Leer Soy el Unico que Sube de Nivel: Ragnarok (Novela) Capítulo 349 online gratis en español
🏴 Grupo: Segador✍️ Traducción: Segador
Yuri Orloff se recostó en un cómodo sofá dentro del Kremlin, en la nevada Moscú. La ventana a su lado le ofrecía una vista de la amplia plaza, donde ráfagas de aire lento danzaban en el aire. De repente, abrió los ojos de golpe. ¿Se habría quedado dormido un momento mientras estaba borracho? Un sudor frío le empapaba la frente.
"¿Qué...? ¿Fue un sueño...?"
Al darse cuenta de la realidad, se le escapó un suspiro de alivio. Al mismo tiempo, rechinó los dientes de furia.
"Ha pasado un tiempo... desde que he soñado con ese tiempo"
Sí, solo fue un sueño, una pesadilla desagradable, nada más.
Mírame ahora.
Se sentaba en el corazón de Rusia, el propio Kremlin, rodeado de todos los lujos imaginables. Esta era su realidad. Sin embargo, por mucho que hubiera llegado, por mucho que hubiera logrado, ciertos recuerdos seguían persiguiéndole.
"¡Maldita sea!"
Yuri agarró la botella de cristal que descansaba sobre la mesa, molesto. Era whisky escocés de treinta años, cada botella valía varios miles de dólares. Hace solo unos años, ni siquiera podía permitirse un olor. Ahora, llevó el licor invaluable a los labios y bebió con avidez.
Luego, sin previo aviso, lanzó la botella al suelo. El ensordecedor sonido de cristales rompiéndose resonó por los pasillos del Kremlin. El whisky de varios miles de dólares ahora se derramó sobre el mármol tras no dar más que unos pocos sorbos. No le importaba. ¿Qué importaba? Ahora era el primer ministro, Yuri Orloff, el dictador de Rusia. Soltó una risa áspera y satisfecha.
"¡Sí! ¡Por supuesto que fue un sueño! ¿Ves? ¡Este soy el verdadero yo!" gritó, la risa estallando de su garganta. Pero el sudor frío se negaba a abandonar su frente.
Segundos después, la puerta se abrió y uno de sus asistentes siempre presentes entró, atraído por el ruido. Sin la menor sorpresa, el hombre escaneó la sala y luego se arrodilló inmediatamente para empezar a recoger los fragmentos de cristal.
Para los asistentes de Yuri, esto era rutina. El primer ministro que conocían estaba constantemente ebrio y siempre enfadado. Lo más importante que recordar mientras trabajabas para él era limpiar lo más rápido y con cuidado posible, y luego desaparecer. El objetivo era evitar provocarle a toda costa. Esta regla tácita era de conocimiento común entre los asistentes, que ya habían sido reemplazados varias veces.
Y sobre todo, sabían muy bien que a Yuri le encantaba verles caminar de puntillas de miedo a su alrededor. Incluso ahora, el hombre que limpiaba el suelo podía sentir la mirada ansiosa del gran dictador ruso sobre su espalda, y aceleró el paso.
Yuri sonrió. El efecto fue inmediato. La irritación y el mal humor de la pesadilla desaparecieron, sustituidos por una sonrisa satisfecha como si nada hubiera pasado. Esta vez, habló con voz satisfecha mientras cogía una botella de whisky mucho más cara y daba una orden.
"Tráeme mi medicina"
El hombre respondió sin levantar la cabeza, "Sí, señor. Pero, ¿Sería saludable tomar medicación psiquiátrica con alcohol—?"
"¿Te atreves a darme una lección?"
El tono de Yuri se endureció de inmediato.
El hombre se inclinó de inmediato.
"Mis disculpas, señor. La traigo enseguida"
Se apresuró a abrir un cajón. Yuri soltó una risa áspera.
"¿No mezcles medicina con alcohol, dices? Ese tipo de cosas solo importan a los que no son cazadores como tú. Soy un cazador de rango S. Cosas así no me afectan. Mi cuerpo no es el mismo que el de un humano normal"
El hombre guardó silencio mientras le entregaba la medicación. En momentos como este, hacer en silencio lo que te decían era más sensato que responder.
Yuri perdió rápidamente el interés en la aburrida respuesta del hombre. Tomó la medicación psiquiátrica prescrita y, con la otra mano, cogió el frasco más caro de su colección antes de caminar hacia la ventana. Con calma, contempló el paisaje nevado de Moscú visible más allá del cristal. La Plaza Roja del Kremlin, y la ciudad más allá, se extendían ante sus ojos. Las personas que caminaban por allí, o más bien, las alimañas que se arrastraban bajo él, se movían bajo su mirada.
"Sí... Esa es la verdadera dosis de realidad", dijo, finalmente capaz de sonreír.
Un sueño no era más que un sueño. Sin embargo, por mucho que intentara correr, el pasado siempre le seguía. Ni siquiera era el pasado lejano, solo hace tres años. Fue entonces cuando tuvo la suerte de despertar como cazador de rango S. Antes de ese momento, su vida no había sido más que basura en la cuneta.
Era la escoria de las calles traseras, menospreciado, pateado y ridiculizado por todos en Rusia. Desde niño, había vagado por los callejones traseros pidiendo comida. Sobrevivió día a día con el dinero que juntó. Temiendo que otros mendigos pudieran robar incluso la más mínima cantidad que lograra ahorrar, siempre usaba cualquier dinero extra para comprar boletos de lotería o alcohol. Había sido un adicto. Bebía todos los días, peleaba con otros mendigos, vivía como basura en la calle.
Eso fue toda su vida. Ya había pasado la mediana edad, envejeciendo sin nada que mostrar, cuando de repente despertó sus poderes y se disparó hasta donde estaba ahora. Nada de eso había surgido por esfuerzo. Fue pura suerte. Su despertar había llegado de repente y sin previo aviso. ¿Quién podía decir que no desaparecería igual de repente?
Se sentía ansioso. Era lo más natural. Después de todo, no había hecho ningún esfuerzo para llegar hasta aquí. Despertar no había sido más que un golpe de suerte extraordinaria, como ganar la lotería. Nadie lo sabía mejor que él. Por eso necesitaba la medicación, no drogas ilícitas, sino pastillas para la ansiedad recetadas por su médico, el mejor psicólogo del país.
Tragó saliva. Quizá el efecto fuera solo un efecto placebo, pero en cuanto lo hizo, su preocupación pareció desvanecerse. Con eso, encontró el valor para enfrentarse de nuevo a su pesadilla.
Cuando estaba sin hogar en las calles, entre los mendigos era conocido como el "zar malen'kiy", o el "pequeño emperador". Se había ganado ese apodo cuando tenía solo doce años. Los inviernos rusos eran brutales, y la vida en los barrios marginales bajo esas condiciones era aún peor. Con solo nueve años, Yuri mató a su primer humano. ¿La razón? Simplemente para robar un trozo de pan a otro mendigo.
Un ladrillo no era suficiente para matar en manos de un niño diminuto, pero eso no importaba. Las temperaturas heladas empeoraron la herida y, en pocos días, su víctima fue encontrada fría y sin vida. En cuanto despertó y vio el cuerpo, Yuri no pudo evitar reírse. Había aprendido una lección crucial.
Así que... Así de fácil es.
La vida humana era mucho más frágil de lo que había pensado. Descubrir esa verdad le hizo ver el mundo de otra manera.
Míralos.
Observaba a los ciudadanos que le lanzaban monedas por lástima, y a los ricos que tenían mucho más. Por mucho que fingieran ser superiores, no importaba.
Están a solo un ladrillo de morir.
Eso fue todo lo que hizo falta: un solo ladrillo. Desde ese momento, incluso desde pequeño, Yuri empezó a deambular por las calles traseras, amenazando a otros mendigos como él con un ladrillo en la mano. El brutal frío ruso ya era un peligro suficiente. Una sola lesión en ese entorno podría ser fatal para un mendigo.
Como resultado, su edad nunca supuso un problema. Al principio, solo apuntaba a los más pequeños y débiles que él. Luego, a medida que fue ganando confianza, se expandió a quienes eran mayores y más grandes. No importaba quién fuera. Solo tenía que atraparlos mientras dormían. En solo tres años, Yuri gobernaba a todos los mendigos en los callejones traseros como el Pequeño Emperador. Les enseñó el verdadero significado del miedo. Se aseguró de que supieran que desafiarle no conduciría a una muerte lenta por hambre, sino a una muerte violenta, golpeada y ensangrentada.
Sin embargo, ese mismo miedo se aplicaba igualmente al propio Yuri. Podía llamarse a sí mismo con todos los nombres elegantes que quisiera, pero al final, seguía solo. Si aunque fuera unos cuantos mendigos le atacaran a la vez, podría acabar muerto de la noche a la mañana. Para luchar contra esto, impuso una jerarquía entre los mendigos que se doblegaban a su voluntad. Obligó a todos los mendigos a enviar a los más débiles y jóvenes a mendigar a las calles y a establecer una estructura para quitarles sus ganancias, un cruel esquema piramidal.
Esto formó un pequeño ecosistema en las calles traseras. Era un sistema donde todos se vigilaban unos a otros, donde los fuertes tomaban de los débiles. Naturalmente, Yuri ocupaba la cima como emperador. Sin embargo, no bajó la guardia ni un momento. Sabía que nunca estaba a salvo. ¿Qué impedía que alguien apareciera en la noche con un ladrillo, como él mismo había hecho tantas veces? El trono que había construido era uno que cualquiera podía reclamar.
Fue entonces cuando se le ocurrió su siguiente idea: actos crueles destinados a poner a prueba la lealtad.
"Encerrad a Mikhail. No le des nada de comer"
El pequeño Mikhail era solo un niño. Yuri eligió al niño rebelde como ejemplo, encerrándolo en el sótano de un edificio abandonado y dejándolo morir de hambre durante días. También obligaba a los demás mendigos a observar periódicamente a Mikhail mientras lloraba en ese espacio oscuro. Sin embargo, había un detalle sorprendente. La puerta del sótano nunca había estado cerrada con llave. Aun así, Mikhail nunca dio un solo paso fuera.
"Estás muerto si te vas"
No tuvo el valor.
Para un niño pequeño como Mikhail, desafiar la orden del Pequeño Emperador era mucho más aterrador que morir de hambre. El efecto fue dramático. Todo mendigo temía al Pequeño Emperador y ya no se atrevía a desafiarle. Repetía este método regularmente para asegurarse de que el miedo nunca desapareciera. Después de varias veces, ni siquiera tuvo que cerrar la puerta del sótano.
"Si cruzas esta línea, tu vida está perdida"
Dejó la puerta bien abierta y usó su ladrillo para trazar una línea en el suelo. Dio una orden a todos los mendigos.
"Esta línea es un muro invisible. Si la cruzas, te mataré"
Pronto, no había mendigo en los callejones traseros que se atreviera a desobedecer esa absurda orden. Yuri ya no era solo otro vagabundo. Había matado suficientes veces con sus propias manos como para que sus amenazas transmitieran una amenaza genuina, grabando el miedo verdadero en quienes vivían una existencia sin sentido en los callejones. Incluso algo tan simple como trazar una línea en el suelo creaba una prisión perfecta de la que nadie podía escapar. Ahora era un muro que solo los mendigos podían ver.
Mirando atrás, esa prisión había sido la primera "barrera" que Yuri había usado jamás. Esta historia de los callejones rusos era una que nadie conocía, una que tuvo lugar mucho antes de que el Gran Cataclismo llegara a la Tierra. Aun así, era solo cuestión de tiempo.
Su apodo siempre fue temporal. Los rusos crecieron rápidamente, e incluso los mendigos allí tenían cuerpos robustos. En solo unos años, Mikhail, ese niño, era más grande que el propio Yuri. Entonces, una noche, ocurrió.
"Muy bien. Allá voy"
Mikhail inhaló el aire mordaz siberiano, encendió un cigarrillo y recogió un ladrillo del suelo. No había necesidad de acercarse sigilosamente por detrás. La diferencia de tamaño hacía evidente quién era más fuerte. El miedo grabado en él desde la infancia le hizo temblar la mano, pero solo apretó aún más el ladrillo.
Ese día, el título de Yuri como Pequeño Emperador llegó a su fin. Ese fue también el día en que comenzó su verdadera pesadilla.
"¡Mikhail, ese! ¡Lo encontraré pase lo que pase!"
Saliendo de sus pensamientos, Yuri lanzó la botella que tenía en la mano. Un asistente abrió rápidamente la puerta y entró, dejándose caer al suelo para limpiar los cristales rotos, igual que antes. Esta vez, una secretaria entró junto a él, acercándose a Yuri con el ceño fruncido.
"Primer Ministro, hay algo que necesita ver"
"¡Ya lo estoy mirando!" gritó Yuri.
La secretaria se estremeció y retrocedió rápidamente. No hacía falta un informe. La enorme televisión colgada en la pared ya emitía noticias de última hora de todo el mundo.
"¡Última hora de llegar!"
"¡Las criaturas no identificadas que atacaron todas las grandes ciudades han sido derrotadas!"
"¡El cazador estadounidense de rango S Thomas Andre luchó frente a la Estatua de la Libertad en Nueva York...!"
"Un ex atleta nacional, Cha Haein, revelado recientemente como un cazador de rango S, derrotó a todos—"
"¡El gobierno chino ha decidido, tras su reciente actividad, reconocer oficialmente a Liu Zhigang como cazador de siete estrellas! Esto es un movimiento sin precedentes..."
"Tsk. Estos Apóstoles son puro ladrido y no muerden"
Yuri chasqueó la lengua. El zumbido del alcohol desapareció mientras escuchaba los informes del confiado Apóstol de la Dominación siendo aniquilado. En la pantalla había incontables cadáveres del Apóstol, exterminados como insectos.
"Al final, la única persona en la que puedo confiar soy yo mismo"
Los ojos de Yuri brillaron con una intención peligrosa mientras observaba.

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Estás leyendo el capítulo 349 de Soy el Unico que Sube de Nivel: Ragnarok (Novela), un novela. La existencia de la Tierra está amenazada una vez más mientras los Itarim, los dioses de otros universos, buscan llenar el vacío dejado por el Ser Absoluto. Sung Jinwoo no tiene más remedio que enviar a Beru, el rey de… Este capítulo tiene publicado el 10 de enero de 2026, Traducido por el grupo Segador. Soy el Unico que Sube de Nivel: Ragnarok (Novela) tiene 376 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.