Leer Sellando el Tiempo (Novela) Capítulo 106 online gratis en español
\-Ciudad Fénix Carmesí
La Ciudad Fénix Carmesí no dormía
Bajo una noche extendida como tinta derramada, millones de mortales seguían moviéndose entre calles iluminadas por faroles rojos, puestos tardíos, carros de carga y el murmullo incesante de una urbe que jamás terminaba de exhalar. Desde lo alto parecía un océano de luces temblorosas; desde abajo, una marea de voces, pasos, humo de cocina y resplandores anaranjados desbordándose por cada avenida. Era una ciudad vasta, sofocante, construida sobre la obstinación de incontables vidas pequeñas que se negaban a apagarse
Pero aquella noche algo era distinto
El invierno se acercaba
La temperatura descendía con una lentitud cruel, infiltrándose en los callejones, colándose por las rendijas de las ventanas, enfriando los dedos de los mercaderes y volviendo visibles las respiraciones en el aire. Incluso el bullicio parecía tensarse bajo esa frialdad creciente. Algunos apretaban sus capas. Otros avivaban braseros. No faltaban quienes alzaban la vista al cielo con el ceño fruncido, como si sintieran que la estación no venía sola
Porque debajo de la ciudad también había algo que despertaba
Muy por debajo de las calles, de los almacenes, de las tabernas y de los cimientos enterrados, se extendía un antiguo entramado de túneles y cámaras: un laberinto subterráneo tan vasto que parecía un panal excavado en las entrañas de la tierra. Los corredores se bifurcaban una y otra vez, descendían, reaparecían detrás de muros derruidos y galerías olvidadas, hasta formar una red tan compleja que incluso los cultivadores más torpes podían perderse en ella para siempre
Aquel lugar no había nacido como un simple sistema de túneles
En el pasado había sido una mina de piedras espirituales
Pero no de piedras comunes
Las vetas que allí brotaban poseían una naturaleza fénix, ardiente y antigua, como si la tierra misma hubiera filtrado durante siglos fragmentos de una llama remota. Se decía que en lo más profundo del subsuelo yacía la tumba de una bestia divina fénix, una existencia de la era perdida cuyo cadáver jamás fue confirmado, pero cuyo eco seguía atrapado en la roca. Había mineros que juraban escuchar sonidos en galerías selladas. Otros aseguraban que ciertas cámaras nunca se enfriaban del todo. Algunos incluso murieron con el cuerpo ennegrecido desde dentro, como si una llama invisible les hubiera devorado las entrañas sin tocar la piel
Por un tiempo, aquella mina alimentó una breve prosperidad
Las piedras espirituales de atributo fuego se extraían con furia, los comerciantes llegaban desde regiones vecinas, y la cercanía con la Secta de la Fractura Celestial convirtió aquel rincón olvidado en un punto codiciado. Con la riqueza llegó la gente. Con la gente, los talleres, las posadas, los barrios, los muelles de carga, los depósitos y las murallas. Así nació la ciudad sobre la superficie, creciendo sobre un suelo que todavía conservaba el calor de una gloria ya extinta
Pero ninguna veta dura para siempre
Un día, la mina se secó por completo
La última piedra fue arrancada de la roca. El último filón fue reducido a polvo. Lo que antes había ardido con un resplandor espiritual quedó convertido en un cascarón vacío. Los trabajadores abandonaron los túneles. Las antorchas se apagaron. Los campamentos se desmantelaron. Con el paso de los años, el lugar fue quedando atrás, tragado por la humedad, el polvo y el olvido
O eso creían los mortales
Sin embargo, lo que para unos era abandono, para otros era refugio
En los últimos meses, el Loto Negro había descubierto aquel subsuelo
Y no tardó en infiltrarse en él
Allí donde antes hubo mineros y cargamentos, ahora se deslizaban figuras vestidas de oscuro, silenciosas, disciplinadas, moviéndose por los corredores con la precisión de una plaga inteligente. Bajaban y subían por las galerías como hormigas negras bajo la piel de la tierra, apareciendo y desapareciendo entre bifurcaciones, cámaras de depósito, pasos sellados y habitaciones excavadas a toda prisa. No hablaban más de lo necesario. No dejaban huellas innecesarias. Donde pasaban, el aire parecía volverse más frío, y las sombras permanecían un instante más de la cuenta, como si dudaran en abandonarlos
Habían convertido aquel lugar en una de sus bases principales
Y cuanto más avanzaban en las profundidades, más claro resultaba que el subsuelo no estaba completamente muerto
En ciertas galerías, el calor regresaba sin motivo aparente. En otras, las paredes exudaban una humedad tibia, rojiza, casi como si aún conservaran algo del viejo fuego enterrado bajo la roca. Incluso había pasillos donde las antorchas parecían arder con una llama demasiado débil, como si algo invisible absorbiera su brillo poco a poco
FwoShh
En uno de los pasadizos más estrechos, donde la oscuridad parecía apretarse contra las paredes húmedas como un ser vivo, una pequeña fogata ardía con dificultad. Su luz era mínima, apenas un punto tembloroso en un mar de tinieblas, pero suficiente para revelar una figura sentada junto a una mesa improvisada
Era un joven pelirrojo
Su rostro aún conservaba rasgos demasiado juveniles para la crudeza del lugar, como si no tuviera más de 17 años. La llama danzaba sobre su piel pálida y sobre el desorden de su cabello rojo, que caía en mechones desiguales frente a sus ojos. Tenía la espalda ligeramente encorvada, los hombros relajados, y una expresión de placer tan abierta que resultaba inquietante bajo esa luz vacilante
Sobre la pequeña mesa frente a él había una línea de polvo grisáceo
El muchacho inclinó el rostro y lo aspiró sin ninguna vacilación
Durante un instante, su cuerpo se tensó
Luego soltó una exhalación temblorosa, y una sonrisa de éxtasis se dibujó en sus labios
Era un placer puro
Profundo
Abandonado
Como si todo aquello que alguna vez había sido miserable en su vida hubiera quedado reducido a una sombra insignificante frente a esa sensación embriagadora que ahora recorría sus venas
A pesar de su corta edad y de su pasado sin respaldo alguno, ya había alcanzado el Reino Espiritual Nivel 1
Para alguien nacido en los barrios bajos, sin apellido, sin recursos y sin talento digno de atención, aquello era casi un milagro. No había maestros que lo guiaran, ni clan alguno que lo acogiera, ni herencia oculta esperando despertar en su sangre. Solo había sido una rata pequeña entre muchas otras, arrastrándose entre callejones apestosos, robando sobras, esquivando golpes, sobreviviendo día tras día en un mundo que devoraba a los débiles sin dejar ni un hueso
¿Qué futuro podía esperarle a alguien como él?
Ninguno
Eso fue lo que pensó durante años
Hasta que conoció a uno de los mayores del Loto Negro
Aquel encuentro cambió por completo su destino
O al menos, así se lo había repetido una y otra vez hasta convertir la idea en verdad absoluta. El Loto Negro le abrió una puerta que jamás habría podido tocar por sus propios medios. Le ofreció un mundo nuevo, un camino donde los débiles podían transformarse en algo más, donde el hambre, la impotencia y la humillación podían ser enterradas bajo la fuerza
Solo había existido una condición
El joven dejó de sonreír por un instante
Bajó la mirada hacia su propio brazo derecho
Allí, alineadas con una precisión cruel, se extendían diez pequeñas cicatrices
Cortes profundos
Viejos
Irregulares en algunos puntos, pero todos igualmente marcados por la violencia. Cada una de esas heridas representaba una vida arrebatada. Diez personas. Diez rostros del mismo barrio. Diez existencias que habían dejado de respirar para que él pudiera dar el primer paso hacia ese nuevo mundo
El requisito para entrar al Loto Negro había sido simple
Asesinar a diez personas de su barrio
Y él lo había hecho
Sin titubear
Sin arrepentimiento
Sin mirar atrás
El joven volvió a inclinarse sobre la mesa y aspiró otra línea de polvo grisáceo. Esta vez, su cuerpo reaccionó con una intensidad aún mayor. Sus pupilas se dilataron, la respiración se volvió pesada y sus mejillas adquirieron un tono rojizo mientras una sensación de bienestar casi enfermiza lo envolvía de pies a cabeza
"Haa…"
Soltó un pequeño suspiro de placer, hundiendo un poco más los dedos en el borde de la mesa
¿A quién le importaban esas vidas?
¿A quién le importaban unos cuantos miserables de los barrios bajos?
Su sonrisa regresó, más torcida, más vacía, más convencida
En este mundo, solo la fuerza importaba
Solo la fuerza decidía quién comía, quién vivía, quién era pisoteado y quién podía pisar sobre otros. Lo demás eran excusas inventadas por los débiles para consolarse antes de morir. Él ya había comprendido eso. El dolor, la culpa y la compasión solo servían para encadenar a quienes aún no sabían cómo sobrevivir
Entonces, algo comenzó a filtrarse desde su brazo
Una débil humedad carmesí se desbordó por su piel, escapando desde sus meridianos como un hilo de agua viva. Era su elemento, su atributo natural
El Agua
En el pasado, ese poder habría poseído un resplandor claro, un tono celeste limpio y sereno, como la superficie de un lago bajo la luna
Pero ahora no
Ahora aquella agua estaba corrompida
Su color había mutado hacia un carmesí opaco, denso, casi viscoso, como si la pureza del agua hubiera sido manchada por sangre vieja y ceniza molida. No fluía con suavidad, sino con una violencia interna extraña, ondulando alrededor de su muñeca con un brillo enfermizo. Cada gota parecía arrastrar un matiz de vida extraída, un peso sombrío que no pertenecía a un elemento normal
El polvo gris
Nadie sabía realmente de dónde provenía
Ni siquiera dentro del propio Loto Negro existían muchas personas que hubieran visto su origen con sus propios ojos. Solo había rumores, fragmentos de conversaciones susurradas entre túneles, nombres borrados rápidamente y órdenes que jamás debían cuestionarse. Algunos decían que era refinado utilizando cadáveres de cultivadores. Otros aseguraban que provenía de las profundidades de antiguas ruinas selladas. Incluso había quienes afirmaban que aquella sustancia no pertenecía a esta era
Lo único seguro era que el polvo comenzó a circular tras la llegada del nuevo líder del Loto Negro
Y desde entonces, demasiadas cosas habían empezado a cambiar
El nombre de aquella droga era Rocío Carmesí Devora Vida
Muy pocos lo conocían
Dentro de la organización, la mayoría solo sabía que consumirlo aceleraba el cultivo y volvía más violento el Qi de quien lo utilizaba. Los miembros de menor rango ni siquiera tenían permitido preguntar demasiado. Recibían pequeñas dosis, obedecían órdenes y aceptaban el poder que les ofrecían, aunque ese poder viniera acompañado de algo extraño creciendo lentamente dentro de sus meridianos
Porque el Rocío Carmesí no fortalecía el Qi de manera normal
Lo contaminaba
Lo teñía
Lo deformaba poco a poco hasta convertirlo en algo más oscuro, más agresivo, más hambriento
Muchos miembros del Loto Negro comenzaron a obsesionarse con aquella sensación. Algunos sufrían cambios de personalidad. Otros desarrollaban una sed constante de violencia. Y aun así, nadie dejaba de consumirlo. La fuerza que otorgaba era demasiado tentadora para quienes habían vivido toda su vida arrastrándose en el barro
Para los más lúcidos, aquello no parecía una bendición
Parecía una jaula disfrazada de ascenso
Pero el joven pelirrojo no pensaba en nada de eso
Se limitó a observar el agua rojiza fluyendo alrededor de su mano con una expresión embelesada, como si aquella corrupción fuera hermosa. Como si el carmesí en su Qi espiritual fuera la prueba definitiva de que finalmente había dejado atrás la miseria de los barrios bajos
Tap
Un solo paso resonó en el centro del pasadizo
El joven del Loto Negro dejó de aspirar el polvo gris y alzó la vista con pereza, aún embriagado por el placer que recorría sus venas
"¿Mm?"
La fogata crepitó
Al fondo del corredor, donde la oscuridad parecía compacta como hierro derretido, algo cambió
No fue una presencia primero
Fue el aire
Una presión extraña se deslizó por el túnel, demasiado limpia para pertenecer a aquel lugar. La llama de la fogata vaciló. El polvo en el suelo tembló
Por una fracción de segundo, una brizna de viento verde cortó la penumbra, afilada como una hoja invisible
Luego apareció un destello azul
Un relámpago
Breve, seco, brutal
El joven frunció el ceño, molesto más que alarmado
“¿Quién er-”
No terminó de hablar
El corredor rugió
La corriente de aire se comprimió de golpe y explotó hacia adelante, arrancando polvo, ceniza y fragmentos de piedra de las paredes. La fogata se inclinó violentamente, casi apagándose, mientras el espacio entre ambos se fracturaba por una velocidad imposible de seguir
Y entonces lo sintió
Frío
Un corte limpio, feroz, le atravesó el cuello antes de que su mente pudiera comprender qué había ocurrido. Su visión giró en un torbellino de fuego, oscuridad y piedra. La sonrisa aún seguía en su rostro por pura inercia cuando su cuerpo quedó inmóvil un instante más, sentado frente a la mesa, como si todavía esperara una explicación
Luego su cabeza se desprendió con pesadez
Plasshh
La sangre estalló sobre la piedra negra, salpicando la fogata, la mesa improvisada y las sombras del túnel. El cuerpo permaneció erguido apenas un segundo más, temblando levemente, antes de desplomarse de costado con un sonido sordo y húmedo
Silencio
Solo el fuego
Solo la sangre
Y entonces, desde el fondo de la oscuridad, surgió Yun
No caminaba con prisa
No necesitaba hacerlo
Su figura avanzó como una línea de presión cortando el aire. La espada morada en su mano descendía lentamente, todavía vibrando con filamentos verdes de viento y chispas azules de rayo que se deslizaban por el filo como serpientes vivas. La hoja no parecía haber cortado carne; parecía haber cortado el propio espacio. A cada paso, el aire a su alrededor se agitaba con una fuerza invisible, como si la penumbra misma se apartara para dejarlo pasar
Su rostro no mostraba emoción alguna
No había exaltación
No había piedad
Solo una quietud afilada, más peligrosa que la furia
Su cultivo acababa de romper en los últimos días
Después de la matanza de espectros en el Bosque de la Raíz Corrupta, después de arrastrarse entre sangre, raíces malditas y Qi corrompido, Yun finalmente había atravesado el umbral
Ahora estaba en el Reino Espiritual Nivel 1
Pero ese avance no lo había vuelto ordinario
Lo había vuelto terrible
En el Reino Espiritual, el Qi comenzaba a fundirse de verdad con el atributo del cultivador, y en el caso de Yun, aquello había dado lugar a una velocidad monstruosa. El viento reducía el peso de su cuerpo hasta volverlo casi ingrávido. El rayo ardía dentro de sus meridianos como una fuerza salvaje que no solo aceleraba su movimiento, sino que lo deshilachaba y reconstruía en cada instante
Ya no corría
Desaparecía
Frente a cultivadores del mismo nivel, Yun no necesitaba un intercambio prolongado ni una batalla de desgaste. Un solo desvío bastaba para quebrar la defensa. Un destello bastaba para atravesar la distancia. Una fracción de segundo decidía todo
El joven del Loto Negro no había visto a Yun acercarse
No había visto el ángulo del corte
No había visto el momento en que la muerte ya estaba sobre él
Solo había alcanzado a sentir que algo lo atravesaba antes de que el mundo se rompiera
Yun agitó suavemente la espada morada, sacudiendo de ella la sangre en una curva oscura que se perdió entre las sombras del pasadizo
Luego siguió caminando
Sin prisa
Sin mirar atrás
Su figura se hundió otra vez en la oscuridad, mientras el eco de su paso se apagaba poco a poco y las últimas chispas azules bailaban en el aire como recuerdos de un relámpago que jamás debió entrar en aquel túnel

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Sellando el Tiempo (Novela) Capítulo 106
Estás leyendo el capítulo 106 de Sellando el Tiempo (Novela), un novela. Li Wang inicia su quinta vida en el Bosque Báixuě, en un mundo donde incluso los cultivadores más poderosos están condenados a un límite de vida de apenas 200 años. Sin embargo, él carga con más de 800 años de… Este capítulo tiene publicado el 29 de mayo de 2026. Sellando el Tiempo (Novela) tiene 168 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.