Leer Tengo una Ciudad en un Mundo Alternativo (Novela) Capítulo 72 online gratis en español
🏴 Grupo: Skotádi✍️ Traducción: Skotádi
Para hacer frente al asedio de los monstruos, además de las tres líneas defensivas, Tang Zhen había elaborado el siguiente plan.
En primer lugar, el armamento y el equipo: proporcionaría a cada Residente una armadura, una espada de combate y arco con flechas, y si era posible, también armas de fuego.
Además, compraría materiales para fabricar catapultas y Balistas de Asedio y otras armas de defensa de ciudades, reforzando aún más la capacidad defensiva de la Ciudad Torre.
Tubos de acero, gasolina, trampas para animales, fibra de vidrio epoxi...
La lista de compras de Tang Zhen estaba cargada de materiales de todo tipo. Por fundar y defender la Ciudad Torre, no había escatimado ni en ingenio ni en recursos.
En cuanto al dinero, Tang Zhen no tenía problema: aunque la cantidad de material adquirido era enorme, sus ahorros seguían siendo considerables, y además esta vez había traído de vuelta no pocos objetos de valor, más que suficientes para cubrir sus gastos.
Wang Daqing había vuelto a ampliar el equipo de trabajo; aprovechando la temporada de poco trabajo en el campo, había reclutado a varias decenas de personas, pagadas a destajo, que trabajaban a marchas forzadas produciendo los artículos que Tang Zhen había encargado.
Ya se habían fabricado bastantes cosas; solo había que esperar unos días para que Tang Zhen fuera a recogerlas en coche.
Salió despacio de casa, escudriñó los alrededores para asegurarse de que nadie lo seguía y se fue en coche al mercado a hacer las compras.
Una vez que empezó, aquello se convirtió en varios días seguidos sin respiro. Tang Zhen apenas tocaba el suelo; y eso que su resistencia física era extraordinaria, pero aun así se sentía profundamente agotado.
Por suerte, el último lote de material de la lista ya había sido adquirido, y en los ratos libres que había tenido también había aprovechado para Teletransportarse y trasladarlo todo al otro mundo.
Solo quedaba ir en coche a recoger las armas y armaduras fabricadas por Wang Daqing, y con eso los suministros necesarios para fundar la ciudad quedarían completos.
El esfuerzo que Tang Zhen había invertido en todo aquello era algo que nadie ajeno a él podría imaginar siquiera.
En la cueva del valle del otro mundo, toda clase de suministros se amontonaban hasta casi el techo. Tyson, con los ojos inyectados en sangre, contemplaba aquellas pilas de alimentos y armas con el ceño fruncido y había ordenado con voz fiera que nadie se acercara, so pena de muerte.
Aunque él mismo se quedaba mirando aquellos suministros de vez en cuando y soltaba una risita boba, con los ojos cargados de una esperanza que parecía de quien ha vuelto a nacer.
Tyson cumplía las órdenes de Tang Zhen al pie de la letra y vigilaba aquel cargamento con mano de hierro.
Si alguien necesitaba algo, tenía que ser el propio Tyson quien fuera a buscarlo; nadie podía acercarse ni un paso a la cueva. A cualquier Vagabundo curioso que se asomara a echar un vistazo, Tyson lo agarraba por la ropa y le sacudía una buena tunda de golpes sin contemplaciones.
Más adelante, temeroso de no poder custodiar solo todos aquellos suministros, Tyson llegó incluso a llamar a Da Xiong. Los dos se plantaron en la entrada como un par de dioses guardianes, mirando con ojos suspicaces a todo Vagabundo que pasara por allí, como si cualquiera pudiera ser un ladrón.
Cuando Tang Zhen lo vio, no supo si reír o enfadarse, y le dijo a Tyson que aquellas cosas no iban a ningún lado y que no había necesidad de estar tan en tensión.
Tyson, que tras los sucesos de aquellos días prácticamente veneraba a Tang Zhen como a una divinidad, asintió una y otra vez al escucharle, aunque solo se limitó a mandar a Da Xiong a acarrear piedras; él mismo siguió vigilando la entrada de la cueva con la misma dedicación de siempre.
Por su expresión, parecía que lo que custodiaba no era solo la cueva, sino la vida feliz de sus descendientes.
Tang Zhen, al verlo así, decidió no decir nada más y dejarlo estar.
...
Al caer la noche y encenderse las luces de la ciudad, los puestos callejeros al aire libre bullían de actividad. Tang Zhen, que llevaba todo el día trabajando, se llevó la mano al estómago, detuvo el coche y eligió un local al azar, sentándose en una mesa libre.
Pidió una jarra grande de cerveza fría, un plato de cangrejos de río picantes y varias decenas de brochetas de carne, y se puso a beber a grandes tragos la cerveza bien helada.
Tang Zhen antes tenía un aguante más bien escaso para el alcohol, pero ahora lo aguantaba mucho mejor; la jarra grande se vació en un momento y no sintió ni el más mínimo mareo, sino al contrario, una sensación de frescor y alivio que le recorría el cuerpo.
Estaba a punto de levantar la mano para llamar al camarero y pedir más cuando de repente una chica alta y ligera de ropa apareció frente a él de la nada. Sus preciosos ojos brillantes lo miraban fijamente con una sonrisa.
Tang Zhen se quedó algo desconcertado. Le echó un vistazo rápido y se giró a llamar al camarero para pedir más cerveza, pero al volver la cabeza comprobó que la chica seguía mirándolo fijamente, como si le hubiera brotado una flor en la cara.
Tang Zhen frunció el ceño y estaba a punto de preguntarle qué quería cuando la chica de repente sonrió de oreja a oreja, lo señaló con el dedo y exclamó con voz cristalina: —¡Ja! ¡Eres tú! ¡Por fin te pillo!
Tang Zhen se quedó pasmado. Esas palabras no tenían ni pies ni cabeza, y encima podían malinterpretarse fácilmente.
La chica parecía haber identificado a Tang Zhen sin ninguna duda, porque se sentó directamente en el taburete de enfrente, señaló su jarra de cerveza y preguntó: —Oye, tío, ¿estás bebiendo solo para ahogarte las penas? ¿Tienes algún problema?
—Eh... solo tenía hambre, nada más.
Tang Zhen hizo una pausa y luego preguntó: —Perdona, ¿nos conocemos?
—Claro que sí, ¿cómo que tío no se acuerda?
—Eh... je, je.
Tang Zhen se rascó el pelo y puso cara de estar haciendo un gran esfuerzo por recordar, mirando al techo, cuando en realidad le estaba diciendo a la chica que no tenía ni idea de quién era.
La chica torció el gesto, sacó el teléfono, se arrimó a Tang Zhen y les hizo una foto a los dos. Después abrió la galería, le echó un vistazo y se volvió hacia Tang Zhen: —Oye, tío, ¿cuál es tu número?
Tang Zhen dudó un instante y no respondió.
—Pero bueno, ¿es que te voy a comer acaso?
La chica frunció los labios con un mohín, agarró el teléfono de Tang Zhen que estaba sobre la mesa, lo desbloqueó y marcó un número; acto seguido, el teléfono de la chica empezó a sonar con una canción en inglés bastante agradable.
Sus largos y finos dedos volaron por la pantalla durante un momento, y luego la chica le devolvió el teléfono a Tang Zhen, se levantó, se despidió con un gesto y se alejó sonriendo: —Acuérdate de llamarme. Eso sí, te aviso: como la próxima vez que nos veamos todavía no te acuerdes de quién soy, me voy a enfadar de verdad.
Tang Zhen se quedó mirando absorto cómo la silueta de la chica desaparecía entre la gente, y luego bajó la vista a la pantalla donde aparecía el nombre «Shen Weiwei». Se quedó completamente en blanco.
Sacudió la cabeza con una sonrisa y no le dio más vueltas al asunto; siguió comiendo como si nada.
Terminada la cena, volvió a casa en coche. Se dio una ducha rápida y se fue a dormir.
A la mañana siguiente, cuando Tang Zhen apareció en el valle, los Vagabundos llevaban ya un buen rato en plena faena.
Al atardecer del cuarto día desde que Qian Long había partido, este regresó trayendo consigo a más de trescientos Vagabundos, llenando de animación un valle que antes estaba en silencio.
Al mismo tiempo, Qian Long trajo noticias del exterior, que dejaron a Tang Zhen sumido en sus pensamientos.
Resultaba que desde que Ciudad Roca Negra había eliminado de una sola vez cerca de cien mil pájaros de la muerte, aquellas criaturas de cuerpo frágil habían disminuido drásticamente en número y ya no eran capaces de lanzar ataques a gran escala.
Sin embargo, los Vagabundos infectados que se habían convertido en Zombis habían empezado a campar a sus anchas por el desierto, congregándose en grupos de cientos o miles que deambulaban de un lado a otro, y los Vagabundos los esquivaban como podían.
El número de Monstruos Cadavéricos soldados de la Raza Zombi también iba en aumento, y habían llegado a aparecer incluso algunos ejemplares de Caballería Pesada Zombi, que estaban causando enormes bajas entre los Cultivadores de Ciudad Roca Negra.
Pero ninguno de esos peligros se acercaba al de una criatura conocida como la langosta cadavérica. Aquellos monstruos del tamaño de un puño, también originarios de la Raza Zombi, propagaban enfermedades y devoraban la hierba y la vegetación, dejando un rastro de desolación absoluta a su paso. Y no eran miles: eran decenas de miles, cientos de miles, una marea que llenaba el cielo y la tierra, y habían cortado de raíz cualquier posibilidad de subsistencia para todos los Vagabundos de la zona cercana a Ciudad Roca Negra.
Cuando Qian Long se había presentado ante los Vagabundos prometiéndoles comida y una generosa recompensa al terminar el trabajo, estos lo habían seguido de inmediato hasta el valle para unirse a la construcción.
Es más, incluso después del regreso de Qian Long, seguían llegando Vagabundos atraídos por la noticia. Fuera de allí ya no podían sobrevivir; no les quedaba más que venir al valle a ver si podían llevarse algo a la boca y seguir viviendo.
Con la incorporación de todos esos Vagabundos, el ritmo de la construcción se había acelerado enormemente, y las obras estaban ya casi terminadas.

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Estás leyendo el capítulo 72 de Tengo una Ciudad en un Mundo Alternativo (Novela), un novela. En un mundo apocalíptico donde la superficie terrestre es sinónimo de muerte segura debido a peligros invisibles, la humanidad ha tenido que refugiarse en ciudades monumentales con capacidades asombrosas: fortalezas que… Este capítulo tiene publicado el 8 de abril de 2026, Traducido por el grupo Skotádi. Tengo una Ciudad en un Mundo Alternativo (Novela) tiene 91 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.