Leer Sellando el Tiempo (Novela) Capítulo 136 online gratis en español
El ciempiés colosal, Gǔ, detuvo su avance
Su cuerpo se extendía a lo largo de decenas de kilómetros, perdiéndose entre la oscuridad de las cavernas como una cordillera viviente. Cada segmento de su caparazón negro parecía tallado en una roca más antigua que la propia montaña, y el roce de sus miles de patas contra las innumerables hojas clavadas en la tierra producía un chirrido grave y constante, semejante al lamento de la roca. Allí donde las profundas heridas abiertas entre sus placas no habían terminado de cerrar, una espesa sangre color esmeralda descendía lentamente antes de cristalizar sobre el acero, formando largas vetas cristalinas que se extendían hasta perderse en la distancia
A lo largo de todo su cuerpo, miles de finísimas antenas se agitaban sin descanso, probando el aire, la roca y las corrientes de qi que recorrían la montaña como si fueran una lengua repartida en mil bocas distintas. Era así como veía el mundo: no con los ojos, sino con el sabor de cada aliento que la montaña exhalaba. Y entre todos esos sabores, uno acababa de volverse insoportablemente nítido
Entonces su inmensa cabeza comenzó a girar
Placa tras placa
Kilómetro tras kilómetro
Hasta quedar orientada hacia el techo de piedra
Sus ojos esmeralda atravesaron la montaña. Cruzaron decenas de kilómetros de roca maciza. Y encontraron a un joven de cabello rubio envuelto en llamas azules
Bajo aquellos ojos...
Descansaban dos pequeños lunares
El tiempo pareció detenerse
Las cicatrices repartidas por el cuerpo de Gǔ comenzaron a palpitar como si acabaran de abrirse otra vez. Sus gigantescas mandíbulas rechinaron lentamente, arrancando un sonido profundo que hizo vibrar el inmenso campo de espadas, mientras un odio antiguo, acumulado durante incontables años, despertaba una vez más
Esos lunares
Esas llamas
No...
No era "ella"
Pero aquella presencia... aquel linaje... era inconfundible. El mismo sabor amargo, la misma firma helada que había probado una sola vez en toda su existencia, ahora corría por las venas de otra persona
Apenas habían transcurrido unos pocos meses desde aquella batalla. Unos meses desde que esas llamas yin atravesaron su caparazón, congelaron su sangre y lo empujaron hasta las puertas de la muerte. El dolor seguía vivo. Sus heridas aún no habían terminado de cerrar
Sus ojos esmeralda permanecieron fijos sobre el joven de cabello rubio. No era la mujer que casi lo había matado. Pero cada llama azul que lo envolvía, cada pequeño lunar bajo sus ojos, despertaba un odio tan intenso que, por un instante, Gǔ sintió el impulso de atravesar decenas de kilómetros de roca para destrozarlo con sus propias mandíbulas
Solo la gravedad de sus heridas consiguió contener ese impulso
Si alguien hubiera podido observar el rastro que Gǔ dejaba sobre el mar de espadas, habría visto una enorme estela esmeralda. Sangre mineral escapaba desde varias de sus placas destrozadas. Apenas había logrado escapar de aquella mujer vil; su núcleo venenoso estaba destruido, y su vitalidad descendía con cada segundo que pasaba. Había caído desde las etapas intermedias del Reino Monarca, y apenas había logrado estabilizarse en el Gran Círculo del Reino Tierra.
Y aun así, su cultivo seguía cayendo...
Había pasado más de un siglo oculto en las profundidades, devorando Qi espiritual gota a gota hasta convertirse en una existencia que ninguna Secta de la superficie habría osado desafiar. Y, sin embargo, una sola batalla bastó para derrumbar todo aquello
Xia Yuen había aplastado su orgullo con una facilidad que todavía le resultaba insoportable
Destrozó su núcleo, abrió heridas que aún no cicatrizaban y lo obligó a huir como un animal acorralado. Desde entonces, su cultivo no había dejado de erosionarse, día tras día, mientras observaba impotente cómo más de un siglo de acumulación se desmoronaba lentamente ante sus propios ojos
Tenía que encontrarlo
Ese pensamiento apareció en su mar de conciencia, único y absoluto
Tenía que encontrar a su Maestro
Sus enormes ojos esmeralda descendieron otra vez hacia el mar de espadas bajo él. Sus antenas se extendieron, probando una vez más el aire cargado de qi metálico, buscando aquel sabor que había sentido apenas unos instantes atrás. Allí, entre miles de hojas de acero, había sentido la esencia de sangre de una mujer
¿Su Maestro estaba cerca?
Pero aquel sabor era distinto al que ardía sobre su cabeza como una brasa. No quemaba. No exigía violencia. Era tenue, casi tímido, como el eco lejano de algo que alguna vez había sido mucho más fuerte y que ahora llegaba diluido, filtrado a través de capas y capas de distancia. Donde el rastro del joven rubio le arrancaba un gruñido de odio puro, este otro rastro lo detuvo en seco, aplacando por un instante incluso el dolor de sus heridas, como si algo en lo más profundo de su instinto le exigiera cautela, casi reverencia, frente a algo que podría pertenecer a su Maestro
Volvió a fijar la mirada en esa dirección
No encontró nada
Ella había desaparecido, como si nunca hubiera existido
Un rugido bajo, apenas contenido, escapó de sus fauces. No era un grito de guerra. Era la frustración de un cazador que aún no comprendía cómo su presa seguía escapándole. El sonido se extendió por el mar de espadas, haciendo vibrar miles de hojas de acero a la vez, un murmullo metálico que viajó por toda la caverna
.
.
.
.
A varios cientos de metros de allí, aquel murmullo metálico llegó como un susurro lejano hasta los oídos de Qiao Lian, haciéndola contener la respiración
En realidad, no había nadie allí
Sobre el interminable campo de espadas, la luz se quebraba apenas una fracción de segundo antes de recomponerse, como si el aire mismo respirara. No había silueta, sombra ni presencia espiritual; solo una leve distorsión deslizándose entre las hojas clavadas en la tierra. Incluso si alguien hubiera dirigido la mirada hacia ese punto, no habría encontrado nada
Crik
Un escudo de metal espiritual se hundió apenas unos centímetros, como si un peso invisible acabara de posarse sobre él. El desplazamiento fue tan sutil que, para un mortal, habría parecido que un fantasma acababa de caminar sobre el acero
Velo del Espejo Fluyente
Una delgada lámina de agua envolvía el cuerpo de Qiao Lian, ondulando con tanta precisión que reflejaba el paisaje desde todos los ángulos, borrando los contornos de su figura y fundiéndola con el entorno. Al mismo tiempo, mantenía todos sus meridianos completamente cerrados, ocultando hasta el más mínimo rastro de qi espiritual
Sus túnicas de sirvienta, ya gastadas antes incluso de que todo aquello comenzara, colgaban ahora hechas jirones tras tantas horas arrastrándose entre roca, acero y fuego. El cabello negro, largo hasta la cintura, se había escapado por completo de cualquier peinado, cayendo desordenado sobre su rostro y sus hombros, pegado en algunos mechones por el sudor frío que no dejaba de resbalar por su nuca
Y hacía demasiado frío, notó, con una punzada de extrañeza que se abrió paso incluso a través del miedo
Todo el lugar se sentía más frío que unos minutos atrás. Una fina capa de escarcha, casi imperceptible, cubría ahora el filo de las espadas más cercanas a ella, como si alguien hubiera soplado invierno sobre el mundo entero sin que nadie lo notara
No tenía tiempo para preguntarse por qué
Habían pasado varios minutos sin que sintiera movimiento alguno acercándose a su posición. El monstruo parecía haber perdido su rastro. Poco a poco, sus pasos se hicieron apenas más largos y su respiración recuperó un ritmo más profundo. Por primera vez desde que había entrado en aquel lugar, se permitió pensar que quizá había logrado escapar de su percepción
Pero no bajó la guardia
Lo había sentido desde el primer instante. Frente a una existencia tan colosal, luchar ni siquiera era una posibilidad
CrkKCkr...
El chirrido de las placas de Gǔ volvió a resonar entre las cavernas
Qiao Lian giró lentamente el cuello
La descomunal cabeza del ciempiés había cambiado de dirección una vez más. Sus ojos esmeralda, inmensos como dos lagos, permanecían inmóviles, clavados exactamente sobre el lugar donde ella caminaba
Un escalofrío le recorrió la espalda
Una pequeña chispa de desesperación comenzó a extenderse por su pecho
¡La había encontrado otra vez!
Ni siquiera le había tomado unas pocas respiraciones volver a localizarla. Sus dedos se crisparon bajo el Velo del Espejo Fluyente. La técnica desviaba la luz, borraba su silueta y mantenía todos sus meridianos completamente sellados. No dejaba escapar el menor rastro de Qi espiritual, estaba convencida de que, mientras mantuviera el velo activo, ninguna criatura podría encontrarla
Entonces, por primera vez desde que había descendido a aquellas profundidades, una grieta apareció en su impecable temple
¿A qué demonios estaba reaccionando esa maldita cosa?
Crksk
Un cosquilleo casi imperceptible rozó su hombro
Qiao Lian bajó la mirada lentamente
Allí, sobre la tela de su túnica, una diminuta criatura carmesí avanzaba con absoluta tranquilidad. Sus pequeñas patas recorrían los pliegues de la ropa con una naturalidad inquietante, las finísimas antenas se balanceaban de un lado a otro y su diminuto abdomen se contraía rítmicamente, como si estuviera enviando una señal invisible a través de la montaña
El color abandonó su rostro
“¿...Un insecto del Enjambre Corrupto logró aferrarse a mis ropas?”
Durante un instante permaneció inmóvil, hasta que una aterradora certeza atravesó su mente: el ciempiés jamás la había estado siguiendo a ella; estaba reaccionando a aquel diminuto insecto
Tick
Con un movimiento rápido de su mano derecha, lo guardó en su frasco de vidrio. Una decena de matrices de formación separaron de inmediato su aura espiritual del mundo exterior. Pero ya era demasiado tarde. Un qi tan antiguo y particular como el de la sangre de Li Wang, aunque filtrado, diluido y apenas perceptible tras semanas de cultivo indirecto, no pasaba desapercibido en la oscuridad; era como una polilla revoloteando frente a una llama
PLASSSSHHH
Un lago de sangre esmeralda brotó desde las fauces de la bestia ciempiés, y todo su cuerpo tembló durante un instante
“¿Esa cosa.. está herida?”
La mirada de Qiao Lian se agudizó. Aquello confirmaba una sospecha que había comenzado a formarse desde el principio. La criatura no había llegado a la Montaña de las Mil Entrañas en perfectas condiciones; no sabía dónde había ocurrido la batalla que la había dejado así, quizá en algún rincón lejano del continente antes de refugiarse en aquellas profundidades apartadas de toda civilización
Pero sus heridas explicaban muchas cosas
Una bestia de ese nivel no habría necesitado perseguir personalmente a los discípulos de las 4 ectas. Las proyecciones de Qi espiritual eran suficientes. Podía mantenerse oculta en las profundidades de la montaña, conservar la poca fuerza que le quedaba y, al mismo tiempo, eliminar uno tras otro a los cultivadores que se encontraban dispersos por los distintos túneles
No era una muestra de debilidad
Era la decisión más lógica para una criatura que todavía cargaba con heridas capaces de hacer sangrar incluso a un monstruo como ella
¡¡CRRSSHH!!
Bajo sus pies, decenas de espadas antiguas se quebraron al mismo tiempo. Las hojas enterradas en el suelo metálico cedieron ante la fuerza de su impulso, soltando un estruendo que se extendió por las cavernas como una campana de alarma
Qiao Lian no se detuvo
Su figura seguía completamente oculta bajo el Velo del Espejo Fluyente. La luz se desviaba a su alrededor, el aire se deformaba apenas con cada movimiento y ni siquiera una mínima corriente de qi escapaba de su cuerpo, pero aquel lugar era su peor enemigo. No importaba cuánto perfeccionara su ocultamiento; cada paso sobre aquel interminable campo de armas dejaba un rastro de sonido
Espadas que chocaban
Hojas que se partían
Metal antiguo que gemía bajo su peso
Era como avanzar dentro de una prisión construida con millones de campanas
Su pecho se volvió pesado. Desde las profundidades de la montaña no existía una ruta clara de escape. Había descendido demasiado, se encontraba demasiado lejos de la superficie y, detrás de ella, una criatura capaz de borrar cultivadores del Reino Espiritual comienzaría a perseguirla sin descanso
En este momento no pudo evitar pensar en Li Wang y Xu Mao. Cuando ellos se movían, sus pasos no dejaban absolutamente ningún rastro. Ni sonido, ni vibración, ni siquiera una alteración perceptible del entorno. Qiao Lian había intentado comprender aquel juego de pies en el pasado, pero siempre había terminado llegando a la misma conclusión: era una técnica demasiado extraña, demasiado refinada
Incluso después de observarla tantas veces, seguía sin entender cómo Xu Mao había logrado dominarla
A veces, cuando observaba a su “hermano menor”, tenía la misma sensación que al mirar a Li Wang. Como si ambos ocultaran algo mucho más monstruoso de lo que mostraban
PAFFF
Una fuerza invisible golpeó su cuerpo
Qiao Lian salió despedida hacia atrás, atravesando varias filas de espadas antes de caer pesadamente sobre el suelo metálico
Sus sentidos se dispersaron mientras su cabeza giraba por la inercia del golpe. ¿Qué la había empujado? ¿Había chocado contra algo? No había sentido nada hasta el último instante
Antes de poder recuperar el control de su cuerpo, algo comenzó a lamerle la cara con entusiasmo. Sin sus lentes, sus ojos apenas lograron enfocar algo. Bajo la tenue luz de los minerales que iluminaban la caverna, distinguió una figura morada
“¿L-Luo?”
Frente a ella estaba el león morado de Mao, la pequeña mascota que había visto antes del choque de la nave espiritual. Pero ya no quedaba nada pequeño en él. En unas pocas horas, su cuerpo había cambiado por completo: ahora era tan grande como una bestia adulta, superaba los dos metros de largo, sus músculos eran mucho más marcados y su melena se levantaba llena de energía
Incluso en medio del caos, Qiao Lian no pudo evitar observarlo con atención. Era algo que había hecho durante años; estudiar, comparar y buscar respuestas en cada detalle. Sus ojos recorrieron el cuerpo de Luo hasta detenerse en unas manchas oscuras sobre su hocico y sus garras delanteras
No era barro
Era sangre seca. Y tenía el mismo color verdoso que la sangre del ciempiés
Entonces reparó en algo más
Los ojos de Luo, que ella recordaba tan morados como su propio pelaje, ahora mostraban un tenue matiz esmeralda arremolinándose alrededor de las pupilas, como tinta extendiéndose lentamente en el agua
Una idea apareció en su mente
¿Había estado devorando las proyecciones de qi de aquellas bestias ciempiés? ¿Era eso lo que estaba tiñendo hasta el color de sus propios ojos?
Pero incluso esa explicación parecía insuficiente. Nunca había leído sobre una bestia espiritual capaz de crecer tanto en tan poco tiempo, y mucho menos de heredar visualmente el color de aquello que consumía, ni siquiera después de devorar criaturas con un cultivo muy superior al suyo. Aquello no era un simple aumento de tamaño. Era algo completamente fuera de lo normal
En otro momento, Qiao Lian habría considerado aquello un descubrimiento digno de una investigación completa. Habría reunido información, revisado antiguos registros y, probablemente, escrito un ensayo entero sobre las posibles mutaciones en el físico de las bestias espirituales
Era una lástima que el "objeto de estudio" tuviera la mala costumbre de aparecer justo cuando una bestia ciempiés colosal estaba intentando matarla
No era el ambiente más adecuado para tomar notas
Con algo de pesar, apartó la mirada de Luo y guardó aquella pregunta en lo más profundo de su mente
Ya tendría tiempo de investigar después
Claro, si sobrevivía...
Swwshh
Antes de que pudiera reaccionar, sintió que su cuerpo era arrastrado hacia adelante
Paff
Cayó sentada sobre el lomo de Luo, que de inmediato echó a correr
Detrás de ellos, el rugido de Gǔ volvió a levantarse sobre el océano de acero, cargado esta vez con una furia distinta; no era solo ira, sino la frustración de una presa que había escapado de sus fauces por segunda vez
Pero delante de ellos ocurrió algo mucho más extraño
El mundo permaneció en silencio
Luo corría y saltaba entre las espadas enterradas, una bestia de más de dos metros capaz de destrozar roca con sus garras, pero sus movimientos no dejaban huella en el mundo. No había metal chocando, no había pasos, no había respiración agitada
Era imposible
No era que Luo se moviera en silencio
Era como si el propio mundo hubiera decidido no escucharla
“¿Esto...?”
Qiao Lian murmuró en voz baja mientras extendía el Velo del Espejo Fluyente sobre el cuerpo de Luo, envolviendo a la bestia león con una fina capa de agua que desviaba la luz y borraba su presencia
Pero no era su técnica lo que había provocado aquel silencio
Era el movimiento de Luo
Aquel juego de pies...
Qiao Lian lo había visto antes. Durante meses había intentado comprenderlo, analizar cada paso, cada cambio de peso y cada principio oculto detrás de aquella técnica, pero incluso con todo su conocimiento nunca había logrado descifrar por completo su esencia
El Camino de la Muerte
Por un instante, una pregunta apareció en su mente
¿Cómo podía una bestia espiritual ejecutar algo que ni siquiera ella había sido capaz de comprender?
Sin embargo, no tuvo tiempo para buscar una respuesta
Con su figura, su qi espiritual y hasta el sonido de sus pasos borrados por completo del mundo, humana y bestia avanzaron juntas entre las incontables espadas clavadas en la tierra, desapareciendo de la percepción de Gǔ como dos sombras que nunca hubieran existido
Detrás de ellas, solo quedó el rugido furioso de un depredador colosal, y una fina capa de escarcha que seguía extendiéndose, lenta e implacablemente, sobre aquel océano de acero antiguo que ya no sabía distinguir el frío de sus propias hojas de la presencia helada de aquello que dormía muy por encima de todos ellos

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Sellando el Tiempo (Novela) Capítulo 136
Estás leyendo el capítulo 136 de Sellando el Tiempo (Novela), un novela. Li Wang inicia su quinta vida en el Bosque Báixuě, en un mundo donde incluso los cultivadores más poderosos están condenados a un límite de vida de apenas 200 años. Sin embargo, él carga con más de 800 años de… Este capítulo tiene publicado el 17 de julio de 2026. Sellando el Tiempo (Novela) tiene 168 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.