Leer Sellando el Tiempo (Novela) Capítulo 146 online gratis en español
En un bosque situado a varios kilómetros de la Ciudad del Fénix Carmesí, muy por debajo de la superficie y oculta tras cientos de matrices de formación superpuestas, se encontraba una de las bases principales del Loto Negro
Allí, entre paredes de piedra húmeda iluminadas por antorchas de fuego espiritual, caminaba Mo Xuetian, actual líder de la organización, con la apariencia inofensiva de un niño de ojos rojos. Recorría lentamente el perímetro de unas camas de piedra dispuestas en fila, observando cómo los cuerpos tendidos sobre ellas se retorcían de dolor en sus últimos instantes, sus extremidades contrayéndose mientras débiles rayos carmesí recorrían sus cuerpos de forma errática. Sus gritos se apagaron uno tras otro hasta quedar reducidos a un silencio pesado
Entonces, sus cuerpos comenzaron a disolverse
La piel, la carne y los huesos se deshicieron lentamente en motas de polvo gris que se elevaron en el aire, mientras los últimos hilos de energía carmesí se extinguían uno a uno, como brasas muriendo bajo la lluvia
Mo Xuetian contempló el resultado con absoluta indiferencia
“Otro fracaso”
Pensó, sin que su rostro mostrara la menor emoción
Después de varias décadas de estudio, había formulado su propia teoría sobre el Rocío Carmesí Devora Vida, basándose en incontables experimentos con bestias espirituales. Había concluido que aquel polvo gris no era simplemente un estimulante del Qi espiritual, sino una sustancia de naturaleza evolutiva capaz de alterar la esencia vital de un organismo compatible
Según su hipótesis, el Rocío Carmesí Devora Vida poseía tres niveles de evolución, cada uno más profundo y devastador que el anterior
> Nivel 1-Rocío Carmesí Devora Vida: El polvo gris. Al ingresar al cuerpo, desencadenaba una violenta expansión de la energía elemental, llevando el elemento del cultivador mucho más allá de sus límites naturales. Su poder, alcance y capacidad destructiva aumentaban de forma drástica, mientras su naturaleza era teñida por una tonalidad carmesí inconfundible, convirtiéndolo en una manifestación mucho más feroz e inestable. A cambio, la vida del cultivador quedaba reducida a un límite de 10 años
> Nivel 2-Llama Carmesí del Alma Corrupta: En esta etapa, el alma comenzaba a arder como combustible, alimentando una fuerza capaz de obligar al elemento a desarrollar mutaciones que, en circunstancias normales, solo podían existir de forma congénita. El poder se disparaba mucho más allá del primer nivel, pero a cambio el alma se consumía poco a poco, arrastrando consigo las emociones, los recuerdos y la estabilidad mental del cultivador. Su límite de vida se reducía a 3 años
> Nivel 3-Abismo Carmesí Sepultador de los Cielos: La etapa definitiva. En este nivel, el alma y el dantian comenzaban a arder simultáneamente, convirtiéndose en combustible para una cantidad de poder que ningún cultivador podría generar por medios naturales. El qi espiritual, la esencia vital y hasta los cimientos del cultivo eran consumidos para alimentar una fuerza que trascendía cualquier límite conocido. El elemento dejaba de estar simplemente teñido de carmesí y se transformaba en una manifestación completamente antinatural, capaz de alcanzar una magnitud aterradora. El precio ya no podía medirse en años: al alcanzar esta etapa, al cultivador le quedaba menos de un día de vida; en el peor de los casos, apenas unas pocas horas
Mo Xuetian comenzó a subir las escaleras hacia la salida, sin dejar de pensar
Aún no había logrado evolucionar el Rocío Carmesí Devora Vida más allá del primer nivel en un sujeto humano. Desde que el Loto Negro había terminado bajo su control, hacía ya varios meses, gracias a una técnica de cultivo defectuosa que había entregado al antiguo líder y que terminó convirtiéndolo en su esclavo, había descubierto una verdad incómoda: no había talento real en las filas de la organización. Todos eran personas de los barrios bajos, sin antecedentes, sin respaldo alguno detrás de sus espaldas
No podía culparlos por eso. Pero si quería llevar su investigación hasta sus últimas consecuencias, necesitaba encontrar a un verdadero genio del cultivo, alguien cuyo talento le permitiera desbloquear por sí solo cada uno de los niveles del Rocío Carmesí Devora Vida. Entonces podría absorberlo, cosechando para sí todos los beneficios que aquel sujeto hubiera acumulado durante el proceso
Con ese pensamiento, Mo Xuetian terminó de subir las escaleras y emergió finalmente a la superficie. El aire nocturno acarició su rostro infantil mientras levantaba la mirada. Entre las ramas de los árboles, la luna menguante brillaba en silencio sobre el bosque
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La luz de la luna menguante caía sobre la Ciudad del Fénix Carmesí, pálida y fría
Qin Leng caminaba entre callejones estrechos, con un sombrero cónico ocultando parte de su rostro y una tela cubriéndole la mitad inferior. Su mano descansaba, casi por costumbre, sobre la vaina de su espada plateada
Se adentraba en el bajo mundo de la ciudad
Las calles estaban inusualmente silenciosas. Se rumoreaba que la Secta de la Fractura Celestial estaba a punto de ordenar un toque de queda general; con la guerra ya declarada, gran parte de la población mortal estaba siendo movilizada hacia otras ciudades subordinadas de la secta, alejándolas de la batalla
Qin Leng siguió caminando hasta detenerse frente a una tienda sin cartel alguno. Todavía había gente dentro, moviéndose entre las sombras del interior
Entró
El lugar tenía un aspecto descuidado, casi abandonado a primera vista. Múltiples armas se apilaban en estanterías de madera desgastada, y varios jóvenes empleados recorrían los pasillos guardando mercancía, señal de que el turno estaba por terminar. Al notar su presencia, los jóvenes de los barrios bajos lo observaron con evidente cautela. El aura que emanaba su cuerpo, aunque débil, era inconfundiblemente la de un cultivador
Tras el mostrador, un anciano de setenta u ochenta años aparentes levantó lentamente la mirada hacia él. Su cabello gris caía sobre sus hombros y las arrugas de su rostro parecían haber sido talladas por décadas de viento y tiempo
Qin Leng sacó la tarjeta que le había entregado el joven tendero del Caldero de la Nube Vacía y la colocó sobre el mostrador
El anciano la tomó entre sus manos arrugadas y la inclinó ligeramente hacia la luz de las antorchas. Durante un largo instante no dijo nada. Sus ojos recorrieron la superficie de la tarjeta hasta detenerse en una marca de agua casi imperceptible, tan tenue que resultaba invisible a simple vista
Solo entonces pareció confirmar algo
“Espere aquí”
Se retiró lentamente hacia el patio trasero, desapareciendo detrás de una cortina. Pasó un largo rato antes de que regresara. Sin pronunciar palabra, apartó la cortina y se hizo a un lado, indicándole con un gesto tranquilo que podía pasar
Descendieron por múltiples tramos de escalera, cada vez más estrechos, cada vez más fríos. A mitad de camino, Qin Leng sintió algo recorrerle la piel, una presión leve, casi imperceptible, como si una capa invisible lo hubiera atravesado sin dejar rastro. No era hostil. Era, más bien, una evaluación silenciosa, una matriz de reconocimiento verificando su Qi espiritual, su identidad, quizás incluso sus intenciones. Duró apenas un instante, pero fue suficiente para que su mano se cerrara con más fuerza sobre el mango de su espada
Qin Leng observó con atención las paredes mientras descendían. Estaban cubiertas de matrices de formación de ocultación, capa sobre capa, tan densas que un simple barrido de qi espiritual desde la superficie jamás habría sido suficiente para localizar aquel lugar. Cada tramo de piedra parecía haber sido cuidadosamente preparado para borrar cualquier rastro de las personas que se movían bajo tierra
Continuaron descendiendo hasta que las escaleras finalmente desembocaron en un largo pasillo de piedra. Antorchas de fuego ardían a intervalos regulares sobre las paredes, proyectando sombras temblorosas sobre el suelo
Qin Leng avanzó en silencio junto al anciano
Al pasar por una de las cámaras laterales, vio a varios guardias sentados alrededor de una mesa de madera. Habían dejado sus armas apoyadas contra la pared y jugaban tranquilamente a las cartas, intercambiando bromas y pequeñas apuestas mientras esperaban su turno
La escena resultaba extrañamente cotidiana
Al abrir la última puerta, Qin Leng se encontró ante un amplio salón de piedra transformado en un espacio de lujo, bañado por la cálida luz de numerosas lámparas. El suelo estaba cubierto por alfombras oscuras y, alrededor de una mesa circular situada en la parte más amplia de la estancia, varias jóvenes sirvientas vestidas de negro se desplazaban en absoluto silencio
Todas eran mujeres
Todas parecían demasiado jóvenes para llevar años dedicadas a aquel lugar
Una servía el vino, otra retiraba los platos vacíos y dos más permanecían cerca de la mesa, atentas a cualquier movimiento de su ocupante. No intercambiaban palabras ni necesitaban recibir órdenes. Bastaba un gesto, una mirada o incluso el simple movimiento de una mano para que alguna de ellas actuara de inmediato
Había algo inquietante en aquella coordinación perfecta. Sus rostros permanecían serenos y sus movimientos eran elegantes, pero en sus ojos no había curiosidad, cansancio ni siquiera la más mínima intención de apartarse de su cometido. Era una obediencia demasiado absoluta para pertenecer únicamente a unas sirvientas bien entrenadas
Entonces Qin Leng vio a quién estaban atendiendo
Una mujer de largo cabello rojo descansaba frente a la mesa, comiendo carne y patatas con una tranquilidad casi insultante. Sus cabellos caían sobre sus hombros como una cascada de fuego contenido, mientras sus ojos de un naranja profundo, casi ardiente, se alzaban lentamente hacia la puerta
Un aroma de Qi espiritual se desprendía de aquella carne, denso, inconfundible: era de una bestia espiritual
Aquello extrañó a Qin Leng, y algo más profundo que la simple extrañeza comenzó a moverse bajo su calma. Desde que había puesto un pie en ese lugar, no había sentido la presencia de un solo cultivador. Ni los empleados, ni el anciano del mostrador, ni el guardia de la escalera, ni siquiera aquella mujer frente a él. Todos, sin excepción, eran simples mortales
Y sin embargo, allí estaban, comiendo carne de bestia espiritual como si fuera pan de cada día, en un salón que ningún mortal común podría costear ni en diez vidas
Alguien estaba sosteniendo todo aquello desde las sombras. Alguien con recursos
La pregunta no era solo quién
Era para qué
“Mi nombre es Chi Wuyao”
Se presentó ella, invitándolo a sentarse con un gesto tranquilo mientras extendía la mano hacia la tarjeta, sus dedos largos rematados en uñas pintadas de un rojo tan oscuro que parecía negro bajo la luz de las lámparas
Qin Leng se sentó y se la entregó
Chi Wuyao la tomó entre sus dedos, la observó con atención y luego la colocó frente a una de las lámparas del salón, inclinándola ligeramente hasta que algo pareció confirmarle lo que buscaba. Sonrió, y bajó la tarjeta
“¿Puedo saber su nombre? ¿Y qué es exactamente lo que está buscando?”
“......”
Qin Leng guardó silencio un momento, recorriendo el lugar con la mirada. Estaban muy apartados del centro de la ciudad, ocultos bajo capas de matrices de formación
Sintió una gota de sudor frío descender por su nuca, aunque el salón no era particularmente cálido. Estaba solo, con el dantian roto, en un lugar cuya existencia ni siquiera figuraba en los registros de la propia secta, sentado frente a alguien que, mortal o no, claramente respondía ante algo mucho más grande que aquella tienda de armas destartaladas. Si algo salía mal allí, no tenía manera real de defenderse. Apretó el mango de su espada, más por costumbre que por confianza en poder usarla
“Mi nombre es Qin Leng, del Clan Familiar Qin”
Se quitó el sombrero y la tela que cubría su rostro, dejando ver su piel pálida y su cabello corto y negro. Luego colocó su espada, aún envainada, sobre la mesa, sin soltar del todo el mango
“Antes de dar a conocer mis intenciones, si no le ofende, primero me gustaría preguntar por usted, mayor Chi”
Chi Wuyao solo asintió con una sonrisa tranquila, sin apartar la mirada de él en ningún momento, sus ojos naranjas brillando con un interés que no terminaba de ser del todo cálido
La mirada de Qin Leng se agudizó
“¿Pertenece usted al Loto Negro?”

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Sellando el Tiempo (Novela) Capítulo 146
Estás leyendo el capítulo 146 de Sellando el Tiempo (Novela), un novela. Li Wang inicia su quinta vida en el Bosque Báixuě, en un mundo donde incluso los cultivadores más poderosos están condenados a un límite de vida de apenas 200 años. Sin embargo, él carga con más de 800 años de… Este capítulo tiene publicado el 6 de agosto de 2026. Sellando el Tiempo (Novela) tiene 168 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.