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Leer Tengo una Ciudad en un Mundo Alternativo (Novela) Capítulo 3 online gratis en español

🏴 Grupo: Skotádi✍️ Traducción: Skotádi
—¡Despierta, amigo! ¡Nos vamos! Al sentir que alguien le palmeaba el hombro y hablaba en voz alta, Tang Zhen se despertó repentinamente de su estado semiconsciente. De inmediato, sus músculos se tensaron y abrió los ojos con rapidez. En ese momento, aún mantenía el estado de alerta previo a su desmayo. Sostenía firmemente el afilado hueso frente a su pecho. Si notaba algo extraño, clavaría el hueso sin dudarlo. Sin embargo, al ver con claridad la situación frente a él, retrajo lentamente el arma y miró con cautela a la persona que tenía delante. Era un joven vestido con harapos, de rostro ovalado y delicado que parecía inofensivo. Le sonreía amistosamente. El joven medía cerca de 1.75 metros y parecía estar en sus veinte; aunque su rostro estaba cetrino y su cabello seco y revuelto, sus ojos brillaban con intensidad. Tang Zhen notó que su ropa estaba muy andrajosa y llena de agujeros; esa prenda, que debería haber estado en la basura hace mucho tiempo, ahora cubría al joven. No era el único vestido así; la gente cercana vestía igual, dando la impresión de estar en un campo de refugiados. El estilo de la vestimenta era tan peculiar que le hizo sentir, por un momento, que había retrocedido a una sociedad antigua. No obstante, al recordar a los monstruos, comprendió que, aunque no estuviera en el pasado, definitivamente ya no estaba en su mundo original. «¿Qué es exactamente este lugar?». Al ver a Tang Zhen mirándolo aturdido, el joven bajó la cabeza y buscó en su bolsillo por un momento. Sacó un trozo pequeño de un bollo de grano grueso al vapor, cubierto de tierra y hierba, y se lo entregó. —¿Tienes hambre? ¡Come rápido! «¿Quieres que me coma esta cosa?» Tang Zhen se quedó impactado. Calculó que ese bollo a medio comer en la mano del joven llevaba al menos tres días en el bolsillo del muchacho. Tang Zhen realmente no podía tragar ese tipo de comida; además, la situación era desconocida. Por precaución, rechazó las buenas intenciones del joven. El joven retiró la mano con una expresión que sugería: «¡Eres tonto por no comer!», y guardó cuidadosamente el bollo en su bolsillo, como si fuera un tesoro preciado. Tang Zhen palpó su propio bolsillo; su celular seguía ahí, lo que le dio una gran tranquilidad. Movió el hombro; aún le dolía, pero notó que la herida había sido limpiada y vendada con un trapo viejo. Al mirar al joven con duda, este asintió con una sonrisa. —Te arañó un monstruo y necesitabas tratamiento urgente. Te vendé mientras estabas inconsciente... ¡Ah, no hace falta que me des las gracias! Tang Zhen mostró gratitud y asintió para agradecerle. Independientemente de si el tratamiento era efectivo, era al menos mejor que no hacer nada. Se levantó y miró a su alrededor con mucho cuidado. Se dio cuenta de que estaba en el campamento improvisado que había visto antes de desmayarse. Había más de diez tiendas de campaña miserables hechas de diversos materiales. Mucha gente se movía entre las tiendas. Vestían harapos y se veían pálidos como el joven frente a él. Cerca de una hoguera, Tang Zhen vio a dos mujeres de mediana edad preparando comida. Lanzaron un puñado de vegetales silvestres sin lavar y dos trozos de pan duro en una olla con agua hirviendo. Tras remover la mezcla con un palo, la "cena" estuvo lista. Tang Zhen hizo una mueca; para él, incluso la comida para perros se veía más apetitosa que aquello. Sin embargo, los demás peleaban por una ración. La mujer repartía cucharadas de ese "caldo" en diversos recipientes. Los que obtenían la comida corrían a un lado y la bebían lentamente. Comían con gusto, como si fuera un manjar supremo. Incluso lamían el fondo del cuenco, sin importarles si había arena. Al ver esta escena, Tang Zhen quedó impactado. «¿Por qué se ven tan miserables? ¿Son realmente refugiados?». Pero al observar mejor, no lo parecían. Entonces, ¿por qué habían caído en tal estado? Entre la multitud vestida como mendigos, había más de diez “extranjeros” de diferentes colores de piel, lo que aumentó su confusión. —¡Date prisa y come, o no conseguirás nada! Mientras Tang Zhen estaba distraído, el joven que le había ofrecido el bollo le advirtió y corrió rápidamente. Regresó poco después con un tarro de esmalte de una bolsa rota y recogió una porción de sopa de verduras silvestres con arena fina flotando en el fondo. La bebió con alegría. Tang Zhen notó que parecía haber palabras en el tarro de esmalte. Mirando cuidadosamente, las palabras decían: «¡Servir al pueblo!». «Maldición, ¿qué demonios está pasando?» —¿Quiénes son ustedes? —preguntó finalmente Tang Zhen al joven que bebía la sopa. —¿Quiénes vamos a ser? Somos personas que se han unido para explorar el Edificio Salvaje. ¿Acaso hace falta preguntarlo? El joven bebía la sopa a grandes sorbos y parecía un poco desdeñoso ante la pregunta de Tang Zhen. Reprimiendo sus dudas, Tang Zhen indagó indirectamente durante un rato hasta comprender finalmente su situación. Este era un mundo muy extraño. No había países ni regímenes. Había vagabundos de diversas razas como langostas por todas partes, así como Edificios de varios tamaños. Los vagabundos eran las personas que Tang Zhen tenía delante. El 50% de los vagabundos de este mundo eran humanos, y se decía que el resto eran razas extranjeras. Los vagabundos no tenían residencia fija y deambulaban con el único objetivo de sobrevivir. Desde hacía unos días, estos vagabundos se habían reunido aquí. Habían escuchado noticias y se apresuraron para explorar un Edificio Salvaje que acababa de aparecer. Tang Zhen había aparecido ante la multitud la tarde anterior, pero se desmayó de inmediato. Todos lo consideraron un vagabundo más que se preparaba para la exploración, así que nadie le prestó atención. Los Edificios Salvajes eran estructuras sin dueño que surgían de la nada en el desierto, repletas de recursos, pero también de peligros mortales. Cada vez que aparecía un Edificio Salvaje, era una gran oportunidad para los vagabundos. Hablando de esto, cabe decir que las facciones poderosas de este mundo eran los Edificios. En este mundo, los vagabundos eran como lentejas de agua sin raíces, deambulando por este desierto sin fin. Recolectaban hierbas, cazaban bestias, exploraban Edificios salvajes y se defendían juntos de monstruos aterradores, con la esperanza de ser aceptados algún día en un edificio para obtener protección. Sin embargo, no faltaban vagabundos en este mundo. Eran como la maleza, apareciendo uno tras otro. Muchos no tenían oportunidad de entrar en un edificio en toda su vida. Si los humanos de este mundo se dividieran en niveles, los residentes de estos edificios serían las existencias de más alto nivel. Edificio era un término general que representaba un lugar de reunión oficial reconocido por las leyes de este mundo; un lugar con poder mágico. Según el joven, si se obtenía un objeto llamado "Piedra Angular", cualquiera podía construir de la nada. Tras su establecimiento, mientras los residentes no salieran, no serían atacados por monstruos o vagabundos. Al principio, la altura no excedería los cuatro pisos en un área de dos mil metros cuadrados, y habría una plataforma de la piedra angular en su interior. Se decía que el señor de un edificio y sus residentes podían usar una perla cerebral de monstruos para sacrificar a los dioses en la plataforma. De esta forma, tenían la oportunidad de obtener poderes y objetos mágicos. ¡Si se tenían piedras angulares adicionales, se podía subir de nivel la ciudad! Cuantas más mejoras, más alta y grande sería el edificio, y más habilidades mágicas poseería. El joven relató que una vez vio una ciudad muy poderosa: cinco edificios de más de cien pisos construidos juntos, rodeados por murallas altísimas y llena de residentes. Cuando los monstruos atacaban al edificio, podía generar una especie de cúpula transparente protectora para evitar el asedio. Sin embargo, no todas las ciudades eran humanas; muchas pertenecían a otras razas que no aceptaban humanos fácilmente e incluso atacaban los edificios establecidos por los suyos. Gran parte de la información del joven eran rumores, mitad verdad y mitad ficción. Aun así, Tang Zhen quedó atónito. El relato le provocó una gran conmoción interna. Era un mundo caótico pero increíble. ¿Cómo había terminado allí? «¿Tal vez sea por esa cuenta de cristal...?» Tang Zhen lo adivinó vagamente, pero no estaba seguro. Una hora después, todos terminaron de comer y comenzaron a recoger las tiendas. Sacaron armas de aspecto extraño y comenzaron a caminar lentamente hacia donde salía el sol. Para ese momento, Tang Zhen ya sabía que el joven que lo ayudó y le ofreció comida se llamaba Qian Long. En ese momento, Qian Long portaba una barra de hierro afilada y seguía al grupo con expresión seria, vigilando los matorrales. Al ver que todos estaban en guardia como si enfrentaran a un gran enemigo, Tang Zhen se puso nervioso, palpó el hueso afilado en su cinturón y tomó una piedra con fuerza. El equipo no caminó mucho cuando un rugido bajo provino de la hierba; un sonido extraño y miserable. Al oírlo, los vagabundos se inquietaron unos segundos antes de apuntar sus armas hacia el origen del ruido; algunos incluso dispararon flechas. Todo el proceso solo duro unos segundos, demostrando su experiencia en combate. La densa hierba se apartó bruscamente y una decena de monstruos humanoides de piel verde, de poco más de un metro de altura y complexión robusta como barriles, se abalanzaron gritando sobre los vagabundos. Eran sucios y feos, pareciendo gusanos salidos de un foso de estiércol. Al ver el aspecto familiar de esos monstruos, Tang Zhen tuvo la absurda sensación de haber entrado en un videojuego. Esos seres se parecían muchísimo a los monstruos de relleno de muchos juegos: ¡Goblins! En ese grupo de monstruos con aspecto a Goblins, uno tenía un aspecto gracioso: llevaba una flecha rudimentaria clavada en la frente y emitía chillidos que mezclaban dolor y excitación, mientras agitaba un gran hueso lleno de marcas de mordiscos. —¡Son Goblins de piel verde, ataquen todos! El líder de los vagabundos grito para levantar la moral del grupo, y estos comenzaron su ofensiva. Por un momento, todo tipo de armas volaron por el aire, provocando los lamentos de los monstruos. Sin embargo, estos monstruos eran feroces y resistieron el ataque inicial para acercarse. Sus ojos rojos rebosaban avaricia, como si los vagabundos fueran comida deliciosa y ellos los depredadores. Motivados por el hambre, no retrocedían a pesar de las heridas. No obstante, frente a la superioridad numérica de los vagabundos, los Goblins no tenían la ventaja. Tras un breve combate y ante los incesantes ataques, los monstruos con aspecto de Goblins no pudieron resistir más; huyeron hacia la maleza emitiendo gemidos dolorosos y dejando atrás varios cadáveres.
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Tengo una Ciudad en un Mundo Alternativo (Novela) Capítulo 3

Estás leyendo el capítulo 3 de Tengo una Ciudad en un Mundo Alternativo (Novela), un novela. En un mundo apocalíptico donde la superficie terrestre es sinónimo de muerte segura debido a peligros invisibles, la humanidad ha tenido que refugiarse en ciudades monumentales con capacidades asombrosas: fortalezas que… Este capítulo tiene publicado el 13 de marzo de 2026, Traducido por el grupo Skotádi. Tengo una Ciudad en un Mundo Alternativo (Novela) tiene 91 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.