Leer Sellando el Tiempo (Novela) Capítulo 116 online gratis en español
Qin Tian y Situ Xiaoyun encabezaban el avance en las profundidades de la Montaña de las Mil Entrañas. A ambos lados, los discípulos externos e internos caminaban en silencio, alzando pequeñas lámparas que apenas conseguían arrancarle unos pocos metros de luz a la oscuridad. Aquella claridad temblorosa apenas rozaba las paredes de roca, las grietas del suelo y los pasillos estrechos que se abrían como cicatrices interminables dentro de la montaña
El aire allí dentro era distinto. Pesado, húmedo, antiguo, como si cada respiración perteneciera a algo enterrado desde hacía siglos
Qin Tian avanzaba al frente con el rostro sereno, pero dentro de su mente los pensamientos corrían con violencia. Cuando la nave espiritual fue destruida, las matrices de la Secta de la Fractura Celestial debieron activar una señal de alarma; si su cálculo no fallaba, quedaban poco más de 20 horas antes de que un Anciano del Reino Tierra llegara hasta esa ubicación. Veinte horas, tal vez algo más. Pero no podían quedarse quietos. Tenían que encontrar a los demás, reagruparse con sus compañeros discípulos y resistir hasta que el rescate llegara, antes de que la montaña los terminara de tragar
Su ceño se endureció apenas. Giró la cabeza hacia atrás. Detrás de él, los discípulos externos e internos lo seguían con rostros pálidos, tensos, algunos cubiertos de polvo, otros con sangre seca pegada a las túnicas, todos con la respiración alterada por el impacto de la caída. Aun así, ninguno se atrevía a apartarse de Qin Tian ni de Situ Xiaoyun; la sola presencia de ambos les daba una pequeña chispa de seguridad en aquel lugar maldito
Habían tenido suerte. Una suerte casi absurda. No solo habían sobrevivido al choque: también habían terminado junto al discípulo número 1 de la secta. Más de uno apretó con fuerza el mango de su arma al ver aquella espalda recta avanzar frente a ellos. Mientras Qin Tian siguiera allí, aún existía una posibilidad de salir vivos
Pero Qin Tian no se permitía relajarse ni por un instante. No podía. Su mente seguía ocupada con una sola idea: Qin Leng. Si él moría aquí, ya no habría nadie capaz de restaurar el dantian de su hermano menor. Ese pensamiento pesaba sobre él como una montaña invisible. Por eso no podía permitirse caer, no podía morir, no podía fallar
Qin Tian se detuvo en seco. Su expresión no cambió, pero sus sentidos espirituales acababan de captar algo moviéndose con rapidez salvaje en la oscuridad más profunda. Situ Xiaoyun también se tensó
"¿Qué sucede?"
Preguntó en voz baja
Qin Tian no respondió de inmediato. Solo alzó un brazo y lo extendió hacia atrás, ordenando al grupo detenerse
Entonces, desde las grietas negras del túnel, comenzaron a emerger sombras. No una: decenas. Decenas de bestias ciempiés salieron arrastrándose desde la oscuridad, deslizando sus cuerpos blindados sobre la piedra con un chirrido seco, como si cientos de cuchillas rozaran una pared de roca al mismo tiempo. Sus antenas se alzaban y se sacudían en el aire, buscando, tanteando, oliendo la sangre, primero hacia un lado, luego hacia el otro, hasta quedar inmóviles. Las mandíbulas negras se abrían y cerraban con un chasquido desagradable
Cada una de aquellas criaturas desprendía la presión de las etapas tempranas e intermedias del Reino Espiritual. Por separado, cualquiera de ellas ya superaba a la mayoría de los discípulos del grupo. Y ahora venían decenas
Nadie se movió, un discípulo externo tragó saliva con violencia, otro retrocedió medio paso antes de darse cuenta de lo que hacía, una discípula interna apretó los labios hasta blanquearlos. Incluso Situ Xiaoyun frunció ligeramente el ceño
Pero Qin Tian no dio un paso atrás
Solo dejó caer lentamente el brazo, y el metal respondió. Desde las mangas moradas de sus túnicas comenzó a fluir un brillo plateado, denso y líquido, semejante al mercurio vivo. El material se derramó en el aire como si tuviera voluntad propia, reuniéndose detrás de su espalda hasta moldearse: una espada, luego otra, y una tercera. Tres espadas plateadas flotaban detrás de él, suspendidas con una precisión absoluta, silenciosas y mortales. El metal líquido vibraba bajo la luz de las lámparas, reflejando la oscuridad de la caverna con una frialdad casi cortante
Qin Tian entrecerró apenas los ojos y movió dos dedos. Las tres espadas se dispararon al instante
¡¡Swwsh!!
La primera atravesó el centro de la formación de las bestias, cortando cuerpos blindados con una facilidad aterradora. La segunda giró en arco, partiendo cabezas, antenas y segmentos enteros antes de que las criaturas alcanzaran a reaccionar. La tercera trazó un círculo mortal alrededor del grupo restante y lo barrió por completo, dejando tras de sí un reguero de caparazones partidos y carne negra esparcida sobre la piedra
Una de las bestias intentó abalanzarse hacia el flanco del grupo. No llegó. Otra quiso alzar el cuerpo para embestir desde arriba; el filo plateado le abrió el abdomen de extremo a extremo. Una tercera ni siquiera alcanzó a atacar cuando la espada central le atravesó el cráneo con un movimiento limpio
El sonido que llenó la caverna fue breve y brutal: corte, impacto, caída, silencio. En apenas unos segundos, no quedó ninguna bestia con vida, solo restos dispersos sobre la roca
Los discípulos permanecieron inmóviles durante un momento, como si sus mentes aún no pudieran aceptar lo que acababan de presenciar. Luego, uno de ellos exhaló con un temblor evidente
"Eso..."
Otro abrió la boca, pero no logró formar palabra alguna
Qin Tian seguía de pie al frente, con la misma expresión calmada de siempre, como si la masacre de decenas de bestias espirituales no hubiera requerido el menor esfuerzo. Pero no fue solo el golpe lo que los estremeció; fue la sensación que quedó en el aire después. Su cultivo estaba en el Reino Espiritual Nivel 9, y sin embargo la presión que emanaba de su cuerpo era tan pura, tan estable y tan vasta que incluso algunos Ancianos del Gran Círculo del Reino Espiritual habrían sentido una punzada incómoda frente a él
No era solo fuerza, era control… dominio
Era la clase de presencia que hacía entender a los demás que, si él quisiera, podría convertir aquella caverna en una tumba en cuestión de segundos
Varios discípulos se acercaron poco a poco a los cadáveres de las bestias. Querían revisar si quedaba algún núcleo útil, quizá un mineral interno, quizá una placa del exoesqueleto que todavía pudiera aprovecharse. Pero no tardaron en descubrir la verdad: los cuerpos ya estaban arruinados. Las placas del caparazón se habían fracturado en múltiples puntos por la violencia del combate, y la carne interna comenzaba a pudrirse con rapidez, desprendiendo un olor agrio y venenoso que hacía arder la nariz con solo acercarse demasiado. Ni un solo recurso aprovechable. Ni un solo núcleo para la extracción. Solo cadáveres corruptos. Solo podredumbre. La montaña no entregaba botín fácil. No regalaba nada
Situ Xiaoyun frunció ligeramente el ceño y dio un paso al frente. Movió ambos brazos con rapidez y movilizó su Qi espiritual. En cuestión de segundos, una pequeña matriz de formación comenzó a formarse bajo los cuerpos de las bestias: líneas finas y delicadas de luz recorrieron la superficie de la piedra, trazando un patrón complejo que vibró una vez antes de estabilizarse. La matriz tenía una función simple: reducir el olor a muerte, amortiguar el rastro de sangre y corrupción, evitar que más bestias fueran atraídas a esa zona por el hedor de los cadáveres
Situ Xiaoyun retrocedió apenas y observó su trabajo por un instante. Qin Tian le dedicó una sola mirada a través de sus vendas blancas y asintió
"Sigamos"
El grupo reanudó la marcha. Los discípulos volvieron a agruparse detrás de ellos, esta vez con algo más de confianza en el rostro. La escena que acababan de presenciar había dejado algo claro: mientras Qin Tian siguiera al frente, todavía existía una posibilidad de avanzar con vida dentro de aquella montaña monstruosa
Pero Qin Tian no se permitió sentir alivio. No todavía. No en ese lugar. Porque la Montaña de las Mil Entrañas seguía allí, observándolos, respirando en la oscuridad, esperando. Y con cada paso que daban más adentro, el peso de la misión aumentaba como una cuchilla invisible sobre sus espaldas. Todavía debía encontrar a los demás. Todavía debía sacar a sus compañeros de aquel laberinto
Qin Tian bajó la cabeza apenas un instante. Luego siguió avanzando, paso a paso
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—Secta de la Fractura Celestial
La noticia llegó a la Secta de la Fractura Celestial como una cuchillada invisible
En los cielos sobre la Montaña Interna flotaban seis presencias. Seis ancianos. Seis gobernantes de las seis montañas que rodeaban la Montaña Interna. Bajo el Gran Anciano Long Bai y el Líder de la Secta Wu Yan, ellos eran las existencias más poderosas de la secta
Cada uno poseía un aura distinta. Uno irradiaba una ferocidad brutal, con el ceño siempre fruncido como si estuviera a punto de arrancar cabezas con las manos. Otro tenía una expresión fría y afilada, como una hoja envainada que solo esperaba el instante exacto para desenvainarse. Uno más transmitía un aire solemne y pesado, como un anciano de templo que jamás hablaba sin antes medir el valor de cada palabra. También había uno de cabello casi completamente gris, con los ojos hundidos y una calma tan profunda que parecía haber sobrevivido a demasiados años como para molestarse con el caos. Otro mostraba impaciencia en cada movimiento, con los dedos golpeando suavemente la manga como si ya quisiera desatar una masacre
Y por último estaba Gu Feng, el Anciano que había supervisado el duelo ceremonial entre Xu Mao y Qin Leng
Sus ojos seguían siendo tan agudos como aquella vez, y su expresión conservaba una severidad calculada, como si no olvidara una sola escena de lo que había visto
Las auras de los seis ancianos oscilaban entre las etapas tempranas e intermedias del Reino Tierra, extendiéndose por el cielo como mareas invisibles, densas y pesadas, capaces de oprimir el corazón de cualquier discípulo común
Frente a ellos, una sola figura permanecía inmóvil en el aire: Long Bai. Su piel albina reflejaba la luz del cielo con una palidez extraña, casi irreal. Sus ojos descansaron primero sobre Gu Feng, luego sobre los demás ancianos, con una calma tan profunda que resultaba más inquietante que cualquier furia
Finalmente habló
"Según el informe proveniente de la Montaña de las Matrices de Formación, la nave espiritual de los discípulos fue destruida por un poder que rivaliza con el Reino Tierra"
Su voz no fue alta. Aun así, se deslizó por el aire con una claridad perfecta, como una hoja fría que se enterraba sin esfuerzo
Los seis ancianos guardaron silencio por un momento. Long Bai continuó, sin cambiar la expresión
"Vayan y aplasten a quienes se atrevieron a desafiar a nuestra secta"
"¡Sí!"
Las seis figuras desaparecieron de inmediato, lanzándose hacia el horizonte con una velocidad aterradora. Sus auras se arrastraron por el cielo como colas de bestias celestes, cortando la distancia con una urgencia que parecía obedecer más al orgullo que a la prisa
Long Bai permaneció flotando en el mismo lugar, los brazos descansando detrás de su espalda. El silencio volvió a envolverlo todo. Entonces, una sonrisa leve apareció en sus labios. No era una sonrisa alegre, ni siquiera divertida; era una curva pequeña, gélida, cargada de cálculo
La situación era inesperada. Pero… no del todo mala
Sus ojos se entrecerraron apenas. Lu Zhan. Mei Mei. ¿Serían capaces de aprovechar el caos y desgarrar a sus objetivos mientras todos se perdían dentro de aquella montaña? Si todo avanzaba como él esperaba, el desorden haría su trabajo por sí solo. Y si no, entonces igual habría sangre
Long Bai sonrió un poco más. Era una expresión paciente, la sonrisa de alguien que observaba cómo otras piezas se destruían entre sí antes de recoger el beneficio final
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—Residencia de Qin Tian
En una habitación silenciosa, Qin Leng yacía inconsciente en el dormitorio principal. Su cuerpo estaba rodeado por múltiples matrices de formación, cuidadosamente dispuestas alrededor de la cama y del suelo. Las formaciones mantenían sus meridianos estables, su respiración regulada y sus órganos en óptimas condiciones. La luz espiritual de las matrices se movía en finas líneas alrededor de su cuerpo, como un río tenue que lo mantenía anclado a la vida
Todo estaba en calma
Entonces...
Qin Leng abrió los ojos

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Sellando el Tiempo (Novela)
Capítulo 117
Sellando el Tiempo (Novela) Capítulo 116
Estás leyendo el capítulo 116 de Sellando el Tiempo (Novela), un novela. Li Wang inicia su quinta vida en el Bosque Báixuě, en un mundo donde incluso los cultivadores más poderosos están condenados a un límite de vida de apenas 200 años. Sin embargo, él carga con más de 800 años de… Este capítulo tiene publicado el 11 de junio de 2026. Sellando el Tiempo (Novela) tiene 168 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.