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Leer Tengo una Ciudad en un Mundo Alternativo (Novela) Capítulo 12 online gratis en español

🏴 Grupo: Skotádi✍️ Traducción: Skotádi
La acción de Murong Ziyan hizo que el cuerpo de Tang Zhen se quedara rígido; su mano reaccionó por reflejo y apretó. —¡Ah…! La chica frente a él se sonrojó de inmediato y dejó escapar un gemido. Cuando Tang Zhen volvió en sí, su mirada era muy tranquila. La acción de la chica lo había tomado por sorpresa, pero después de comprender su motivo, fue incapaz de albergar pensamientos indecentes hacia esta joven que, aunque cubierta de suciedad, tenía un corazón tan puro como el agua. Y mucho menos hacer algo así frente a una niña. Al mirar a la joven frente a él, Tang Zhen no pudo evitar recordar una experiencia de su propia infancia. En aquella ocasión, él y su hermana tenían tanta hambre que ya no podían soportarlo. Su hermana, incapaz de resistir más, robó unos rábanos secos que estaban puestos a secar en la casa de una familia de pésima reputación, pero fue atrapada en el acto por la dueña de la casa. Al ver que aquella mujer mezquina y altiva sujetaba la ropa de su hermana y estaba a punto de darle una bofetada, Tang Zhen se lanzó hacia ella como un loco y la embistió, gritándole a su hermana que corriera. Él, en cambio, fue derribado por la mujer y su hijo, quienes lo golpearon mientras lo insultaban llamándolo “mendigo sin madre”. Tang Zhen quedó con la cara hinchada y llena de golpes, pero sonreía con alegría, porque su hermana no había sido golpeada y además se había llevado un gran puñado de rábanos secos. Esa noche no tendría que pasar hambre. ¡La Murong Ziyan de este momento era exactamente igual a él de entonces! Sonriendo con suavidad, Tang Zhen le indicó que soltara su mano y luego la ayudó a sentarse de nuevo en el suelo. Apartó el largo cabello de Murong Ziyan y descubrió con sorpresa que, aunque su rostro estaba cubierto de barro, su apariencia original era absolutamente hermosa. Especialmente esa tenue mezcla de terquedad y aura maternal que se adivinaba en ella, algo que resultaba muy conmovedor. Tang Zhen sabía en su corazón que tal vez algo podría ocurrir entre ambos en el futuro, pero definitivamente no en este momento. —Puedo ayudarte, pero esto no es un intercambio. ¿Lo entiendes? Ese tipo de transacción descarada no era diferente de buscar una prostituta, ¡y a Tang Zhen no le gustaba! El tono de Tang Zhen era suave mientras hablaba con calma: —Me llamo Tang Zhen. De ahora en adelante puedes llamarme hermano Tang. Al ver la sonrisa de Tang Zhen, Murong Ziyan asintió obedientemente. Tras recibir su promesa, una chispa de esperanza apareció en sus ojos antes vacíos. Aunque su acción de hace un momento había sido impulsiva, si tuviera que elegir otra vez, seguiría intentándolo sin dudar. No tenía elección. Ella, que antes había vivido rodeada de comodidades, ya entendía que la terquedad y el orgullo no podían darle fuerza para protegerse ni para llenar el estómago de ella y de su hermana, ni para mantenerse lejos de los peligros que acechaban por todas partes. No lo hacía por ella misma, sino por su hermana menor. Si quería obtener algo, naturalmente tenía que pagar un precio, y lo único que podía ofrecer era precisamente eso. Incluso si el resultado no era el ideal, no se arrepentiría. Después de todo, las oportunidades para cambiar su situación actual de supervivencia eran muy escasas y difíciles de encontrar. Las oportunidades pasan en un instante, pero Murong Ziyan había logrado aprovecharla. Había que admitir que tenía buen juicio y también bastante determinación. Murong Ziyan miró al hombre frente a ella con sentimientos encontrados. Con la aparición de este hombre, quizá ella y su hermana tendrían un poco más de esperanza para seguir con vida. En cualquier caso, desde el momento en que Tang Zhen la había salvado de las garras de los monstruos, ella ya había tomado una decisión en su corazón. Después de todo, en el desierto la vida humana era lo más barato que existía. Ella no esperaba nada más, solo quería que ella y su hermana sobrevivieran. Al ver a Murong Ziyan, que antes luchaba desesperadamente como una loba herida protegiendo a sus crías, pero que ahora, al relajarse, parecía una gatita indefensa, Tang Zhen recordó los días difíciles en los que él y su hermana dependían el uno del otro para sobrevivir. Sin darse cuenta, tomó su pequeña mano algo áspera y la atrajo hacia su lado. El cuerpo de Murong Ziyan volvió a temblar ligeramente, pero obedientemente se sentó junto a él. Tang Zhen abrazó a la solitaria y obstinada joven. Aunque su cuerpo desprendía un olor extraño, no mostró ningún desagrado. Simplemente la sostuvo en silencio, como si abrazara a su propia hermana, permitiendo que su delgado y débil cuerpo sintiera un poco de calor. La vida no es fácil, por eso debemos apreciarnos unos a otros. Pero inesperadamente, al sentir que Tang Zhen la abrazaba, Murong Ziyan se conmovió por la situación y recordó los días felices que había pasado con sus padres. De repente rodeó el cuello de Tang Zhen con los brazos y empezó a sollozar en voz baja, como si sus lágrimas de agravio no tuvieran fin. Tras haber expresado antes su decisión frente a Tang Zhen, Murong Ziyan ya lo consideraba su hombre. En ese momento, al recostarse en el amplio y cálido pecho de aquel hombre, finalmente dejó de lado todas sus preocupaciones y cargas, y las lágrimas ya no pudieron detenerse. —Mírate, ya lloraste hasta parecer un gatito con la cara manchada… ¡eh! ¡Ziyue también empezó a llorar! Tang Zhen se movía torpemente tratando de consolar a las dos, la mayor y la pequeña. Su aspecto desordenado terminó haciendo reír entre lágrimas a Murong Ziyan. Con algo de timidez, se dio la vuelta para secarse las lágrimas del rostro y luego corrió hacia un lado para consolar a la pequeña Ziyue, que también se había puesto a llorar. Aquella escena era cálida, pero también cruel. Las dos hermanas, hermosas como flores, estaban soportando demasiadas dificultades y sufrimientos a una edad en la que deberían estar siendo protegidas y mimadas. Con una mirada suave hacia las hermanas que habían confiado su futuro a él, Tang Zhen sintió que todo aquello era inesperado. Sin embargo, la confianza con la que ellas habían puesto sus vidas en sus manos hizo que algo cambiara ligeramente en su mentalidad. Al principio se consideraba solo un pasajero en este mundo, alguien que simplemente agitaría la manga y se llevaría la riqueza que quería. Pero ahora, sobre sus hombros había aparecido una nueva responsabilidad y preocupación. Mirando a la pequeña Ziyue, que había vuelto a sonreír, Tang Zhen caminó hacia ella con la intención de bromear un poco con la niña, que era muy adorable. Pero la pequeña era algo tímida. Al verlo acercarse, se escondió instintivamente, y sus grandes ojos comenzaron a llenarse nuevamente de lágrimas. Al ver eso, Tang Zhen se encogió de hombros y abandonó la idea de jugar con ella. En su lugar, se sentó y cayó en una profunda reflexión. La naturaleza cambiante de este mundo había tomado a Tang Zhen algo desprevenido. Aunque anteriormente había escuchado a Qian Long describir algunas situaciones similares, verlas con sus propios ojos era muy diferente. Los peligros ocultos en todo ello no podían tomarse a la ligera. Ahora mismo solo tenía una pistola en la mano, y la munición también era muy limitada. Apostar toda su vida a esa única arma claramente no era prudente. Las espadas, cuchillos y ballestas que había preparado antes también tenían capacidad letal, pero sin habilidad suficiente para manejarlas, sería difícil sacarles el máximo provecho contra un grupo de monstruos feroces. Cuando una sola persona se enfrenta a un grupo de monstruos, el arma que lleve debe tener una ventaja absoluta, y su poder de combate también debe ser extraordinario. De lo contrario, el enemigo podría aplastarlo simplemente con la fuerza de los números. Al ver a Tang Zhen sumido en sus pensamientos, las hermanas Murong se apartaron discretamente a un lado y observaron en silencio su expresión pensativa. Desde que tomó su decisión, significaba que el hombre frente a ella sería su único apoyo en el futuro. En el corazón de Murong Ziyan había una pizca de inquietud, algo de expectativa y también una leve tristeza. En este mundo caótico, con su propia fuerza era absolutamente imposible proteger la seguridad de ella y de su hermana. Pero aquel hombre que había matado a cinco monstruos con tanta facilidad le proporcionaba una sensación de seguridad que nunca antes había sentido. «Este hombre es muy fuerte y no abusó de su poder para aprovecharse de mí. Quizá mi elección no fue equivocada». Murong Ziyan pensó esto en su interior, y la mirada que dirigía a Tang Zhen se volvió aún más suave. El día pasó entre conversaciones intermitentes entre Tang Zhen y Murong Ziyan. Durante ese tiempo, él le preguntó con detalle todo tipo de información sobre el mundo, aunque lamentablemente Murong Ziyan tampoco sabía demasiado. Sin embargo, había algo que Murong Ziyan tenía muy claro: las ciudades edificios poseían habilidades muy misteriosas, y algunas de las que aparecían en las leyendas incluso tenían un tamaño comparable al de un continente. Por supuesto, Murong Ziyan no conocía la palabra “continente”. La forma en que lo describía era que incluso cabalgando un caballo veloz sin detenerse, se necesitarían varios meses para atravesar una sola ciudad edificio. Cuando Tang Zhen escuchó eso se quedó completamente atónito, porque un tamaño así era simplemente inconcebible. En realidad, Murong Ziyan tampoco sabía mucho más. Si su padre no hubiera sido alguna vez el señor de una ciudad, probablemente conocería aún menos. Pero Tang Zhen no le dio demasiada importancia. La información que había obtenido hoy ya era lo suficientemente impactante. Creía que, a medida que continuara explorando, tarde o temprano comprendería todos los secretos de este mundo. La noche pasó en un abrir y cerrar de ojos. Cuando despertó al día siguiente, las hermanas seguían dormidas apoyadas en un rincón. Era evidente que, gracias a la presencia de Tang Zhen, por fin podían dormir tranquilamente. Suspirando en silencio, Tang Zhen despertó a la adormilada Murong Ziyan y le dijo que debía marcharse durante uno o dos días. También le advirtió que durante ese tiempo no salieran a ningún lado. Después de dejarles algo de comida, y bajo la mirada preocupada de las dos hermanas, Tang Zhen abandonó el sótano y partió hacia el mercado de vagabundos. En el camino se encontró con algunos monstruos errantes, pero no luchó contra ellos, sino que los evitó con cuidado. Muy pronto el mercado de vagabundos apareció ante sus ojos. Algunos vagabundos entraban y salían por la puerta del mercado. Cuando Tang Zhen se acercó para entrar, un guerrero con una espada larga al cinto y una rudimentaria armadura de cuero le bloqueó el paso y le exigió el pago para acceder. Tang Zhen sacó de su bolsillo una ficha de hueso. Era la prueba que había recibido la última vez cuando él y Qian Long entregaron cuentas cerebrales, la cual le permitía permanecer allí durante un mes. El guardia le indicó que colgara la ficha en su cintura y luego lo dejó pasar. Durante el día el mercado estaba claramente muy animado. A ambos lados del camino había vagabundos sentados en el suelo con montones de mercancías para intercambiar frente a ellos. Al pasar frente a un puesto, Tang Zhen descubrió con sorpresa un grupo de aves enjauladas que se parecían mucho a gallinas domésticas. Por curiosidad preguntó, y el vendedor respondió que eran gallinas salvajes atrapadas con trampas. Tang Zhen pensó: «¿Me estás tomando el pelo? ¿Acaso no sé distinguir entre una gallina doméstica y una salvaje?». Pero al recordar que este no era el mundo en el que había vivido antes, dejó de darle importancia al asunto. Además de aquellas “gallinas salvajes” que parecían gallinas comunes, el puesto también tenía otras aves, la mayoría atrapadas con trampas y unas pocas derribadas con flechas. En el puesto de al lado había algunas bestias salvajes que Tang Zhen no reconocía. La mayoría ya habían sido procesadas y estaban listas para la venta. Tras echar un vistazo rápido, Tang Zhen encontró algunos objetos que podrían resultarle útiles, pero no se apresuró a intercambiar nada y se dirigió directamente a la posada. Cuando entró en la posada no encontró a Qian Long. Tras preguntarle al dueño, supo que había salido a vender cosas. Tang Zhen se sorprendió, porque no lo había visto en la calle. ¿Dónde estaba vendiendo? Después de preguntar un poco más, se enteró de que Qian Long vendía sus objetos en la tienda de abarrotes del mercado, no en los puestos de la calle. Siguiendo las indicaciones del posadero, Tang Zhen llegó pronto frente a un edificio de adobe relativamente grande. Sus paredes estaban cubiertas con una capa de pintura marrón oscuro, lo que lo hacía verse algo más decente que los edificios cercanos. Tras mirar al fornido guardia en la puerta, Tang Zhen entró. En cuanto cruzó la entrada, la luz se volvió repentinamente tenue. Sin embargo, pronto se adaptó al ambiente y pudo observar la disposición del interior. Comparado con los puestos improvisados del mercado de vagabundos, los artículos de esta tienda eran mucho más valiosos. Había numerosos objetos recuperados por los vagabundos en edificios salvajes, así como algunos productos provenientes de las ciudad edificio. Las mercancías abarcaban ropa, comida, herramientas y otros artículos de la vida diaria, pero todos tenían precios muy elevados. En ese momento Qian Long estaba frente al mostrador. Al ver a Tang Zhen, sonrió levemente y en sus ojos apareció un brillo de alivio. —¿El camino de regreso estuvo seguro? Escuché que últimamente han aumentado los monstruos cerca, y además apareció un edificio salvaje en las proximidades. Dicen que los monstruos de dentro son bastante fuertes… Qian Long hablaba sin parar mientras Tang Zhen respondía ocasionalmente. En ese momento, un robusto empleado salió de la habitación trasera del mostrador sosteniendo un pequeño recipiente esmaltado. Dentro había un gran montón de cuentas cerebrales blancas que tintineaban con un sonido de «¡clac, clac!». Al escuchar ese sonido, el corazón de Tang Zhen empezó a latir con fuerza. Sus ojos se fijaron intensamente en aquellas cuentas cerebrales, y el deseo que surgía en su cuerpo le hacía querer tragarlas todas de un solo bocado. —Este es el precio acordado. Son cuatrocientas cuentas cerebrales blancas de primer nivel. Revísalas. El empleado entregó las cuentas a Qian Long, pero él no era muy bueno con números tan grandes. Miró a Tang Zhen, y al verlo asentir le pasó el recipiente para que él hiciera el conteo. Después de confirmar que la cantidad era correcta, ambos abandonaron la tienda de abarrotes y regresaron a la posada donde se alojaban. Pero justo después de que se marcharan, un vagabundo de aspecto insignificante salió también de la tienda. Entrecerró los ojos y observó la dirección en la que se habían ido Tang Zhen y Qian Long, soltó una risa fría y luego se dirigió a una casa de adobe cercana.
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Tengo una Ciudad en un Mundo Alternativo (Novela) Capítulo 12

Estás leyendo el capítulo 12 de Tengo una Ciudad en un Mundo Alternativo (Novela), un novela. En un mundo apocalíptico donde la superficie terrestre es sinónimo de muerte segura debido a peligros invisibles, la humanidad ha tenido que refugiarse en ciudades monumentales con capacidades asombrosas: fortalezas que… Este capítulo tiene publicado el 14 de marzo de 2026, Traducido por el grupo Skotádi. Tengo una Ciudad en un Mundo Alternativo (Novela) tiene 91 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.