Leer Soy el Unico que Sube de Nivel: Ragnarok (Novela) Capítulo 313 online gratis en español
🏴 Grupo: Segador✍️ Traducción: Segador
¿Dónde salió todo mal?
Para cuando el Apóstol de la Pesadilla se dio cuenta de que su plan meticulosamente elaborado era defectuoso, ya era demasiado tarde.
Incluso en ese momento crítico, sus ojos se movieron a su alrededor, escaneando su entorno. Innumerables almas se hundían en las profundidades ilimitadas del Mar del Más Allá. En ese vasto abismo flotaban las almas abandonadas, sus rostros desprovistos de expresión, a la deriva sin rumbo sin propósito.
Pero esto era solo la superficie de una realidad mucho más oscura. Si miraba más a fondo, vería los innumerables restos que se habían hundido, demasiado abundantes para contarlos. Era un espectáculo tan inquietante que cualquier ser vivo lo contemplaría con un profundo e instintivo disgusto. De hecho, el Mar del Más Allá era nada menos que un vasto vertedero, cubierto con los restos podridos de los muertos.
Y, sin embargo, para el Apóstol de la Pesadilla, la escena era fascinante. Aquí, había poder, poder que podía hacer realidad todos sus deseos.
Un Monarca no era simplemente un gobernante, sino la oscuridad primordial misma. El título de Monarca significaba poco. Era la oscuridad primordial lo que más importaba
Después de años de cuidadoso estudio, el Apóstol había aprendido que el Árbol del Mundo servía como conducto, transfiriendo la oscuridad primordial a los nuevos Monarcas. Así que había ideado un plan: arrastraría a las almas perdidas a su pesadilla, interrumpiría la ceremonia de sucesión de Sirka y se convertiría en su pesadilla. Al invadir sus sueños, le robaría la oscuridad primordial.
El Monarca de la Pesadilla sería un ser creado a través de la evolución. El objetivo final era matar a Sirka y ocupar su lugar, convirtiéndose así en Monarca.
El plan había sido perfecto, es decir, hasta que apareció Sung Suho.
Las criaturas de las sombras desgarraron el cuerpo del Apóstol en un frenesí.
"¡Agggh!"
Gritó de agonía. El dolor era insoportable y parecía que nunca terminaría. Grito tras grito brotó de sus labios.
Los tiburones del vacío, ahora tiburones de las sombras, se le habían escapado de control, desgarrando su carne. El vapor negro se arremolinaba delicadamente de sus formas. Era una visión realmente horrible, pero era familiar. En los campos de batalla de los Universos Exteriores, el Apóstol había visto una vez cómo el Monarca de las Sombras, ese terrible rey de las tinieblas, había traído el mismo destino a los aliados del Apóstol.
Mata y toma.
Había sido el poder más terrible y abrumador en esa guerra. Ahora esa misma terrible autoridad estaba siendo ejercida por su hijo.
El Apóstol se sintió perdido en la desesperación total mientras los tiburones intensificaban su asalto, mordiendo y desgarrando.
"¿Cómo...? Este es mi reino... ¡Agh!"
¿Es esto un sueño?
No, no podía ser, dolía demasiado para eso. El dolor abrumador solo hizo que fuera más difícil de entender para el Apóstol. Para él, se sintió como una pesadilla muy real.
No importa cuánto los afilados dientes de los tiburones desgarraron su cuerpo, apartando sus brazos mientras lo devoraban, continuó regenerándose. Ese era el poder que había ganado cuando se convirtió en el Apóstol de la Pesadilla. Era una habilidad que podía revertir cualquier lesión como si todo no fuera más que un mal sueño.
Pero no había forma de desear que desapareciera el dolor físico, esta verdadera y cegadora agonía que continuaba sin fin. Fue su propio poder extraordinario lo que lo llevó más y más profundamente a esta horrible e infinita pesadilla.
Sin embargo, no era el dolor lo que más lo inquietaba, sino el caos en su mente. No dejaba de pensar en lo que Suho había dicho.
"El Monarca de las Sombras... ¿Realmente gobierna este mundo? Pero eso no puede... ser!"
No podía creerlo. Su investigación lo había llevado a creer que el Mar del Más Allá no pertenecía a nadie. No era lo suficientemente valioso como para que nadie lo quisiera, y no había nadie digno de gobernarlo aquí. Era solo un lugar donde las almas que lo habían perdido todo flotaban sin rumbo, olvidadas por el tiempo.
"¿Quién querría... controlar... un vertedero como este?" murmuró entre sus gritos, su rostro en blanco por la sorpresa. La sangre brotó de su boca, pero las heridas sanaron rápidamente. Luego volvió a escupir sangre.
Suho se encogió de hombros. "Bueno, soy como mi padre. Me tomo en serio el reciclaje. Viene de familia".
Con esas palabras, el Apóstol comprendió de repente. Este lugar no pertenecía a nadie, y todos los soldados del Monarca de las Sombras habían venido de alguna parte. Las almas que flotaban en el Mar del Más Allá eran simplemente materias primas para crear soldados de las sombras. Mientras uno tuviera el poder, era simplemente un mercado de segunda mano donde cualquier cosa a la vista podía ser recogida y utilizada.
"Fue mi error", se lamentó el Apóstol. "No tenía idea... de que estaba cosechando en este lugar..."
Ahora que sabía la verdad, se sentía obvio. No podía entender por qué le había llevado tanto tiempo verlo.
"Culpo a mi propia ignorancia", dijo, admitiendo fácilmente sus propios defectos. Después de todo, reconocer la propia ignorancia era la base del crecimiento, y eso, en sí mismo, era evolución. "Sin embargo..."
Incluso cuando el cuerpo del Apóstol fue desgarrado por los dientes de los tiburones y reparado una y otra vez, no había rastro de rendición en sus ojos.
"Tampoco me pueden matar aquí".
En ese momento, el Apóstol de la Pesadilla se movió. Un crujido llenó el aire mientras desgarraba su propia carne destrozada y se lanzaba desesperadamente hacia adelante. Al final de su alcance se encontraba el Árbol del Mundo. El enjambre de tiburones de las sombras lo persiguió, hundiendo sus dientes en su cuerpo, pero no se detuvo.
"La evolución es mi vocación. Es la razón por la que existo".
El dolor no significaba nada. La evolución siempre estuvo acompañada de sufrimiento.
"Veo mi objetivo a mi alcance... No puedo rendirme ahora".
"Sirka" dijo Suho. Él la bajó suavemente de sus brazos y la miró a los ojos. "Ahora es tu turno. Intenta caminar. No tienes que pisar el hielo".
"¿Qué...?" preguntó confundida.
"Usa Pasos Elficos. Si yo puedo hacerlo, tú también puedes".
Ante la mirada decidida en los ojos de Suho, la elfa bajó la cabeza y miró sus pies. Estaba parada sobre la superficie del agua.
En ese momento, su expresión cambió. Después de todo, había sido la propia Sirka quien una vez le había enseñado a Suho cómo usar Pasos Elficos.
Sucedió tal como lo había predicho. Incluso sin el hielo que el Monarca de la Escarcha le había puesto, Sirka pudo caminar sobre el Mar del Más Allá.
Suho la empujó hacia adelante, animándola. "Ahí. Estás caminando. Adelante. Ve al Árbol del Mundo y obtén la oscuridad primordial".
"¿Y tú?", preguntó.
"Estaré cerca. Tengo que encargarme de él primero".
Mientras hablaba, Suho giró la cabeza bruscamente para mirar al Apóstol de la Pesadilla.
"Continúa. Te seguiré pronto", le dijo a la elfa.
Un repentino destello de luz fría pasó por sus ojos.
"Beru. Vamos".
Beru chilló, y sus figuras se difuminaron mientras se acercaban al Apóstol como dos rayas de oscuridad.
"¡No puedes matarme!"
"Lo sé. Pero todavía puedo detenerte. Te quedarás aquí para siempre, atormentado por el dolor".
Las dagas de Suho atravesaron el cuerpo del Apóstol, y el Apóstol gritó de agonía.
"¿Qué pasa? Pensé que te gustaban las pesadillas".
Su implacable y brutal asalto dejó al apóstol temblando de miedo.
Mientras tanto, Sirka ya corría a lo lejos, sus pies rozando ligeramente el mar oscuro. Este lugar ya no era su pesadilla.
\[Sillad insta a su sucesor a seguir adelante\]
El mensaje de Sillad llegó a oídos de Sirka, y ella lo siguió sin dudarlo. Ya no había necesidad de pilares de hielo o frágiles caminos congelados. Usando Pasos Elficos, caminó suavemente sobre las aguas negras, corriendo desesperadamente hacia el Árbol del Mundo. Los sonidos de la batalla entre Suho y el Apóstol de la Pesadilla se volvieron cada vez más distantes, y los gritos del Apóstol también se desvanecieron.
¡Ya casi llego!
La tenue silueta del Árbol del Mundo se estaba haciendo más grande. En el borde mismo de la dimensión, la majestuosa forma del Árbol del Mundo se hizo más clara lentamente, al igual que el mensaje de Sillad en su oído.
Cuando finalmente llegó al lugar hacia el que había estado corriendo, un estruendo profundo y chirriante llenó el aire. Para su sorpresa, no era el árbol en sí lo que estaba mirando. Algo enorme se había envuelto alrededor del tronco.
¡Ah!
Actuando completamente por instinto, Sirka saltó a un lado. En ese mismo momento, la enorme cola de una serpiente se estrelló donde acababa de estar parada.
\[Nidhogg, la serpiente que se alimenta de las raíces del árbol del mundo\]
Una enorme serpiente estaba enrollada con fuerza alrededor del Árbol del Mundo. Extraía los nutrientes del árbol, sin apartarse nunca de su lado, bloqueando efectivamente su camino.
Nidhogg...!
Los ojos de Sirka se llenaron de determinación. Suho ya le había advertido sobre Nidhogg, pero la criatura que tenía delante era mucho más grande de lo que había imaginado.
Un rugido atronador rasgó el aire cuando la serpiente gigante, todavía envuelta alrededor de las raíces, dejó escapar un grito furioso. Una energía oscura y venenosa brotó de su boca abierta.
"¡Debes darte prisa! ¡Encuentra al Monarca de la Escarcha entre sus cabezas!" Beru le gritó urgentemente a Sirka, habiéndose deslizado de alguna manera a su lado sin ser notado. Suho había enviado a la hormiga mientras continuaba luchando contra el Apóstol de las Pesadillas.
"¡Cómelo o te comerá a ti!" Ordenó Beru. "¡Esa es la única manera!"
"¿Cómo se supone que voy a comer algo así?" Sirka gritó ante la orden imposible.
No fue una reacción exagerada. ¿Cómo podría luchar contra un monstruo de esta escala?
Sin embargo, incluso cuando su mente se resistía, el cuerpo de Sirka ya se estaba moviendo. El poder del Monarca finalmente estaba al alcance. No podía darse por vencida ahora.
¡Hagámoslo!
Con una ráfaga de velocidad, Sirka cargó contra Nidhogg, usando Pasos Elficos a su máximo potencial. Sus pies la impulsaron hacia arriba con el tronco gigante del Árbol del Mundo como apoyo.
Las cabezas de la serpiente se alzaban sobre ella, bloqueando el cielo, cada una ansiosa por detenerla. La abrumadora presencia se sintió como una cadena montañosa entera cobrando vida, presionándola hasta que apenas podía respirar.
Una de las gigantescas cabezas de Nidhogg cayó como un rayo. Sirka se giró justo a tiempo para esquivar, pero la onda expansiva la atrapó y la lanzó por los aires. Golpeó el suelo con un ruido sordo y gimió. Un dolor cegador recorrió su cuerpo, torciendo sus extremidades.
"¡Sal de ahí! ¡Esto es solo el comienzo!" Beru advirtió.
Un sonido húmedo y deslizante resonó a su alrededor mientras Nidhogg se movía alrededor del árbol. A pesar de su dolor, Sirka se incorporó con todas sus fuerzas, observando el caos que la rodeaba.
Ahí está.
La había encontrado. Entre las seis cabezas, una irradiaba un tono más oscuro que las otras. En el momento en que la vio, supo instintivamente: el poder destinado a ella estaba dentro de esa cabeza.
Con un estruendo ensordecedor, los implacables ataques de Nidhogg arrancaron grandes trozos de corteza. Los temblores fueron lo suficientemente fuertes como para hacer temblar todo el Árbol del Mundo, pero Sirka usó los escombros voladores para lanzarse aún más alto.
Aterrizando sobre el enorme cuerpo de Nidhogg, corrió sin miedo a lo largo de su espalda gruesa y escamosa. La serpiente emitió un rugido profundo y gutural.
Su camino no fue fácil. Esto no era lo mismo que el camino de hielo que Sillad había arreglado para ella. La serpiente estaba decidida a arrojarla, su cuerpo se retorcía debajo de ella. Sus bocas, cada una liberando energía mortal en todas direcciones, se abrieron de par en par, amenazando con tragársela entera. Los ataques fueron de una escala tan colosal que se sintió como si la misma dimensión se hubiera vuelto contra ella.
¡Todavía no!
Aún así, Sirka se negó a darse por vencida. Empujó hacia adelante, corriendo a lo largo de las escamas retorcidas de la serpiente. El veneno llovió desde arriba y lentamente comenzó a manchar su cuerpo. Era tan potente que se sentía como si su propia piel se estuviera disolviendo.
Pero Sirka siguió corriendo. Siguió a la serpiente, que se había convertido en su camino, saltando sobre sus fauces abiertas mientras la mordían.
"Finalmente estás aquí", dijo una voz.
Una pequeña garra le dio unas palmaditas en la cabeza. Era Beru.
"Bien hecho", dijo simplemente.
De repente, su cuerpo se hinchó y el tremendo poder que había estado contenido dentro de él estalló hacia afuera en todas direcciones. Con una sola garra, bloqueó una de las cabezas que había estado volando hacia ella, deteniendo sin esfuerzo su avance. Luego sonrió.
"Déjame darte un poco de ayuda ahora".
Beru miró con cariño a Sirka. Había llegado hasta aquí por su cuenta.

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Capítulo 314
Soy el Unico que Sube de Nivel: Ragnarok (Novela) Capítulo 313
Estás leyendo el capítulo 313 de Soy el Unico que Sube de Nivel: Ragnarok (Novela), un novela. La existencia de la Tierra está amenazada una vez más mientras los Itarim, los dioses de otros universos, buscan llenar el vacío dejado por el Ser Absoluto. Sung Jinwoo no tiene más remedio que enviar a Beru, el rey de… Este capítulo tiene publicado el 2 de octubre de 2025, Traducido por el grupo Segador. Soy el Unico que Sube de Nivel: Ragnarok (Novela) tiene 376 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.