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Leer SoulShard (Novela) Capítulo 8 online gratis en español

La luz no se movió cuando gritó su nombre, y el silencio duró lo que le pareció un minuto. Después, detrás del resplandor, se acercó un zumbido bajo hasta quedar a la altura de su cabeza, y por fin vio qué sostenía la luz: una máquina de metal oscuro que flotaba sola en el aire, con un único ojo redondo encendido en blanco. —Verificación biométrica en curso —dijo la máquina, con la misma voz de antes—. Su firma electrónica no responde. Procedo por método alternativo. El ojo bajó a un rojo tenue y le recorrió el cuerpo, y se detuvo en la cara y en las manos. Sarov no se movió. También la miraba, buscándole las juntas y el punto exacto de donde salía el zumbido. —Coincidencia facial: noventa y ocho por ciento —dijo por fin—. Sarov Iskrov. Líder de Pelotón 44, \*\*rango Aguja\*\*. Chip de identificación sin señal desde ayer, a las cero cuatro cero siete. Estado del chip: desconocido. Estado del portador: vivo, en contra de la probabilidad calculada. De todo eso solo reconoció el nombre. —¿Y tú qué eres? —preguntó, ronco. —Designación \*\*Alondra-Seis\*\*. Unidad de extracción y acompañamiento, asignada a personal recuperado en tránsito. —Tardó en seguir, casi como si fuese humano—. Voy a guiarlo el resto del camino. —¿Haces esto seguido? —Con más frecuencia de la que a la \*\*Coalición\*\* le gustaría admitir. Gente que vuelve del exterior sola, sin equipo, sin señal. No todos llegan caminando. Usted sí. —¿Y cómo les dicen? A los que vuelven así. —\*\*Retornados\*\* —contestó enseguida—. No es un término oficial. Lo empezó a usar el personal de campo hace años, y se quedó como estándar. —¿Por qué "retornado" y no algo más simple? ¿"Sobreviviente", por ejemplo? —Sobreviviente implica que lo peor ya pasó. Retornado no asume nada sobre lo que viene después. Sarov se acordó de la muralla. —¿Cuánto queda para llegar a las luces? —Contacto inicial registrado a cincuenta punto dos kilómetros del punto de control. Distancia real actual: ochenta y tres kilómetros. Los sensores de largo alcance confirman presencia, no posición exacta. El margen de error a esa distancia es considerable. Sarov no distinguió una distancia de la otra, ni por qué eran dos. —¿Y eso qué tan lejos es? —A su ritmo, con las pausas que viene haciendo, entre dieciocho y veinte horas. Entendió lo lejos que estaba, y el cansancio se le vino encima. —Unidad de transporte desviada a prioridad superior —agregó la Alondra—. El protocolo establece que ningún hallazgo con estado biométrico inestable camina sin acompañamiento hasta el procesamiento. Instrucción: continuar a pie. Reportaré estado cada quince minutos. Se puso en marcha sin esperar respuesta, y Sarov la siguió atrás, pisando donde la luz roja le marcaba. —Escala de dolor, cero a diez —dijo la máquina. —¿Qué? —Escala de dolor. Cero a diez. Es parte del protocolo. —No sé. Todo duele igual desde hace tanto que ya me acostumbré. —Registrado como siete —dijo la Alondra, y siguió adelante. Un rato después, el ojo bajó hasta su pecho y se quedó ahí. —Las prendas que porta no son reglamentarias. —¿Reglamentarias? —Sarov se miró la capa—. No tenía muchas opciones. El ojo volvió a subir. —No es un reproche. Es una anotación. La tela de la capa coincide con textiles domésticos, no militares. Buena elección, dado el material disponible. Aísla mejor de lo que aparenta. Más adelante, la Alondra se desvió por primera vez: bajó hasta casi tocar el suelo y barrió un tramo de ceniza con la luz roja, de un lado a otro. Sarov se detuvo a mirarla. Desde ahí abajo parecía más pequeña. —¿Qué haces? —Mido terreno, carga que aguanta, obstáculo fijo. Una pasada cada tantos kilómetros, y después se junta todo —dijo mientras seguía barriendo. —¿Para qué? —Para saber si la muralla se puede mover. Hay una decisión pendiente. Un par de semanas, si el terreno acompaña. La luz se apagó y el zumbido volvió a subir hasta su cabeza. Sarov miró el tramo que acababa de barrer. Era ceniza igual que el resto. —¿Y lo haces tú sola? —Somos dos cada quinientos kilómetros —dijo, y se puso otra vez en marcha. La tarde fue cayendo sin que el gris cambiara, y Sarov caminaba mirándola. —¿Vas a quedarte hasta el final? —preguntó, entre dos reportes de estado. —Negativo. Mi sector de patrulla tiene un límite, y ya lo estoy pasando por decisión propia. Su posición y su hora estimada de llegada ya están en la muralla. Van a salir a buscarlo antes de que llegue. —¿Entonces por qué seguiste tanto? —El tramo que me falta lo puedo medir a la vuelta. El zumbido giró en redondo y se alejó, de vuelta hacia la niebla que todavía no había medido. Sarov levantó una mano y la bajó antes de terminar el gesto, y se quedó mirando hacia donde se fue. \* \* \* Al día siguiente, para la tarde, el Pelotón 44 estaba en el comedor del cuartel. —Encontrado con vida, en tránsito —repitió el mayor del grupo—. Eso es todo lo que dice el parte. Cinco palabras. —Es más de lo que teníamos ayer —dijo la rubia, empujando la comida con el tenedor. —Es menos de lo que deberíamos tener. —El mayor puso la tablilla boca abajo sobre la mesa—. "Limpiar la zona." Chip muerto día y medio. Encontrado en tránsito, sin decir desde dónde. ¿Alguien aquí entiende de qué misión están hablando? El más alto estaba apoyado contra la pared con los brazos cruzados. —¿Qué misión, anteanoche? Porque yo no recuerdo que nos asignaran nada. Y si se lo asignaron a él solo, sin nosotros, alguien tiene que explicarme por qué. —A lo mejor fue algo de arriba —dijo la del parche—. Rinne pudo haberlo mandado solo, por algo puntual. —Rinne no manda a nadie solo a ningún lado sin avisarnos ni una palabra —dijo el mayor—. Y menos a él. En la ventana, de espaldas, seguía la más joven de los siete, mirando el patio vacío. —Va a estar bien —dijo. —Eso ya lo dijiste —dijo el más alto—. La pregunta no es si va a estar bien. La pregunta es qué pasó. Mariya, en la punta de la mesa, llevaba todo el día casi sin hablar. —A lo mejor no hace falta saber qué pasó —dijo—. A lo mejor solo hace falta que vuelva. —Eso no es que no haga falta saber —dijo el mayor—. Eso es tener miedo de la respuesta. Mariya bajó la vista. Al otro extremo de la mesa, el rubio seguía con los ojos cerrados, igual que ayer. —Va a tener que contarlo él mismo. Todos ustedes ya deberían saber que insistir no va a apurar nada. —Fácil decirlo con los ojos cerrados —dijo el más alto. El rubio se acomodó un poco más en la silla. La rubia fue la primera en levantarse. —Voy a preguntar en enfermería. Alguien tiene que saber algo más que cinco palabras. —No te van a decir nada —dijo el mayor. —Ya sé. Prefiero que me digan que no a no preguntar nada. Cuando salió, el mayor se quedó mirando la puerta un rato, y después volvió a girar la tablilla y releyó las cinco palabras. \* \* \* Sarov siguió solo. Sin la luz roja marcándole dónde pisar le costaba más, y dos veces se volteó al oír algo, pero terminó siendo el viento en ambas. La muralla crecía un poco cada hora. La noche lo agarró otra vez afuera. Se metió en un hueco entre dos placas de concreto caídas y se envolvió en el abrigo y la tela plateada, con la práctica de la noche anterior, pero el frío igual se le metía por los bordes. Cerró los ojos, y en vez de buscar la presencia de Remiel pensó en la Alondra, midiendo ceniza en algún punto de la niebla. Se preguntó si una máquina podía sentirse sola. No hubo zumbido esa noche, ni reportes de estado cada quince minutos, y en algún momento se durmió.
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SoulShard (Novela) Capítulo 8

Estás leyendo el capítulo 8 de SoulShard (Novela), un novela. Perdió la memoria por mi culpa. Despertó entre las ruinas de un mundo que ya no es de los humanos, y yo sigo aquí adentro, compartiendo con él un cuerpo y un alma que no pidió. Detrás de las murallas lo espera un… Este capítulo tiene publicado el 1 de octubre de 2026. SoulShard (Novela) tiene 24 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.