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Leer Sellando el Tiempo (Novela) Capítulo 166 online gratis en español

El cielo sobre la Ciudad del Fénix Carmesí se convirtió en un campo de batalla. Xu Mao y el Gólem de Lava chocaban a velocidades vertiginosas, intercambiando golpes con una ferocidad que hacía temblar el aire. Los puños carmesí del coloso rasgaban el firmamento mientras los discos de Fuego Yin impulsaban a Xu Mao entre sus embestidas, permitiéndole esquivar por centímetros y contraatacar con su espada en cada abertura ¡SHING! Un arco de luz azul y dorada atravesó el hombro del Gólem, abriendo una profunda herida que quedó congelada antes de que la lava pudiera regenerarse. Qin Leng respondió con un manotazo que habría aplastado una torre, pero Xu Mao se deslizó bajo su brazo y ascendió junto a su torso, descargando otro corte contra sus costillas. El gigante rugió y lanzó una lluvia de proyectiles de magma; Xu Mao giró entre ellos, tan rápido que su silueta pareció dividirse en varias imágenes fantasmales antes de aparecer sobre la cabeza de su adversario Durante unos instantes, ninguno cedió terreno. Cada ataque de Qin Leng llevaba fuerza suficiente para arrasar edificios enteros, mientras que cada movimiento de Xu Mao buscaba perforar la defensa del coloso y detener su regeneración. El Yin sellaba las heridas; el Yang penetraba la roca fundida. Sin embargo, por cada abertura que conseguía provocar, Qin Leng respondía con una nueva embestida, obligándolo a continuar aquella danza mortal en el cielo Entonces, algo cambió Las grietas carmesí que recorrían el cuerpo del Gólem comenzaron a brillar con una intensidad aterradora. Una oleada de Qi espiritual corrupto surgió desde su pecho y se extendió por sus extremidades, haciendo que la lava hirviera y salpicara a su alrededor. Su cuerpo empezó a crecer de nuevo, elevándose hacia el cielo mientras enormes placas de roca fundida se superponían sobre sus hombros, espalda y torso Xu Mao se alejó de inmediato, impulsándose mientras contemplaba cómo el coloso recuperaba su tamaño descomunal “¿Todavía tiene más...?” La temperatura del ambiente se disparó El calor que antes emanaba del Gólem se convirtió en una presión abrasadora que se extendió sobre toda la ciudad. A más de doscientos metros de altura, la monstruosidad alcanzó una temperatura tan extrema que su mera presencia comenzó a devastar cuanto la rodeaba. A cinco kilómetros a la redonda, las casas de madera de los barrios bajos prendieron fuego espontáneamente, sin que una sola chispa las tocara. El asfalto de las calles se deformó hasta convertirse en un lago negro y burbujeante, mientras el vapor abrasador retorcía la luz de la luna llena y transformaba el cielo en un horno gigantesco La noche sobre la Ciudad del Fénix Carmesí había dejado de ser respirable. El aire se había convertido en un veneno abrasador, cargado de un calor tan monstruoso que cada bocanada amenazaba con quemar los pulmones Xu Mao contempló la catástrofe desde las alturas. Un último destello de incredulidad cruzó sus ojos azules antes de desaparecer bajo una amarga comprensión “No va a detenerse” La masa de Qi espiritual corrupto concentrada en el pecho del coloso continuaba aumentando, sin mostrar el menor indicio de estabilización. Al contrario, la combustión de la fuerza vital de Qin Leng se aceleraba hacia un punto de no retorno. En apenas unas decenas de segundos, la energía acumulada desencadenaría una reacción en cadena capaz de evaporar una parte inmensa de la ciudad y borrar a cientos de miles de mortales en un solo instante Xu Mao cerró lentamente los ojos Ya no quedaba tiempo. Tampoco había otra alternativa Con el brazo derecho completamente inutilizado, colgando inerte junto a su cuerpo, aferró la empuñadura de la Espada de Qi Muerto con su única mano funcional: la izquierda. Ejecutar un ataque definitivo con la mano no dominante, mientras su cuerpo estaba reducido a huesos fracturados y meridianos desgarrados, rozaba la imprudencia suicida. Sin embargo, dentro de su Lago Espiritual, las dos fuerzas que acababa de reconciliar respondieron a su voluntad Los meridianos solares del Canon del Sol Primordial se iluminaron y el Qi espiritual Yang comenzó a circular junto a las corrientes del Fuego Yin. Ambas energías brotaron de su Lago Espiritual y ascendieron por su torso hasta concentrarse en el hombro izquierdo, extendiéndose bajo su piel ensangrentada como una constelación de filamentos azules y rojizos La Espada de Qi Muerto comenzó a vibrar No emitió un rugido ni liberó una explosión descontrolada. Su hoja permaneció envuelta en una luz cada vez más pura, mientras el calor infernal que impregnaba el aire se retiraba lentamente de su superficie Xu Mao contempló a Qin Leng que amenazaba con tragarse la ciudad entera. Sus dedos se cerraron con más fuerza alrededor de la empuñadura “Lo siento…” . . . —Montaña del Pecado En el mundo interior, las pisadas de Qin Leng se volvían cada vez más lentas a medida que ascendía por los interminables escalones de piedra. La neblina carmesí que durante tanto tiempo había ahogado su conciencia comenzaba a disiparse, deshaciéndose en diminutas motas grises que caían sobre los peldaños y se desvanecían con el viento. La influencia del Rocío Carmesí Devora Vida se debilitaba junto con la última llama de su existencia y, por primera vez en meses, la locura había abandonado sus ojos. Ya no quedaba rastro de la bestia que había sembrado el terror en la ciudad, sino únicamente un joven agotado, con la mirada de alguien que por fin podía comprender todo lo que había perdido Xu Mao caminaba a su lado, sosteniéndolo por el hombro para ayudarlo a continuar. Sin embargo, mientras avanzaban en silencio, su mente permanecía atrapada en un torbellino de preguntas “¿Cómo llegó el Dominio del Corazón Inmutable hasta él? ¿De dónde obtuvo la fuerza necesaria para recuperar su cultivo? ¿Y qué clase de entidad lo estuvo manipulando desde las sombras, empujándolo cada vez más profundo en el abismo de la corrupción?” Demasiadas preguntas seguían sin respuesta, había llegado demasiado tarde para evitar su caída Y, aun después de haberlo alcanzado, seguía sin tener la fuerza necesaria para salvarlo Qin Leng inclinó ligeramente la cabeza y observó de reojo el rostro ensombrecido de su compañero. No necesitó preguntarle qué estaba pensando para comprenderlo. Después de soltar un largo suspiro, negó suavemente con la cabeza “Deja de atormentarte, Mao” Su voz ya no tenía la aspereza antinatural del Gólem de Lava. Había recuperado aquella cadencia tranquila que Xu Mao recordaba de sus días en la secta, aunque ahora sonaba débil, como si cada palabra le costara una parte de las fuerzas que todavía le quedaban Xu Mao volvió la mirada hacia él, pero no respondió. Ambos siguieron ascendiendo, y el sonido de sus pasos sobre la piedra se convirtió en el único eco de aquella montaña silenciosa “Todo esto fue consecuencia de mis propias decisiones” Continuó Qin Leng, fijando la mirada en los escalones que tenía delante “Después de mi derrota en la Montaña Externa... simplemente no pude volver a levantarme. La envidia y el rencor echaron raíces en mi corazón. Mientras los demás avanzaban, yo seguía atrapado en el mismo lugar, incapaz de aceptar que siempre habría alguien más fuerte que yo” Hizo una pausa. Su respiración era cada vez más débil “Tendría que haber dejado que el hermano mayor Tian me ayudara. Tendría que haber permitido que fueras tú quien intentara curarlo... Pero estaba cansado, Mao. Cansado de permanecer en las sombras, de ser siempre el que se quedaba atrás mientras los demás brillaban. Quería demostrar que yo también podía alcanzar la cima por mis propios medios” Qin Leng bajó la mirada hacia su mano derecha La piel de sus dedos se estaba deshaciendo en pequeñas motas de polvo gris que el viento arrastraba antes de que pudieran tocar el suelo. La desintegración avanzaba lentamente por su muñeca y su antebrazo, un recordatorio silencioso de que el precio del Nivel Tres había llegado a su último cobro Una sonrisa amarga apareció en sus labios “Y mírame ahora... tanto empeño, tantos sacrificios y tantos senderos prohibidos que me atreví a recorrer... ¿y para qué?, ni siquiera puedo terminar este camino por mi cuenta” Xu Mao apretó los labios. Quería decir algo, encontrar unas palabras que pudieran aliviar al menos una parte de aquel arrepentimiento, pero ninguna parecía suficiente. Así que se limitó a sostenerlo con más firmeza y continuó caminando a su lado Entonces, la niebla se abrió La cima de la Montaña del Pecado apareció ante ellos, revelando una amplia meseta de piedra lisa. No había un altar, ni un trono, ni cadenas que representaran los pecados de Qin Leng. Más allá del borde se extendía un océano infinito de nubes blancas, bañado por una luz dorada tan apacible que resultaba difícil creer que ambos acababan de atravesar semejante tormento. Allí terminaban los escalones. Ya no quedaba ninguna cuesta por ascender Qin Leng contempló el mar de nubes y dejó escapar una pequeña risa ahogada mientras su torso comenzaba a disolverse a mayor velocidad en el polvo del Rocío Carmesí. Una delgada línea de luz azul atravesaba su abdomen, dibujando un corte tan limpio y preciso que contrastaba con la desintegración irregular que consumía el resto de su cuerpo “Perder tres veces contra ti realmente me deja un mal sabor de boca. Eres como una maldita plaga…” Al escuchar aquellas palabras cargadas de una extraña y nostálgica camaradería, Xu Mao dejó escapar una risa triste, bajando la cabeza para ocultar la humedad de sus ojos “Je…” Guardó silencio durante un momento, observando a su compañero. Había tantas cosas que todavía quería preguntarle, tantas palabras que había pospuesto hasta que fuera demasiado tarde. Sin embargo, cuando finalmente abrió la boca, ninguna de ellas fue un reproche “¿Sabes, Leng? La verdad es que siempre te admiré” Qin Leng giró ligeramente la cabeza hacia él “Desde la primera vez que te vi, en la Cordillera del Cielo Marchito” Continuó Xu Mao, con una pequeña sonrisa “No sé si alguna vez te lo dije, pero hubo algo en ti que siempre quise alcanzar. Eras mi meta” “¿Oh?” Qin Leng se quedó pensativo, examinando los recuerdos que aún conservaba. De pronto, sus ojos se abrieron un poco más, como si finalmente hubiera resuelto una duda que llevaba tiempo olvidada “Así que aquel mocoso de pelo rubio... ¿realmente eras tú? Ja... Con razón me resultabas familiar” Qin Leng negó suavemente con la cabeza, dejando escapar otra risa cansada. Por un instante, la amargura de sus últimos meses pareció alejarse de su rostro, dejando en su lugar al joven que alguna vez había sido antes de que la envidia y la desesperación comenzaran a consumirlo La brisa recorrió la cima de la Montaña del Pecado, arrastrando consigo las últimas partículas grises que se desprendían de su cuerpo. Qin Leng bajó la mirada hacia su mano, ya casi desvanecida, y después la extendió hacia Xu Mao “Mao... dejo a Tian a tu cuidado” Xu Mao miró la mano que Qin Leng le ofrecía. Los dedos estaban casi deshechos, y algunas partículas grises ya se desprendían de su muñeca Aun así, la estrechó con firmeza “Deja al hermano mayor Tian en mis manos” Qin Leng soltó el aire lentamente. Una expresión de alivio, pequeña y sincera, suavizó sus facciones Xu Mao sostuvo su mirada unos instantes más “Ve con calma, Leng” . . . . En el mundo exterior, la figura de Xu Mao reapareció varios cientos de metros detrás del Gólem de Lava Por un instante, el tiempo pareció detenerse Una inmensa cicatriz de luz azul y rojiza atravesaba el torso del coloso, extendiéndose desde su pecho hasta el espacio vacío que quedaba detrás de él. No había habido una explosión ni un choque capaz de sacudir la ciudad. Xu Mao simplemente había aparecido al otro lado, con la Espada de Qi Muerto en su mano izquierda y una larga estela de escarcha suspendida a su espalda Entonces, el cielo rugió ¡KRRRRRRAAAAAAAAAAACK! Una onda de choque se propagó desde el cuerpo del Gólem, desgarrando las nubes y abriendo una gigantesca hendidura en las calles abandonadas. La luz de la luna quedó partida por una línea azulada que se extendió hasta el horizonte, mientras una tormenta de Qi espiritual estallaba alrededor del coloso. Las corrientes de aire fueron arrastradas hacia aquella herida invisible y, un instante después, expulsadas en todas direcciones, levantando remolinos de polvo, ceniza y fragmentos de roca que cubrieron los barrios bajos El corte no había atravesado únicamente la lava El Yang de los meridianos solares había penetrado en el interior del Gólem como una lanza incandescente, perforando las capas de roca fundida y abriéndose paso hasta el núcleo de Qi espiritual corrupto. Y justo detrás de aquella fuerza abrasadora, el Fuego Yin se había desplegado como una marea de frío absoluto, devorando el calor, sellando la circulación de energía y convirtiendo todo cuanto tocaba en cristal azul Ambas fuerzas habían recorrido el mismo corte, una tras otra, hasta alcanzar cada rincón de aquella monstruosa estructura Xu Mao descendía lentamente hacia la tierra calcinada. Su cabello negro y sus ropas desgarradas ondeaban en medio de la tormenta, mientras la Espada de Qi Muerto permanecía extendida junto a su cuerpo Por un instante, la mole de más de doscientos metros permaneció en pie, como si ni siquiera la muerte pudiera obligarla a inclinarse Entonces, el calor desapareció El resplandor carmesí de la lava se apagó desde el centro de su cuerpo y una corriente de frío absoluto se extendió por las grietas abiertas por la espada. El magma se congeló, convirtiéndose en una masa oscura de basalto y cristal azulado, hasta que toda la gigantesca estructura quedó petrificada en medio de la ciudad CRACK... Un crujido resonó en el silencio de los barrios bajos Después, otro Las grietas se multiplicaron por el cuerpo del Gólem y recorrieron sus extremidades, su torso y su cabeza. La colosal figura comenzó a desmoronarse, no con una explosión devastadora, sino en una silenciosa lluvia de fragmentos negros y cristales azules que se deshicieron en ceniza antes de tocar el suelo Y con ella, la presencia que había cubierto la ciudad como una calamidad comenzó a desaparecer Cientos de pequeñas luces se elevaron desde las ruinas. Eran las almas de los jóvenes del Loto Negro, liberadas por fin de aquella existencia en la que sus cuerpos habían sido reducidos a simples instrumentos de destrucción. Sus destellos ascendieron lentamente hacia el cielo nocturno, hasta perderse entre las estrellas Xu Mao contempló aquella escena sin decir nada Lo había conseguido Qin Leng ya no tendría que seguir luchando Pero, apenas aquel pensamiento cruzó su mente, sus piernas cedieron Xu Mao cayó de rodillas sobre la tierra todavía caliente y dejó escapar la Espada de Qi Muerto. Su brazo derecho seguía destrozado y la pierna izquierda apenas respondía; incluso mantenerse consciente se había convertido en una lucha desesperada La niebla de Fuego Yin que lo rodeaba comenzó a desvanecerse, replegándose lentamente hacia su Lago Espiritual. El equilibrio entre Yin y Yang que había conseguido establecer empezó a perder estabilidad a medida que su energía se agotaba, y los discos azul cristalino que lo mantenían suspendido en el aire se apagaron uno tras otro Xu Mao apoyó la mano izquierda en el suelo para evitar desplomarse por completo, pero sus dedos temblaban demasiado “Al final... conseguí alcanzarte, Leng…” Una sonrisa tenue se dibujó en los labios ensangrentados de Xu Mao. Por un instante, recordó la figura que tantas veces había intentado alcanzar y que, finalmente, había podido acompañar hasta la cima Pero el precio de aquella victoria ya no podía ocultarse Había quebrado sus límites para alcanzar el Reino Espiritual, forzado su cuerpo para dominar el Fuego Yin y llevado aquella combinación de Yin y Yang mucho más allá de lo que sus meridianos actuales podían soportar. Ahora, tras haberlo apostado todo en aquella última estocada, no le quedaba ni una pizca de fuerza para mantenerse en pie Sus rodillas temblaron. La visión comenzó a oscurecerse por los bordes, mientras los últimos sonidos de la ciudad se alejaban, ahogados por un zumbido sordo. Xu Mao apretó los dientes e intentó incorporarse una vez más, pero su brazo izquierdo cedió bajo su propio peso. Las fuerzas lo abandonaron de golpe y su cuerpo se desplomó hacia delante Xu Mao ya no pudo resistirse. Con aquella débil sonrisa todavía dibujada en los labios, dejó que la oscuridad lo envolviera por completo Había perdido la conciencia
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Sellando el Tiempo (Novela) Capítulo 166

Estás leyendo el capítulo 166 de Sellando el Tiempo (Novela), un novela. Li Wang inicia su quinta vida en el Bosque Báixuě, en un mundo donde incluso los cultivadores más poderosos están condenados a un límite de vida de apenas 200 años. Sin embargo, él carga con más de 800 años de… Este capítulo tiene publicado el 12 de octubre de 2026. Sellando el Tiempo (Novela) tiene 168 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.