Leer Sellando el Tiempo (Novela) Capítulo 119 online gratis en español
Xu Mao sintió el calor antes de ver la luz. Primero fue una presión sorda, invisible, como si una mano gigantesca hubiera presionado su rostro desde el otro lado de la piedra. Después llegó el ardor real: una humedad abrasiva que se le metía por la garganta, se pegaba a los pulmones y volvía cada respiración más pesada, más espesa, más difícil de arrancar del pecho
Sus pasos no se detuvieron, pero sí se volvieron más cautelosos. El pasillo descendía con una inclinación irregular, retorciéndose entre rocas negras y muros húmedos que parecían sudar por el exceso de temperatura interna. El aire vibraba frente a sus ojos; a cada instante, ondas invisibles de calor deformaban la oscuridad, haciendo que las paredes parecieran moverse apenas, como si la montaña entera respirara bajo tierra con un pulmón de fuego
Xu Mao avanzó otros diez pasos, luego giró en una curva estrecha, y la oscuridad se abrió de golpe
Se detuvo
Frente a él se extendía un lago de lava colosal. El corazón entero de la montaña parecía estar expuesto allí, latiendo con una ferocidad primitiva. La superficie roja y turbulenta se agitaba con lentitud letal, derramando reflejos anaranjados sobre los muros, las grietas y las columnas de roca que emergían desde el fondo como restos de una ciudad ahogada en fuego. Desde distintas cavidades del techo caían cascadas de magma, gruesas, viscosas, pegadas a la piedra como venas abiertas de una criatura viva. No eran simples corrientes de lava; eran vasos sanguíneos, ríos internos transportando el fuego bajo la corteza terrestre
"……..."
Xu Mao observó aquello en silencio. Por un instante, sintió que no estaba mirando una caverna, sino el interior de un monstruo colosal, antiguo, enterrado durante eras bajo la montaña
El calor era sofocante, incluso para él. Tenía afinidad hacia el fuego, su Qi espiritual tenía una compatibilidad natural con el ardor, la combustión y la violencia de las llamas. Pero ese lugar no era un simple entorno caliente; era una presión total, una fuerza pensada para aplastar el cuerpo, quebrar la circulación de los meridianos y volver pesada hasta la intención de matar. Si no hubiera envuelto su cuerpo con una capa fina de Qi espiritual, sus túnicas moradas ya habrían empezado a carbonizarse por los bordes
Aun así, no retrocedió. Sus ojos recorrieron la escena con una quietud afilada. Sobre la superficie del lago de lava flotaban numerosas rocas de metal espiritual, algunas del tamaño de un brazo, otras del tamaño de una habitación pequeña, todas incandescentes por la temperatura brutal del lugar, como fragmentos de un astro destrozado suspendidos sobre el fuego líquido. En ocasiones, una burbuja gigantesca emergía desde las profundidades, se inflaba como una herida viva y explotaba con un estruendo sordo, lanzando vapor y escupiendo chispas que subían hacia el techo de la caverna antes de apagarse
El suelo vibró una vez, luego otra. El lago no estaba quieto. Nunca estaba quieto
Xu Mao observó aquel infierno con expresión inmóvil, pero en su mente una idea comenzó a afilarse con precisión fría. Si cultivaba la "Piel Solar" en un sitio como este… tal vez el avance sería monstruoso, tal vez su carne se volvería más firme, tal vez sus huesos podrían endurecerse bajo aquella forja brutal, tal vez podría absorber una parte de esa violencia y convertirla en algo propio
Pero no tenía tiempo
Había venido a buscarla a ella, a buscar a los demás, a abrirse paso por esa montaña maldita aunque tuviera que arrancarle sus secretos con las uñas. No había espacio para ensoñaciones, ni para perderse en la belleza salvaje del lugar, ni para dejar que la simple contemplación le robara el instante
"¿Dónde…?"
Entonces oyó el sonido
Crchrhsh Crcrssh
Un roce áspero, seco, múltiple. Giró la cabeza con lentitud. En el extremo opuesto de la caverna, cerca de los límites del lago de lava, había movimiento. Decenas de ciempiés de gran tamaño se desplazaban sobre la roca caliente con una coordinación inquietante. Sus cuerpos segmentados eran largos, oscuros y duros como caparazones fundidos en metal viejo. Cada una de sus patas rozaba la piedra con un sonido leve, casi insoportable, que se arrastraba por el aire como un cuchillo frotándose contra hueso. Las antenas se agitaban con pequeños espasmos, captando vibraciones del suelo, del calor, de cualquier cambio mínimo en el entorno
A su alrededor habían apilado una pequeña montaña de huevos blanquecinos, húmedos y brillantes. Estaban usando el lago de lava para acelerar la eclosión
Xu Mao entrecerró los ojos. No eran simples bestias hambrientas. Eran criaturas con propósito, organizadas, metódicas, peligrosamente adaptadas a las profundidades
Y detrás de la docena de ciempiés, casi oculta por sus cuerpos y por el resplandor rojo de la caverna, se encontraba una abertura en la pared rocosa. Una cueva secundaria, estrecha y oscura, escondida de tal forma que solo alguien con absoluta precisión habría notado su presencia
De allí provenía el aura de Mei Mei
El corazón de Xu Mao dio un golpe lento y pesado dentro del pecho
"Mierda…"
La palabra salió apenas de sus labios, ahogada por el calor. Se movió sin producir ruido y se ocultó detrás de una roca negra fracturada, tan grande como medio salón. Desde allí estudió la escena con calma forzada
Cada uno de aquellos ciempiés tenía la fuerza de un cultivador en el Reino Espiritual Nivel 1. Una docena de enemigos de ese nivel custodiando una sola entrada. Xu Mao exhaló muy despacio. Un Reino Mortal Nivel 9 enfrentándose a una bestia del Reino Espiritual Nivel 1 en una pelea justa… ni siquiera valía la pena pensarlo. Ni con 100 vidas lo conseguiría
Si se lanzaba de frente, moriría en un instante. Si intentaba abrirse paso por fuerza bruta, sería triturado por las mandíbulas, las patas o el simple peso de la colonia. Si una sola bestia reaccionaba, las demás lo harían al mismo tiempo. Y en un lugar como ese, con el calor alterando el cuerpo y el sonido rebotando contra la roca, cualquier error sería fatal
Pero no pensaba luchar en términos justos. Nunca lo había hecho
Su mirada siguió las antenas de los ciempiés, el patrón de sus movimientos, la forma en que sus cuerpos se distribuían alrededor del nido, la manera en que ninguno parecía mirar hacia adelante de forma convencional, sino que se orientaban por vibraciones, por el temblor de la piedra, por cambios diminutos en la presión del suelo. Criaturas casi ciegas, sin verdadero sentido espiritual, que recolectaban información del mundo como si lo hicieran con la piel. En ese aspecto, casi le recordaban a su hermano mayor Tian
La comparación le arrancó un pensamiento más profundo
Cordillera del Cielo Marchito
Su memoria retrocedió de golpe. La imagen de su Maestro apareció con la nitidez de un filo cortando la oscuridad. En aquel entonces, su Maestro aún se hallaba en el Reino Mortal Nivel 1, y aun así había exterminado centenares de bestias gusano en el Gran Círculo del Reino Mortal. Lo había hecho con una facilidad aterradora. Para los demás, aquella escena había parecido simple: un solo movimiento, un solo corte, un cuerpo derrumbándose tras otro como hierba arrancada por el viento. Pero Xu Mao sabía que detrás de esa aparente sencillez existía una comprensión monstruosa de las artes marciales. Su maestro no parecía combatir. Parecía gobernar el campo de batalla
Xu Mao apretó los dedos contra la roca, ahora el desafío estaba frente a él. Solo que él no era su Maestro, no tenía ese tipo de dominio perfecto sobre las artes marciales, no podía permitirse una hazaña tan grande fingiendo que era tan fácil como cortar coles. Un movimiento en falso y estaría muerto
La temperatura siguió subiendo. Una burbuja de lava explotó en el lago con un estruendo grave que hizo temblar el suelo. Xu Mao cerró apenas los ojos, midiendo la distancia. La entrada de la cueva secundaria estaba lejos, pero no tanto: tal vez treinta metros, tal vez cuarenta. Una distancia ridículamente corta para cualquier cultivador. Y, sin embargo, en ese instante, esa distancia parecía una muralla
Las bestias seguían ocupadas. Una de ellas levantó las antenas y, de forma casi imperceptible, las otras modificaron su posición. Xu Mao observó ese detalle con expresión fría. No era una simple colonia. Era una red conectada. Si atacaba una, las demás responderían. Si provocaba ruido, lo detectarían al instante. Si liberaba demasiada energía espiritual, el suelo entero vibraría y todas girarían hacia él
Tenía que pensar rápido
Sus ojos se deslizaron hasta las rocas de metal espiritual flotando sobre la lava, luego al nido de huevos, luego a la entrada, luego al calor sofocante que golpeaba la caverna desde abajo y desde arriba al mismo tiempo. Entonces lo entendió: no necesitaba derrotarlas, solo necesitaba abrir una brecha. El tipo de apertura que duraba menos que un latido, pero bastaba para deslizarse hacia la cueva secundaria sin ser atrapado
Xu Mao bajó el centro de gravedad. Su respiración se volvió más lenta. El Qi espiritual dentro de su cuerpo circuló con una suavidad extraña, estable y silenciosa, como un río contenido bajo una lámina de acero. El fuego en sus meridianos pareció responder, no con violencia sino con una ansiedad controlada, como si el calor del entorno hubiera despertado algo dormido en su interior. Xu Mao sintió por un instante que el ambiente lo empujaba y lo probaba al mismo tiempo
El fuego no lo estaba destruyendo, lo estaba midiendo. Él ignoró la sensación, aún no era momento de dejarse arrastrar por ella
Los ciempiés seguían moviéndose alrededor del nido, sus patas resonando de manera casi imperceptible sobre la roca. Uno de ellos se acercó al borde del lago, alzó las antenas y permaneció inmóvil durante unos segundos, como si escuchara el magma, como si oliera la vibración del aire. Luego giró de vuelta hacia el grupo central sin sospechar nada
Xu Mao no apartó la vista. Su mano se cerró alrededor de la empuñadura de su espada. La madera y el metal de los núcleos de Qi muerto estaban tibios por el calor de la caverna. Bien. Ya tenía un punto de partida. Ahora solo necesitaba esperar el instante correcto
Y entonces, muy despacio, una sonrisa fina y fría se dibujó en su rostro. No era la sonrisa de alguien confiado; era la de alguien que ya había empezado a diseccionar la muerte antes de moverse
El Camino de la Muerte comenzó a profundizarse bajo sus pies. No era un simple juego de pasos. Era una ausencia, una grieta silenciosa en la presencia del mundo. Xu Mao bajó aún más el centro de gravedad; su cuerpo se volvió liviano hasta rozar lo irreal, y la sombra de la roca detrás de él pareció tragárselo poco a poco. Sus meridianos se comprimieron. Su respiración se volvió casi inexistente. El qi espiritual circuló por su cuerpo como una hebra de agua negra, invisible, fría, contenida
Un movimiento, solo uno, con eso bastaba
Cuando la atención de los ciempiés se desviara apenas un instante, él crearía una abertura entre sus flancos y se deslizaría por la brecha hacia la cueva detrás de ellos. El plan era simple, cruel, preciso. Y, si tenía suerte, suficiente
Entonces levantó levemente el peso sobre la punta del pie. Su sombra se alargó. El primer paso del Camino de la Muerte descendió como una aguja sobre el suelo
¡¡FWOOOOOOSHHHHH!!
Pero en ese mismo instante, una llamarada de fuego amarillo cayó desde el techo de la caverna con una violencia casi divina. El impacto no fue una simple explosión. Fue una lluvia abrasadora, una columna de fuego líquido y furioso que descendió como un castigo del cielo, golpeando de lleno sobre la colonia de ciempiés y tragándose sus cuerpos uno tras otro en un océano de llamas
Los chillidos de agonía estallaron por toda la caverna
Cracks ScCrRechs
Un coro de muerte desesperada que rebotó contra las paredes de roca y regresó amplificado, desgarrando los oídos. Los ciempiés se retorcieron como si el fuego los hubiera agarrado por dentro. Sus caparazones negros comenzaron a agrietarse con explosiones secas, dejando escapar humo espeso y un olor acre a carne chamuscada. Los cuerpos más cercanos al centro de la llamarada se doblaron sobre sí mismos antes de estallar en segmentos rotos, lanzando fragmentos carbonizados en todas direcciones. Los huevos blanquecinos apilados junto al nido empezaron a derretirse a una velocidad visible, deshaciéndose en charcos burbujeantes antes incluso de poder eclosionar
El aire se volvió un mar de calor
Xu Mao se quedó inmóvil
"¿¡Qué!?"
El corazón se le detuvo por un instante. Ni siquiera había sentido que hubiera otra presencia en la caverna. Su percepción había estado concentrada al máximo, su intención de muerte se había extendido con cuidado sobre la roca, sobre el calor, sobre las vibraciones del suelo. Y aun así… no había detectado nada
Plaff
Una figura descendió lentamente desde una abertura en el techo de la caverna. No cayó, no aterrizó con torpeza; bajó flotando con una elegancia fría, como si el fuego mismo lo sostuviera durante la caída, hasta posar los pies con calma absoluta sobre la roca cercana al lago de lava
Xu Mao lo vio con claridad. Un joven de unos 25 años. Su torso estaba desnudo, expuesto al calor brutal del lugar, mostrando un físico delgado pero trabajado, definido por músculos tensos y secos, de esa clase de cuerpo que no parece grande a primera vista, pero cuya fuerza se oculta en cada tendón, en cada fibra. Sus pantalones eran de cuero marrón bestial, resistentes, gastados por el combate y la movilidad. Era apuesto, y su cabello dorado brillaba bajo la luz roja de la lava con un fulgor casi antinatural, como si cada hebra hubiera atrapado una chispa del infierno subterráneo
Pero lo que realmente aplastó el aire fue su aura
Reino Espiritual Nivel 8
¡Thoomm!
Xu Mao sintió el impacto de esa presión como si una montaña invisible se le hubiera hundido sobre el pecho. Alrededor de la mano derecha del joven danzaba una hebra de fuego amarillo, pequeña, delgada, tranquila, y sin embargo el simple hecho de verla hacía que el aire a su alrededor temblara
"¿Un discípulo interno de una secta enemiga?"
El corazón de Xu Mao se hundió. Su primera intención fue moverse; su segunda, esconderse todavía más. Con una diferencia de cultivo así, incluso una retirada equivocada podía convertirse en sentencia de muerte. Por instinto, profundizó todavía más el Camino de la Muerte, encerrando su presencia en una ausencia aún más pequeña, aún más afilada, más parecida a una rendija entre dos mundos. Frente a un enemigo de esa clase, no podía esperar enfrentarse
"Huff…"
Fang Hu dejó escapar una bocanada de aire mientras agitaba el brazo con naturalidad. La hebra de fuego amarillo desapareció de su palma como si nunca hubiera existido. Luego sonrió. No era una sonrisa amable, tampoco la de alguien eufórico por la victoria; era una sonrisa burlona, ligera, cargada de una arrogancia serena que parecía haber nacido de años de aplastar a otros con facilidad
Miró la montaña de cenizas donde antes habían estado los ciempiés
"Tuve que apurarme un poco"
Murmuró, casi para sí mismo
"Si no… te me hubieras escapado"
El silencio cayó en seco. Xu Mao sintió un escalofrío subirle por la espalda
La sonrisa de Fang Hu se volvió apenas más torcida. Su mirada cambió de dirección, lenta, medida, y se clavó directamente sobre la roca donde Xu Mao se ocultaba. No fue una búsqueda, fue una certeza
"Discípulo de la Fractura Celestial"
Las palabras no fueron gritadas, pero atravesaron la caverna como una daga helada
"……"
Xu Mao permaneció inmóvil. La caverna parecía haberse congelado. Las cascadas de magma seguían cayendo, el lago seguía rugiendo, el calor seguía devorando el aire. Y aun así, todo parecía silencioso, porque la atención de Fang Hu había descendido sobre aquel rincón de la montaña, y eso bastaba para convertir cualquier sonido en algo insignificante
El joven de cabello dorado observó la roca durante varios segundos. Sin impaciencia, sin duda, sin necesidad de comprobar nada. La hebra de fuego amarillo danzó entre sus dedos
Xu Mao comprendió entonces algo peor que el peligro
Ese hombre no había venido por los ciempiés. Tampoco por la lava
Había venido por él

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Sellando el Tiempo (Novela)
Capítulo 120
Sellando el Tiempo (Novela) Capítulo 119
Estás leyendo el capítulo 119 de Sellando el Tiempo (Novela), un novela. Li Wang inicia su quinta vida en el Bosque Báixuě, en un mundo donde incluso los cultivadores más poderosos están condenados a un límite de vida de apenas 200 años. Sin embargo, él carga con más de 800 años de… Este capítulo tiene publicado el 16 de junio de 2026. Sellando el Tiempo (Novela) tiene 168 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.