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Leer Soy el Unico que Sube de Nivel: Ragnarok (Novela) Capítulo 365 online gratis en español

🏴 Grupo: Segador✍️ Traducción: Segador
Los Dioses Exteriores, que habían estado luchando contra Beru en el cielo, de repente llegaron a una conclusión. "Ah..." La rabia había sido real, expresada hasta tal punto que un ojo sangró. Ahora, sin embargo, las comisuras de sus labios se habían curvado hacia arriba, como si estuvieran a punto de abrirse. Los Itarim, seres que habían vivido desde el albor de los tiempos, sufrieron una pequeña onda en su vasta conciencia. Cada parte de la intrigante situación que se desarrollaba ante ellos despertaba algo en su interior: interés. En una eternidad de apatía, este fue el primer estímulo verdaderamente refrescante que experimentaron. "Jeje..." Se les escapó de risas. Los Itarim, por naturaleza, eran creadores. Crearon algo de la nada, establecieron leyes y concedieron la vida. Todo ese proceso se había perfeccionado en cierto momento del pasado antiguo. El tiempo casi infinito que siguió no fue más que una repetición del mismo paisaje, una eternidad continua de aburrimiento, monotonía y falta de sentido. Dentro de ese ciclo interminable, nada de lo que ocurrió en el mundo que habían creado se desvió jamás de sus predicciones: ni la guerra, ni la paz, ni el nacimiento, ni la muerte. Todo seguía su curso designado. Era agotador, incluso odioso. Sin embargo, entonces apareció esta escasa creación llamada Beru. Cuanto más luchaba, más fuerte se volvía. Consumió la carne de sus enemigos, hizo suyos sus habilidades y evolucionó a un ritmo acelerado. Incontables Apóstoles de la Aniquilación habían sido creados únicamente con el propósito de destruir ese único insecto, y atacaban sin descanso. La muerte, en todas sus formas imaginables, caía sobre él. Aun así, Beru chillaba y destrozaba cada amenaza, frenético e imprudente, desatado como un insecto volador suelto dentro de una casa. Incluso cuando su exoesqueleto negro se rompió, le arrancaron las alas, incluso le arrancaron las extremidades por completo, se negó a morir. Un vapor negro implacable estalló, era maná negro, no sangre, brotando de sus heridas, regenerando instantáneamente su cuerpo. Luego masticó y tragó. Era un banquete. Incluso mientras su brazo era despedazado, se tragó la cabeza de su enemigo entera. La pura locura de la batalla era emocionante de presenciar. \[La comandante Beru ha evolucionado a través de "Devorar"\] \[El comandante Beru devora la habilidad "Apóstol de la Aniquilación: Ignorar la Defensa"\] \[El comandante Beru devora inmunidad a "Apóstol de la Aniquilación: Veneno Asesino"\] \[Comandante Beru...\] Los Itarim podrían seguir creando más seguidores con nuevas habilidades, pero en el momento en que Beru se alimentara de uno de ellos, se volvería mucho más fuerte. Era un enemigo que se hacía más fuerte a través del combate, un fanático que desafiaba a la muerte misma. Era la mayor máquina de guerra que poseía el Monarca de las Sombras. "¡Kieeeeeeek! ¡Aún así no es suficiente!" chilló. "¡Hace tanto que no peleo así! ¡Ven a por mí todo lo que quieras! ¡Nadie puede detenerme hoy!" Su locura no prestó atención a la muerte. Era un caos sin reglas, una variable que no podía predecirse. Mientras observaban el frenesí palpitante que era Beru, los Itarim sintieron que sus corazones, largamente inmóviles, comenzaban a latir de nuevo, aunque fueran débilmente. El ritmo, si se expresaba en las emociones de las creaciones, era agradable. Era irónico. Estaban viendo cómo sus propias creaciones eran destrozadas, su poder deshecho ante sus ojos. Un dios que había existido desde el principio de los tiempos debería haberse enfurecido. Sin embargo, lo que más fuerte que la rabia era el placer de sentir esa rabia. Esta intensa ola emocional fue una sensación bienvenida para los Itarim, como la dulce lluvia cayendo sobre un desierto tras diez mil años de sequía. La locura parecía contagiosa. La risa maníaca que brotó de la boca del Itarim adquirió voluntad propia y empezó a influir incluso en las creaciones que habían creado. Los Apóstoles de la Aniquilación atacando a Beru comenzaron a mutar, volviéndose aún más grotescos y violentos que antes. Su diseño había cambiado ligeramente. Mientras que los anteriores Apóstoles eran armas creadas únicamente para la exterminación, estos nuevos priorizaban no la eficiencia abrumadora sino la irregularidad, utilizando toda la imaginación y el poder divino de los Itarim para provocar las muertes más horribles y dolorosas posibles. Se habían convertido en obras de arte. En ese momento, los Itarim no eran creadores, sino artistas que se deleitaban en la destrucción. "¡Beru! ¡He venido a apoyarte!" Gritó Suho. "¡Kieeeek! ¡Joven Monarca! ¡Has llegado!" En ese momento, el hijo de Sung Jinwoo cruzó el campo de batalla y se elevó en el aire. Habiendo tomado el control inmediato de la situación en tierra, lideró a todos los soldados de la sombra en una carga por los cielos. Los soldados alados alzaron el vuelo, mientras que aquellos sin capacidad de volar abordaron las enormes naves demoníacas lideradas por Esil. La flota que una vez había navegado por el Mar del Más Allá ahora llenaba los cielos de los Dioses Exteriores. Era una vista grandiosa e imponente, que recordaba inquietantemente al ejército de las sombras que antaño liderara el mismísimo Monarca de las Sombras. "¡Ah...!" Los Itarim soltaron un jadeo de asombro, como si los dominara el éxtasis. La apuesta había aumentado. El escenario se había ampliado. Este acto final de destrucción, dirigido por ellos, finalmente había dado la bienvenida a sus personajes principales, y a toda una multitud de ellos. La alegría que traía era casi indescriptible. Al mismo tiempo, su vasta conciencia se hizo consciente de algo. Más allá del ejército de oscuridad, en lo más profundo de Beru, la mirada del Monarca de las Sombras estaba fija en ellos. En cuanto lo percibieron, la emoción del Itarim alcanzó su punto máximo. Muerte. Era un concepto que no podía existir para ningún dios. Sin embargo, se perfilaba como la amenaza más tangible: emocionante, electrizante e inconfundiblemente real. ¡Pensar que un creador podría ser asesinado por una creación! Qué experiencia tan absurda, fascinante y absolutamente novedosa para ellos. "¡Sí, ven! ¡Llevemos esta celebración hasta el final!" Las voces de los Itarim rebosaban de pura alegría. Extendió un brazo, su voluntad alcanzando el abismo del espacio exterior. Un poder divino se apoderó de los pliegues deformados del espacio-tiempo y los estiró con fuerza. Entonces, muy más allá de las nebulosas lejanas, un rayo radiante de luz flotó, habiéndose desviado de su órbita. Un asteroide a toda velocidad que viajaba a velocidad inmensa cambió abruptamente de rumbo y fue arrastrado hacia las garras de los Itarim. Los Itarim la atraparon y la lanzaron hacia Beru, hacia Suho y hacia toda la dimensión que tanto tiempo habían gobernado y moldeado. Beru chilló. "¡Joven Monarca! ¡Siento peligro!" Beru entró en pánico y se lanzó delante de Suho. Incontables soldados de las sombras se reunieron para proteger a Suho también. Un instante después, el asteroide lanzado por los Dioses Exteriores cayó a una velocidad furiosa. Su descenso fue como una colisión planetaria. Destrozó la tierra, abrió grietas en la tierra y destruyó todo a su paso. El mundo mismo gritó mientras se desmoronaba. En el centro de esa devastación masiva, los Itarim estallaron en risas extáticas, incluso mientras sentían cómo sus propios cuerpos eran desgarrados. "¡Jajajaja!" Era emocionante. No fue el acto final y desesperado de una derrota que percibe, sino el éxtasis de un artista, de un director que lleva su obra maestra a la conclusión más extravagante y sobrecogedora posible. "Tsk. Los dioses son seres terribles" El único que podía comprender plenamente ese sentimiento en ese momento era Antares, el antiguo Rey de los Dragones y el anterior Monarca de la Destrucción. Frunció el ceño. Solo él veía el verdadero significado de la pura destrucción que pretendía el Itarim. Los Dioses Exteriores querían sacrificar su mundo, sus creaciones e incluso a sí mismos para completar una magnífica destrucción que acabaría con su apatía eterna con un estruendo. Al final de ese estallido, sin embargo, habría una forma retorcida de creación. Los Itarim abrieron los brazos. \["La Herramienta de Dios: Etapa Solitaria de lo Divino" ha sido activada.\] Esa declaración final talló una nueva ley en la dimensión en ruinas. Fue una ley de creación que comenzó al mismo tiempo que esta destrucción generalizada. Con la colisión planetaria, una luz radiante envolvió el mundo. El Itarim habló en voz baja a Suho. "¿Has disfrutado de tu pequeño sueño, Pequeño Dios?" No había burla en esa voz, solo una extraña familiaridad, como si hablara con un compañero que había compartido un momento de alegría. "Nosotros, los Itarim, siempre buscamos nuevas formas de entretenimiento. Mientras tú estabas ocupado luchando... ¿Qué crees que le pasó a tu mundo, tan vacío y desatendido? Hay otros Itarim. ¿No verían este como el momento perfecto... para devorar tu mundo vacío?" Una sonrisa torcida se extendió por su rostro, como si la mera sugerencia les deleitara. La risa enloquecida resonó, y la luz cegadora lo engulló todo. Entonces, Suho oyó a Beru gritar. "Joven... ¡Monarca...!" Los ojos de Suho se abrieron de golpe. Jadeó al despertar. Todo había cambiado. "¿Hmm? ¿Qué pasa, Suho?" "¿Pasa algo, hijo? ¿Te has quedado dormido en mitad del desayuno? Si aún tienes sueño, te haré un café" Suho solo pudo quedarse mirando, sorprendido. Delante de él... eran su madre y su padre. No tenía sentido. Estaban sentados allí, comiendo, en su casa, como cualquier familia normal. Se levantó de un salto, completamente conmocionado. "¿P-Padre?" "¿Qué?" "¿M-Madre?" "Suho, si estás cansado, puedes volver a la cama", dijo su madre con suavidad. "Hoy tienes clases por la tarde, ¿verdad?" "¿Clases...?" repitió Suho, atónito. "Joven... Monarca..." De repente, un dolor de cabeza agudo le golpeó. Por un momento, sintió como si una voz resonara en su cabeza, pero el sonido se desvaneció al instante junto con el dolor, como si hubiera venido de detrás de decenas de paredes. "Suho, ¿Qué pasa? ¿Estás bien?" Suho se vio abrumado por la voz cariñosa de su madre, el olor a sopa caliente, el ruido de los platos. Luego estuvo la mirada preocupada de su padre mientras se apartaba de la transmisión de noticias para mirarle. Esa perfecta sensación de paz cotidiana envolvía a Suho. Se sentía tan cálido. "Debes de estar agotado. Dibujaste hasta tarde anoche. ¿Tienes tanta tarea?" preguntó su madre. "Hmm. Quizá no deberíamos haberlo mandado a la escuela de arte después de todo", murmuró su padre. La preocupación de sus padres le dejó sin palabras. Su mente estaba en caos. ¡Había habido una guerra! Los Monarcas, los Itarim... Cuanto más intentaba recordarlo, más se difuminaban los recuerdos, como tinta filtrándose en el agua. Esta realidad segura y ordinaria insistía en que todo había sido un sueño. Incluso los últimos fragmentos de esos recuerdos se desvanecían, como si los insectos se los comieran. Por fin, Suho llegó a una conclusión. "Yo..." Me llamo Sung Suho, estudiante de primer año en el Departamento de Bellas Artes de la Universidad de Hanguk. Era un joven normal de veinte años que había vivido una vida normal en un hogar lleno de amor. Recientemente había aprobado sus exámenes de acceso a la universidad y había sido aceptado en la universidad de sus sueños. Recordaba vagamente un sueño, algo sobre la desaparición de sus padres... Pero al final, solo fue un sueño. Sus padres estaban justo aquí. Esa era la realidad. Aun así, algo le resultaba extraño. Cuando miró sus propias manos, en lugar de un lápiz o pincel familiar, casi pudo sentir el agarre de una daga empapada en sangre. Alzó la vista, con la expresión de desconcierto reflejada en su rostro. Luego, miró a los ojos de su padre. "Padre... ¿Quién soy?" "¿Qué? ¿Es esto una especie de pubertad tardía?" preguntó Jinwoo con una risa ante la pregunta inesperada. Su mirada profunda y firme se posó en su hijo, que aún parecía atrapado en la neblina del sueño. "¿Sigues luchando con el hecho de que yo fuera el Monarca de las Sombras?" ...?! "¿O que tu madre de repente se haya convertido en cazadora de rango S?" ...?! Estas palabras trajeron la realidad de vuelta de golpe. Justo entonces, el informativo que su padre había estado viendo resonó en el salón, la voz urgente del presentador ahora cristalina. "¡Últimas noticias! ¡Ha aparecido una nueva puerta de grado S en la estación Hapjeong! La Asociación de Cazadores ha solicitado ayuda al señor Sung Jinwoo..." "Hmm. Otro más, eh..." Jinwoo se levantó lentamente. Haein le llevó un abrigo negro y se lo colocó suavemente sobre los hombros. "Cuidado ahí fuera", dijo con cariño. "¿Ah, y Suho?" Se giró un poco, mirando a su hijo, que aún parecía aturdido por el sueño. "Deja estas cosas a tu padre. Ve a lavarte y ve al colegio. Por fin has entrado en la universidad que querías. Aprovéchalo al máximo" "Vale..." dijo Suho. Al asentir, su expresión se relajó. Su madre tenía razón. Puertas, cazadores, bestias mágicas, el mundo era un lugar mucho más peligroso tras el Gran Cataclismo, pero no era nada de lo que Suho tuviera que preocuparse. Mi padre se encargará de todo de todas formas. Como alguien que no era cazador, no podía hacer nada más que vivir esta vida pacífica y ordinaria que su padre, el Monarca de las Sombras, había protegido para ellos. Aunque realmente despertara, nada cambiaría realmente. Después de todo, en este mundo, su padre estaba aquí. "¡Entonces me voy al colegio!" gritó.
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Estás leyendo el capítulo 365 de Soy el Unico que Sube de Nivel: Ragnarok (Novela), un novela. La existencia de la Tierra está amenazada una vez más mientras los Itarim, los dioses de otros universos, buscan llenar el vacío dejado por el Ser Absoluto. Sung Jinwoo no tiene más remedio que enviar a Beru, el rey de… Este capítulo tiene publicado el 24 de febrero de 2026, Traducido por el grupo Segador. Soy el Unico que Sube de Nivel: Ragnarok (Novela) tiene 376 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.