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Leer Soy el Unico que Sube de Nivel: Ragnarok (Novela) Capítulo 366 online gratis en español

🏴 Grupo: Segador✍️ Traducción: Segador
Era una tarde tranquila. Una quietud perezosa llenó el aula, rota solo por el suave sonido de los pinceles barriendo lienzos blancos. La cálida luz del sol entraba por las ventanas. Suho se sentó de espaldas a la luz, añadiendo color con la punta del pincel con cuidado. Escrito en letras grandes en la pizarra, estaba el tema de la clase del día: "Nuestro héroe" En cuanto comenzó la clase, todos los estudiantes en la sala empezaron a dibujar la misma cara sin dudarlo: la cara de Sung Jinwoo, el padre de Suho. "Tal como pensaba... tu trabajo tiene una profundidad única", dijo el profesor, acercándose por detrás a Suho y admirando la pintura. "Como su hijo, has visto a nuestro héroe de cerca... El lado humano de él, el conflicto interno... Esas cosas solo tú puedes expresarlas. Ah, es increíble" El profesor asintió para sí mismo, como si le conmoviera su propia interpretación. Suho se sintió un poco incómodo ante la reacción exagerada. No se trataba de una representación más profunda del lado humano de su padre. Todo lo que había dibujado era a su padre durmiendo en el sofá con su habitual sudadera vieja. "Gracias por el cumplido..." respondió Suho. "¡Siempre te estoy animando, Suho!" El profesor sonrió, le hizo un gran gesto de aprobación con el pulgar y se alejó. Observando su figura alejarse, Suho se rascó la cabeza. Uno pensaría que ya estaría acostumbrado a esto... El interés abrumador de los profesores seguía resultando incómodo, pero realmente no había mucho que pudiera hacer al respecto. Esto era simplemente lo que venía con tener un padre tan famoso. Suho giró la cabeza, mirando por la ventana donde entraba la luz del sol. A lo lejos, más allá del cristal, alzándose alto en el cielo, se alzaba una enorme estatua reluciente. Fue esta estatua la que se tituló "Nuestro Héroe". Estos monumentos de Sung Jinwoo, el Monarca de las Sombras, se alzaban en cada ciudad del mundo como un punto de referencia, todos con la misma cara que pintaban ahora los estudiantes. Hace dos años, el Gran Cataclismo golpeó sin previo aviso. En aquel gran día de desesperación, el padre de Suho salvó al mundo. Él mismo despejó docenas de puertas de rango S y, al frente de su ejército de sombras, detuvo él solo el desastre que amenazaba todo el planeta. Gracias a él, el caos terminó rápidamente y la paz volvió a la Tierra. A partir de ese momento, Jinwoo fue venerado como un dios. Todo el mundo le adoraba, le respetaba y cantaba sus alabanzas. El hijo de ese héroe global no era otro que Suho. Por eso, las expectativas que se depositaban en Suho se dispararon. "Suho también debe haber heredado el poder de su padre, ¿no?" La gente lo creía sin cuestionarlo. Estaban convencidos de que Suho había despertado un poder tremendo, igual que su padre. Sin embargo, sorprendentemente, la lectura de maná de Suho resultó ser cero. Era tan común como cualquiera. No era un cazador en absoluto. La gente se recuperó rápidamente de su decepción. De hecho, parecieron apoyarlo aún más. "¡En fin! ¡Eso pasa!" "¡Honestamente, es lo mejor!" "¡Solo queremos que crezcas seguro y sano, Suho!" "¡Exacto! Deja que tu padre se preocupe por salvar el mundo. ¡Serás mucho más feliz viviendo una vida tranquila bajo su protección!" "¡Así es! Su padre es Sung Jinwoo. ¿Por qué es necesario que su hijo también corra el riesgo de convertirse en cazador?" Realmente parecía haber mucha gente amable en el mundo. Cuando supieron que Suho no había despertado, la gente se preocupó por él. Temían que sus propias expectativas pudieran hacerle sentir insuficiente. Incluso sus palabras de consuelo se ofrecieron con cuidado, como si temieran hacerle más daño. Como resultado, le dijeron que todo era para bien. Deseaban que disfrutara de un futuro feliz como una persona común. Lo decían en serio, y en realidad, no se equivocaban. Jinwoo era tan poderoso como el propio sol, proyectando su luz desde muy arriba. Su hijo tenía todo el derecho a disfrutar de la paz a su sombra. Fue entonces, a mitad de su pensamiento, cuando una gota de pintura negra se deslizó del pincel de Suho y cayó al suelo. En un instante, todo sonido en la sala de conferencias cesó. Los estudiantes que habían estado dibujando, charlando e incluso quedándose dormidos, se giraron. Todas las miradas en la habitación se fijaron en el pequeño punto negro en el suelo donde había caído la pintura de Suho. Hubo silencio. Ni siquiera se oía el sonido de la respiración. Entonces, de repente, todos los estudiantes se levantaron de sus asientos. Como una sola entidad, se movían en perfecta unísono. Uno de ellos se acercó sin decir palabra, sacando unos pañuelos, y otro trajo unas toallitas húmedas. Otro más apareció con una pequeña recogedora. Los rostros de los estudiantes que se reunían alrededor de Suho tenían todos la misma expresión: una sonrisa brillante y alegre, y unos ojos extrañamente vacíos. "Oye, está bien. Puedo limpiarlo—" empezó Suho. "No. Descansa, Suho" "Lo haremos" "Lo haremos" "Lo haremos" "Lo haremos" Les hizo un gesto para tranquilizarlos, pero los estudiantes parecían obsesionarse con la pequeña mancha que Suho había creado y frotado en el suelo. Le sonreían durante todo el tiempo, sus rostros llenos de pura buena voluntad. "Jinwoo nos salvó a todos. ¡Esto es lo mínimo que podemos hacer!" "Suho, no te has manchado la ropa, ¿verdad?" "¿Estás herido?" Fue una amabilidad excesiva. De hecho, casi parecía una especie de locura. "Ahí. ¡Todo limpio!" La pintura había desaparecido. Una vez que la gota fue completamente borrada, los estudiantes regresaron instantáneamente a sus asientos. La atmósfera lenta y pacífica volvió al aula. El sonido de lápices y pinceles llenó de nuevo el aire mientras todos retomaban sus retratos del padre de Suho, el héroe de la humanidad. Suho, con la mirada perdida, giró lentamente la cabeza. Su mirada volvió a la ventana. El mundo era igual que recordaba. El cielo estaba despejado y sin nubes, el sol brillaba, y bajo todo ello, una imponente estatua brillaba con fuerza. Bajo la radiante bendición de Sung Jinwoo, la gente paseaba por las calles con sonrisas pacíficas. Las aceras estaban impecables, ni un solo trozo de basura a la vista. Todo era perfecto y sereno. Aunque apareciera una puerta de repente, el ejército de sombras llegaría y mataría a las bestias mágicas inmediatamente. Luego, como si nada hubiera pasado, la gente volvía a sus vidas tranquilas. Era un milagro solo posible gracias a su gran héroe, el Monarca de las Sombras. Porque existía, el mundo era perfecto. Era pacífico, para siempre, por toda la eternidad. Sin embargo... por alguna razón, Suho no podía quitarse la sensación de que todo parecía montado, como una actuación mal montada. ¿O fue al revés? Parecía una pintura tan perfectamente hecha que resultaba antinatural. "Suho" Tras terminar la clase, el asistente de enseñanza vino directamente a buscarle. "Acabo de recibir noticias del profesor. Dice que eres el mejor de tu clase este semestre" "¿Yo?" "Sí. Pronto te concederán una beca, pero quería comprobar primero los datos de tu cuenta bancaria. ¿Es este el correcto?" Mostró el número de cuenta bancaria que Suho había entregado a la oficina de los asistentes de enseñanza. Suho asintió. "Sí, así es" "Muy bien entonces. Enhorabuena de antemano. ¡Todos, un aplauso!" La sala estalló en vítores. "¡Enhorabuena, Suho!" "¡Tus cuadros eran mis favoritos!" "¡Sabía que serías el mejor de la clase!" Todos en el aula se pusieron en pie de un salto y aplaudieron por él. Vítores y sinceras felicitaciones le caían a cántaros. Los aplausos fueron atronadores. En medio de la celebración, Suho detuvo al asistente justo cuando estaba a punto de marcharse. "Señor Lim..." El asistente de enseñanza se detuvo en seco y se giró con una sonrisa radiante. "¿Sí? ¿Qué pasa, Suho?" "¿De verdad mi arte es tan bueno? ¿Suficiente para recibir una beca?" "Oh, no seas tan modesto. ¡Por supuesto que está bien! ¿No ves que todos están de acuerdo? Tu arte es el mejor. ¡Siempre lo ha sido!" El asistente de enseñanza sonrió y le dio un pulgar arriba por su modestia, pero Suho no estaba tan seguro. "¿Siempre...?" Suho no estaba siendo modesto en ese momento. "Señor Lim... ¿O, debería decir, Dogyoon?" Al oír su nombre, la sonrisa en el rostro de Dogyoon se congeló. La fría mirada de Suho se fijó en él. "Los viste todos. Cada cuadro que he hecho desde el primer año..." De repente, una voz familiar resonó en la mente de Suho. "¿De verdad te gustan las hormigas, eh?" "Solo dibujé hormigas" Eso fue el principio. Los fragmentos de su memoria, antes borrosos como un sueño, comenzaron a parpadear ante sus ojos como un panorama. Todo se parecía al mundo que le rodeaba ahora, y, sin embargo, completamente diferente. Había sido Suho, estudiante del Departamento de Bellas Artes de la Universidad Hanguk. Recordaba a Dogyoon, el asistente de enseñanza, mirándole igual que ahora. En ese recuerdo, Dogyoon miraba cuadros de hormigas que llenaban un segmento de la pared de la galería. Parecía completamente harto. "Si hubiéramos reunido todas las pinturas de hormigas que dibujaste desde tu primer año, tendríamos suficiente para llenar un camión. Si es así, ¿No deberías haber elegido entomología en lugar de bellas artes?" —Exposición del Departamento de Bellas Artes de la Universidad de Hanguk —Estudiante de tercer curso, Sung Suho Las piezas incluían pinturas al óleo, acuarelas y bocetos. Había muchos tipos, y las hormigas variaban enormemente en su forma. Suho, la estudiante de tercer curso que había sido responsable de ellos, simplemente sonrió. "Lo he pensado, pero no había un departamento separado para estudios de hormigas" "¿Así que no te gustan los insectos, solo las hormigas?" "Sí. Curiosamente, me han gustado las hormigas desde pequeño. Cada vez que veía una fila de hormigas marchando, caminaba con cuidado, asegurándome de no pisarlas por accidente..." "¿Te han gustado desde que eras niño? Tu gusto se ha mantenido muy constante" Dogyoon se rió y siguió revisando las piezas. Entonces de repente se detuvo, fijándose en un cuadro en particular. "¿Esta hormiga parece un poco diferente?" Delante de ellos había un cuadro de una hormiga humanoide envuelta en una energía oscura y ardiente. En ese momento, algo que había estado enterrado profundamente dentro de Suho empezó a romperse. Era como si oyera un grito lejano. Volvió a hablar, su voz ahora más fría, despojada de cualquier cortesía. "No sabes por qué me he inscrito aquí, ¿verdad?" Dogyoon no respondió. Simplemente se quedó paralizado, como una muñeca rota. Suho no le prestó atención. "¿Sabes algo? No vine aquí porque me encantara el arte. Es solo que, mientras inconscientemente trazaba los recuerdos que mi padre selló, me encontré dibujando" Ahora, tal como entonces, esos recuerdos sellados estallaron en su mente. "Igual que estoy haciendo ahora" "Joven... ... ¡Narca!" Los recuerdos, durante mucho tiempo retenidos por leyes invisibles, se descontrolaban dentro de él. “... ¡Monarca!" "Bueno, entonces demos por terminado el día, ¿De acuerdo?" Todo se volvió claro. Suho se estaba despertando. "Estoy demasiado ocupado para seguir jugando con una ilusión falsa" El aula de conferencias quedó de repente en silencio. Todos los estudiantes habían dejado de pintar. Todos giraron la cabeza para mirar a Suho, con el rostro inexpresivo. "¿Este mundo es falso?" "¿Este mundo es una visión?" "Pero es tan feliz" "Pero es tan perfecto" Luego, uno a uno, los estudiantes empezaron a hablar, con tonos y rostros idénticos. "Pero este mundo es real" "Pero este mundo es real" Las voces empezaron a solaparse. Los estudiantes se levantaron de sus asientos con los brazos abiertos y comenzaron a gritar, sus movimientos perfectamente sincronizados, como si una sola entidad los controlara a todos. Como fanáticos, clamaban en alabanza, llamando el nombre de los grandes dioses que los habían creado. "¡Los Itarim son los creadores!" "¡Los grandes poderes absolutos que moldean mundos enteros!" "¡Nuestros grandes y radiantes dioses!" "¡Esta es la verdadera utopía que crearon para nosotros!" Sus elogios llenaron el salón. "¡Porque este es el único lugar que es real!" "¡Aquí, tus recuerdos son falsos!" "¡Son delirios!" Entonces resonó otra voz. "Eres un ser creado y tonto" Era la voz de Dogyoon, pero ya no era Dogyoon. Sonrió a Suho, con los labios torcidos en una sonrisa grotesca. "¿Todo esto te parece solo un sueño?" Su rostro se derritió, transformándose en otra persona. Ahora era el padre de Suho, Jinwoo, la imagen exacta de la estatua fuera de la ventana. Extendió ambas manos hacia Suho, la luz sagrada y espléndida de la ventana brillando como un halo detrás de él. "Deberías estar agradecido. Te he dado tu mayor deseo" Como si respondieran, voces resonaron desde más allá de la ventana, desde las calles, desde el resto del mundo. "Alabados sean los dioses" "¡Adorad a los dioses!" "¡Este mundo existe para Sung Jinwoo, el mundo que tanto deseabas!" "¡Un mundo donde Jinwoo, el Monarca de las Sombras, sea rey!" "¡Todos le alaban, le respetan!" "¡Es prácticamente un dios para ellos!" "Y aquí, Suho eres..." "Nada. No eres nada", dijo el Itarim, riéndose de Suho. El mundo entero también se rió. "En este mundo, no eres más que un humano sin poder que, casualmente, tiene un padre extraordinario" Ante esas palabras definitivas de los Itarim, Suho finalmente entendió. Puede que sus recuerdos hayan regresado, pero nada había cambiado. "Suho, aquí no eres un cazador" "No tienes ni una pizca de maná" "No puedes usar ni una sola habilidad o poder" "¿Poderes de las sombras? ¿Crees que alguna sombra en la Tierra te escuchará?" "¿Soldados de las sombras? Ellos sirven a tu padre, no a ti" El mundo entero se agolpó a su alrededor, ridiculizándole. Todos ellos eran creaciones de los Itarim, sus devotos fanáticos. "Ya veo..." Suho asintió en silencio. Se había dado cuenta de que no eran simples mentiras. "Entonces realmente son dioses. Esto no es una alucinación. De verdad creaste un mundo nuevo" Suho por fin vio a qué clase de seres se enfrentaba. Los Itarim fueron los creadores. No se enfrentaron a batallas directas como los Apóstoles de la Aniquilación que habían creado. Si querían luchar, podían crear armas para hacerlo por ellos. Si querían hablar, podían crear fieles para que sirvieran como sus bocas. Así que, justo antes de su muerte, cuando los enemigos invadieron su fortaleza para matarlos, los Itarim eligieron ejercer el poder en el que confiaban por encima de todo. Esto no era un uso de la fuerza. Fue un acto de creación. "Sí. Está un poco exagerado, pero supongo que sí me diste mi deseo", dijo Suho con calma tras mirarse a sí mismo. Los Itarim se rieron, satisfechos. Era exactamente como Suho había dicho. De hecho, le habían dado lo que quería. Desafortunadamente, el resultado resultó extraño y ajeno porque los Itarim, como dioses absolutos, no entendían el corazón humano. Aun así, eso no hacía que este mundo fuera falso. Era real. Había sido creada por dioses. Era una prisión, diseñada para neutralizar completamente a Sung Suho, el enemigo. Cualquier pequeño defecto siempre podía corregirse. Entonces, se convertiría en un mundo aún más perfecto, uno que satisfaría completamente a Suho. "Así que básicamente... He sido completamente engullido por el mundo que creaste", dijo Suho. Al verle enfrentarse a su realidad y evaluar su estado con calma por fin, el Itarim sonrió satisfecho. Al mismo tiempo, un dolor de cabeza repentino le golpeó. Gruñó de dolor. Aunque no parecía estar en pánico, los recuerdos reales que apenas había recuperado estaban siendo devorados de nuevo por las leyes creadas por los Itarim. A este ritmo, realmente volvería a ser un estudiante universitario normal que llevaba una vida perfectamente normal. "Suho, ¿Estás bien?" dijo una voz suave. Suho parpadeó y miró al frente. Su padre estaba allí, observándole con preocupación. "¿Padre...?" Uy. Las leyes de este mundo ya lo consumían, y no había nada que pudiera hacer al respecto. Ahora mismo, era solo una persona normal sin maná. Este lugar no tenía ninguno de los compañeros con los que había estado todo este tiempo, ni ninguno de los soldados de las sombras. También era un mundo gobernado por Jinwoo. Esto significaba que Suho, su hijo común, nunca podría acceder al poder de las sombras. Por mucho que intentara pensar en una salida, nada se le ocurría. "Suho, últimamente te has estado exigiendo demasiado. Si estás cansado, ¿Por qué no te acuestas un rato?" Su madre también apareció, con los ojos llenos de preocupación. De hecho, ahora todos en el aula le rodeaban, todos mirándole con preocupación. "Ya veo. Impresionante... Realmente divino" Aunque su mente se nubló, Suho torció los labios en una sonrisa y se calmó. Lanzó una mirada penetrante al padre, no, al Itarim, que tenía delante. "Tienes razón... No tengo poder en este momento. Incluso te deshiciste de mi sombra" Su enemigo había sido minucioso, casi obsesivo. Todos los demás tenían uno, pero no había sombra bajo los pies de Suho. Sin ni siquiera una sombra, no había forma de invocar soldados de las sombras. Los Itarim habían borrado todos los poderes de Suho en este mundo, ¿o no? "Aun así, queda una opción" Suho apretó las sienes para aferrarse a su mente cada vez más nublada y se obligó a fulminar con la mirada al Itarim. Una leve sonrisa se dibujó en sus labios. "Es mi última obra" "Estás faroleando demasiado", dijo el Itarim con frialdad. Cualquiera podría hacer afirmaciones atrevidas. En unos segundos, Suho volvería a vivir una vida universitaria normal, atrapado para siempre en esta prisión que los Itarim habían creado, esta Etapa Solitaria de lo Divino. Allí se quedaría, para siempre. "Sé feliz, Suho" "Descansa bien, Suho" "Y cuando te duermas, Suho..." Todos los estudiantes del comedor le hablaban, sonriendo ampliamente. "Todo tu poder..." "¡Será usado por nuestros grandes dioses, los Itarim!" "¡Suho! ¡Ahora te convertirás en seguidor de los Itarim!" "¡Por los Itarim!" "¡Por los Itarim!" Los cánticos de los fanáticos carcomían aún más la mente de Suho. Aun así, Suho no dijo nada. En silencio, buscó dentro de sí mismo la oscuridad que aún dormía en lo más profundo. Finalmente, lo encontró. "Ahí está" Era la última carta que podía usar ahora que todo su poder había sido sellado, una oscuridad final que nunca había usado antes. Era el último fragmento de Nidhogg, la oscuridad primordial que había arrancado recientemente de la criatura, una que ahora carecía de amo. Suho esbozó una leve sonrisa al decir su nombre. "Despierta, Kandiaru"
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Estás leyendo el capítulo 366 de Soy el Unico que Sube de Nivel: Ragnarok (Novela), un novela. La existencia de la Tierra está amenazada una vez más mientras los Itarim, los dioses de otros universos, buscan llenar el vacío dejado por el Ser Absoluto. Sung Jinwoo no tiene más remedio que enviar a Beru, el rey de… Este capítulo tiene publicado el 24 de febrero de 2026, Traducido por el grupo Segador. Soy el Unico que Sube de Nivel: Ragnarok (Novela) tiene 376 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.