Leer SoulShard (Novela) Capítulo 10 online gratis en español
Sarov se quedó en la plaza casi toda la mañana, mirando cómo se trataba la gente y dando vueltas sin rumbo. Pasado el mediodía, sintió que el cansancio lo volvía a consumir, y para disminuirlo eligió una calle cualquiera y siguió caminando.
Pasó junto a unos adolescentes sentados en unos escalones, que se reían de algo en la pantalla de uno de ellos, y Sarov sonrió a medias. Uno levantó la vista, lo reconoció y le dio un codazo al de al lado, y se callaron hasta que pasó.
Más adelante había sillas de plástico, casi todas ocupadas, e intrigado terminó sentándose en una del fondo.
Por la calle de al lado pasaron unos uniformados, apurados. Sarov los siguió con la vista hasta que una voz lo trajo de vuelta.
En una pantalla enorme, un hombre vestido de negro caminaba solo por un bosque cubierto de nieve.
—¿Quién queda de mí —decía— si nadie más me está pensando en este momento?
Vio el resto de la función inclinado hacia adelante. Cuando terminó y la gente comenzó a irse, un hombre se puso a plegar las sillas fila por fila.
«Qué entretenido», pensó Sarov.
Iba a levantarse cuando la pantalla cambió. Una reportera hablaba frente a un mapa sobre los cientos de portales que se habían abierto en las fronteras de la Coalición en China. Sarov la miró un rato, pero se aburrió y se fue.
Al tragar, sintió la garganta seca, y el hambre le recordó que no había comido en todo el día. El reloj de la salida marcaba las 5:34 de la tarde, y el frío ya se le colaba por la ropa para luego buscar dónde dormir.
\* \* \*
En lo alto de un edificio, en la terraza de un local, Mariya y la chica rubia conversaban.
—¿Qué crees que nos manden cuando se acabe la semana? —preguntó Mariya.
—Lo de siempre. Una zona para limpiar, algo para vigilar. —Se encogió de hombros—. Con lo de China, a lo mejor nos mandan para el sur.
—¿Y si él no aparece? ¿Qué hacemos? ¿Nos ponen a otro? ¿Nos reparten?
—No digas eso.
—Lo digo porque alguien lo va a decir.
—No sé. Que decida Rinne. —La rubia bajó la vista a la mesa—. Pero va a aparecer.
Mariya la miró mejor.
—Oye, Anya, ¿te pintaste de nuevo el pelo?
—Me queda bien, ¿no? —Anya sonrió y se acomodó un mechón—. Las puntas de verde, pensé que me quedarían bien.
—Yo pensé que serían de rojo esta vez.
—Sí, sí, como digas.
Bajaron juntas y se despidieron en la puerta del edificio, y Mariya comenzó a caminar hacia su casa.
«Quiero verlo.»
Al cruzar una pasarela elevada, miró hacia el horizonte, un poco más abajo, y vio algo familiar caminando entre la gente. Los ojos se le encendieron de un azul tenue, pero para entonces la figura ya se había metido en un callejón.
Mariya se llevó la mano a la frente y soltó el aire.
\* \* \*
Sarov abrió los ojos entre dos contenedores de basura, encogido de frío, y el mundo se le movía.
—Disculpe, joven, ¿qué está haciendo ahí?
Una anciana con una bolsa de tela al brazo estaba parada frente a él, y al mirarlo mejor le cambió la cara.
—Ay, pero si es el Líder de Pelotón Sarov. Disculpe usted, no lo había reconocido con esa ropa.
Sarov se agarró la cabeza.
«Líder de pelotón. ¿No saben decir nada más de mí?»
Soltó un quejido, porque todo le seguía girando, y cuando la miró, ella apretó la bolsa contra el pecho y retrocedió.
—Siento molestarlo. Que tenga buen día.
Se fue apurando el paso.
Sarov se puso de pie, mareado y con hambre. La calle estaba casi desierta, y de vez en cuando el suelo vibraba bajo sus pies.
Caminó lentamente hasta que las piernas ya no quisieron seguir, y justo ahí le llegó un olor a comida desde un local con vapor en la vitrina. Una campanita sonó cuando abrió la puerta. Adentro, una chica acomodaba las mesas.
—¿Tienen algo para comer? —preguntó desde la entrada.
Ella no cambió mucho la cara cuando lo vio bien. Era bajita y pálida, con el pelo negro desordenado cayéndole sobre unos ojos azules.
—Puedes elegir lo que quieras. La sugerencia del día son los syrniki con miel de bayas rojas y un té de hierbas de la zona, si te gusta algo dulce para arrancar el día.
Entró y buscó algo en el local, y encontró algo que le interesó.
—¿Qué es eso?
Ella lo miró.
—Tortitas de queso, fritas, con algo dulce arriba. Te va a gustar.
—Eso mismo —dijo Sarov enseguida.
La chica gritó el pedido hacia la cocina y le señaló una mesa cerca de la ventana.
—Siéntate ahí, ya te traen todo.
Sarov fue a sentarse y se quedó viendo la pantalla de la pared, donde pasaba un anuncio de algo que se hacía llamar la Coalición. Decía: Explorar. Expandir. Conquistar de nuevo lo que alguna vez fue de todos. Detrás, un mapa mostraba las franjas del mundo todavía fuera de control en rojo, mucho más grandes que las pintadas de verde o azul.
Desde la barra, la chica lo miraba de reojo. Frunció el ceño intentando reconocerlo, y al final se rindió y siguió con las mesas.
La misma chica le trajo unas tortitas doradas bañadas en miel roja y un vaso de té. Sarov la miró, tomó los cubiertos y comenzó a comer rápido, sin mucha cortesía.
A dos mesas de la suya se sentaron una mujer de abrigo gastado y un niño pequeño. Pidieron lo mismo que él, y el niño tiró de la manga de su madre.
—Pero mamá, nosotros no tenemos dinero.
—Tranquilo, hijo. —La mujer sonrió—. Aquí no cobran por esto. Lo cubre la Coalición.
El niño bajó la vista a la mesa, y Sarov se preguntó si él tenía dinero en algún lado.
—Gracias por la comida. —Sarov miró a la madre y al niño—. ¿Tengo que pagar algo?
—Nada, tranquilo. Aquí no paga nadie. —Miró a la familia, que ya estaba saliendo—. Como ellos.
Él se le quedó mirando.
—¿Cómo te llamas?
—Eh... —Parpadeó—. No tengo nombre, pero todos me llaman Emma. ¿Y tú?
—Sarov.
Emma se le acercó, y Sarov se echó un poco para atrás mientras ella intentaba verlo bien.
—Te pareces un poco al desalmado —dijo, alejándose.
«¿Desalmado?»
—Intenta cubrirte esas cicatrices de la cara. —Se subió la manga, se despegó del antebrazo un injerto magnético y le mostró la cicatriz que tapaba antes de volver a ponérselo—. Así la gente no te mira tan raro.
—¿Por qué?
—Últimamente ha habido tanto movimiento que la gente anda paranoica, y les tienen miedo a los mismos protectores de la Coalición. —Alzó los hombros—. Es mejor no meterse en problemas.
Cuando él se levantó, ella se puso a recoger los platos.
—Gracias, Emma.
—Vuelve pronto, Sarov —le dijo sin voltear.
Salió de vuelta al frío, con la campanita sonando detrás.
Caminó el resto de la mañana por calles que no había visto. Pasó por un mercado, y más allá unos niños jugaban con una pelota. Un vendedor viejo le sostuvo la mirada y le hizo un gesto con la cabeza.
Más adelante cruzó una plaza pequeña con la estatua de un soldado, gastada hasta perder la cara, y unas flores secas al pie.
En un callejón angosto, una chica rubia de puntas verdes se llevaba un cigarrillo a la boca. Alzó los ojos hacia él y se le cayó de los labios, pero el encendedor siguió prendido en su mano.
Sarov notó su presencia y se quedó esperando algo de ella.

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SoulShard (Novela) Capítulo 10
Estás leyendo el capítulo 10 de SoulShard (Novela), un novela. Perdió la memoria por mi culpa. Despertó entre las ruinas de un mundo que ya no es de los humanos, y yo sigo aquí adentro, compartiendo con él un cuerpo y un alma que no pidió. Detrás de las murallas lo espera un… Este capítulo tiene publicado el 3 de octubre de 2026. SoulShard (Novela) tiene 24 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.