Leer SoulShard (Novela) Capítulo 13 online gratis en español
Se quedaron abrazados un rato largo en el cuarto blanco de la zona B, con Anya esperando en la puerta sin decir nada. Después Mariya se despegó para mirarlo a la cara.
—¿Cómo estás? ¿Dónde estabas? ¿Te hicieron algo? ¿Por qué no...
Sarov levantó una mano y le tocó la mejilla, suave.
—Estoy bien.
Mariya se dejó caer de rodillas, con las manos apoyadas en las piernas de él.
—Qué bueno...
Sarov bajó la vista hacia ella.
—Tú eres Mariya, ¿verdad?
Ella levantó la cabeza.
—¿Ah?
Mariya se volvió hacia Anya, que desvió la mirada, y Sarov las miró a las dos un par de veces sin entender.
—No se acuerda de casi nada —dijo Anya—. Lo encontré en un callejón...
—Eso mismo. —Sarov, algo emocionado, señaló a Anya—. Ella estaba ahí con algo que alumbraba y sacaba humo.
Mariya los miró a los dos, con la boca entreabierta.
—¿Fumando? —Se giró hacia Anya—. ¿Tú fumas?
Anya se encogió de hombros.
—Espera. Un segundo. —Mariya cerró los ojos y respiró hondo—. Sarov, ¿qué pasó? O mejor... ¿de qué te acuerdas?
Sarov le contó lo mismo que le había dicho a Anya, esta vez con más detalle. La película que había visto en la pantalla grande de la calle, el paisaje que no reconocía, los edificios que no sabía nombrar.
Mariya lo escuchó hasta el final y asintió.
—Perdió la memoria.
Mariya miró a Anya, y la decepción le cruzó la cara.
—No hay problema —dijo después—. Avísale a Gamesha. Que haga una investigación como corresponde.
Salieron del edificio los tres, y en los pasillos más de uno se quedó mirando a Sarov sin disimular, con su ropa negra arrugada y los ojos yendo de un lado a otro. Anya se despidió apenas cruzaron el último arco, con un gesto de cabeza.
Mariya tomó a Sarov de la mano para guiarlo. Él caminaba atrás, mirando por sobre el hombro.
—¿Cómo has estado? —preguntó Mariya, después de un rato.
—Feliz. Comí algo delicioso hoy. Y dormí un rato sin frío.
Ella le apretó la mano más fuerte.
Sarov la fue mirando más de cerca. La mirada que recordaba había sido más brillante, más juguetona. Esta estaba cansada. El pelo tampoco encajaba: en el recuerdo era liso, y ahora lo tenía desordenado. Se sentía raro a su lado.
Siguieron caminando. Mariya le preguntaba cosas sueltas —si se acordaba de tal lugar, de tal día— y Sarov contestaba con lo poco que tenía: un "quizás", un "tal vez", un "no sé mucho".
A mitad del camino, un fragmento se le vino solo. El espacio blanco, Remiel, y entre destellos sueltos la rubia que disparaba con dos pistolas en la nieve, la misma que lo había encontrado en el callejón. «Pelotón», pensó.
—¿Tú también eres del pelotón?
Mariya giró apenas la cabeza.
—Sí.
Después de eso, el resto empezó a acomodarse, pieza por pieza. Solo faltaba ella. ¿Por qué no había estado ahí, ese día?
Aquel día en la nieve, cuando el agujero de Baikal se llenó de esas cosas y el pelotón entero peleaba a su lado, ella no aparecía en ninguna parte.
Se quedó con la pregunta encima, mirándola de costado, y pensó que era demasiado bonita.
¿Bonita?
Tal vez era confusión. La mano de ella en la suya se sentía bien igual.
Llegaron a un edificio alto con una recepción que brillaba de limpia, y desde el mostrador los saludó un hombre de traje, entre pantallas que flotaban en el aire.
—Srta. Sokolova y Sr. Iskrov. Bienvenidos de vuelta.
Sarov paró en seco. Era otro más que lo conocía, y él no tenía idea de quién era.
—¿Nos conocemos?
El hombre no llegó a contestar: Mariya ya lo estaba llevando del brazo hacia el ascensor.
Sarov alcanzó a mirar atrás. El recepcionista ya había vuelto a sus pantallas.
Subieron por un ascensor con una pared de vidrio y la ciudad desplegándose abajo. Sarov miró sin apuro, reconociendo tramos de calles que había caminado ese día. Visto desde arriba, el lugar se veía mejor de lo que había imaginado.
Cuando se volteó, Mariya estaba apoyada contra la pared del ascensor, con los brazos cruzados. Lo miraba a él.
En el piso veinte, Mariya apoyó el pulgar en la puerta del 220 y se abrió.
—Entra —dijo, empujando la puerta—. Este es tu hogar.
Sarov se quedó un momento en el marco, mirando adentro antes de animarse a pisar.
Adentro, todo estaba ordenado. En la sala había un sofá, un televisor grande colgado en la pared y, más allá, una cocina con una barra. Solo la cama en la esquina estaba fuera de lugar, con las sábanas revueltas y el cubrecama a medio caer al piso.
Mariya ya se estaba cambiando, sacando ropa más cómoda de un cajón. Tenía la mirada triste.
—Ve a bañarte —le dijo sin voltearse—. Estás medio sucio.
Sarov, apenado, desvió la vista.
—¿Dónde?
Ella señaló una puerta y siguió cambiándose.
Sarov le hizo caso y cruzó el pasillo. En el camino encontró fotos colgadas en la pared. En una, él miraba a la cámara. Al lado, Mariya sonreía.
Después se miró al espejo del baño: un cambio pequeño en la forma de la boca, en cómo tenía las cejas. Pensó en la anciana de esa mañana, que casi no lo había reconocido, y en Emma, que le había dicho que se parecía un poco al desalmado.
«Puede que sea cierto», pensó.
Se quitó la ropa sucia y se metió a bañar.
Cuando salió, Mariya estaba tirada en el sofá, ocupándolo de punta a punta, viendo noticias de último momento sobre los portales de China. Sarov se quedó parado, mirándola.
Ella lo notó.
—¿No te vas a cambiar?
—No tengo ropa.
Porque había salido del baño desnudo y goteando.
—Ugh. —Mariya se llevó una mano a la cara—. Las puertas grandes. Ahí está la ropa.
Sarov abrió las puertas dobles. Adentro, casi toda la ropa era oscura y lisa. La de Mariya, colgada al lado, tenía más color. Eligió lo más simple: un bóxer blanco y una camiseta negra que le quedaba grande.
—Y ponte desodorante —dijo Mariya, sin apartar los ojos de la pantalla.
—Ya.
—Y limpia el reguero que dejaste.
—¿Cómo?
—Que limpies el... Da igual. Lo hago mañana.
Sarov todavía miraba el reguero de agua que había dejado en el piso cuando Mariya encogió las piernas y le hizo un lugar a su lado en el sofá.
—Sarov, ven aquí. —Lo llamó con la mano.
Se sentó, y mientras la luz de afuera se iba apagando se fue relajando, hasta que empezaron a pesarle los ojos. Cuando Mariya se dio cuenta, apagó el televisor y se fueron a la cama.
Ella se envolvió con una sábana gruesa y alargó un brazo para apagar la lámpara de la mesa de noche. Quedó la luz de la ciudad, colándose gris por una rendija de la cortina.
—Buenas noches.
Sarov no supo si había una respuesta correcta para eso. Terminó diciendo lo mismo.
Se acostó a su lado y, poco a poco, se durmió en su nuevo hogar.

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SoulShard (Novela) Capítulo 13
Estás leyendo el capítulo 13 de SoulShard (Novela), un novela. Perdió la memoria por mi culpa. Despertó entre las ruinas de un mundo que ya no es de los humanos, y yo sigo aquí adentro, compartiendo con él un cuerpo y un alma que no pidió. Detrás de las murallas lo espera un… Este capítulo tiene publicado el 17 de octubre de 2026. SoulShard (Novela) tiene 24 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.