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Leer Tengo una Ciudad en un Mundo Alternativo (Novela) Capítulo 73 online gratis en español

🏴 Grupo: Skotádi✍️ Traducción: Skotádi
Tang Zhen se situó en un punto elevado y contempló el valle rebosante de gente. Aunque solo ocupaban una pequeña zona, aquella actividad le había dado al valle un soplo de vitalidad. Las tres líneas defensivas, ya terminadas, formaban una semicircunferencia que rodeaba por completo la concavidad frente al acantilado, con una separación aproximada de unos cien metros entre cada una. Tang Zhen no había construido las líneas demasiado lejos; así, cuando llegara el asedio masivo de los monstruos, él y sus futuros Residentes podrían parapetarse detrás de ellas y llevar a cabo la defensa con orden y calma. Gastar armas y munición no le importaba. Lo que de verdad no soportaría sería ver a sus futuros Residentes caer en las fauces de los monstruos, así que en armamento y equipo no había regateado ni un solo yuan. Llamó a Tyson, que en ese momento estaba dirigiendo a una decena de Vagabundos en la fabricación de lanzas cortas a partir de tubos de acero, y también a unos cuantos corpulentos y fornidos, y Tang Zhen se puso a enseñarles a manejar las Balistas de Asedio y las catapultas. Aquellas dos grandes armas de la era del acero frío estaban siendo fabricadas en ese momento. Wang Daqing, que apenas tenía estudios pero no quería defraudar a Tang Zhen, había llegado incluso a traer a su primo universitario, especializado en mecánica, para colaborar en la investigación y construcción; ya habían producido con éxito varias unidades. Esa era la ventaja de la era tecnológica: con técnica y materiales, ese pequeño taller podía fabricar desde un avión rudimentario hasta un vehículo blindado. La diferencia entre la capacidad de fabricación de entonces y la de ahora era así de evidente. Wang Daqing se había esforzado al máximo, y Tang Zhen tampoco iba a ser mezquino con él: su sueldo mensual ya había subido a cincuenta mil yuanes, sin duda en lo más alto de la escala salarial de la ciudad. Las Balistas de Asedio y las catapultas aún no habían llegado, pero Tang Zhen les explicó su funcionamiento a través de descripciones e ilustraciones para que se fueran familiarizando con su manejo con antelación. Una vez que las Balistas de Asedio y las catapultas llegaran, serían instaladas en la azotea y en las ventanas de la Ciudad Torre para atacar a los monstruos desde una posición elevada. Tang Zhen había presenciado el poder de las Balistas de Asedio de Ciudad Roca Negra, así que tenía grandes expectativas de que esas armas rindieran un efecto extraordinario en la batalla defensiva. Se separó de Tyson, que estaba debatiendo con sus hombres qué material usar como virotes, y se encaminó al pie del acantilado en la concavidad del valle. Allí, Murong Ziyan estaba supervisando a tres mujeres que rodeaban con cuidado una roca cuadrada de aproximadamente un metro cúbico. Esa roca era la plataforma que sostendría la Piedra Angular, y también el Altar de Sacrificio donde se depositarían las Perlas Cerebrales para el ritual. Sobre la superficie de la roca se habían trazado líneas con jugo de hierbas y polvo de piedra, que irradiaban un aura de misterio y solemnidad ancestral. Murong Ziyan, con martillo y cincel de acero en mano, junto a las tres mujeres que también empuñaban sus martillos, estaba esculpiendo con cuidado aquellas líneas. Era un trabajo tan delicado como el bordado, imposible de hacer para manazas toscas y rudas. Al ver que Tang Zhen examinaba con curiosidad los patrones de la piedra, Murong Ziyan sonrió y le explicó: —Se dice que los patrones de esta plataforma vienen de la antigüedad más remota. Para fundar una Ciudad Torre, es imprescindible tallar una plataforma como esta que sirva de sustento a la Piedra Angular. Mi maestro me habló de ella en su momento; me dijo que los distintos motivos que salpican la plataforma representan los diez mil mundos, y la gran esfera del centro representa la tierra bajo nuestros pies. Todos los mundos tienen este lugar como centro, y aquí está también la patria espiritual definitiva de todos los seres que habitan las estrellas. Tang Zhen escuchó las palabras de Murong Ziyan con la sensación de estar a punto de comprender algo, pero sin poder aferrar ningún hilo concreto. Se alejó de Murong Ziyan, que seguía tallando la plataforma con concentración, volvió a la cueva y se Teletransportó a casa. Esta vez tenía que ir al pueblo de Wang Daqing a recoger el cargamento. Como la cantidad era considerable, Tang Zhen contrató un camión y fue junto con el conductor hasta su base de producción de armas y equipo. Al entrar en el pueblo, Wang Daqing salió a recibirlo y pusieron al día los avances en la producción. Los aldeanos contratados estaban cargando las armaduras y armas embaladas en el camión, con una sonrisa en la cara. Cobraban a destajo y llevaban días trabajando desde el amanecer hasta entrada la noche, ganando quinientos o seiscientos yuanes al día; todos estaban muy contentos. En cuanto a las espadas, lanzas y armaduras que producían, las consideraban meras utilería y artículos decorativos. Si alguien les hubiera dicho que aquellas cosas eran reales y estaban destinadas al campo de batalla, se habrían reído en su cara: ¡pero en qué época vivían! ¿Quién iba a salir a luchar con armadura y blandiendo sablazos? Cuando terminaron de cargar el camión ya se estaba poniendo el sol. Tang Zhen se despidió de Wang Daqing, abrió la marcha y guió al conductor hasta un almacén que había alquilado temporalmente. Despachó al conductor diciéndole que volviera al día siguiente a buscar el camión, y Tang Zhen se puso a Teletransportar el cargamento. El Espacio de Almacenamiento de cinco metros cúbicos tenía una capacidad notable; en unos pocos viajes Tang Zhen trasladó todas las armaduras y armas a la cueva. Le dio unas instrucciones a Tyson y Qian Long, que miraban con los ojos brillantes a su lado, y se Teletransportó a casa a dormir. Cuando Tang Zhen regresó al Mundo de las Ciudades Torre, ante él se alineaban ya cinco Balistas de Asedio completamente ensambladas. Comparadas con las versiones originales, pesadas y primitivas, aquellas cinco Balistas de Asedio de triple arco rediseñadas y fabricadas con materiales modernos eran extraordinariamente manejables, y sin embargo su potencia superaba con creces a las originales. Estas Balistas de Asedio usaban un tipo especial de virote de aproximadamente metro y medio de longitud. Su peso equilibrado garantizaba un alcance suficiente, la punta afilada aseguraba su capacidad de penetración y tanto el fuste como las aletas traseras habían sido especialmente diseñados para garantizar precisión y estabilidad en el vuelo. Tang Zhen no paró de elogiarlas. Cada maestrillo tiene su librillo, y el primo de Wang Daqing era claramente un auténtico talento: había que encontrar la manera de retenerlo como fuera. Con las Balistas de Asedio y las catapultas ya en su sitio, podían proceder con el resto de los preparativos: enterrar trampas para animales, instalar caltrops de hierro, tender cuerdas de traba para caballos y similares. Pasaron dos días más y, con el trabajo sin descanso de casi cuatrocientas personas, todos los preparativos quedaron por fin completados. Al contemplar el cinturón defensivo completamente terminado, Tang Zhen exhaló por primera vez un largo suspiro de alivio. Aunque también sabía que el verdadero desafío apenas estaba comenzando; el plato fuerte todavía no había llegado. Los Vagabundos del campamento del valle, los que habían estado desde el principio, ya empezaban a familiarizarse con las armas y el equipo que acababan de recibir. Enfundados en relucientes y sólidas armaduras, blandiendo lanzas de filo afilado, aquellos Vagabundos que antes no tenían ni un cuchillo de cocina no habían podido cerrar la boca en todo el día de la alegría que les daba. Como ellos mismos decían, aunque vendieran a toda su familia no conseguirían comprarse una armadura así, y el señor Señor de la Ciudad Torre les había dado una a cada uno. ¡Qué derrochador más increíble! Ahora que tenían ese equipo, si le echaban el valor, ¡vaya, también ellos se habían vuelto ricos! Mientras unos reían, otros sufrían. Los Vagabundos que habían llegado de fuera miraban con los ojos en blanco a aquellos tipos que se paseaban de un lado a otro presumiendo de equipo. Ver al que ayer cavaba zanjas a tu lado aparecer de repente ataviado con una flamante armadura y con un sable reluciente al cinto, pavoneándose delante de ti, era algo para lo que la envidia se quedaba corta. Pobretones a los que de repente les ha tocado la lotería: ¿qué hay que presumir? Por mucho dragón que te pongas, palurdo sigues siendo, y menudo par de cubos de agua parecéis con esas armaduras. Vaya derrochador ese Señor de la Ciudad Torre llamado Tang Zhen: repartirle a esos diez y tantos inútiles que ni siquiera eran Cultivadores errantes una armadura nueva a cada uno, más un arma de buena factura. Solo el conjunto ya valía varios cientos de Perlas Cerebrales como mínimo; podría pasar de generación en generación como reliquia familiar. ¡Los ricos son así de caprichosos! ¡Maldita sea, qué suerte de perros tienen esos, por qué a nosotros no nos toca nada así! ¡Hay que ver, siendo yo un Cultivador de nivel 1 de pleno derecho, todavía no he podido hacerme ni con un cuchillo corto! En fin... compararse con los demás solo sirve para amargarse la vida. Los Vagabundos llegados de fuera suspiraban una y otra vez, con los ojos enrojecidos de envidia. Aquellos Vagabundos reclutados por Qian Long habían planeado originalmente marcharse en cuanto terminara el trabajo; no tenían ninguna intención de quedarse a que los liquidaran durante el asedio de los monstruos. Según la experiencia de los Vagabundos, las Ciudades Torre recién fundadas casi nunca salían adelante: nueve de cada diez caían ante los monstruos del asedio inicial. Sin embargo, al ver los abundantes suministros y el formidable poderío del campamento del valle, y especialmente cuando Tang Zhen exhibió las armaduras y armas apiladas en montones, en sus corazones nació un tenue destello de esperanza. Con semejante cantidad de armas y comida, ¿no sería posible que este hombre aguantara el asedio de los monstruos? Abrazando esa pequeña esperanza, los Vagabundos empezaron a dudar, y fue precisamente esa duda lo que acabó por hacerles quedarse. Vida o muerte, todo dependía de esta vez. Al fin y al cabo, todos llevaban demasiado tiempo hartos de esa vida errante; tarde o temprano acabarían muriendo de hambre, de frío o devorados por algún monstruo. Mejor apostarlo todo ahora de una vez. Así que aquellos Vagabundos también se incorporaron al entrenamiento, y con las armas y las protecciones recién recibidas, siguieron las instrucciones de Tyson entrenando una y otra vez. Años de vida errante en el páramo, luchando contra monstruos y contra sus propios semejantes, habían forjado en aquellos supervivientes la fibra de auténticos guerreros. El manejo de toda clase de armas lo aprendían con una rapidez asombrosa. Las catapultas y las Balistas de Asedio ya estaban ensambladas, y los Vagabundos empezaron a ensayar su manejo coordinado. Tyson y Qian Long, basándose en su experiencia combatiendo monstruos, elaboraron además varios planes tácticos. Cuando Tang Zhen consideró que todo estaba suficientemente preparado, tomó la decisión: era el momento de fundar la ciudad.
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Tengo una Ciudad en un Mundo Alternativo (Novela) Capítulo 73

Estás leyendo el capítulo 73 de Tengo una Ciudad en un Mundo Alternativo (Novela), un novela. En un mundo apocalíptico donde la superficie terrestre es sinónimo de muerte segura debido a peligros invisibles, la humanidad ha tenido que refugiarse en ciudades monumentales con capacidades asombrosas: fortalezas que… Este capítulo tiene publicado el 8 de abril de 2026, Traducido por el grupo Skotádi. Tengo una Ciudad en un Mundo Alternativo (Novela) tiene 91 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.