Leer Soy un regresor infinito, pero tengo historias que contar. (Novela) Capítulo 18 online gratis en español
🏴 Grupo: Paradox✍️ Traducción: Paradox
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— ¡G҉r҉u҉u҉u҉o҉a҉r҉g҉h҉!
El Diez Pies se abalanzó sobre nosotros con ferocidad. Cada vez que sus pies, formados por una masa de tentáculos, golpeaban el suelo, todo el lugar vibraba con un estruendo ensordecedor. Los hombros del Viejo Scho y los míos subían y bajaban rítmicamente por el temblor.
En sentido estricto, el Diez Patas no estaba caminando. Si reforzabas la visión y observabas con detenimiento, te dabas cuenta de que la criatura avanzaba sobre una cantidad incontable de manos. Eran algo que imitaba brazos y manos humanas. Miles, decenas de miles de brazos aplastaban la tierra en cada paso, haciendo que pedazos de carne roja y sangre salieran disparados. Las articulaciones se rompían y los huesos se astillaban con un sonido crujiente (eug-jeok).
Pero a la criatura no le importaba. Nuevos brazos se regeneraban sin cesar donde otros habían sido cercenados. A espaldas del Diez Patas, un rastro de sangre se extendía como una alfombra roja. El fluido corría sobre miles de huellas de palmas humanas. Esa inmensa alfombra roja era el símbolo del Diez Patas. Por eso, en el extranjero, se le conocía como la "Alfombra Roja".
— Ahí viene la gran estrella —murmuré.
— ¿Ready? (¿Preparado?) —preguntó el Viejo Scho con su coreano todavía torpe. Tanto yo como el resto de la vanguardia ya habíamos desenvainado nuestras armas.
Giré la cabeza hacia mi lugarteniente, Yoo Ji-won. Con el mapa extendido sobre la mesa, asintió con la cabeza. Era la señal de que todos los preparativos estaban listos. Yo también hice un gesto de afirmación.
— Sí. Acabemos con esto rápido y vayamos a comer.
Di el primer paso. Seiscientos miembros del escuadrón suicida me siguieron. Aunque no igualaban la magnitud del Diez Patas, los pasos de esos seiscientos hombres cargados con el peso de la vida y la muerte generaron una vibración digna de ser escuchada.
Y al mismo tiempo...
— —Aaaa—
Una canción resonó desde nuestras espaldas. Dang Seo-rin, líder de Samcheon y jefa de la coalición coreana, conocida como la "Bruja de la Estación" por su extraña fijación con los trenes. Sin embargo, su verdadera faceta no era la de una líder, sino la de una Despertada en el campo de batalla.
— —Aaaa—Aaa—.
La bruja que manifestaba Gran Magia a través del canto y la poesía. La fundadora y única usuaria de la técnica "Canto de Hechizos" (Ju-ga-yeong-chang), que activaba encantamientos mediante la música. Una figura mítica para aquellos con habilidades mágicas. Ella solía decir con humildad que no era la creadora, sino una simple imitadora. Pero su poder no era, en absoluto, humilde.
— Aaaa—Aaaa—Aaaa.
La voz de Dang Seo-rin empezó como un solo hilo, pero de pronto se dividió en dos, tres y cuatro melodías que decoraron el cielo de la devastada Seúl. Era una a capela formada únicamente por su voz. El principio de su magia era simple. Primero, manifestaba un "Hechizo de Repetición" a través del canto. Este hechizo funcionaba como una grabadora: repetía incesantemente el sonido pronunciado por el mago. Por sí solo no tenía nada de especial, pero Dang Seo-rin vio el potencial. Dejaba que la repetición resonara en el aire y, en medio de ella, cantaba un hechizo completamente nuevo. Entonces, la repetición incorporaba y reproducía también la nueva parte.
Primera melodía: Repetición. Segunda melodía: Amplificación. Tercera melodía: Refuerzo de reflejos.
A los seis minutos de combate, la tercera melodía empezó a envolver a los cientos de combatientes. Los miembros del escuadrón, que hace un momento perdían torsos y cabezas ante los tentáculos del monstruo, comenzaron a bloquear los ataques del Diez Patas una y otra vez.
— —Aaa—Aaa—. — Aaaa—Aaaa—Aaaa. — —Aaa—.
Las melodías de Dang Seo-rin no se detenían allí. Justo cuando la cuarta melodía estaba por florecer, el Diez Patas detectó el cambio de atmósfera y giró sobre sí mismo. Al darse cuenta de que lo habíamos atraído a una trampa, intentó huir sin dudarlo. Cuando su cuerpo, más grande que un edificio, se retorció, los Despertados cercanos salieron volando por los aires.
— ¡Emit!
— ¡Onya! \[1\]
\[1\] Onya: Una expresión coreana muy versátil que usan los adultos con los jóvenes. Puede significar "sí", "está bien", "ya lo sé" o incluso un "deja de darme órdenes". El hecho de que fuera lo primero que aprendió el Viejo Scho subraya su personalidad de "viejo gruñón".
El Viejo Scho, que aprendió la palabra "Onya" antes que cualquier otra, cargó con la espada en alto. Su espalda era increíblemente confiable, y por un momento estuve a punto de sentir alivio... pero no pude. La huida era un engaño. Ese monstruo maldito y astuto había enterrado seis de sus tentáculos bajo tierra de antemano. En cuanto el Viejo Scho cargó, unas púas brotaron del suelo y le abrieron hermosos agujeros en el cuerpo. La sangre salpicó las nubes grises. Muerte instantánea.
— ¡Mierda!
El canto de Dang Seo-rin se interrumpió antes de llegar a la quinta melodía. El escuadrón fue arrollado, la línea de defensa colapsó y Dang Seo-rin, el núcleo de la operación, cayó de rodillas con el cuerpo acribillado. Lo último que vi fue al Diez Patas inaugurando un restaurante de "brochetas al gusto" en medio del campo. La alfombra roja no era más que el adorno de bienvenida para su local.
Fin de la regresión 6. Inicio de la 7. De nuevo.
— ¡Emit!
— ¡Onya!
El Maestro de la Espada barrió el suelo con su energía de espada (Geom-gi).
— ¡K҉r҉r҉o҉o҉o҉a҉r҉g҉h҉!
Las púas emboscadas bajo tierra fueron cortadas de raíz. El falso escape fue frustrado. Furioso, el Diez Patas usó sus tentáculos con forma de brazos humanos para cosechar vidas. Pero no pudo cosechar el canto que flotaba en el aire.
— Aaaa—Aaaa—Aaaa—Aaaa.
La melodía continuó. Se añadió. Resonó. Cada vez que su a capela intentaba abrazar un tono más, nosotros teníamos que sacrificar una vida.
Fin de la 7. Inicio de la 8. Fin de la 8. Inicio de la 9.
Dentro de un da capo que se repetía eternamente, el Viejo Scho y yo corríamos. Cargábamos. El Diez Pies luchaba contra nuestros cortes. De repente, su cuerpo masivo se infló como un globo. Como si los tentáculos mostrados hasta ahora fueran solo un aperitivo, miles de púas brotaron simultáneamente de su interior.
Fin de la regresión 9.
— —Aaaa—.
Inicio de la 10. En el da capo eterno, corrimos y cargamos. Y antes de que la criatura pudiera inflarse, nos infiltramos bajo su guardia.
— ¡G҉r҉o҉o҉o҉u҉p҉a҉r҉g҉h҉!
Scho por la izquierda. Yo por la derecha. En esa danza espiral de repeticiones, aprendí esgrima del Viejo Scho. No viví como el vice-líder de Samcheon, sino como su discípulo directo. Para ese monstruo pudo ser la misma repetición, pero para mí no. Cada vez que nuestro tiempo avanzaba un palmo, el canto de Dang Seo-rin sumaba un verso más.
Primera melodía: Repetición. Segunda melodía: Amplificación. Tercera melodía: Refuerzo de reflejos. Cuarta melodía: Refuerzo de dureza de armas. Quinta melodía: Recuperación de vitalidad. Sexta melodía: Despertar mental.
Un aria de réquiem se entonó bajo el cielo gris. El primer escuadrón se relevó con el segundo, y los heridos eran retirados constantemente a la retaguardia. Sin embargo, el Viejo Scho y yo no retrocedimos ni un paso de la primera línea. Dang Seo-rin tampoco. Todos estábamos entregando la vida.
Cuando la sexta melodía llegó a su repetición, su canto cambió. La melodía que nos había abrazado sacó sus garras y se lanzó contra el Diez Patas. Como espinas rojas.
Séptima melodía: Maldición de Debilitamiento. Octava melodía: Maldición de Oscuridad. Novena melodía: Maldición de Interferencia Sensorial.
El cuerpo gigante del Diez Patas se volvió torpe. Al agitar sus brazos, derribó edificios en ruinas; quizás eran solo espasmos de dolor.
— ¡Viejo cascarrabias!
— ¡Ya lo sé, muchachooo!
Nos pegamos a él con tenacidad. El apodo con el que llamaba al viejo cambió, y la forma en que él me respondía en coreano también. Ya no necesitábamos hablar de estrategia; Scho y yo cortábamos los tentáculos del Diez Patas con una sincronización perfecta. La criatura luchaba, pero era inútil. Nuestras hojas cortaban sus brazos más rápido de lo que él podía regenerarlos. Aunque caminaba con miles de extremidades, cada paso suyo era uno solo, mientras que nosotros, con nuestras dos piernas, siempre corríamos el doble.
Y así...
— Aaaa—Aaaa—Aaaa. — Aaaa—Aaaa—Aaaa—Aaaa. — —Aaa—Aaa—. — —Aaa—.
Décima melodía: Maldición de Petrificación.
Para un ser que regenera tentáculos sin cesar, era una maldición casi inútil. Pero para alguien a quien ya no le quedaban casi espinas, fue el golpe de gracia. Las decenas de púas que se lanzaban contra nosotros se convirtieron en piedra al instante. Fue solo un segundo de vacilación, por supuesto. En cinco segundos, o quizás tres, nuevos tentáculos brotarían para atravesarnos.
Dang Seo-rin había cantado todo este tiempo solo para darnos esos tres segundos. Blandimos nuestras espadas. Donde los tentáculos habían desaparecido, se ocultaban los dos globos oculares del Diez Patas. Eran ojos y corazones a la vez. Un órgano de maná que regeneraba instantáneamente el otro si uno era destruido, otorgándole virtualmente la inmortalidad.
— ¡¡AAAAAAAAAAAAAAGH!!
Scho y yo gritamos mientras cargábamos. Nuestros gritos no eran extraños como los rugidos del monstruo, ni hermosos como el canto de Dang Seo-rin. El dúo de los dos regresores era un desastre; musicalmente hablando, el peor de los ruidos. Pero por alguna razón —quizás solo fue una impresión mía— nuestros gritos feroces parecieron sincronizarse por un instante con el aria de Dang Seo-rin. Una armonía accidental.
— ¡K҉r҉r҉u҉p҉a҉k҉a҉h҉t҉a҉!
Y ante la última disonancia que quedaba en este mundo, ante el latido del corazón del monstruo, ambos lanzamos nuestras espadas al mismo tiempo hacia el epicentro de la vibración. La sangre saltó. La punta de la espada de Scho atravesó el ojo izquierdo (corazón izquierdo) y mi hoja rajó el ojo derecho (corazón derecho).
— ——————!!
Un grito estalló. Mientras vomitaba sangre, innumerables tentáculos intentaron brotar del cuerpo del Diez Patas. Sus puntas nos rozaron la cara. Pero yo no temí ser perforado; simplemente empujé la hoja clavada en su ojo-corazón con más fuerza.
Pausa. El tentáculo frente a mis ojos se detuvo. Tenía cinco dedos, como un brazo humano. Como si sufriera un ataque de convulsiones, los cinco dedos se extendieron al máximo. Pasó un segundo, pasaron dos. Como el tiempo que flota en el aire cuando la música se apaga, nos quedamos mirando al monstruo en silencio con las espadas hundidas en su corazón.
Y de repente, sentí un deseo irreprimible de soltar estas palabras:
— ¿Ya lo derrotamos? \[2\]
\[2\] ¿Ya lo derrotamos? (Haechieotna?): En la cultura del anime y manga, esta frase es el "cliché de la bandera de la muerte" por excelencia. Siempre que un personaje pregunta esto tras un ataque, el enemigo suele levantarse más fuerte o contraatacar. Por eso el Viejo Scho se asusta tanto.
El Viejo Scho se horrorizó. — ¡Oye, pedazo de idiota! ¡Si dices eso...!
Los cinco dedos del Diez Patas explotaron. La carne se desgarró, derramando sangre roja. Los dedos, los brazos y los innumerables tentáculos estallaron uno tras otro. No hubo giro inesperado. La bestia masiva que había trazado un camino de sangre por el mundo terminó ahogándose en su propio charco escarlata.
— ...
El Viejo Scho, empapado de sangre de pies a cabeza, miró hacia abajo atónito. Luego me miró a mí. Finalmente, miró hacia atrás. En el momento en que nos dimos la vuelta, un clamor más grande que el terremoto provocado por el monstruo sacudió el cielo. Cientos habían muerto, pero miles seguían vivos; alzaron los puños, se abrazaron y corrieron hacia nosotros. Me agarraron de la cabeza y me desgarraron la camisa entre risas y llanto.
— ¡Lo logramos! ¡Lo hicimos!
Incluso el Viejo Scho me abrazó con fuerza mientras gritaba: — ¡Muchacho! ¡Gracias! ¡Todo es gracias a ti! ¡Solo no habría llegado hasta aquí!
Eran palabras que el Scho habitual jamás diría. Yo también, con un nudo en la garganta, solté algunas frases similares, pero prefiero no escribirlas. No tengo el pasatiempo de registrar mis propios momentos vergonzosos.
\[¡La 'Santa de la Salvación Nacional' bendice su victoria!\] \[¡El 'Monarca del Caballo Carmesí' se interesa por su destreza marcial!\] \[¡El 'Conquistador de los Alpes' se maravilla ante su hazaña!\]
Los mensajes de las Constelaciones llegaron como si estuvieran esperando. En esta vida aún no conocía la identidad de la Santa, así que, como cualquier otro Despertado, acepté las felicitaciones con sinceridad. Cuando la euforia inicial pasó, la responsable de la operación, Dang Seo-rin, se acercó lentamente.
— No puedo creer que lograran sacar hasta la décima melodía.
Su voz estaba ronca de tanto cantar. Parecía feliz, pero sonreía con cierta timidez. — Increíble. No pensé que ganaríamos de verdad.
— ¿Cuántos minutos aguantamos?
— 41 minutos.
La frente de Dang Seo-rin estaba empapada de sudor y su pelo revuelto se le pegaba a la cara. Aun así, comparada con mis fachas, ella se veía muy decente. Especialmente comparada con los finales que tuvo entre la vida 4 y la 9.
— Al final recuperamos Seúl.
— Técnicamente, es el sur del río Han.
— Bueno, ahí es donde el suelo siempre ha sido más caro, ¿no? Qué bien, ahora somos latifundistas.
A pesar de la magnitud de la hazaña, hablaba con la naturalidad de quien acaba de dar un paseo. Su descaro me hizo soltar una risita.
— Ahora es la tierra más baldía de toda Corea, jefa.
— Hum. ¿Tienes hambre? ¿No estás herido? Vayamos a comer.
Entonces el Viejo Scho intervino: — ¿Cuál es el menú? ¿Ese pulpo escalfado? Yo no como eso.
El viejo que hace un momento soltaba frases sentimentales había desaparecido; en su lugar estaba el típico alemán gruñón de siempre. — ¡Bah! No entiendo por qué ustedes se comen hervido a ese Cthulhu-Kraken tan asqueroso.
— No pasa nada. A decir verdad, a mí tampoco me gusta tanto el pulpo escalfado —confesó Dang Seo-rin con una sonrisa radiante—. En realidad, prefiero el tako wasabi con un highball.
Nombre clave: Alfombra Roja. Gourmet Carmesí. Monstruo de tipo activo asentado al sur del río Han. Tipo independiente. Amorfo. Estimación de víctimas (civiles y militares): aprox. 436,000. Estimación de Despertados muertos: aprox. 950. Heridos y desaparecidos: imposible de calcular. _Nombre oficial: Diez P_ata_s (Sip-jok)._
Subyugación completada.
5
Como nota final, el menú de la cena de ese día fue panceta de cerdo (samgyeopsal) con soju. No había ningún restaurante japonés cerca.

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Estás leyendo el capítulo 18 de Soy un regresor infinito, pero tengo historias que contar. (Novela), un novela. \[Género de regresión infinita\] Existe un género así. En cualquier novela, ¡la regresión es una clave tramposa! ¿Y si se trata de la habilidad de \[Regresión infinita\]? No hay que preocuparse por los finales malos, al… Este capítulo tiene publicado el 5 de noviembre de 2025, Traducido por el grupo Paradox. Soy un regresor infinito, pero tengo historias que contar. (Novela) tiene 486 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.