Leer Sellando el Tiempo (Novela) Capítulo 137 online gratis en español
La cabeza de Gǔ se hundió en el mar de espadas
No como quien se sumerge en agua, sino como quien atraviesa un cuerpo propio: miles de hojas oxidadas se doblaron, se quebraron y se apartaron ante el avance de su cráneo colosal, para luego cerrarse tras él como si nunca hubiera pasado nada. Un instante después, emergió a varios kilómetros de distancia, en otro extremo de aquel océano interminable de acero, sacudiendo su cabeza mientras decenas de espadas rotas resbalaban por sus placas
Todavía no la había encontrado
Aquella mujer se había desvanecido como si el mundo mismo hubiera decidido tragársela. Y sin embargo, el rastro seguía allí, tenue, terco, imposible de ignorar
El sabor de su Maestro
Gǔ dejó escapar un gruñido bajo mientras sus antenas se agitaban, probando una vez más el aire cargado de polvo metálico. ¿Quién era esa mujer? ¿Una de las discípulas de su Maestro en esta nueva generación? ¿O acaso una enemiga, alguien cuya sangre había quedado impregnada en sus ropas tras algún enfrentamiento?
No lo sabía. Y esa ignorancia le resultaba insoportable
Lo único de lo que estaba seguro era de que la Profusión del Útero Maldito se había liberado hacía menos de un año. Su Maestro debía seguir siendo débil, apenas reconstruyendo un cultivo desde cero tras aquel reinicio. Si aquella mujer lo hubiera enfrentado, si hubiera derramado su sangre...
Sus mandíbulas rechinaron solo de pensarlo
Entonces, algo cambió
El mismo rastro. El mismo sabor amargo y helado que llevaba minutos persiguiendo apareció de pronto a varios kilómetros de distancia, intenso, inconfundible, como un faro encendido en medio de aquel océano infinito de acero
Gǔ no dudó.
Su cuerpo colosal se lanzó hacia adelante. Decenas de kilómetros de caparazón negro comenzaron a serpentear entre colinas de espadas y lanzas oxidadas, arrasándolo todo a su paso. Cada segmento aplastaba cientos de armas antiguas, arrancando hojas enterradas desde hacía siglos y lanzándolas por los aires mientras un estruendo metálico recorría todo el Mar de Espadas. En apenas unos segundos, la distancia desapareció bajo aquella avalancha viviente
La gigantesca cabeza del ciempiés descendió entre los bosques de acero, apartando espadas clavadas con el peso de sus mandíbulas. Sus dos ojos esmeralda recorrieron el lugar con una intensidad casi enfermiza hasta que, finalmente, se detuvieron sobre una única espada oxidada que sobresalía apenas unos centímetros del suelo
Allí estaba
Sobre el filo corroído avanzaba un diminuto insecto carmesí, tan pequeño que incluso para un cultivador habría sido poco más que un punto rojo perdido entre miles de hojas metálicas. Sin embargo, no era su tamaño lo que captó la atención de Gǔ, sino la absoluta ausencia de voluntad en cada uno de sus movimientos. Caminaba unos pocos centímetros, giraba exactamente sobre el mismo punto y reanudaba el recorrido con una precisión antinatural, como si una fuerza invisible guiara cada una de sus patas. Ni buscaba alimento, ni intentaba escapar, ni reaccionó cuando la sombra de una bestia capaz de devorar montañas cubrió el cielo sobre él. Simplemente seguía obedeciendo una orden que no le pertenecía
En ese instante, Gǔ lo comprendió
Aquel insecto jamás había estado actuando por instinto. Era un simple recipiente, una marioneta manipulada desde la distancia para transportar aquel rastro de sangre y conducirlo exactamente hasta ese lugar. Durante todo ese tiempo no había estado persiguiendo a su presa, sino el cebo que alguien había movido deliberadamente frente a sus ojos
Una sensación amarga, casi tan repugnante como la bilis, inundó la mente de la bestia ancestral
Lo habían engañado
“¡¡¡RRROOOOAAAARRR!!!”
El rugido sacudió la caverna entera. Miles de hojas de acero vibraron al unísono, un coro metálico que se extendió kilómetros en todas direcciones, mientras cada placa de su caparazón comenzaba a temblar, cargándose de un poder que hacía cristalizar el aire mismo a su alrededor
.
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A varias decenas de kilómetros de distancia, en dirección contraria, Luo corría sin producir el más mínimo sonido, atravesando dunas de espadas oxidadas como si fueran hierba baja
Sobre su lomo, Qiao Lian dejó de mover el dedo índice
Su mano tembló apenas un instante antes de caer, inerte, sobre el pelaje del león
Había tenido que sacrificar al último insecto del Enjambre Corrupto
Aquel insecto no tenía nada de extraordinario. Cualquiera de los miembros del enjambre habría podido ocupar su lugar. Lo verdaderamente irremplazable era que ya no quedaba otro
Mientras hubiera sobrevivido un solo ejemplar, por insignificante que fuese, el enjambre habría podido reconstruirse mediante partenogénesis. Habría llevado meses, quizá años, pero tarde o temprano la colonia habría renacido
Ahora, en cambio, no quedaba absolutamente nada
El Enjambre Corrupto, que apenas unas semanas atrás su joven maestro le había entregado para criar y expandir, acababa de extinguirse ante sus propios ojos
Una punzada le atravesó el pecho con la nitidez de una hoja afilada. Era un precio que sabía que debía pagar para engañar a Gǔ y conservar la vida, pero eso no hacía más fácil aceptarlo. Durante un instante, sintió que el corazón le sangraba
Cerró lentamente la mano sobre el pelaje de Luo
Ya no tenía nada más que ofrecer al tablero
THOOOM
Una explosión de presión espiritual estalló a lo lejos
Durante un instante, el aire pareció solidificarse. Luego llegó el estruendo
El océano de acero entero rugió. Miles de espadas, lanzas, hachas, mazas y escudos enterrados desde tiempos inmemoriales fueron arrancados violentamente del suelo mientras una onda de qi espiritual color esmeralda barría la inmensidad metálica con una violencia capaz de deformar el propio aire. Innumerables hojas giraban sin control dentro de aquella corriente devastadora, chocando unas contra otras en una tormenta ensordecedora de chispas y metal
Luo clavó las garras por instinto, pero fue inútil. El suelo vibró bajo sus patas y ambos fueron empujados hacia atrás antes siquiera de comprender qué estaba ocurriendo
Qiao Lian giró la cabeza
La onda avanzaba devorándolo todo
Allí donde pasaba, el bosque de espadas se inclinaba como un campo de trigo golpeado por un vendaval imposible. Las armas más pequeñas salían despedidas por los aires; las más grandes temblaban hasta desprenderse de la roca que las había retenido durante siglos
No había ningún punto de impacto
No existía un objetivo concreto
Era una liberación de qi tan absurda que convertía decenas de kilómetros a la redonda en una zona de destrucción
¡¡POOOOMM!!
La presión los alcanzó de lleno
Qiao Lian sintió que todo el aire era expulsado de sus pulmones mientras el Velo del Espejo Fluyente colapsaba en un instante, incapaz de soportar semejante conmoción. Ella y Luo fueron lanzados por los aires junto a una lluvia interminable de hojas oxidadas y fragmentos de metal, rebotando una y otra vez sobre la llanura de armas hasta detenerse cientos de metros más lejos
Una bocanada de sangre escapó de los labios de Qiao Lian al apoyar una mano sobre el suelo. A unos metros, Luo cayó pesadamente de costado; sus patas temblaban sin control, pero aun así reunió las pocas fuerzas que le quedaban para arrastrarse hasta ella y colocarse entre su cuerpo y el monstruo que seguía acercándose
Qiao Lian levantó la mirada con dificultad
El ciempiés continuaba avanzando
No había percibido ninguna formación ni la menor estructura propia de una técnica. Aquello era simplemente una masa descomunal de qi espiritual liberada sin dirección precisa, tan abundante que comprimía el aire y arrasaba todo cuanto encontraba. Gǔ ni siquiera necesitaba apuntar. Su poder era tan inmenso que podía cubrir una región entera con un solo ataque, confiando en que cualquier presa terminaría siendo alcanzada
El tiempo se volvió extraño
Cada segundo se estiró como un hilo de seda a punto de romperse. Vio las fauces de Gǔ acercarse con una lentitud imposible, gota a gota de sangre esmeralda cayendo desde sus colmillos, cada una suspendida en el aire como una perla oscura antes de estrellarse contra el suelo. Vio el reflejo distorsionado de su propio rostro en aquellos ojos verdes del tamaño de lagos. Escuchó su propio pulso, lento, pesado, como el tambor de un funeral que todavía no había comenzado
Ya no tenían fuerzas para huir. Ya no tenían nada más que ofrecer
"Yun... me pregunto cómo estarás ahora..."
El pensamiento brilló en la conciencia de Qiao Lian un instante antes de que cerrara los ojos, resignada
¡CrK!
Fue entonces, dentro de aquel mismo instante eterno, cuando algo más entró en su percepción ralentizada
Muy por encima de ellos, en la bóveda de la caverna, una grieta se abrió sin sonido alguno. Después otra. Capas enteras de roca comenzaron a ceder, desprendiéndose una tras otra con una lentitud onírica, como si la montaña misma se abriera para emitir un veredicto. Entre los fragmentos suspendidos en el aire, Qiao Lian alcanzó a distinguir un resplandor frío, apenas una mota de luz esmeralda que descendía entre la piedra fracturada
El resplandor creció
En un instante era apenas una estrella fría descendiendo entre los escombros. Al siguiente, aquella luz ya había tomado forma. Un parpadeo después, la figura había atravesado más de media caverna, dejando tras de sí una columna perfectamente recta de roca reducida a polvo fino, como si el propio vacío hubiera abierto un sendero antes de que sus pies llegaran a recorrerlo
Solo entonces, el tiempo pareció recordar que debía seguir avanzando
El silencio llegó primero
El rugido del ciempiés, la tormenta de acero y el estrépito de miles de armas chocando entre sí desaparecieron de golpe, tragados por un vacío tan absoluto que resultaba antinatural. Nadie vio el instante en que tocó el suelo. No hubo viento, no hubo impacto, ni una sola espada llegó a estremecerse bajo sus pies. Había recorrido toda la distancia con una velocidad tan perfecta que el mundo solo pudo registrar el resultado
Simplemente, ya estaba ahí
Era un joven de apariencia apenas cercana a los 16 o 18 años, de piel pálida como el jade sin pulir y cabello negro que le caía largo hasta la espalda, mecido apenas por el remolino de polvo que aún no terminaba de asentarse a su alrededor. Vestía una túnica morada que parecía absorber la escasa luz de la caverna en lugar de reflejarla. Pero fueron sus ojos los que Qiao Lian no pudo dejar de mirar: un verde esmeralda profundo, sereno, que no pertenecía al rostro joven que lo sostenía. Eran los ojos de alguien que había visto morir imperios enteros y los había olvidado con la misma facilidad con la que se olvida un sueño
Kilómetros de masa continuaron su avance por pura inercia; un cuerpo de esa escala no podía detenerse en un instante, sin importar cuánto lo deseara su dueño. Pero la cabeza de Gǔ, las fauces ensangrentadas que un segundo antes se dirigían hacia Qiao Lian, se quedaron absolutamente inmóviles, sostenidas por una mano pálida, mientras el resto de su cuerpo colosal seguía deslizándose hacia adelante, plegándose sobre sí mismo en un ángulo que ningún ser vivo debería poder soportar
La imagen era absurda: una mano diminuta, frágil en apariencia, había logrado frenar en seco a un monstruo legendario capaz de destrozar montañas. Y sin embargo, allí estaba, sosteniendo aquella mandíbula colosal como quien sostiene una puerta que se niega a cerrarse
Bajo la caverna entera, el mar de espadas tembló
Y en las profundidades del instinto de Gǔ, algo se quebró
Antes de que su mente colosal pudiera comprender qué ocurría, su cuerpo ya había vacilado. Un escalofrío ajeno a toda lógica de combate recorrió cada uno de sus segmentos, una quietud impuesta desde algún lugar más viejo que su propia conciencia, más viejo que el odio, más viejo que el hambre. No sabía por qué. Solo sabía que, por primera vez en más de un siglo, su cuerpo se había rendido antes que su voluntad
“Joven maestro…”
Qiao Lian alzó la mirada hacia la sombra frente a ella, la voz apenas un hilo. Junto a ella, Luo agachó la cabeza en absoluta sumisión
El ciempiés, todavía herido, intentó enfocar la vista entre el dolor y la confusión
Y entonces lo vio
La persona que había añorado durante más de cien años
“Ha pasado tiempo, Gǔ”
La voz de Li Wang sonó tan relajada que parecía completamente ajena al campo de destrucción que lo rodeaba. No había tensión, ni hostilidad, solo la familiaridad de quien vuelve a encontrarse con un viejo conocido después de una larga ausencia
Sus ojos recorrieron con calma el inmenso cuerpo del ciempiés
“Te has vuelto... un poco más grande”

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Estás leyendo el capítulo 137 de Sellando el Tiempo (Novela), un novela. Li Wang inicia su quinta vida en el Bosque Báixuě, en un mundo donde incluso los cultivadores más poderosos están condenados a un límite de vida de apenas 200 años. Sin embargo, él carga con más de 800 años de… Este capítulo tiene publicado el 20 de julio de 2026. Sellando el Tiempo (Novela) tiene 168 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.