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Leer Sellando el Tiempo (Novela) Capítulo 129 online gratis en español

Fang Hu avanzaba por uno de los innumerables túneles de la montaña. Un pequeño sol de fuego amarillo orbitaba sobre su cabeza, y su luz se enredaba en el cabello dorado del joven, corto y erizado como el pelaje de una bestias, arrancando destellos de sus ojos, también dorados, que ardían con luz propia en la penumbra de la cueva Detrás de él avanzaban varios de sus compañeros discípulos de la Garra Primordial: torsos desnudos marcados por tatuajes rúnicos y cicatrices de garra, miradas hambrientas y dientes afilados como los de las bestias que los seguían. No hablaban entre sí como lo haría gente civilizada. Gruñidos breves, silbidos, un chasquido de dedos: eso bastaba para que un pangolín se detuviera en seco o para que un armadillo trepara al hombro de su amo y se enroscara ahí, quieto, atento. Olían a tierra húmeda y a sudor animal, y el eco de sus pasos se mezclaba con el raspar de garras y caparazones contra la piedra ¡fwwsh! Una pequeña brújula de fuego amarillo parpadeaba sobre la palma de Fang Hu. Se encendía y se apagaba cada pocos segundos, apuntando apenas hacia una dirección, sin terminar de calibrarse, como si algo en aquella montaña se negara a ser encontrado Su cultivo era ahora más robusto que cuando se midió contra Xu Mao. Más amplio, más estable. Había roto un nivel, y ahora se alzaba en el… Reino Espiritual Nivel 9 “Estamos perdiendo el tiempo, hermano mayor Hu” La voz pertenecía a Lian Xue, una mujer de curvas peligrosas y una figura atlética, esculpida por incontables años de cultivo y combate. Su cintura era estrecha, sus piernas largas y firmes, y el ajustado uniforme negro de la Garra Primordial apenas lograba ocultar la armonía letal de su cuerpo Sus ojos, al contemplar la espalda de Fang Hu, perdieron por un instante la frialdad propia de un cultivador. Había admiración en ellos... y algo más profundo, un deseo silencioso que ni siquiera intentaba esconder del todo. Sus labios carmesí dibujaron una sonrisa apenas perceptible antes de volver a endurecer su expresión A su lado, un hombre gigantesco avanzó un paso Era Tie Shan, una auténtica montaña de carne y acero. Sus hombros parecían capaces de sostener un portón de fortaleza, los músculos de sus brazos se tensaban bajo la piel como serpientes vivas y cada movimiento hacía crujir las placas de su armadura. Su presencia desprendía una brutalidad casi salvaje, como si un oso demoníaco hubiera aprendido a caminar sobre dos piernas Enseñó los dientes en una sonrisa afilada “Es verdad. Bien podríamos iniciar la retirada, hace tiempo que no nos cruzamos con nadie de las sectas vecinas” Sus ojos recorrieron el silencioso desierto de arena negra “Se ha vuelto... demasiado silencioso” La mirada de Fang Hu se estrechó mientras observaba la brújula apagarse sin señalar rumbo alguno Ahora podía confirmarlo. La calidad elemental de aquel mocoso de la Fractura Celestial, Xu Mao, era extraordinaria. Solo con absorber el fuego residual que había dejado en la caverna de lava le había bastado para romper un pequeño reino de cultivo, avanzando del nivel ocho al nueve Una sonrisa apenas perceptible curvó sus labios Si unas simples brasas habían producido semejante resultado... ¿qué ocurriría si reducía al muchacho a cenizas y devoraba hasta la última chispa de su llama? ¿Cuánto se fortalecerían sus llamas amarillas? ¿Cuánto más cerca estaría de alcanzar el siguiente gran reino? La codicia brilló en sus ojos como un fuego imposible de apagar fwwshh El sol de fuego sobre su cabeza titiló, interrumpiendo el pensamiento. Sus ojos dorados se afilaron “¿Hm?” Fang Hu detuvo sus pasos La luz amarilla de sus llamas se deslizó lentamente por el corredor de roca, reptando sobre las paredes ennegrecidas y devorando la oscuridad centímetro a centímetro Primero apareció una silueta La espalda de una figura humana, inmóvil, semisentada en el suelo, envuelta en túnicas moradas bordadas con hilos dorados Un discípulo interno de la Secta de la Fractura Celestial “........” Fang Hu levantó una mano, deteniendo al grupo Algo estaba mal Sus instintos, templados tras incontables batallas contra bestias demoníacas, rugían con una violencia que rara vez experimentaba La luz continuó avanzando, deslizándose más allá del discípulo Entonces la oscuridad terminó de retirarse Frente a él se alzaba una grotesca columna formada por cabezas humanas, ensartadas una sobre otra como un macabro monumento Eran todas mujeres Todas discípulas de la Secta de la Flor Nocturna Algunas conservaban los ojos abiertos, inmóviles y vidriosos; otras mantenían una expresión inquietantemente serena, como si la muerte las hubiera alcanzado antes de que pudieran comprender lo sucedido. Desde los cuellos cercenados, gruesos hilos de sangre seca descendían hasta un espeso charco oscuro que cubría el suelo. Bajo el temblor de la luz amarilla, aquel lago escarlata parecía agitarse lentamente, como si el horror aún siguiera vivo “¿Oh?” Al percibir a los recién llegados, Lu Zhan detuvo sus manos Con absoluta naturalidad terminó de acomodar una de las cabezas sobre la macabra columna, inclinándola apenas hacia un lado, como un niño corrigiendo una torre de bloques que había quedado torcida Solo entonces giro la cabeza Era alto, de facciones que cualquiera habría llamado hermosas, con el cabello corto arremolinado sobre la frente en un desorden casi elegante. Una sonrisa luminosa descansaba sobre sus labios, demasiado inocente para aquel mar de sangre “¿¡Más discípulos de la Garra Primordial!?” Sus ojos brillaron con una alegría casi infantil “¡Qué bien! Pensé que ya no vendría nadie más…” Se incorporó de un salto, sacudiéndose distraídamente la sangre de las manos antes de recorrer al grupo con sus ojos vacíos, dos pozos insondables atrapados en un rostro perfecto “Hoy tengo un montón de juguetes nuevos” Su sonrisa se ensanchó “¿Con cuál creen que debería empezar a jugar?” ¡THOOOM! El aura de Lu Zhan estalló como una marea invisible El grupo de la Garra Primordial fue aplastado varios centímetros contra el suelo al unísono. La roca crujió bajo sus pies y una oleada de polvo salió disparada en todas direcciones A pesar de encontrarse en el Reino Espiritual Nivel 9, el mismo nivel que Fang Hu, la presión que emanaba de Lu Zhan pertenecía a un monstruo completamente distinto Era una presencia oscura y viscosa que parecía inundar el túnel, colándose por cada rincón como un mar de sangre invisible. El aire se volvió pesado, casi sólido, obligando a cada discípulo a respirar con un esfuerzo insoportable, como si cientos de miles de almas en pena les aferraran el pecho con manos heladas Las rodillas cedieron una tras otra Los corazones comenzaron a latir con violencia El túnel entero quedó sepultado bajo aquella voluntad dominante, como si hubiera dejado de pertenecer al mundo de los vivos para convertirse, por un breve instante, en el territorio exclusivo de Lu Zhan “¡Puaj!” Incluso Fang Hu sintió que sus piernas vacilaban. Por puro instinto, sus ojos buscaron aquello que siempre veía en las emociones de los demás... pero al fijarse en Lu Zhan, no encontró absolutamente nada Su expresión se endureció Con Xu Mao, al menos alcanzaba a distinguir aquel inmenso agujero negro devorando cada emoción apenas nacida, consumiéndola hasta desaparecer. Pero en Lu Zhan no había un agujero negro, ni colores, ni emociones, ni siquiera un vacío que las engullera No había nada Era como observar una roca con forma humana. O una planta que, por algún capricho del cielo, hubiera aprendido a caminar, sonreír y hablar Por primera vez desde que nació con aquella percepción, Fang Hu fue incapaz de encontrar una sola emoción en la persona que tenía delante ¡Huir! El pensamiento cruzó como un relámpago la mente de todo el grupo: habían tenido la desgracia de toparse con uno de los discípulos más temibles de la Fractura Celestial. Frente a semejante poder, ni en sus sueños podían aspirar a luchar y sobrevivir Swwsh Swwsh Swwsh Las figuras de la Garra Primordial se deshicieron en borrones, retrocediendo a toda velocidad y devorando cientos de metros en apenas unas respiraciones “¡Eh! ¡Esperen!” Lu Zhan hizo un pequeño puchero. Su mirada se desvió hacia la macabra columna formada por las cabezas de las discípulas de la Flor Nocturna, recorriéndola con una expresión de inocente insatisfacción, como un artista contemplando una obra todavía inconclusa “Todavía me faltan unas cuantas cabezas más…” Al instante siguiente... Desapareció La cacería había comenzado . . . . Las cascadas de arena seguían cayendo desde las alturas de la caverna, ininterrumpidas, indiferentes, como si el mundo subterráneo no hubiera notado siquiera que un genio había muerto, que un ejército había sido borrado y que una bestia del Gran Círculo del Reino Espiritual yacía partida en dos sobre las dunas ensangrentadas En el centro de aquel desierto artificial, rodeado por cientos de cadáveres, se encontraba lo único que realmente importaba en ese instante Un pequeño grupo de la Fractura Celestial Y en medio de ellos, tendido sobre la arena teñida de rojo, se encontraba Yun Su cuerpo estaba desplomado, sin fuerza, sin voluntad. Su cabello, ahora completamente blanco, se extendía sobre el suelo como si fuera nieve caída sobre un campo de matanza. No había orgullo en su postura, ni poder, ni la sombra de la calamidad que había sido apenas unos instantes antes Solo quedaba un cuerpo roto “¡Yun! ¡Yun, responde!” Situ Ming seguía comprimiendo el pecho de Yun una y otra vez. Sus manos, normalmente firmes y elegantes, temblaban por el esfuerzo, pero no aflojaban ni un instante. El pecho del joven se hundía bajo cada compresión antes de volver a elevarse, una y otra vez, al ritmo frenético que ella se negaba a romper Largos mechones de cabello caían sobre el rostro inmóvil de Yun mientras su propia respiración se volvía cada vez más agitada Una fina línea de sangre seguía descendiendo por su cuello, recuerdo de la herida que había estado a punto de costarle la vida minutos antes, pero ella ni siquiera parecía sentirla No había espacio para su propio dolor Solo para el pánico “Vamos... vamos…” Su voz se quebró “¡No te atrevas a morirte ahora, maldito idiota!” Las compresiones continuaron sin detenerse. Sus brazos comenzaban a arder por el esfuerzo, pero siguió empujando con todas sus fuerzas, negándose a abandonar “¡Después de todo lo que hiciste... no puedes morir así!” Sus ojos comenzaron a humedecerse, pero ni una sola de aquellas compresiones perdió fuerza. Se negaba a aceptar que el hombre que acababa de salvarle la vida muriera frente a ella A su lado, Situ Hei estaba casi tan pálida como su hermana. Se inclinó sobre Yun, tomó una bocanada profunda de aire y unió sus labios con los de él, tratando de forzar el aliento hacia sus pulmones inmóviles. Sus manos temblaban sobre el pecho destrozado de Yun, sintiendo bajo sus dedos la ausencia de movimiento, la ausencia de vida A su alrededor, los discípulos externos rescatados, los pocos que quedaban en pie, agotados, heridos, algunos apenas capaces de sostenerse sobre sus propias piernas, extendían las manos hacia Yun. Enviaban hacia él lo poco que les quedaba de Qi espiritual, gotas insignificantes comparadas con el océano que Yun había quemado, pero gotas que ofrecían de todos modos, porque era lo único que tenían para dar Nadie decía nada Nadie necesitaba decirlo Todos habían visto lo mismo, todos habían presenciado, con sus propios ojos, algo que ninguno de ellos olvidaría jamás mientras vivieran Un solo discípulo interno del Reino Espiritual Nivel 1 había asesinado con sus propias manos a decenas de cultivadores pertenecientes a dos de las grandes sectas de la región. Había ejecutado a un genio del Corazón Marcial en el Reino Espiritual Nivel 7 en cuestión de un parpadeo. Y luego, como si aquello no hubiera sido suficiente, había partido por la mitad a una proyección en el Gran Círculo del Reino Espiritual Y ahora yacía frente a ellos, roto e inmóvil. Su rostro seguía siendo el de un joven cultivador, pero su cabello, completamente blanco, parecía el de un anciano que hubiera agotado toda su vida en un solo instante Aquello no era una victoria Era el precio Un leve aroma medicinal escapaba de los labios de las hermanas Situ mientras trabajaban sobre el cuerpo de Yun En el último instante antes de que sus propias heridas las mataran, ambas habían activado la Píldora del Mar Espiritual Secundario que descansaba en sus estómagos desde hacía tiempo, una reserva oculta preparada precisamente para momentos como aquel. En apenas unos segundos, sus reservas de Qi espiritual se habían restaurado por completo, y ambas habían utilizado ese breve exceso de poder para forzar el cierre de las heridas abiertas en sus cuellos, sellando la muerte que las esperaba a solo un latido de distancia Debían agradecerle aquello a Xu Mao Sin sus conocimientos de Alquimia, sin aquellas píldoras preparadas en secreto, ninguna de las dos habría vivido para ver el final de la batalla Pero ahora todo su Qi espiritual, toda su fuerza restaurada, se concentraba en un solo objetivo Mantener a Yun con vida “¡Vamos!” Gritó Situ Ming, presionando el pecho de Yun con más fuerza, con una desesperación que ya no sonaba a orden sino a negación pura “¡No voy a dejar que el hermano mayor de Mao muera en un lugar como este!” Su voz se quebró en la última palabra El cuerpo de Yun seguía sin responder Situ Hei se apartó apenas un instante, tomando aire como si intentara mantener intacta su habitual frialdad. Pero por primera vez, su expresión mostró una grieta: la mandíbula tensada, los labios apretados con demasiada fuerza, y una humedad contenida brillando en sus ojos antes de que lograra ocultarla Sin decir nada, se inclinó sobre Yun Selló sus labios contra los suyos y comenzó la respiración boca a boca con precisión forzada, como si obligara a su propio cuerpo a no dudar. Cada exhalación era medida, controlada… pero el leve temblor en su postura traicionaba la calma que intentaba sostener Mientras tanto, Situ Ming no se detenía. Compresión tras compresión, su ritmo desesperado seguía rompiendo el silencio del túnel El contraste entre ambas, una forzando vida a golpes, la otra entregando aire en silencio, hacía que el mundo pareciera suspendido, como si la realidad se negara a decidir si Yun debía quedarse en la muerte o regresar a ella Entonces ocurrió. El cuerpo de Yun se sacudió, débil, casi inexistente, y volvió a hacerlo una vez más Su pecho se arqueó de golpe, como si algo en su interior hubiera sido arrancado desde el borde de la muerte y empujado de regreso a la fuerza Un sonido áspero escapó de su garganta. Sus dedos, hasta entonces rígidos, se cerraron de golpe sobre la arena, apretándola con una fuerza instintiva, como si el mundo acabara de recordarle, a través del dolor, que aún no lo soltaba del todo “Ghh-haa…” Yun inhaló con violencia, como si el aire tuviera que forzarse a entrar en su cuerpo Y, finalmente… abrió los ojos
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Sellando el Tiempo (Novela) Capítulo 129

Estás leyendo el capítulo 129 de Sellando el Tiempo (Novela), un novela. Li Wang inicia su quinta vida en el Bosque Báixuě, en un mundo donde incluso los cultivadores más poderosos están condenados a un límite de vida de apenas 200 años. Sin embargo, él carga con más de 800 años de… Este capítulo tiene publicado el 2 de julio de 2026. Sellando el Tiempo (Novela) tiene 168 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.