torre podía solicitar un crédito al Banco Fantasma con un interés mensual del tres por ciento. Por su propia experiencia vital, Tang Zhen se abstuvo de hacer cualquier comentario sobre esta función; es más, le generaba cierto rechazo.
Más aún cuando el Banco Fantasma, ante el impago de un préstamo vencido, podía directamente extraer la fuerza espiritual del deudor para saldar la deuda, lo cual resultaba de lo más inquietante.
La tercera era el canje: cualquier Residente de la Ciudad Torre podía usar Perlas Cerebrales para canjear diversos tipos de billetes o también oro, aunque no era posible hacer el cambio inverso.
Podría decirse que la tercera función estaba hecha a la medida de Tang Zhen; aparte de él, era prácticamente imposible que alguien quisiera cambiar Perlas Cerebrales por esos papelitos inútiles.
Además de las tres funciones exclusivas, las funciones normales de la Ciudad Torre incluían la publicación y aceptación de misiones del mundo desde la plataforma de la Piedra Angular, el canje de habilidades básicas para Cultivadores y el canje mensual de alimentos con cupo limitado.
Todas aquellas funciones eran sumamente poderosas. De no haber fundado la Ciudad Torre, Tang Zhen jamás habría imaginado que una Ciudad Torre albergaba tantas capacidades; abarcaban prácticamente todos los aspectos de la vida cotidiana de las personas. Eso sí, para acceder a ellas era imprescindible contar con suficientes Perlas Cerebrales o puntos.
Dicho de otro modo: la plataforma de la Piedra Angular de la Ciudad Torre era el equivalente a internet en el Mundo de las Ciudades Torre.

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Estás leyendo el capítulo 74 de Tengo una Ciudad en un Mundo Alternativo (Novela), un novela. En un mundo apocalíptico donde la superficie terrestre es sinónimo de muerte segura debido a peligros invisibles, la humanidad ha tenido que refugiarse en ciudades monumentales con capacidades asombrosas: fortalezas que… Este capítulo tiene publicado el 8 de abril de 2026, Traducido por el grupo Skotádi. Tengo una Ciudad en un Mundo Alternativo (Novela) tiene 91 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.