Leer Soma, Psyche & Pneuma (Novela) Capítulo 2 online gratis en español
Allí, sumida y recostada sobre la superficie de aquella agua cremosa que parecía retenerla en un cautiverio denso y viscoso, carecía su pecho de respiraciones abundantes, de la misma manera que resultaban nítidos, por la pura fuerza del contraste, los latidos intermitentes de su núcleo, los cuales resonaban como un metrónomo lúgubre en el eco vacío y tormentoso de su confinamiento; mas cabe declarar que en medio de dicha soledad, en una consideración más ajustable a la realidad de su estancamiento, ella parecía hallarse, más que en un místico trance, poseída por la manifestación más elemental y terrible de la desidia: un aburrimiento absoluto e inmortal. Por tanto, pensaba con una voz interior cuya cadencia carecía por completo de emoción, despojada de cualquier vibración sensible, semejante al engranaje frío que mueve a una máquina en la penumbra de un taller abandonado:
«No puedo moverme. Más bien, no quiero ni deseo, sobretodo, alzar mi cabeza. De nada sirve... estar buscando algo donde solo hay negrura. No veo nada. No escucho nada. No puedo sentir otra cosa más que la tinta pegándose a mí, reclamándome, tomándome como suya. Pero, quizás, mirándolo bien, sea culpable de mi dolor. ¿He jugado a ser Dios? Nunca quise serlo, pero me he dejado llevar. A pesar de pasar milenios en este labor, sigo comportándome de manera infantil. Y ahora, estoy sola, aquí, en un vacío donde mi voz es mi propio tormento.»
Y entonces, con la lentitud geológica de quien ha olvidado el movimiento mismo, alzó una mano que parecía tallada en la misma sustancia del olvido y la hundió en la cascada sedosa de su cabello, primero con una suavidad casi sacrílega, como si temiera profanar el último vestigio de belleza que aún le pertenecía; mas aquella caricia inicial se fue tornando insidiosa, profunda, voraz, hasta que sus dedos se cerraron como garras de titán caído sobre las raíces mismas de su cráneo, y con un furor que hacía temblar los cimientos del vacío, comenzó a arrancarse mechones enteros en un acto de autodestrucción cósmica, como si quisiera desarraigar de su propia cabeza la soberbia, la crueldad y la destrucción que ahora reconocía como las tres columnas que sostenían su ser desde el principio de los tiempos. El dolor ascendió como un río de fuego negro, un suplicio tan absoluto que por un instante creyó que incluso la eternidad se quebraría; sin embargo, el grito que brotó de su garganta no fue de liberación, sino de una ira tan antigua como el primer pecado, un alarido que reverberó en el abismo y regresó multiplicado, burlándose de ella; y tan insoportable resultó aquella agonía que, al fin, exhausta, soltó la presa, dejando que los mechones ensangrentados flotaran como algas muertas en la leche espesa del agua, mientras su único ojo vacío, ese pozo sin fondo donde antaño ardieron galaxias enteras, se alzaba lentamente hacia la nada.
«¿O es que acaso no he fallado ya de antemano? Cuánto más lo pienso, menos dudas tengo. Soberbia; crueldad; destrucción; tales adjetivos me describen de pies a cabeza cual hechas para mí pareciesen. Y sin embargo… me duele saber que más allá de todo eso, el creer que había algo, quizás, distinto, una esencia contraria… sea solo otra de mis ilusiones. Una ilusión definitiva.»
Quizás, como deidad que era, no tenía una funcionalidad del todo explicable para las mentes mortales ni siquiera para la suya propia; mas suficiente es de decir que continuó caminando hacia adelante, paso tras paso mecánico y eterno, pese a que nada cambiaba jamás. La ruta seguía siendo oscura, profundamente asquerosa, pegajosa de tinta y podredumbre, sin chispa alguna de una puerta, de un próximo ayudante, de una salida, de una esperanza.
Y más bien ella parecía haber aceptado, con la resignación más negra y definitiva, la condena de caminar sin motivo —por inexistente que fuera aquel motivo— por el resto de la eternidad, convertida en un espectro errante dentro de su propio infierno de leche y sombra, donde cada paso no era más que la confirmación de que el verdadero tormento no era el dolor, sino la certeza de que nunca, jamás, habría fin.
No obstante, una anomalía trizó la hegemonía de la tiniebla: un enjambre de destellos multicolores que orbitaban en una desincronía frenética, herrumbrando la oscuridad con el brillo venenoso de cientos de esferas de un flúor intenso. Cada punto parpadeaba con el ritmo de un corazón enfermo. Fuese porque la cordura se había esfumado al fin o porque el vacío mismo engendraba sus propias aberraciones, aquellas esferas hablaron. Eran voces resonantes, corales, que emergieron del vientre de la nada para pronunciar un veredicto:
—Nymssarä, Nymssarä.
Ella no gritó, ni se detuvo; la pregunta brotó de su garganta como un eco seco, demandando saber qué clase de espectros compartían su condena:
—¿Quiénes son?
—No lo sabemos —replicaron al unísono, y cada palabra fenecida arrastraba un eco invisible que se prolongaba durante segundos en la nada—. Ni siquiera estamos hablando; no eres más que tú misma, buscando desesperadamente un vestigio de compañía. Así es: estás sola, maldita sea tu estirpe, irremediablemente sola. Es una verdad trágica, mas no por ello debes desposar a la desesperación. Al contrario, en el desierto es donde el espíritu se yergue. Lucha, resiste. Desbanca la tristeza, pues terminará por devorarte.
—Entonces...
En mitad de aquel silencio sepulcral, una anomalía magnética cautivó su mirada: una esfera, diminuta como un guijarro cósmico, que titilaba en un tono azul eléctrico, casi violento.
—¿Entonces, qué es lo que buscan aquí?
—Solo somos embriones de la no-existencia, Nymssarä. Carecemos de valor para la creación... todavía. Somos destellos incorpóreos que aguardan el decreto del Creador —hubo una pausa breve, antes de que el coro añadiera con una gravedad reverente—: Pero tú, en cambio, posees una herencia fecunda. No deberías consagrarte a las tinieblas. Elyon ha trazado grandes diseños para tu destino; de ello estamos seguros.
—Ya veo.
Nymssarä extendió la mano y aprisionó el orbe azul que la había hechizado, envolviéndolo en el cuenco de sus palmas de mármol virgen. Le habló entonces con una serenidad sepulcral, una calma que contrastaba con los vestigios de su antigua ira:
—¿En qué te convertirás cuando el tiempo despierte?
—Nadie lo sabe. Por eso habitamos la vigilia, esperando la orden. Anhelamos conocer nuestra función y, al fin, otorgar un peso al cosmos. ¿Acaso tu voluntad no persigue el mismo fin?
—Sí, en parte. Era lo que buscaba antes de desviarme del camino.
—¿Cómo dices?
—Ahora mismo solo soy yo, confinada en esta penumbra paralizante. Pero el frío ya no es absoluto: ya no me siento sola —un destello infinitesimal, apenas una chispa de lucidez, se encendió en el fondo de su pupila—. Pero hay un enigma que me intriga: ¿es aquí donde engendra su nido la no-existencia, para luego adquirir sustancia una vez que Elyon los reclama?
—Así es. Él es el Alfa y la totalidad. Su aliento nos otorga un propósito, pues todo ser dotado de conciencia exige una justificación para su marcha. De lo contrario, la existencia es un abismo sin norte. Y si no hay un fin, ¿para qué prolongar el calvario de la vida?
Nymssarä se mantuvo inmóvil, convertida en una estatua de carne y pensamiento, sopesando las palabras del coro. Luego, como si aquel orbe fuese el huevo de una criatura celestial, deslizó sus dedos sobre la superficie pulida y perfecta de la luz.
—¿Cuál es tu origen? —inquirió la esfera, cuya vibración latía ahora contra su piel.
—¿El mío? —un titubeo ajeno a su naturaleza quebró su voz—. Según recuerdo... yo también fui una vez como tú. Una esfera en la nada.

Continúa leyendo
Soma, Psyche & Pneuma (Novela)
Capítulo 3
Soma, Psyche & Pneuma (Novela) Capítulo 2
Estás leyendo el capítulo 2 de Soma, Psyche & Pneuma (Novela), un novela. 【 _«Todo es por una buena causa, todo es un plan de Elyon»._ Durante milenios, el eón Nymssarä cumplió con fidelidad absoluta su mandato divino: ser la crueldad indispensable para sostener el equilibrio del cosmos. Sin… Este capítulo tiene publicado el 14 de junio de 2026. Soma, Psyche & Pneuma (Novela) tiene 7 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.