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Leer Soy un regresor infinito, pero tengo historias que contar. (Novela) Capítulo 37 online gratis en español

🏴 Grupo: Paradox✍️ Traducción: Paradox
5 — Sígueme por aquí. — S-sí... Llegamos a un estadio de fútbol en Busan. La pared exterior del recinto estaba medio destruida por algún monstruo y casi se había derrumbado. Hacía mucho tiempo, muchísimo, que no visitaba este lugar donde los armazones de acero yacían esparcidos como restos de un naufragio. La primera vez que vine, lo hice con alguien que era el padre de otra persona. En esta segunda visita, venía acompañado de su hijo. — Guau. —Kim Si-woon miraba a su alrededor estirando el cuello como una grulla; parecía ser la primera vez que pisaba un estadio de esta magnitud—. Es enorme. ¿Se llenan todas esas gradas en los días de partido? — Que se llenen del todo es raro, pero recuerdo que solían asistir unas diez mil personas de media. A pesar de haber pasado más de quinientos años desde mi última visita, encontré el objetivo sorprendentemente rápido. En un rincón de las gradas, brotaba un cristal gigante, parecido a los que se encuentran en cuevas profundas. Era tan alto como yo. Una marca que solo mis ojos podían percibir. Personalmente, yo llamaba a ese cristal "lápida" o "monumento". Total, como nadie más podía verlo, podía llamarlo como quisiera. Incluso Kim Si-woon, que estaba a mi lado, no se percató del cristal que tenía frente a sus narices. — Bien, dame la mano. — Ah, sí. — Puedo entrar libremente en el sueño de cualquier persona que yo haya sellado. Pero tú no. Solo podrás acceder mientras me sujetes la mano. Así que, pase lo que pase, no me sueltes. ¿Entendido? — Entendido, hermano. Kim Si-woon tomó mi mano con cautela. Yo asentí. — Ahora cierra los ojos. Prepárate mentalmente. Allá vamos. Apoyé la palma de mi mano izquierda sobre la superficie del cristal. La mano lo atravesó como si fuera una masa blanda. La superficie, que antes brillaba como un espejo transparente, aceptó mi cuerpo sin resistencia, como si fuera agua. Di un paso. Luego otro. Tras avanzar unos seis pasos en total, todo a nuestro alrededor se tiñó rápidamente de negro, como si un niño travieso hubiera esparcido pintura oscura por doquier, o como si nos hubiéramos sumergido en el abismo marino. — ... Era una sensación familiar para mí, pero no para Si-woon. Pude sentir a través de su mano cómo se estremecía de miedo. Poco después... — ¡¡WAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!! De repente, un clamor capaz de sacudir el cielo y la tierra estalló a nuestro lado. — ¡Hic! —Si-woon abrió los ojos del susto. Miró instintivamente a su alrededor y sus ojos se abrieron aún más que cuando oyó el grito—. ¿E-eh? ¿Qué es esto? El clamor era el apoyo de los hinchas. El estadio, que hace un momento estaba desierto y lúgubre, ahora rebosaba de fans locales y visitantes. Donde antes había escombros, ahora había banderas de clubes, pancartas, globos y, sobre todo, gente. — ¡Ataquen! ¡Ataquen! ¡Rápido, rápido! —gritaba alguien que parecía ser el entrenador desde la banda. En el campo teñido de verde, los jugadores corrían frenéticamente. Cada vez que dribleaban, daban un pase magistral o se preparaban para un saque de esquina, las gradas estallaban en un grito ensordecedor. — ¡Oh! ¡Nuestro club! ¡Hogar eterno! Aquella era la pasión que, para otros, había existido hace cinco años, pero que para mí era un recuerdo de hace más de quinientos. El mundo antes de romperse. — ¡Mi amor! ¡Mi hogar! — ¡Hoy volveremos a ganar! Los fans agitaban sus smartphones y saltaban en sus asientos. En la vanguardia de la grada, banderas gigantes ondeaban sin descanso. Bajo esas banderas que se movían como olas rojas al atardecer, Kim Si-woon estaba petrificado. — ... — Mira allí, Si-woon. Señalé hacia el campo. La mirada de Si-woon siguió mi dedo. El balón saltó sobre el césped. Un jugador lo recibió con el pecho y arrancó con destreza. Kim Ju-cheol. — ¡Ohhh! —exclamó la multitud. La imagen de Kim Ju-cheol, que en mi memoria estaba sepultada por la niebla del tiempo, corría por el campo luciendo más joven y fuerte. Y lo más importante: su pierna izquierda golpeaba el balón con total libertad mientras esprintaba. — ¡Corre! ¡Rápido! ¡Contraataque! — ¡No hay nadie cubriendo! — ¡KIM JU-CHEOOOOOOOL! Aunque era defensa, Ju-cheol cruzó la línea de medio campo sin dudar. Aliados y enemigos corrían tras él desesperadamente. Ju-cheol centró con la zurda y un delantero de su equipo logró conectar un cabezazo difícil. El balón sacudió la red. — ¡¡WAAAAAAAAAAAAAAA!! Ju-cheol se anotó una asistencia. Pero su hazaña no terminó ahí. Poco después, en un saque de esquina, Ju-cheol saltó por los aires. Esta vez, fue él quien mandó el balón a la red con su propio cabezazo. El marcador cambió de 1-1 a 2-1. Gol de la remontada. Un defensa acababa de generar un gol y una asistencia en un abrir y cerrar de ojos. — ¡¡GOOOOOOOOOOL!! ¡GOL! ¡GOL! — ¡KIM JU-CHEOL! ¡KIM JU-CHEOL! ¡KIM JU-CHEOL! En ese preciso instante, Ju-cheol se deslizó con ligereza como un patinador hacia las gradas. Las cámaras lo enfocaron. Saltó la valla publicitaria, se acercó a una mujer del público y le dio un beso. La mujer sostenía a un niño pequeño en brazos. Ju-cheol también besó la coronilla del niño. La escena se proyectó íntegra en la pantalla gigante del estadio. — ¿Qué? ¿Quién es? — ¡Dicen que es la esposa de Ju-cheol! — ¡Ohhh! ¡KIM JU-CHEOL! ¡KIM JU-CHEOL! A pesar de recibir una tarjeta amarilla por la celebración excesiva, ni los jugadores, ni el público, ni el propio Ju-cheol parecieron darle importancia. A mi lado, Si-woon murmuró en voz muy baja: — ¿Mamá...? Parecía haber reconocido a la mujer que besó al futbolista. No podía cerrar la boca del asombro. — No puede ser. Entonces, de verdad... El murmullo de Si-woon fue ahogado por el himno de los hinchas que empezó a resonar: — ¡Ju-cheol! ¡Nuestro muro de hierro! — ¡Nadie puede superar a Kim Ju-cheol! El rostro de Ju-cheol mientras abrazaba al niño se veía inmensamente feliz. El pequeño en sus brazos también reía a carcajadas. Un pasado al que nunca se podría volver. Una gloria que jamás se recuperaría. — ... — Ese es el momento más feliz en la vida de tu padre —dije en voz baja. Desplegué mi aura para crear una barrera de aislamiento entre nosotros y el entorno. Los vítores de la multitud se alejaron como un eco tenue. Con el sonido atenuado, el paisaje frente a nosotros empezó a ondular como un sueño. — Y es el momento que repite eternamente. — Pero... es extraño. Se ve tan feliz. ¿Por qué decidió borrarse de este mundo? ¿Por qué se encerró en este sueño abandonando a su familia? — ... Porque poco después de ese momento, su pierna izquierda se destrozaría para siempre. Porque caería en el alcohol y el juego. Porque abandonaría a su familia para hundirse en los casinos. Porque su esposa moriría cuidando sola a su hijo. Pero en lugar de responder eso, pregunté: — ¿Quieres ir a preguntárselo tú mismo? — ... —Si-woon apretó los labios—. Sí. Aunque este mundo ya era el dominio personal de Kim Ju-cheol, yo, como el ejecutor del sello, tenía el poder de intervenir hasta cierto punto. Al terminar el partido, Ju-cheol se dirigió al vestuario tras la entrevista del MOM (Jugador del Partido). Seguí sus pasos sujetando la mano de Si-woon. Nadie notó nuestra presencia. — ¿Eh? Solo Ju-cheol nos percibió. Estaba saltando de alegría con sus compañeros cuando se giró hacia nosotros con el rostro radiante. — ¿Quiénes son? ¿Son fans? ¡No pueden entrar aquí! — Soy yo, Sr. Kim Ju-cheol. — ¿Eh? ¿Quién es usted? — Undertaker. El responsable de haberle encerrado en este tiempo. —Le miré fijamente a los ojos—. ¿No me reconoce? — ... La sonrisa desapareció del rostro de Ju-cheol. Al mismo tiempo, los colores que teñían este mundo se volvieron grises. Los jugadores que gritaban en el vestuario, el cuerpo técnico que iba a entrar, el champán que un jugador acababa de descorchar... todo se detuvo en el aire. — Ah... —Ju-cheol soltó un suspiro silencioso—. Cierto. Así era. Es verdad. Era un sueño. — ... — Era un sueño. Sí, todo era un sueño... Ju-cheol miró a su alrededor con calma. Observó uno a uno a sus antiguos compañeros con una mirada llena de emociones encontradas. Luego, soltó un largo suspiro. — Ahora es un sueño lúcido. Casi mejor. Ya que estamos así, iré a ver la cara de mi mujer y de mi hijo una vez más. No tengo motivos para quedarme en este vestuario con estos pesados. — No será necesario. — ¿Uhm? — En cuanto pase este momento, usted volverá a olvidarlo todo. El recuerdo de haberme visto ahora, nuestra conversación... Todo. Al igual que la gente del mundo no puede recordarle a usted, usted tampoco puede acumular nuevos recuerdos sobre el mundo. — Vaya. ¿En serio? Qué duro... —Ju-cheol se dejó caer en un banco. Mientras se secaba el sudor con una toalla, preguntó—: Entonces, ¿por qué ha venido a buscarme, Maestro Undertaker? ¿Acaso este encuentro es otra de esas rutinas anuales que repito sin saberlo? ¿Ha venido a ver mi vídeo de jugadas destacadas en persona? — Puede que para usted no tenga sentido, pero para su familia sí. — ¿Eh? ¿A qué se refiere? — El joven que viene conmigo es su hijo. — ¡¿Qué?! Ju-cheol miró por fin a mi acompañante. Como si solo ahora fuera capaz de percibir la existencia de otra persona. Sus ojos parpadearon. — ¿Si-woon? — ... — ¿Eres Si-woon? ¿De verdad eres mi Si-woon? ¡Cielos, cómo has crecido! Ju-cheol se levantó de un salto y se abalanzó sobre él. Si-woon se tensó, pero no rechazó el abrazo de su padre. — ¡Dios mío! ¡Ya eres todo un hombre! ¡La última vez que te vi eras un bebé, un recién nacido! ¿Cuántos años tienes? ¿Vas a la secundaria? ¿Al instituto? — ... Tengo 20 años. — ¡¿Qué?! ¡¿20?! Oye, ¡¿por qué eres tan bajito?! ¡¿Qué has estado comiendo para tener esa estatura?! ¡Con mis genes eso es imposible! El alto defensa parecía genuinamente impactado por la estatura de su hijo. — Esto... ¿padre? — ¿Qué padre ni qué ocho cuartos? Qué vergüenza. Llámame "papá" como siempre... Ju-cheol se calló de repente. Observó el rostro de Si-woon. Luego me miró a mí. La angustia afloró en su cara. — ... Espera. Lo siento, pero... ¿cuándo murió mi mujer? ¿Cuándo murió tu madre? — ... Murió hace siete años. — ... El silencio se volvió sepulcral. Tras un largo rato, Ju-cheol murmuró: — Por esto. —Su mirada se cruzó brevemente con la mía—. Por esto me advirtió. Por esto... por esto. No respondí. Solo asentí levemente. Yo sabía perfectamente lo terrible que era el sentimiento de ser olvidado por las personas que más amas. Pero mientras yo siempre tenía la oportunidad de empezar de nuevo, Ju-cheol no tendría esa opción. Jamás. — ... — ... Si-woon. El padre puso sus manos sobre los hombros del hijo. No era un gesto de fuerza, sino una presión leve, casi tan frágil como las hojas de un sauce llorón. — Lo siento. — ... — Tu padre... papá era una persona muy débil. Fui alguien realmente cobarde. El mundo se volvió una locura y no pensé que sobrevivirías... No, incluso antes de que el mundo se rompiera... Yo solo bebía y me iba a los casinos. Fui un hombre despreciable. Ignoraba las llamadas de tu madre, siempre estaba enfadado. De verdad... Si-woon escuchaba la disculpa de Ju-cheol con una expresión indescifrable. No era su culpa; para él, Ju-cheol era un desconocido al que acababa de conocer hoy. Al ver el rostro de su hijo, Ju-cheol no pudo evitar estremecerse de nuevo. — Así que... esto... esto era el infierno. — ... — Lo siento. Lo siento mucho, Si-woon. Papá lo siente. El futbolista atrapado en su época dorada empezó a repetir "lo siento" una y otra vez, como un organillo averiado. 6 No quiero alargarme con el epílogo de esta historia. Pero confío en que los lectores entiendan ahora por qué detesto tanto la habilidad de [Sello de Tiempo]. Sinceramente, deseaba no tener que hablar nunca de ella; es un pasado demasiado oscuro. Pero, por otro lado, me siento aliviado al habérselo confesado por fin. Sí. Sellé el tiempo no solo de Kim Ju-cheol, sino de muchísimas personas. En aquel entonces pensaba que era lo correcto. Pero con el paso de los siglos, me doy cuenta de que tanto ellos como yo nos rendimos ante el mundo demasiado pronto, de forma demasiado precipitada. El [Sello de Tiempo] influyó en que yo llamara a mi propia biografía "una historia de fracasos". Hay demasiada gente que, por mucho que yo regrese, jamás podrá tener un final diferente. — Es una sensación extraña —dijo Si-woon al salir del estadio. Se giraba constantemente para mirar el recinto medio derruido que dejábamos atrás. — ¿Te arrepientes de haber venido? — ¡No! Para nada. Es solo que... ver a alguien a quien no recuerdo llorar diciendo que es mi familia, mientras yo no puedo evocar nada sobre él... Bueno, es raro. —Si-woon se ajustó la mochila—. Solo me dan ganas de vivir con más esfuerzo. Se apoyó en su lanza artesanal e hizo una reverencia profunda hacia mí. — ¡En cualquier caso, gracias, hermano! Gracias a este viaje he visto el pueblo de mi madre y he conocido a mi padre. Tengo los sentimientos revueltos, pero ha valido la pena. — ¿A dónde irás ahora? — ¡Voy a intentar conseguir un barco para cruzar a Japón! Siento que ya he recorrido suficiente de Corea. — Japón, ¿eh? A decir verdad, en estos tiempos no recomendaría Japón como destino turístico ligero. Si alguien me preguntara cuáles son los dos lugares más peligrosos del mundo (exceptuando la península coreana), respondería sin dudar: el archipiélago japonés y el subcontinente indio. Porque los seres que allí eran considerados "dioses" decidieron que amaban tanto a los humanos que debían cuidarlos personalmente. Nota: los géneros favoritos de esos dioses son #Encierro, #Adiestramiento y #Gore. En todo el mundo es peligroso, pero esos dos lugares son peligrosos en un sentido distinto. La diferencia entre el género apocalíptico y el género de terror, para que me entiendan. Pero eso pasaría en unos años; por ahora Japón era relativamente seguro. No detuve el ímpetu del joven mochilero. En su lugar, le di un consejo: — Si vas por el camino y oyes un sonido extraño, ves un objeto raro o sientes cualquier sensación inusual, no intentes investigar qué es. Simplemente junta las manos, haz una venia y sigue tu camino fingiendo que no viste nada. Y sobre todo, no entres nunca en un túnel. — ...¿? — Probablemente pases por Fukuoka; no te juntes con la gente del Gobierno Provisional en la medida de lo posible... En fin, recuerda esto, algún día te servirá. — ¡Uhm, sí! ¡Entendido! No sé qué final encontró Si-woon al cruzar a Japón. Probablemente le ocurrió algo terrible. Pero no me preocupé demasiado. Desde mi perspectiva de regresor, la vida no es un partido de 90 minutos tras el cual suena el silbato, sino un viaje donde te detienes en una estación para luego seguir avanzando por los rieles. A diferencia de su padre, él aún tenía la oportunidad de viajar hacia otros lugares. — ¡Hasta la próxima, hermano! Por cierto, yo sí confiaba en la sinceridad de Kim Ju-cheol. No quería distorsionar las intenciones de alguien que, incluso desapareciendo del mundo, susurraba "mi hijo". Dejando de lado si fue un hombre lo suficientemente fuerte para proteger ese sentimiento hasta el final... si su disculpa fue real, estoy seguro de que se alegraría al ver que su hijo no se quedó aplastado por el pasado, sino que avanzaba hacia un nuevo destino. Seguro que lo bendeciría. Al mirar atrás una última vez, vi el estadio desmoronado. — ¡¡GOOOOOOOOL!! ¡GOL! ¡GOL! — ¡KIM JU-CHEOL! ¡KIM JU-CHEOL! ¡KIM JU-CHEOL! Allí, un futbolista anónimo ya olvidado por el mundo seguía jugando su partido. Con su pierna izquierda intacta. Bajo el clamor de la multitud. Y correría eternamente hacia su familia para celebrar el gol.
Soy un regresor infinito, pero tengo historias que contar. (Novela)

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Estás leyendo el capítulo 37 de Soy un regresor infinito, pero tengo historias que contar. (Novela), un novela. \[Género de regresión infinita\] Existe un género así. En cualquier novela, ¡la regresión es una clave tramposa! ¿Y si se trata de la habilidad de \[Regresión infinita\]? No hay que preocuparse por los finales malos, al… Este capítulo tiene publicado el 29 de diciembre de 2025, Traducido por el grupo Paradox. Soy un regresor infinito, pero tengo historias que contar. (Novela) tiene 486 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.