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Leer Soma, Psyche & Pneuma (Novela) Capítulo 3 online gratis en español

Hace ya un tiempo que se pierde en la eternidad —millares de millones de años, tal vez, aunque tal cifra resulta ridículamente exigua—, todo cuanto existía estaba envuelto en un blanco radiante, un fulgor que desbordaba colores imposibles, colores que ningún ojo mortal podría jamás soportar. Aquel era el estado anterior a la creación, el todo anterior al todo, la existencia anterior a la existencia misma. Siempre hubo un algo; nunca, jamás, hubo nada. Y ello se debía, ante todo y por encima de todo, a que Elyon lo era todo. Era lo visible y lo invisible, era la sustancia misma de la existencia; un ser que no requería principio alguno, porque él mismo era la Causa Primera, el motor inmóvil de todas las cosas. Sin embargo, por un amor tan desmesurado que rayaba en la locura divina, decidió hacerse más pequeño. Tan pequeño que parecía una simple monada, un átomo espiritual, un punto esencial sin el cual nada de lo que llamamos vida podría sostenerse siquiera un instante. Difícil resulta describir con precisión la apariencia y la textura de aquella monada, mas imposible es olvidar lo indispensable de su ser. No poseía forma física, ni extensión, ni partes; era, más bien, independiente de todo cuanto existe. Un ser de armonía perfecta, inmutable, universal y esencial: la primera unidad del cosmos, el núcleo indivisible del que todo lo demás habría de nacer. De él emanaron otras esferas más pequeñas que servían de estructura misma de la existencia; a tales esferas se les llamó eones. Estos eones eran entidades dotadas de voluntad propia, cada una con su contraparte exacta para mantener el equilibrio perfecto del cosmos. En el principio, antes de toda jerarquía, existieron ocho eones primordiales. Tanto la entidad masculina como la femenina se hallaban sincronizadas en pensamiento y en voluntad, actuando como una sola respiración eterna. Y de aquellas dos primeras emanaciones, las demás fueron naciendo, tal como si una jerarquía celestial se estuviera tejiendo con hilos de luz y de sombra, una tras otra, en un orden que parecía dictado por la misma necesidad del infinito. El tiempo pasó… hasta su nacimiento. El último de ellos. Femenina. Sin embargo, resultaba extraño afirmar que pareciera un eón, pues carecía por completo de su naturaleza y de su funcionalidad, como si se tratara de algo enteramente nuevo, aunque envuelto en un velo de misterio inquietante. Tras el nacimiento de aquella esfera, una voz grave resonó, expandiéndose en ecos por todos los confines posibles, y sonaba serena, casi paternal: —Hija mía. —¿Eh? ¿Quién habla? —La esfera, como era de suponer, carecía de cuerpo perceptible; era abstracta en el sentido más absoluto de la palabra. Su voz, no obstante, conservaba la inocencia pura y cristalina de una niña—. ¿Por qué no puedo verte? ¿Por qué me has llamado hija? ¿Qué soy? Aún no poseía la capacidad de monologar; solo podía dialogar. Por tanto, en medio de aquella oscuridad que la luz cegadora tornaba aún más impenetrable, Elyon continuó: —Estás confundida. Eres una recién nacida. No te preocupes, te explicaré lo necesario. Yo soy tu creador. Aunque naciste a partir de tus hermanos, ellos nacieron de mí; por eso formas parte de mí. Soy padre y madre de la existencia. Soy todo y nada, uno y varios, yo y tú. Tu nombre es Nymssarä, y además tienes un propósito. —¿Un propósito? ¿Tengo hermanos? —Sí, tienes hermanos. Sí, tienes un propósito. ¿Me escucharás? Ella dudó, envuelta en una confusión que le resultaba completamente nueva. El sentimiento que emergía de su ser era novedoso y, al mismo tiempo, extasiado. No se trataba de un solo sentimiento, sino de muchos, que se arremolinaban como una tormenta naciente en su interior. —Sí. —Hija mía, eres más necesaria de lo que crees. De hecho, eres fundamental en la jerarquía de las cosas. Así como la existencia es perfecta porque proviene solo de mí, conceder a los seres la felicidad definitiva les arrebata todo propósito. ¿Cómo traer un verdadero equilibrio cuando no existe la capacidad de elegir? —Agh, esto es tan complicado… —su voz se volvió más temblorosa, como si aquellas palabras la asfixiaran—. Entonces, ¿a qué te refieres con traer un verdadero equilibrio? —Oh, míralo así. Si todo el cosmos estuviera libre de dificultades, viviendo plenamente en la felicidad y el éxtasis constantes, entonces se volverían plenos, incapaces de disfrutar la verdadera belleza de la vida. Si tuvieran soluciones instantáneas, el esfuerzo dejaría de existir. Si solo hubiera bien, ¿qué sentido tendría otorgarles voluntad a los hombres si siempre elegirían el mismo camino? Por ello, el cosmos necesita un equilibrio y una elección genuina. Su voz se volvió más grave, aunque no por ello menos autoritaria: —Por ello el cosmos fue creado así. Ves dolor y sufrimiento en la naturaleza, pero sin ese dolor y sin ese sufrimiento, la simple alegría de vivir y de existir desaparecería. Por eso existen huracanes, muertes de estrellas, bacterias y enfermedades. ¿Dónde está la alegría cuando solo la alegría existe? —No conozco mucho de esta realidad… porque apenas nací. Pero eso que hablas… huracanes, volcanes, muerte de estrellas… ¿y qué hay del sufrimiento extremo? Si eres invencible… ¿por qué limitarte a este mundo y hacer que todo sea perfecto? Que el mortal aprecie el bien incluso si no hay otra opción… ¿Y qué hay si un huracán mata personas? Tú lo ves como necesario; ellos, quizás, como tragedia. Elyon no respondió. No porque careciera de respuestas —pues lo sabía todo—, sino porque prefería dejar que el tiempo, ese vaso lleno de agua, descendiera lentamente hasta revelar su propio fondo. Y al fin dijo: —Si tuviera que darte las respuestas ahora, ¿qué lógica habría en que lo supieras todo de inmediato, si luego no apreciarías la belleza del mundo? Si observas por ti misma, hallarás tus propias respuestas. Nymssarä se quedó en silencio. —Por eso te he dado una misión. —¿…Una misión? —Sí. Ciertamente, en lo más hondo de su ser aún dudaba. Parecía, por momentos, que Elyon careciera de paciencia —aunque su paciencia fuera infinita—, y más bien buscaba algo cuya naturaleza resultaba difícil de comprender. —Eres crueldad y eres equilibrio. Eres aquello que mantiene la balanza exactamente en la mitad.
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Estás leyendo el capítulo 3 de Soma, Psyche & Pneuma (Novela), un novela. 【 _«Todo es por una buena causa, todo es un plan de Elyon»._ Durante milenios, el eón Nymssarä cumplió con fidelidad absoluta su mandato divino: ser la crueldad indispensable para sostener el equilibrio del cosmos. Sin… Este capítulo tiene publicado el 15 de junio de 2026. Soma, Psyche & Pneuma (Novela) tiene 7 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.