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Leer SoulShard (Novela) Capítulo 9 online gratis en español

El cielo todavía estaba oscuro cuando Sarov se puso de pie, entumido por el frío de la noche, y retomó la caminata con el estómago vacío y la boca seca. No llevaba mucho caminando cuando vio unas luces que se movían a ras del suelo, distintas de las de la muralla, y que venían hacia él. Era un vehículo blindado. Se detuvo a unos metros, y el polvo que traía detrás lo alcanzó. Bajaron dos uniformados. Uno habló por un aparato que llevaba en la muñeca mientras el otro lo escaneaba, igual que la Alondra. —Sarov Iskrov. Lo estábamos esperando —dijo el del aparato—. Suba. Va a tener que acompañarnos. Sarov no se movió enseguida. Los miró a los dos, a las armas que llevaban colgadas y a la muralla, que seguía lejos. Sabían su nombre, y a pie no iba a llegar antes de otra noche. Subió, y adentro uno de los dos le pasó una cantimplora sin decir nada. El viaje hasta la muralla duró menos que la caminata de esa mañana. Entraron por una puerta metálica gruesa como una pared, y del otro lado siguieron caminando varios minutos por pasillos de piedra y metal, entre salas cerradas y escaleras que subían. La muralla que llevaba dos días viendo en el horizonte era, por dentro, un edificio. Lo sentaron en un cuarto sin ventanas, frente a un oficial joven que revisaba una pantalla. Sarov se fijó en la puerta que acababan de cerrar detrás de él, en el uniformado que se había quedado de pie junto a ella, en el aparato de la muñeca del oficial y en sus manos, que no dejaban de moverse sobre la mesa. —¿Por qué estabas afuera? Tardó en darse cuenta de que le hablaban a él. —¿Eh? —Volvió a mirar al oficial—. Ah… no. No lo sé. Cuando leyó en la pantalla que era Líder de Pelotón 44 se enderezó en la silla, tocó algo y habló por el aparato de la muñeca, en voz baja. Sarov entendió dos palabras: mando y pelotón. Después el oficial siguió con el trámite sin volver a mirarlo. Al salir, por una puerta entreabierta, alcanzó a ver una sala llena de pantallas, con mapas donde parpadeaban puntos rojos cerca de la línea de la muralla y gente moviéndose rápido y en silencio. Lo llevaron a un baño con ropa doblada sobre un banco, y le dijeron que se bañara. Dejó en el piso la capa, el abrigo y la tela plateada y se metió en la bañera. Le costó encontrar la llave, y cuando por fin el agua le cayó encima, caliente, se echó para atrás. Volvió a meterse despacio. Le ardió en los raspones, pero al rato el cuerpo se le aflojó. El agua bajó oscura de sangre y ceniza, y se frotó con el jabón hasta que corrió limpia. Junto al banco había un espejo, y se paró frente a él por primera vez desde las ruinas. Tenía los golpes de esos días, y debajo, cicatrices por todas partes. Una le cruzaba la ceja izquierda, y esa la miró más que las otras. Después se acercó a mirarse los ojos. Eran los mismos ojos negros que vio en el agua de la fuente, pero en el borde del iris había una mancha de gris, mínima, filtrándose hacia afuera desde debajo del negro. No supo si lo imaginaba, y se acercó hasta casi tocar el vidrio con la nariz. Al final dejó de darle importancia a su cara y se vistió con la ropa negra del banco, que le quedaba ajustada, y con un par de botas. Cuando volvió a verse en el espejo, la tela le marcaba los hombros y el pecho. Se vio fuerte, y limpio, y se sintió un poco mejor. Mientras se bañaba, alguien le había dejado un envase de comida caliente junto a la ropa. Se la comió de pie, rápido, igual que la barra que sabía a cartón. Todavía masticaba cuando entró una enfermera, de uniforme y con el pelo recogido en un moño. Lo miró un momento, vio que comía de pie y le señaló el banco con la mano abierta. —Siéntate, que nadie te lo va a quitar. Esperó a que se sentara, y solo entonces bajó la vista a la tablilla que traía. —Vas a quedarte esta noche en observación —dijo—. El chip sigue muerto y no vamos a mandarte a ningún lado hasta saber por qué. Mañana temprano te llevamos a la ciudad. Siguió leyendo. —Pelotón 44. Van a tener que actualizar tu ficha cuando aparezcas. Están de descanso, por si te sirve de algo. Sarov se quedó con el envase a medio camino de la boca. —¿Cuarenta y cuatro? —Eso dice aquí. Líder de Pelotón. Qué bueno que te encontraron —dijo, más suave, y enseguida volvió al tono de antes—. Qué suerte tienen, ¿no? Con todo lo que está pasando afuera, y a ustedes les toca una semana libre. «Pelotón.» Con la palabra le volvieron las caras de la nieve, las de los que peleaban a su lado en el agujero. Cuando terminó de comer, la enfermera le pidió que la siguiera. Caminaron en silencio por el pasillo, ella con la vista en el mapa de la tablilla, hasta que se detuvo frente a una puerta y la abrió. —Por ahora, descansa aquí, por favor. Sarov asomó la cabeza sin entrar. —¿Qué tengo que hacer? Ella lo miró, callada. «¿Qué le habrá pasado a este hombre para quedar así?» —Nada —dijo después de un momento—. Descansar. Mañana temprano sales. Mientras ella anotaba en la tablilla lo que él acababa de preguntar, Sarov entró. Era un cuarto pequeño, con una camilla contra la pared. Revisó la puerta por dentro, recorrió las esquinas con la vista y la probó con la mano antes de sentarse. Esa noche durmió ahí, con la ropa puesta y las botas nuevas. \* \* \* Despertó descansado y se quedó un rato en la camilla, mirando el techo, hasta que un uniformado golpeó la puerta. Lo subieron a otro blindado rumbo a la ciudad. Arrancó sin ruido y tan rápido que Sarov tuvo que agarrarse del asiento, y el uniformado de enfrente casi se rió al verlo. Por la única ventanilla, los dos miraron cómo se alejaban de la muralla y aparecía una franja larga de tierra quemada, donde de las casas solo quedaban los cimientos. Poco a poco comenzaron a verse cultivos, y gente trabajando bajo unas carpas grandes, casi transparentes. El terreno se fue volviendo más plano y menos seco, y a lo lejos se levantaron algunas torres antes de llegar a otra muralla, más baja que la primera. Esperaron unos minutos frente a ella hasta que les abrieron, y del otro lado, por fin, estaba la ciudad. Adentro, el blindado frenó en una plaza y el uniformado le abrió la puerta. —¿Qué hago ahora? El uniformado despegó la tablilla del pecho, buscó el reporte de Sarov y frunció el ceño. —El reporte dice que está de descanso. No tiene permitido salir de la ciudad ni hacer turnos, salvo emergencia declarada. Sarov asintió, aunque no sabía bien qué significaba eso, y bajó. Le cerraron la puerta y el blindado se fue. El hambre ya lo comenzaba a molestar, pero antes de moverse miró la ciudad con más calma. Los edificios eran altos y grandes, puestos sin ningún orden, y del suelo salían unas columnas que alumbraban cambiando de color, casi todas bajas y algunas más altas, repartidas por todos lados. Hacía frío, y por las avenidas, que eran largas, no pasaba ningún vehículo aparte del blindado que lo había dejado ahí. La gente caminaba sin prestarle atención, aunque estuviera parado en medio de la calle. Al fijarse en la plaza, vio unos niños corriendo, con ropa gris y blanca de franjas azules, y adultos comiendo en las mesas que los locales habían sacado afuera. Sarov no supo hacia dónde caminar. En las ruinas, por lo menos, había tenido las luces de la muralla. \* \* \* En otro punto de la misma ciudad, en el balcón del apartamento de aquella mujer rubia, Mariya tenía las piernas recogidas sobre una silla de plástico y el teléfono en la mano. —Van cuatro días. Cuatro días que no sabemos de él y "en tránsito" es lo único que alguien se dignó a soltarnos. La dueña de casa, sentada en el piso contra la baranda, echó la cabeza hacia atrás. —Va a aparecer. Siempre aparece. —Eso mismo dijiste el primer día. —Y lo sigo pensando. ¿Tú no? Mariya encendió la pantalla del teléfono, la miró y la volvió a apagar. —No sé. Ni siquiera tengo claro qué pasó esa noche, y eso me asusta más que no saber dónde está. \* \* \* Lejos de ese balcón, Sarov seguía en medio de la plaza, sin conocer a nadie, y todo aquello le quedaba grande.
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SoulShard (Novela) Capítulo 9

Estás leyendo el capítulo 9 de SoulShard (Novela), un novela. Perdió la memoria por mi culpa. Despertó entre las ruinas de un mundo que ya no es de los humanos, y yo sigo aquí adentro, compartiendo con él un cuerpo y un alma que no pidió. Detrás de las murallas lo espera un… Este capítulo tiene publicado el 3 de octubre de 2026. SoulShard (Novela) tiene 24 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.