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Leer Sellando el Tiempo (Novela) Capítulo 117 online gratis en español

En otro punto de la Montaña de las Mil Entrañas, la guerra había encontrado un nuevo corazón Bajo tierra se abría una caverna descomunal, tan vasta que su techo parecía una noche mineral suspendida sobre el vacío. Cientos, quizá miles de cristales de Qi espiritual estaban incrustados en la roca, derramando una luz extraña, quebrada, casi onírica: violeta, jade, oro pálido. Los destellos descendían por las paredes, temblaban sobre el suelo y se deshacían sobre la sangre derramada, como si la montaña misma observase la matanza con una calma antigua e indiferente Cinco kilómetros de diámetro, tal vez más. Y en el centro de aquel abismo subterráneo, tres corrientes de destrucción se enfrentaban hasta la aniquilación La Secta de la Garra Primordial avanzaba como una marea de acero vivo. Sus discípulos eran monstruosamente corpulentos: hombros como bloques, brazos tensos como raíces de hierro, torsos marcados por cicatrices y una ferocidad que no parecía humana, sino forjada a golpes durante años de sangre y entrenamiento. Cada uno de ellos cargaba el peso de una bestia de guerra, y en sus ojos ardía esa confianza brutal de quienes habían aprendido a dominar criaturas más salvajes que cualquier hombre A su lado rugían sus bestias domesticadas. Tigres espirituales de lomo rayado se lanzaban con colmillos largos como dagas de hueso. Águilas negras surcaban la bóveda de la caverna antes de caer en picada, desgarrando con sus garras afiladas. Bueyes blindados embestían como arietes vivos, tan pesados y violentos que partían la piedra bajo sus cascos. Y desde las grietas del suelo surgían hipopótamos de piel gruesa y húmeda, con bocas monstruosas capaces de engullir a un discípulo entero en una sola mordida No parecían animales, parecían armas Pero la Secta de la Fractura Celestial no se dejó arrasar. Cada vez que un maestro de bestias caía, la conexión entre cultivador y criatura se rompía en un instante, y ese instante bastaba para abrir una grieta en la marea enemiga: un tigre, privado de la voluntad de su amo, vacilaba apenas un latido; un águila perdía la dirección y descendía con torpeza; un buey blindado se quedaba sin guía, embistiendo en ángulos absurdos, como una maza sin mano Entonces llegaba la represalia. Las espadas envueltas en qi tajaban gargantas con precisión despiadada, lanzas espirituales perforaban pechos y vientres, puños y piernas reforzados por técnicas corporales quebraban huesos con un solo impacto. A ello se sumaban bombas de alquimia que estallaban en llamaradas, hielo o veneno corrosivo; matrices de formación trazadas sobre la roca, levantando jaulas de luz, cadenas de piedra y anillos de presión; y el poder elemental de los cultivadores más hábiles, que desgarraban el aire para abrir pasos donde antes solo había muerte La caverna entera se había convertido en una trampa. Un altar de carne Entonces aparecieron los ciempiés. Decenas, quizás cientos. Salieron de las grietas con un sonido áspero, como metal vivo arrastrándose sobre piedra. Sus exoesqueletos negros reflejaban la luz de los cristales en destellos sucios, sus patas golpeaban el suelo con un ritmo frenético, sus mandíbulas se abrían y cerraban con chasquidos secos, oliendo sangre, miedo y movimiento Allí donde la Garra Primordial se compactaba demasiado, los ciempiés se abatían como una plaga. Allí donde la Fractura Celestial intentaba abrirse paso, cortaban la retirada. Y cuando una bestia quedaba sin amo, la locura se volvía absoluta: un tigre rugía y se lanzaba sobre lo que tuviera más cerca; un águila desorientada se estrellaba contra la pared o clavaba las garras en un aliado; un buey blindado perdía el rumbo y arrasaba a quienes antes protegía; un hipopótamo monstruoso mordía una pierna, una cintura, una cabeza, sin distinguir secta, uniforme ni bando Aquello ya no era una batalla. Era una carnicería a tres frentes Y en medio de ese infierno, una sola figura se movía con una naturalidad casi obscena Lu Zhan Una carcajada baja escapaba de su garganta mientras cruzaba el campo de batalla a una velocidad aterradora. Su cabello se agitaba por la presión del qi, sus ojos brillaban con una alegría torcida, casi infantil, pero vacía de toda compasión. No le importaban los aliados, no le importaban los heridos, no le importaban los gritos. Solo le importaba el movimiento de la muerte Sus brazos se alzaron y descendieron como látigos negros. De sus dedos brotaron raíces oscuras de qi espiritual, alargadas y retorcidas, que avanzaron por el aire como venas arrancadas de la noche. Su arte de cultivo, Raíces del Vacío Sepulcral, se desplegó en toda su crueldad. Una raíz atravesó la garganta de un discípulo de la Garra Primordial. Otra arrancó de cuajo el cuello de un tigre espiritual. Una tercera perforó el lomo de un buey blindado y salió por el costado opuesto en una explosión de sangre caliente Lu Zhan reía mientras avanzaba. No era una risa victoriosa, no era una risa elegante; era una carcajada rota, profunda, visceral, como si la destrucción no solo lo divirtiera, sino que lo alimentara "¿¡Quién demonios es ese tipo!?" Gritó un discípulo de la Garra Primordial al verlo acercarse Los demás también lo notaron, y sus expresiones cambiaron de golpe. No tenían información sobre aquel hombre; habían venido preparados para escapar de Qin Tian, pero ese monstruo que se reía mientras mataba a todos a su paso no figuraba en ningún informe ¡SLAAASH! Un grupo entero de discípulos fue partido en pedazos antes de terminar de formar una defensa. Brazos salieron volando, torsos se abrieron en dos, la sangre salpicó los cristales arcoíris del techo y tiñó de rojo sus reflejos iridiscentes Lu Zhan no se detuvo ni un instante. Se deslizó entre dos bestias, cayó sobre un cadáver, pasó por encima de una oleada de ciempiés que intentaba cerrarle el paso. A cada movimiento dejaba tras de sí fragmentos de carne, ramas negras de qi y un eco de risa que rebotaba por toda la caverna como un presagio En un rincón de la caverna, un pequeño grupo de jóvenes discípulos de la Fractura Celestial había quedado cercado por tres tigres espirituales sin amo y una docena de ciempiés blindados. Sus túnicas moradas estaban rasgadas por el polvo y la sangre. Había muchachas con el rostro pálido, sujetando espadas temblorosas con ambas manos; había jóvenes con el cabello pegado a la frente por el sudor; uno llevaba un corte abierto sobre la ceja; otro intentaba formar una defensa espiritual, pero el temblor de sus dedos hacía que el qi se deshiciera antes de estabilizarse. Una discípula retrocedió hasta chocar con la espalda de un compañero, y ambos quedaron atrapados entre los colmillos de los tigres y el avance cerrado de los ciempiés No había salida. Los tigres ya bajaban la cabeza, los ciempiés se abrían como un cinturón de metal vivo, cerrando el cerco Y entonces Lu Zhan pasó por encima de ellos sin siquiera mirarlos. No frenó, no dudó, solo alzó la mano. En ese instante, raíces oscuras brotaron a su espalda como venas arrancadas de la oscuridad y se clavaron en las bestias con una violencia brutal ¡PLAASSH! Los tres tigres estallaron en una lluvia de sangre, hueso y pelo manchado. Los ciempiés fueron arrancados del suelo, partidos en segmentos y aplastados contra la roca hasta quedar reducidos a una masa de caparazones rotos y carne negra El pequeño grupo de discípulos quedó inmóvil durante un instante, jadeando, con el rostro blanco. Entonces, desde entre ellos, salió una voz temblorosa: "¡Gracias, hermano mayor Zhan!" Era una voz llena de alivio. Y aun así, Lu Zhan no volvió el rostro, no se detuvo, no respondió, no sonrió. Simplemente siguió de largo, como si aquella gratitud fuera un sonido menor frente al banquete de muerte que aún lo esperaba más adelante Poco después, el mismo grupo volvió a ser arrastrado al desastre. Esta vez no llegó solo una nueva oleada de ciempiés: desde las sombras aparecieron discípulos de la Garra Primordial montados sobre bestias descontroladas, criaturas que habían perdido a sus amos y ahora atacaban con furia ciega. Un tigre espiritual se abalanzó primero desde un costado. Luego un buey blindado bloqueó la ruta de escape con un embiste brutal. Detrás de ellos, una docena de ciempiés emergió de las grietas como un cinturón de metal vivo Los jóvenes de túnicas moradas retrocedieron de inmediato. Una discípula apretó la espada con ambas manos hasta que los nudillos se le pusieron blancos. Un muchacho con el rostro cubierto de sangre trató de invocar una técnica defensiva, pero sus dedos temblaban tanto que apenas logró condensar una chispa de qi. Otro dio un paso atrás y chocó contra la roca, quedando atrapado entre el avance de los ciempiés y el peso de la bestia Los gritos no sirvieron de nada "¡Hermano mayor Zhan!" "¡Ayuda!" "¡Por favor!" Lu Zhan ya no estaba allí El buey blindado embistió primero, y un discípulo fue aplastado contra la piedra. Los tigres se lanzaron después, desgarrando túnicas moradas, brazos y garganta. Los ciempiés cerraron el cerco. En menos de unos segundos, aquel pequeño grupo fue borrado del mundo entre gritos cortados, sangre y huesos rotos Cuando terminó, sobre la roca solo quedaron cuerpos destrozados y un silencio espeso En otro sector de la caverna, un grupo de la Garra Primordial intentó reagruparse en medio del caos. Ya era tarde. Lu Zhan apareció entre ellos como una sombra viva. Sus raíces entraron por la garganta del primero, atravesaron el pecho del segundo; el tercero intentó invocar una bestia, pero una raíz le perforó la muñeca antes de que pudiera completar el gesto La risa siguió resonando por la caverna. Cada carcajada parecía más oscura que la anterior, cada eco hacía temblar más a los sobrevivientes Los discípulos de ambas sectas empezaron a caer uno tras otro. Los ciempiés quedaron partidos sobre la piedra. Los tigres se desplomaron en charcos oscuros. Los bueyes blindados fueron abiertos como si su caparazón no significara nada. Las águilas negras cayeron desde arriba con estruendos secos. Y al final, también cayeron los discípulos, uno por uno, con el pecho abierto, con el cuello roto, con los ojos sin luz La guerra se extinguió poco a poco hasta volverse silenciosa. El eco de la matanza todavía seguía corriendo por los cristales de la caverna cuando Lu Zhan se detuvo en medio del campo de cadáveres Por fin El único sonido que quedaba en toda la caverna era su propia respiración "Haa…" Exhaló con lentitud. Su pecho subía y bajaba un poco más rápido de lo normal; se había dejado llevar demasiado. Pasó una mano por la frente, se limpió el sudor y dejó que la mirada recorriera las innumerables aberturas que perforaban la caverna Entonces su expresión cambió. Más tranquila, más exacta, más peligrosa Xu Mao El nombre apareció en su mente como una astilla afilada. No había mejor oportunidad que esta para deshacerse de él. En un lugar así, donde la oscuridad podía tragarse a cualquiera, donde el caos había borrado la posición de todos y donde los supervivientes se desperdigaban como presas heridas… Lu Zhan sonrió. Una sonrisa torcida, casi divertida. No tenía interés en la Montaña de las Mil Entrañas, no tenía interés en los cadáveres, no tenía interés en rescatar a nadie. Solo quería encontrar el rastro de Xu Mao antes de que desapareciera otra vez entre las cavernas Porque si Xu Mao seguía vivo en algún rincón de aquella montaña… Lu Zhan no pensaba dejar pasar esta oportunidad . . . . En otra parte de la Montaña de las Mil Entrañas, Qiao Lian avanzaba en silencio entre las cuevas Había sobrevivido a la caída de la nave espiritual gracias a una maniobra casi imposible. En el instante exacto en que el impacto se volvió inevitable, había disparado chorros de agua en direcciones precisas para amortiguar y desviar su caída. No era una técnica elegante, ni una defensa perfecta, pero le había arrancado unos segundos a la muerte. Y esos segundos habían bastado Casi ningún cultivador del Reino Mortal habría podido lograr semejante hazaña. No por fuerza, sino por la precisión absurda que exigía: medir la distancia, corregir el ángulo, comprimir el qi espiritual y ejecutarlo todo en medio del caos. Pero Qiao Lian lo había conseguido gracias a algo que muchos subestimaban más que el talento: una mente fría y calculadora, un intelecto agudo y un control del qi lo bastante fino como para convertir una técnica elemental en una herramienta de supervivencia Aun así, el precio se notaba. Sus ropas de sirviente estaban desgastadas y rotas por la caída, manchadas de polvo, humedad y rozaduras de piedra. Los lentes seguían sobre su rostro, aunque algo torcidos. Su cabello negro, normalmente recogido con orden, ahora caía en una cola de caballo algo deshecha, oscilando detrás de su espalda con cada paso. No parecía una joven cultivadora común. Parecía alguien que había sobrevivido por los pelos Con el rostro sereno y la mirada fría, Qiao Lian se internó más en las cuevas. Una delgada capa de agua rodeaba su cuerpo, ondulando casi sin sonido Velo del Espejo Fluyente La película líquida tembló apenas sobre su piel, reflejando en tiempo real el entorno exterior como una superficie de agua en calma. Su silueta se desdibujó, se confundió con las sombras de la caverna, y su presencia quedó oculta bajo aquel velo translúcido. Parecía invisible Qiao Lian no se permitió bajar la guardia ni un instante. Sabía que aquella técnica aún estaba lejos de ser perfecta; no era tan refinada como el "Camino de la Muerte" de su hermano menor Mao, ni tan sutil como la de su joven maestro Wang. Un solo error, un solo descuido, y su rastro podría quedar expuesto. Por eso avanzaba con extrema cautela Entonces se detuvo. En el suelo, bajo la sombra húmeda de la caverna, había un grupo de ciempiés muertos. Sus cuerpos estaban retorcidos, cubiertos de múltiples mordidas, como si alguna bestia los hubiera destrozado con una ferocidad brutal. El aire aún conservaba un leve olor a sangre seca y tierra removida "........." Qiao Lian entrecerró los ojos detrás de sus lentes. Sin cambiar de expresión, sacó un frasco de vidrio de su manga y lo abrió con un movimiento mínimo. En el instante siguiente, un enjambre de insectos negros salió del frasco como una masa viva. Se abalanzaron sobre los cadáveres sin dudar, hundiendo sus mandíbulas en la carne inmóvil y devorándola con una rapidez voraz. Sus cuerpos crecieron a simple vista, sus caparazones se endurecieron, y casi de inmediato comenzaron a multiplicarse Qiao Lian observó la escena con frialdad. Luego activó su técnica: el qi espiritual residual que aún flotaba alrededor de los cadáveres fue reunido y comprimido por su control preciso, antes de ser absorbido hilo a hilo por su cuerpo. El flujo de energía recorrió sus meridianos con una intensidad creciente, expandiéndose dentro de ella como una corriente tibia y afilada al mismo tiempo Y entonces lo comprendió. Esos ciempiés no eran simples bestias del reino espiritual, ni siquiera podían considerarse criaturas verdaderamente vivas. Eran solo proyecciones espirituales, sombras proyectadas por una entidad mucho más aterradora: la verdadera bestia del Reino Tierra Original El pensamiento la estremeció. No en su rostro, que permaneció inmóvil, sino en lo más profundo de su mente. ¿Qué clase de monstruo debía ser esa bestia ciempiés en el Reino Tierra para proyectar con tanta facilidad cientos de pequeños ciempiés en el reino espiritual? Qiao Lian no apartó la vista de los cadáveres, no se permitió vacilar. Absorbió el último resto de Qi espiritual, y los insectos negros regresaron al frasco de vidrio antes de que ella lo cerrara y lo guardara de nuevo en su manga Una leve fluctuación recorrió su aura. Luego, se estabilizó. Su cultivo había mejorado otra vez Reino Mortal Nivel 7 Máximo Qiao Lian exhaló despacio. Aun así, seguía siendo demasiado débil. Eso no había cambiado. Pero sus ojos se afilaron apenas, y una idea peligrosa comenzó a tomar forma en su mente Si continuaba buscando cadáveres de ciempiés en aquella montaña abandonada por los cielos… si seguía absorbiendo el Qi espiritual residual una y otra vez… ¿cuánto podría crecer su cultivo? ¿Cuánto podría avanzar en tan poco tiempo? La pregunta no le trajo alivio. Le trajo ambición. Y también una advertencia silenciosa. Porque cuanto más profunda se volvía la Montaña de las Mil Entrañas, más se sentía como un lugar donde no solo habitaban las bestias, sino también los secretos Qiao Lian siguió avanzando sin vacilar, como si ya hubiera aceptado que, en un lugar así, solo sobreviviría quien supiera convertir el peligro en alimento
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Sellando el Tiempo (Novela) Capítulo 117

Estás leyendo el capítulo 117 de Sellando el Tiempo (Novela), un novela. Li Wang inicia su quinta vida en el Bosque Báixuě, en un mundo donde incluso los cultivadores más poderosos están condenados a un límite de vida de apenas 200 años. Sin embargo, él carga con más de 800 años de… Este capítulo tiene publicado el 12 de junio de 2026. Sellando el Tiempo (Novela) tiene 168 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.