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Leer REKURO: LAST PROMISE — ZERO DAY (Novela) Capítulo 6 online gratis en español

La reunión había terminado, pero las palabras de Tatsuya seguían resonando en la cabeza de Akira. «La alianza con Kurogane cambió a Kurotora Ryo. Los favores se convirtieron en deudas, las deudas en amenazas y la información en una forma de controlar a los demás». Akira apretó el manillar de su motocicleta mientras avanzaba por las calles de Kurohama. El viento golpeaba su rostro, pero no conseguía despejar sus pensamientos. Había regresado a un futuro que no recordaba. Un futuro en el que Miyako parecía conocer a un hombre que él no reconocía como propio. Un futuro en el que Renji había desaparecido, los antiguos miembros de Kurotora Ryo se habían distanciado y una alianza con Kurogane parecía haber cambiado el destino de todos. Y, por encima de todo, estaba Kaito. ¿Por qué su nombre aparecía relacionado con aquella alianza? ¿Qué había ocurrido para que Akira estuviera dispuesto a negociar con una organización que utilizaba métodos tan cuestionables? ¿Y por qué Tatsuya hablaba de aquella decisión como si hubiera sido el principio de la caída de Kurotora Ryo? Akira aceleró. No encontraría respuestas quedándose quieto. Necesitaba ver con sus propios ojos lo que quedaba de su organización. \--- La sede de Kurotora Ryo se levantaba al final de una calle poco transitada. El edificio conservaba la estructura que Akira recordaba, aunque algunos detalles le resultaban extraños. La fachada había sido renovada. Había cámaras de seguridad en las esquinas y una puerta metálica que no recordaba haber visto nunca. Aparcó la motocicleta y se quedó observándola unos segundos. —¿Qué demonios hiciste conmigo…? No se refería al edificio. Se refería al hombre que había vivido en aquel futuro antes de que él apareciera en su lugar. Sacó las llaves del bolsillo y entró. El olor del interior le resultó familiar: metal, polvo, café viejo y el rastro persistente de aceite que parecía haberse instalado en las paredes muchos años atrás. Sin embargo, la sede estaba demasiado silenciosa. Akira recorrió el pasillo principal. En las paredes había fotografías de antiguos encuentros, reuniones y enfrentamientos. Algunas mostraban a miembros de Kurotora Ryo que reconocía; otras retrataban a personas con las que nunca había cruzado una palabra. Se detuvo frente a una fotografía de gran tamaño. En ella aparecía un grupo de jóvenes reunidos frente al edificio original de la organización. Akira reconoció su propio rostro. Era más joven, tenía una expresión desafiante y llevaba una chaqueta negra que le resultaba vagamente familiar. A su lado estaban Daiko, Sora, Takeru, Riku y Kaito. Los siete no aparecían en aquella imagen, al menos no todos. Renji tampoco estaba. Akira se acercó. —¿Cuándo se tomó esto…? Buscó una fecha en la parte inferior del marco. La encontró escrita a mano. Frunció el ceño. Aquella fecha no coincidía con los recuerdos que conservaba. O, al menos, no con los pocos recuerdos en los que todavía confiaba. Sacó su teléfono y fotografió la imagen. Después continuó hasta una sala donde se guardaban los documentos de la organización. Había archivadores, carpetas apiladas y varias cajas con etiquetas desgastadas. Sobre un escritorio descansaban informes territoriales, registros de contactos y copias de antiguos acuerdos. Akira dejó las llaves y comenzó a revisar los documentos. Al principio buscó algo concreto: información sobre Kurogane. Encontró nombres, ubicaciones y referencias a reuniones privadas. También había anotaciones sobre territorios compartidos, acuerdos de protección y operaciones que no parecían tener relación directa con la actividad habitual de Kurotora Ryo. Cuanto más leía, menos le gustaba lo que encontraba. Algunas negociaciones estaban registradas como acuerdos voluntarios, pero las notas adjuntas contaban otra historia. Había personas que debían favores, contactos que habían desaparecido de los registros y grupos que, después de colaborar con Kurogane, habían perdido el control de sus propios territorios. No era una alianza entre iguales. Era una red de dependencias. —Así que de esto hablaba Tatsuya… Pasó otra página. En el margen había una anotación escrita con tinta roja: «El acuerdo se mantiene mientras Kaito permanezca fuera de peligro». Akira dejó de moverse. Leyó la frase una vez más. —¿Qué significa esto? Buscó el documento anterior y después el siguiente. Ninguno explicaba el contexto completo. Solo encontró referencias a una reunión, a una deuda pendiente y a una persona cuyo nombre había sido tachado. Kaito volvía a aparecer en todas partes. Akira apoyó ambas manos sobre el escritorio. Recordaba a Kaito como uno de los hombres importantes de Kurotora Ryo. Recordaba su nombre, su rostro y la posición que ocupaba entre los miembros de la organización. Pero los acontecimientos que rodeaban aquella alianza eran un vacío. Un vacío que alguien había llenado tomando decisiones en su nombre. —¿A quién intentabas proteger? La pregunta quedó suspendida en la habitación. Akira no sabía si se dirigía al hombre que había sido en aquel futuro o a alguien que hubiera manipulado sus circunstancias. No podía descartar ninguna posibilidad. Se sentó y comenzó a organizar los documentos por fechas. Separó los informes relacionados con Kurogane, apartó los que mencionaban a Kaito y anotó los nombres que aparecían repetidamente. Después encontró una carpeta con información de los capitanes. La abrió. Daiko. Sora. Takeru. Riku. Los registros estaban incompletos. En algunos casos había informes antiguos; en otros, las últimas anotaciones tenían años de antigüedad. No encontró información suficiente para determinar dónde estaban todos ni por qué se habían alejado de la organización. Al llegar a una página dedicada a Miyako, se detuvo. Su nombre aparecía acompañado de varios informes de operaciones y decisiones internas. Miyako Kurogawa — Capitana. Akira pasó la mirada por las anotaciones. Había registros de enfrentamientos, evaluaciones de territorios y decisiones que demostraban que su autoridad no era meramente simbólica. Miyako había participado en asuntos importantes de Kurotora Ryo y había tenido responsabilidades que exigían la confianza de los demás. No era una simple acompañante de su vida. Era una mujer que había construido su propio lugar dentro de la organización. Akira sintió una punzada de orgullo que no supo explicar. Y después, una tristeza más difícil de soportar. Porque, aunque aquellos documentos hablaban de una mujer que él conocía, también describían una vida que ya no podía recordar. —¿Cuánto de todo esto me estoy perdiendo…? Se recostó en la silla y cerró los ojos. Por un instante, la imagen de Miyako apareció en su mente. No la mujer seria que había encontrado durante la reunión, sino otra versión: una sonrisa cansada al final del día, una mano sobre su hombro y una voz que pronunciaba su nombre desde otra habitación. La imagen desapareció antes de que pudiera retenerla. Akira abrió los ojos de golpe. —Mierda… Se llevó una mano a la frente. No podía seguir confiando en recuerdos que aparecían y desaparecían sin explicación. Necesitaba pruebas. Y necesitaba a alguien que conociera aquella historia mejor que él. Tomó el teléfono y llamó a Haru. \--- —¿Akira? La voz de Haru sonó al otro lado de la línea. —Necesito que vengas a la sede. —¿Ahora? —Sí. —¿Pasó algo? Akira miró los documentos esparcidos sobre el escritorio. —Encontré información sobre Kurogane y Kaito. También hay fotografías antiguas y registros de los capitanes. Quiero que los revisemos juntos. Haru guardó silencio durante un momento. —¿Encontraste algo importante? —Todavía no lo sé. —Eso significa que encontraste algo que no te gusta. Akira frunció el ceño. —¿Desde cuándo me conocés tan bien? —Desde hace bastante. Aunque últimamente pareciera que tengo que conocerte de nuevo todos los días. La respuesta lo dejó sin palabras. Haru no añadió nada más. —Voy para allá —dijo finalmente—. No toques nada que pueda servir como prueba. —No soy idiota. —Nunca dije que lo fueras. —Lo insinuaste. —Entonces entendiste perfectamente. La llamada terminó. Akira se quedó mirando la pantalla unos segundos antes de soltar una risa breve. Era extraño. Había personas a las que conocía desde hacía años y que ahora parecían extrañas. En cambio, Haru seguía hablando con él como si todavía existiera un lugar en el mundo donde nada hubiera cambiado. Quizá por eso le resultaba tan difícil explicarle lo que ocurría. No quería perder también aquella pequeña certeza. \--- Las horas siguientes transcurrieron entre documentos, fotografías y preguntas sin respuesta. Akira había colocado una pizarra blanca frente al escritorio. En ella escribió cuatro nombres: KUROTORА RYO. KUROGANE. KAITO. MIYAKO. Debajo de cada uno fue añadiendo fechas y referencias. Las líneas se cruzaban, pero ninguna conducía a una conclusión definitiva. En el centro escribió: ¿QUÉ CAMBIÓ? Se quedó contemplando la pregunta. Si aquel futuro era distinto del que recordaba, debía existir una razón. Quizá había tomado decisiones que no podía recordar. Quizá alguien había intervenido. O quizá el pasado ya había cambiado mucho antes de que él llegara a aquella vida. El problema era que no podía estar seguro de cuál de esas posibilidades era la correcta. Abrió una caja que todavía no había revisado. Dentro había varias fotografías impresas y documentos más antiguos, algunos doblados por la mitad. Tomó la primera imagen. Mostraba una reunión frente a un edificio abandonado. Reconoció a varios miembros de Kurotora Ryo, pero había un hombre al fondo que no consiguió identificar. Su rostro quedaba parcialmente oculto por la sombra de una columna. Akira acercó la fotografía a la luz. —¿Quién sos…? No había ninguna anotación detrás. Guardó la imagen aparte y continuó revisando la caja. Encontró otra fotografía tomada en una calle de Kurohama. Esta vez aparecía Kaito hablando con dos hombres vestidos de negro. Uno de ellos llevaba un símbolo en la manga. Akira lo reconoció de los documentos de Kurogane. Sacó su teléfono y comparó las imágenes. El símbolo era el mismo. Por primera vez en horas, sintió que había encontrado una conexión concreta. No sabía qué significaba la reunión ni qué relación tenían aquellos hombres con Kaito, pero ya no se trataba de una sospecha sin fundamento. Alguien había registrado sus movimientos. Y Kurogane estaba involucrada. Akira anotó la fecha de la fotografía y la comparó con los registros de la alianza. La diferencia era de varios meses. —Esto empezó antes de lo que pensaba… La alianza no había aparecido de repente para resolver un problema. Había señales de que las relaciones entre ambas organizaciones se habían desarrollado mucho antes. Quizá la decisión de Akira no había sido el origen del conflicto. Quizá había sido la consecuencia de algo que desconocía. Se pasó una mano por el cabello. Cuanto más avanzaba, más preguntas encontraba. Y, sin embargo, no podía dejar de investigar. Si conseguía reconstruir el camino que había llevado a Kurotora Ryo hasta aquella situación, tal vez descubriría qué le había ocurrido a Renji. Tal vez encontraría a los demás capitanes. Tal vez entendería por qué Miyako lo miraba como si estuviera hablando con un desconocido. O tal vez descubriría algo todavía peor. Que el hombre que había tomado aquellas decisiones no había sido manipulado por nadie. Que había sido él mismo. \--- Haru llegó poco después, cargando una carpeta y una bolsa de papel. Entró en la sala, observó la pizarra y después miró a Akira. —Veo que decidiste convertir esto en una investigación policial. —No tenía otra opción. —Podrías haber empezado por ordenar los papeles. Akira miró el escritorio. Había documentos abiertos, fotografías, carpetas y notas distribuidas por todas partes. —Están ordenados. Haru levantó una hoja. —¿Entonces por qué esto está dentro de una carpeta que dice «territorios»? Akira le quitó el papel. —Porque pertenece a un territorio. —Es una receta de café. Hubo un silencio. Akira miró la hoja. Efectivamente, era una receta. La había tomado de una carpeta que también contenía anotaciones sobre las reuniones de la organización. —Alguien la puso ahí. Haru lo observó con una sonrisa. —Claro. Una conspiración internacional para esconderte una receta. —¿Viniste a ayudarme o a molestarme? —Puedo hacer las dos cosas. Haru dejó la bolsa sobre el escritorio y sacó dos bebidas y algo para comer. —No sabía cuánto llevabas aquí, así que traje esto. Akira miró la bolsa. —No tenías que hacerlo. —Ya lo sé. Haru le tendió una bebida. —Por eso lo hice. Akira la aceptó. Durante unos segundos no dijo nada. Era un gesto pequeño, casi insignificante. Pero había algo en aquella naturalidad que le resultaba dolorosamente familiar. En otra vida, en otro momento, quizá habría recibido aquel detalle sin pensar demasiado en ello. Ahora se preguntaba cuántas cosas cotidianas había perdido sin darse cuenta. —Gracias —murmuró. Haru alzó las cejas. —¿Qué dijiste? —Que gracias. —¿Podés repetirlo? Quiero asegurarme de que no estoy escuchando mal. —Olvidalo. —Demasiado tarde. Voy a anotarlo en el calendario. Akira le lanzó una bolita de papel. Haru la esquivó entre risas. Por unos instantes, la habitación dejó de parecer una sala llena de fantasmas. Después Haru se acercó a la pizarra. —A ver. Mostrame qué encontraste. Akira le explicó lo de la alianza, los documentos relacionados con Kaito y la fotografía en la que aparecía el símbolo de Kurogane. Haru escuchó con atención, sin interrumpirlo. Cuando terminó, tomó la fotografía del hombre oculto por la sombra. La examinó por delante y por detrás. —No lo conozco. —Yo tampoco. —¿Creés que pertenece a Kurogane? —Es posible. Aparece en una fotografía relacionada con sus miembros, pero eso no demuestra nada. Haru asintió. —Bien. Al menos seguís siendo capaz de distinguir una pista de una respuesta. —¿Qué querés decir? —Últimamente parecés decidido a encontrar una explicación para todo en el mismo día. Akira apartó la mirada. Haru dejó la fotografía sobre el escritorio. —No te lo digo para molestarte. —Ya lo sé. —¿Seguro? Akira no respondió inmediatamente. La verdad era que no estaba seguro de casi nada. No sabía cuánto tiempo le quedaba antes de que algo volviera a cambiar. No sabía si aquel futuro se mantendría estable. Ni siquiera sabía si las personas que tenía delante recordarían los mismos acontecimientos al día siguiente. Pero no podía explicarle todo eso a Haru. ¿Cómo le decía que, en sus recuerdos, había perdido a una hija que todavía no había nacido en aquella época? ¿Cómo le explicaba que había despertado en un futuro que no reconocía y que, desde entonces, sentía que caminaba por una vida construida sobre decisiones ajenas? No tenía palabras. Así que volvió a mirar la pizarra. —Necesito averiguar qué pasó con Kaito. Haru lo observó un momento antes de asentir. —Entonces lo averiguaremos. La respuesta fue tan sencilla que Akira sintió una presión extraña en el pecho. No le preguntó por qué. No le exigió una explicación. Simplemente decidió acompañarlo. Akira bajó la mirada hacia la bebida que sostenía entre las manos. —Haru… —¿Qué? —¿Alguna vez sentiste que conocías a alguien, pero que al mismo tiempo no sabías quién era? Haru dejó de sonreír. —Sí. Akira levantó la cabeza. —¿Cuándo? —Cuando alguien cambia y no te explica por qué. La respuesta lo golpeó más de lo que esperaba. Haru cruzó los brazos. —No sé qué te está pasando, Akira. No sé por qué últimamente hacés preguntas extrañas, por qué mirás a algunas personas como si las hubieras perdido o por qué te quedás callado cuando alguien menciona cosas que deberías recordar. Akira permaneció inmóvil. —Pero sé que algo te preocupa —continuó Haru—. Y también sé que no vas a contármelo hasta que estés preparado. —No puedo contarte algo que ni siquiera entiendo. Haru lo miró con atención. Por primera vez desde que había llegado, no hizo ninguna broma. —Entonces no me lo expliques todavía. Akira sintió que algo dentro de él cedía ligeramente. —¿Y si lo que estoy haciendo termina perjudicándote? Haru soltó una pequeña risa, aunque su expresión siguió siendo seria. —¿Vas a empezar otra vez con eso? —Hablo en serio. —Yo también. No podés decidir por todos antes de que ocurra algo. Akira guardó silencio. Las palabras eran sencillas. Sin embargo, le recordaron una lección que llevaba mucho tiempo intentando aprender. En su vida anterior había querido proteger a su familia ocultándole cosas, tomando decisiones por los demás y manteniendo a las personas que amaba lejos de sus problemas. Había creído que, si controlaba suficientes variables, podría impedir que ocurriera una tragedia. Y aun así, Akari había muerto. No quería volver a cometer el mismo error. Pero tampoco sabía cómo dejar de hacerlo. —Sos demasiado confiado —murmuró. Haru sonrió. —Y vos sos demasiado dramático. —Idiota. —Viejo. —Tenemos la misma edad. —A veces no lo parece. Akira soltó una carcajada breve. Haru también se rio. Y durante aquel pequeño instante, Akira dejó de pensar en Kurogane, en los documentos y en el futuro que no recordaba. Solo estaba allí. Con alguien que seguía a su lado. Alguien a quien no quería perder. \--- La noche avanzó sin que ninguno de los dos se diera cuenta. Habían revisado las fotografías más importantes y separado los documentos que necesitaban estudiar con mayor detenimiento. No habían encontrado respuestas definitivas, pero al menos tenían una dirección. Kurogane. Kaito. El hombre de la fotografía. Y las decisiones de un Akira al que no reconocía. Haru guardó las últimas hojas en una carpeta y se estiró, cansado. —Mañana seguimos. Akira continuó mirando la pizarra. —Sí. —Y mañana vas a dormir. —No necesito que me vigiles. —Entonces dejá de tener cara de cadáver. Akira le lanzó una mirada. —¿Siempre fuiste tan insoportable? —Desde que te conozco. Haru se dirigió hacia la puerta, pero se detuvo al notar que Akira no se movía. —¿Qué pasa ahora? Akira observó los nombres escritos en la pizarra. Había pasado horas intentando encontrar una explicación lógica para lo que estaba viviendo. Sin embargo, cada vez que creía estar cerca, aparecía una contradicción nueva. Había regresado al pasado una vez. Después había despertado en otro futuro. Y ahora estaba atrapado en una vida que parecía cambiar de dirección sin que él comprendiera por qué. Recordó el momento en que había despertado en el cuerpo de diecisiete años. Recordó el dolor, la confusión y la sensación de que el mundo entero se había desmoronado. Después recordó su encuentro con Haru. No había ocurrido nada extraordinario. Habían hablado. Habían caminado juntos. Y, aun así, su vida había cambiado. Akira se volvió lentamente hacia él. —Haru. —¿Qué? —Tengo una pregunta. Haru cerró los ojos durante un segundo. —Eso nunca termina bien. —¿Alguna vez te abrazaron? Haru lo miró. Después miró la puerta. Luego volvió a mirarlo. —¿Perdón? —Un abrazo. Ya sabés cómo funciona. —Sé lo que es un abrazo, idiota. —Entonces respondé. Haru entrecerró los ojos. —¿Por qué querés saberlo? Akira intentó mantener una expresión seria. —Estoy investigando algo. —¿Ahora los abrazos forman parte de tus investigaciones? —Podrían. Haru se llevó una mano a la cara. —No sé qué te pasa, pero cada día estás peor. Akira estuvo a punto de rendirse. Sin embargo, una idea seguía dando vueltas en su cabeza. No tenía pruebas. Ni siquiera sabía si existía una conexión real entre sus saltos temporales y las personas que encontraba en esos momentos. Pero necesitaba comprobar si había algo que se le hubiera escapado. —Necesito pedirte un favor. Haru lo miró con desconfianza. —Decime. Akira hizo una pausa. —Dame un abrazo. El silencio que siguió fue absoluto. Haru abrió lentamente la boca. —… —¿Qué? —¿Estás enfermo? —No. —¿Te golpeaste la cabeza? —Tampoco. —¿Te echaron de alguna organización y ahora estás buscando afecto? —Haru. —¿O finalmente decidiste admitir que bateás para el otro lado? Akira lo miró con una mezcla de cansancio y desconcierto. —Sos un imbécil. Haru empezó a reírse. —¡Me pedís un abrazo de la nada y el imbécil soy yo! —Olvidalo. Akira se dio la vuelta, dispuesto a terminar con aquella conversación absurda. Pero Haru dejó de reírse. —Eh. Akira se detuvo. —¿Qué? —Vení acá. Antes de que pudiera reaccionar, Haru le pasó un brazo por los hombros y lo atrajo hacia sí. El gesto fue torpe. Ninguno de los dos parecía saber muy bien qué hacer con los brazos, y durante un instante se quedaron quietos, incómodos. Después Akira se rio. Una risa auténtica. No una carcajada utilizada para ocultar el miedo ni una respuesta automática para tranquilizar a los demás. Simplemente se rio porque Haru estaba haciendo el ridículo y porque, por primera vez en mucho tiempo, no necesitaba fingir que todo estaba bajo control. —No le cuentes esto a nadie —murmuró. —¿Que me pediste un abrazo? —Te voy a matar. —¡Encima me amenaza! Ambos volvieron a reírse. Akira cerró los ojos. Y entonces ocurrió. \--- Al principio fue una sensación apenas perceptible. Un hormigueo en la nuca. Después, un sonido agudo, parecido al zumbido de un cable eléctrico, comenzó a llenar sus oídos. Akira dejó de reírse. —¿Haru…? —¿Qué pasa? La voz de Haru sonó extrañamente distante. El abrazo seguía allí, pero el peso de su cuerpo parecía desvanecerse. Las luces de la habitación parpadearon una vez. Akira abrió los ojos. La pizarra se había vuelto borrosa. Las palabras escritas sobre ella parecían estirarse, deformándose hasta convertirse en manchas oscuras. —No… Otra vez no. Haru intentó apartarse para mirarlo a la cara. —Akira, ¿qué te pasa? El sonido agudo aumentó. Durante una fracción de segundo, Akira creyó ver una imagen superpuesta a la habitación: una calle bañada por la luz de la tarde, un edificio que conocía y una motocicleta aparcada junto a la acera. Después vio una mano cubierta de sangre. No sabía de quién era. No sabía de dónde provenía aquella imagen. Y, antes de que pudiera comprenderla, todo desapareció. La habitación se apagó. Akira sintió que el suelo se hundía bajo sus pies. Intentó sujetarse a Haru, pero sus dedos solo encontraron aire. La última cosa que escuchó fue su voz. —¡AKIRA! Después, nada. \--- El viento. Eso fue lo primero que sintió. Un viento frío que le golpeaba el rostro y le agitaba el cabello. Akira abrió los ojos de golpe. Estaba sentado en un banco, junto a una calle de Kurohama. Durante varios segundos no se movió. Los edificios, los comercios y los carteles le resultaban familiares. Reconocía aquella zona, aunque no recordaba haber estado allí durante su vida adulta. Se incorporó bruscamente. —¿Qué…? Se miró las manos. Eran más pequeñas. Su respiración se aceleró. Se tocó el rostro, después el cabello y finalmente los brazos. Tenía diecisiete años otra vez. —No puede ser… Se levantó y buscó su reflejo en el escaparate de un comercio cerrado. El mismo rostro joven. Los mismos ojos verdes. La misma apariencia que tenía cuando había despertado en el orfanato. Pero esta vez había algo distinto. No estaba en el orfanato. No había nadie esperándolo. Y no recordaba haber sentido aquella caída antes de despertar. Akira sacó el teléfono del bolsillo. La pantalla estaba encendida. Leyó la fecha. Su expresión cambió. Era varios días anterior al incidente en el que había conocido a Shin y había intervenido para salvarlo a él y a su hermano menor. Akira volvió a comprobarla. Después miró la calle. —Volví otra vez… Las palabras salieron de su boca como un susurro. No sabía cómo. No sabía por qué. Y no sabía si había regresado a la misma línea temporal o si, una vez más, había despertado en una realidad diferente. Lo único que podía afirmar era que el tiempo había cambiado. Y que él no había decidido hacerlo. Se llevó una mano al pecho, intentando controlar la respiración. La última imagen que recordaba era el rostro de Haru. Su voz. El abrazo. ¿Había sido aquello lo que había provocado el salto? Akira negó lentamente con la cabeza. No tenía sentido sacar conclusiones basándose en una coincidencia. La primera vez había despertado en el pasado después de perder a Akari. La segunda, había aparecido en un futuro que no reconocía tras salvar a Shin. Ahora había ocurrido otra vez, justo cuando abrazaba a Haru. Tres momentos distintos. Tres saltos. Ninguna explicación. —¿Qué demonios me está pasando? Una motocicleta pasó por la calle y el rugido del motor lo hizo levantar la cabeza. Entonces lo vio. Al otro lado de la calle caminaba un joven de cabello oscuro, vestido con una chaqueta que Akira reconoció de inmediato. Su rostro. Su forma de andar. La manera en que observaba los alrededores. Akira sintió que el corazón le daba un vuelco. —No puede ser… Era Kaito. Estaba vivo. Y parecía estar varios años más joven que en las fotografías que Akira había examinado en el futuro. Kaito se detuvo frente a una tienda, intercambió unas palabras con alguien y después continuó caminando. Akira permaneció inmóvil. Una parte de él quería correr hacia Kaito, agarrarlo del hombro y exigirle que explicara todo lo relacionado con Kurogane. Pero otra parte, la que había aprendido a desconfiar de sus propios recuerdos, lo obligó a detenerse. No sabía qué relación tenía Kaito con los acontecimientos que habían destruido Kurotora Ryo. No sabía si su presencia en aquel lugar era normal. Y no sabía qué consecuencias tendría intervenir antes de tiempo. Si había regresado a una fecha anterior, podía observar los acontecimientos antes de que sucedieran. Podía encontrar las piezas que faltaban. Quizá incluso podía impedir que la alianza con Kurogane terminara convirtiéndose en una amenaza. Pero primero tenía que comprender qué estaba ocurriendo. Akira se ajustó la chaqueta y comenzó a caminar detrás de Kaito, manteniendo una distancia prudente. Mientras avanzaba, volvió a pensar en Haru. En el abrazo. En aquella sensación de que el mundo se había roto a su alrededor. ¿Fue una coincidencia? No tenía respuesta. Todavía no. Pero una cosa estaba clara: el tiempo había vuelto a darle una oportunidad, aunque no sabía quién se la había concedido ni cuánto duraría. Esta vez no iba a desperdiciarla. Kaito estaba vivo. Kurogane seguía siendo una incógnita. Y Akira estaba a punto de descubrir qué había ocurrido antes de que todo cambiara. Continuará…
REKURO: LAST PROMISE — ZERO DAY (Novela)

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REKURO: LAST PROMISE — ZERO DAY (Novela) Capítulo 6

Estás leyendo el capítulo 6 de REKURO: LAST PROMISE — ZERO DAY (Novela), un novela. ¿Y si tuvieras una segunda oportunidad para cambiar el destino, pero cada decisión pudiera destruir aquello que intentás salvar? Akira Kurogawa lo perdió todo. En un futuro marcado por la tragedia, la muerte de su hija… Este capítulo tiene publicado el 27 de octubre de 2026. REKURO: LAST PROMISE — ZERO DAY (Novela) tiene 7 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.

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