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Leer SoulShard (Novela) Capítulo 14 online gratis en español

Esa noche, dormido junto a Mariya, Sarov estaba de pie en una fila larga. El frío le calaba las botas. La fila se perdía a los dos costados de un espacio circular, largo y enorme, rodeado de pilares altos que no sostenían ningún techo en particular, y por entre ellos caía la nieve sobre el mármol. Tenía un hueco en el pecho, y el frío no alcanzaba a taparlo. Miró de reojo, sin mover la cabeza. Las caras a su lado no le decían nada: desconocidos borrosos, con el mismo uniforme que el suyo. Solo una cara se le quedó clara entre todas: era Anya, más joven, y todavía sin las puntas verdes. El resto miraba al frente, rígido. Ella no: se mordía el labio y movía los ojos de un lado a otro de la formación. Un hombre pasó por delante de la formación, con pasos largos y tranquilos que hacían crujir la nieve. Era alto, con el pelo ya canoso, con una cicatriz que le cruzaba la cara en diagonal. Se paró frente a todos con las manos atrás. —No veo héroes —dijo. Hablaba bajo, pero se le oía hasta el fondo de la fila—. Veo escudos. —La meta no es sobrevivir —siguió—. La meta es asegurarse de que, cuando llegue el momento, la muerte de cada uno compre tiempo para otro. A un lado de Sarov, alguien empezó a temblar, paró y volvió a temblar. Recorrió la fila despacio, mirándolos uno por uno. —Ahí afuera no hay nada que negocie, que dude, o que se canse. Lo que cruza la muralla no entiende de rendición, y ustedes tampoco van a poder entender de eso, a partir de hoy. Algunos ya mataron algo antes de esto. La mayoría todavía no. Da lo mismo. La primera vez se siente distinta a las demás, pero si se hace bien, se mata igual de rápido. El hombre volvió a detenerse, esta vez cerca del centro de la fila, a un par de cuerpos de donde estaba Sarov. —Van a tener miedo. Es lo único que les puedo garantizar, junto con la muerte. El miedo no es el problema. El problema es dejar que decida por ustedes justo cuando a otro no le quede nadie más cubriéndole la espalda. —Esto no los hace más fuertes por separado —agregó—. Los hace más fuertes juntos, o no los hace nada. Un escudo solo no cubre a nadie, más que a sí mismo. —Cuando escuchen su nombre, den un paso al frente. A partir de hoy son el Pelotón 44. Se volteó hacia otro hombre, flaco, con una tablilla en las manos, que empezó a leer nombres. Con cada uno, alguien daba un paso al frente, siempre lejos de donde estaba Sarov. Anya dio el paso. Más allá, alguien con gafas avanzó sin apuro. Otro, más alto que casi todos ahí, dio un paso largo. Fue el único que sonrió, apenas, antes de acordarse de que no tocaba y borrársela de la cara. Una chica con parche en el ojo dio el suyo con la espalda recta y el gesto firme. El paso de la más joven de todos fue mínimo, tragado enseguida entre los hombros de los demás. El último antes de Sarov tenía el pelo rubio corto, los nudillos rojos y los ojos perdidos más allá de la formación, en algún punto de la nieve que nadie más miraba. Hasta que al flaco le quedó un solo nombre. Buscó entre todos hasta dar con Sarov y lo miró directo, con la misma calma que había usado con los demás. —Sarov Iskrov. Sarov dio un paso al frente. —Líder de Acción —agregó el flaco—. Responde por los demás. Apagó la tablilla. Sarov abrió los ojos. Estaba en la cama del apartamento. Todavía era de noche. Le seguía el frío en los pies aunque los tenía calientes bajo las sábanas, y tardó en creerse que ya no estaba en la nieve. A su lado, Mariya se había volteado mientras dormía y tenía la cara hacia él. La almohada había quedado metida entre los dos. Sarov corrió la almohada y abrazó a Mariya, acercándola a él. Ella, dormida, acomodó la cabeza. ◆ ◆ ◆ Ya de mañana, Anya se sentó a una mesa de metal afuera de un local pequeño, con dos cafés y un pan sobre la mesa. Enfrente tenía a Dmitry, el más alto del pelotón, el de los puños en llamas, con el pelo negro de puntas rojizas peinado hacia atrás. Ella llevaba un abrigo afelpado con el cuello alto, tapándole media cara contra el frío. —Tengo que contarte algo —dijo Anya con la taza entre las manos—. Es sobre Sarov. —¡¿Ehhh?! ¿Qué pasó? ¿Está bien? —Tiene amnesia. Dmitry se enderezó en la silla de un tirón. —¿En serio? O sea... ¿en serio lo de la amnesia? —Katelin lo revisó. —Anya partió un pedazo de pan y lo dejó en el plato—. Es grave. Fue como hablarle a alguien que nunca me conoció. A Dmitry se le fueron los ojos al vapor de su café. —Voy a pasar por las oficinas en un rato —siguió Anya—. Reportarlo con la secretaria, para que le llegue a Gamesha. —Se encogió de hombros—. Con lo de la memoria, dudo que pueda seguir en el pelotón. —Qué lástima. —Dmitry se recostó contra la silla—. ¿Y cómo es? El Sarov nuevo. Anya se tomó un segundo. —Se siente más vivo —dijo con cuidado—. Si no tuviera amnesia y se quedara con esta personalidad de todos modos, sería mucho mejor. Dmitry asintió. —¿Te vas a comer ese pan? —preguntó, ya con la mano estirada—. Tengo hambre. —¿Me estás robando la comida? —Anya levantó una ceja. —Sí —dijo Dmitry, y ya se lo estaba comiendo cuando lo dijo. Anya se sacudió las migas del abrigo y se puso de pie. —Bueno. Voy yendo. —Espera. —Dmitry se levantó también—. Te acompaño. —¿No tienes nada mejor que hacer que seguirme? —Si voy a perder el tiempo, prefiero perderlo bien. Anya se rió bastante. —Qué molesto, eh. Salieron caminando. —Nos quedan dos días —dijo Anya, con la vista hacia arriba—. Después se acaba la diversión. —No lo digas así. —Dmitry sonó casi ofendido—. Después no puedo disfrutarlos. —¿Notaste las calles? —preguntó Anya—. Últimamente hay menos patrullas de lo normal. —Sí. Menos seguridad de la que solía haber, en varias zonas. Lo noté hace unos días. Llegaron a un edificio alto de fachada gris, sin cartel. Un arco angosto los escaneó al entrar y leyó sus identidades en un segundo. Anya Kovalenko. Dmitry Zhang. Adentro, la mujer del mostrador los reconoció enseguida. Era joven y morena, de ojos negros. —Vengo a reportar algo —dijo Anya, apoyando las manos en el mostrador—. Sobre el pelotón. —Si es por la seguridad de la ciudad, no hace falta —contestó la mujer, con la respuesta ya lista—. La mayoría de los pelotones se están replegando hacia el sur. Hubo un ataque masivo de portales, cien kilómetros a la redonda, cerca de la frontera. Rinne ya dio indicaciones. No hay nada de qué preocuparse aquí. Anya miró a Dmitry de reojo. —No es por eso —dijo él—. Es otra cosa. Sonó un teléfono. La mujer se disculpó con un gesto rápido y lo atendió, dándoles la espalda. —¿Sí? Una voz tranquila de alguien viejo le contestó del otro lado. —Hay un caso nuevo que atender. Pelotón 44. Al oír "pelotón", la mujer se dio la vuelta hacia Anya y Dmitry con la llamada abierta. —¿Qué ocurre con ellos? —preguntó con el teléfono todavía pegado a la oreja. Anya y Dmitry se quedaron quietos. La mujer no les estaba hablando a ellos, pero tampoco los había dejado de mirar. Dmitry hizo el gesto de decir algo. Anya le tocó el brazo y él se calló antes de empezar. —El líder del pelotón, Sarov, tiene problemas de amnesia —dijo la voz, sin ninguna urgencia—. Bajo órdenes de Rinne, hay que empezar el Protocolo de Reintegro, nivel tres. Tengan paciencia con ellos. Coméntaselo a Gamesha por encima, él va a saber cómo resolverlo. —Entendido —contestó ella. Tardó en decirlo. —Nos vemos, Fiona. Cortó antes de que ella llegara a preguntar nada. —¿Quién es? —preguntó, aunque ya no había nadie del otro lado—. ¿Cómo tiene mi contacto directo? Colgó y esperó con la cara abajo. —Perdón. ¿Qué era lo que me querían decir? —preguntó, sonriendo otra vez. —Es sobre nuestro líder de pelotón —empezó Anya—. Tiene amne... —Eso ya se está resolviendo internamente —la cortó—. No se preocupen. La mujer se despidió con la misma sonrisa hasta que los dos cruzaron la puerta. Solo entonces la dejó caer. Revisó el registro de llamadas del teléfono. Estaba vacío: ni una entrada, ni un número. «¿Cuánto poder hace falta tener, para llegar a esto?» ◆ ◆ ◆ En otra parte, en una oficina, un hombre flaco, de pelo castaño claro peinado hacia atrás y traje impecable pasaba reportes en una tablilla, uno detrás de otro. Uno traía tres líneas: amnesia, líder del Pelotón 44, confirmado por canal directo. Lo leyó y siguió de largo. Pasó dos más. Después volvió atrás y lo dejó marcado aparte. —Interesante —dijo Gamesha Wolfgang, y siguió con los demás.
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SoulShard (Novela) Capítulo 14

Estás leyendo el capítulo 14 de SoulShard (Novela), un novela. Perdió la memoria por mi culpa. Despertó entre las ruinas de un mundo que ya no es de los humanos, y yo sigo aquí adentro, compartiendo con él un cuerpo y un alma que no pidió. Detrás de las murallas lo espera un… Este capítulo tiene publicado el 17 de octubre de 2026. SoulShard (Novela) tiene 24 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.