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Leer REKURO: LAST PROMISE — ZERO DAY (Novela) Capítulo 5 online gratis en español

Akira permaneció inmóvil. Frente a él, Miyako seguía observándolo. Su esposa. La mujer con la que había compartido tantos años. La persona que había estado a su lado cuando todavía tenían a Akari. Pero algo no estaba bien. Miyako estaba viva. Haru estaba allí. Shin también. Sin embargo, Akari no aparecía por ninguna parte. Y alrededor de ellos había personas que Akira jamás había visto. Líderes, representantes y miembros de organizaciones cuyos nombres no significaban nada para él. Era una historia que parecía pertenecerle… pero que nunca había vivido. Akira respiró profundamente. —Miyako… —¿Qué? —Necesito hablar contigo. Ella lo observó con preocupación. —¿Sobre qué? Akira miró hacia el salón. —Sobre todo esto. —¿Todo esto? —Las organizaciones. Kurotora Ryo. Las personas que están aquí… Hizo una pausa. —Necesito entender qué está pasando. Miyako frunció el ceño. —¿Qué estás pensando hacer? Akira no respondió inmediatamente. —No lo sé. —Entonces te lo preguntaré de otra manera. Miyako cruzó los brazos. —Cuando creaste Kurotora Ryo, sabías perfectamente qué clase de organización querías construir. ¿Por qué estás actuando como si no entendieras nada? Akira sintió un sobresalto. —¿Yo la creé? Miyako lo miró con incredulidad. —¿Qué clase de pregunta es esa? Akira guardó silencio. No podía explicarle que, aunque recordaba haber dirigido Kurotora Ryo en otra vida, no reconocía el camino que los había llevado hasta aquella reunión. —¿Qué pasó después? —preguntó finalmente. Miyako suspiró. —Eso es precisamente lo que no entiendo. —Explícate. Su expresión se volvió más seria. —Desde que empezaste a hablar de unir distintas organizaciones bajo tu mando, todo cambió. Akira escuchó atentamente. —No estoy de acuerdo con esto. —¿Con qué? —Con la alianza. Miyako miró hacia el salón. Algunos hombres conversaban cerca de la mesa; otros intercambiaban miradas cautelosas. —Son pandilleros peligrosos. Algunos están involucrados en negocios clandestinos, extorsiones y tráfico de información. No puedes confiar en ellos solamente porque hayan aceptado sentarse a la misma mesa. Akira apretó ligeramente los puños. Aquello no coincidía con la imagen que tenía de sí mismo. —Entonces, ¿por qué estamos intentando unirnos a ellos? Miyako lo miró directamente. —Porque tú quieres hacerlo. El silencio entre ambos se volvió incómodo. —¿Yo? —Sí, Akira. Tú. Miyako dio un paso hacia él. —Quieres reunir a todas esas organizaciones bajo una sola autoridad. Quieres que respondan ante ti. Akira sintió que algo se hundía dentro de su pecho. —¿Qué demonios estoy pensando hacer? Miyako bajó la mirada. —Eso quisiera saber. Después volvió a mirarlo. Esta vez, su expresión ya no reflejaba solamente preocupación. También había tristeza. —Renji nunca habría querido esto. Akira levantó la cabeza. —¿Mi hermano? —Sí. Su voz se volvió más baja. —Él siempre creyó que Kurotora Ryo debía proteger a los suyos. No convertirlos en piezas de un juego de poder. Akira recordó al Renji que había visto en su adolescencia. Su hermano bromeando con él. Llevándolo a la preparatoria. Advirtiéndole que no hiciera estupideces. Por un instante, la imagen fue tan clara que le dolió. —¿Dónde está? Miyako negó lentamente con la cabeza. —No lo sé. —¿Cómo que no lo sabes? —Hace tiempo que no lo veo. Akira bajó la mirada. Otra pieza que no encajaba. Renji estaba vivo en sus recuerdos de aquella época. Sin embargo, en ese futuro, ni siquiera Miyako sabía dónde encontrarlo. —Miyako… Ella esperó. —Aparte de Shin y Haru, ¿dónde están los demás? —¿Quiénes? —Los capitanes. Mis compañeros. Los hombres que estaban conmigo cuando Kurotora Ryo comenzó. Miyako tardó unos segundos en responder. —Eso mismo me pregunto yo. Akira levantó la mirada. —¿Qué quieres decir? —No sé dónde están todos. Algunos se alejaron. Otros dejaron de aparecer. Y hay cosas que nadie quiere explicarme. Hizo una pausa. —Cada vez que te pregunto qué está pasando, me dices que es necesario para proteger a la organización. Akira sintió que la confusión aumentaba. No sabía si el hombre que Miyako describía había actuado por ambición, por miedo o por alguna razón que él todavía no podía comprender. Pero había algo que le resultaba insoportable. Ese hombre llevaba su rostro. Akira intentó tomarle la mano. Miyako reaccionó de inmediato. ¡Paf! Apartó su mano de un golpe. Akira se quedó inmóvil. Ella respiraba con dificultad, como si llevara demasiado tiempo conteniendo algo que ya no podía guardar. —No sé qué sucede contigo. Akira no respondió. —No eres la persona de la que me enamoré. Sus ojos reflejaban tristeza. —No te reconozco, Akira. Aquellas palabras le dolieron más de lo que esperaba. Quiso decirle que la recordaba. Que recordaba los años que habían compartido, las discusiones, las noches difíciles y la vida que habían construido juntos. Quiso decirle que, para él, ella seguía siendo su esposa. Pero no podía. Porque la Miyako que tenía delante no había vivido esos recuerdos con él. Para ella, aquel hombre estaba cambiando ante sus ojos. Y Akira ni siquiera sabía por qué. Miyako apartó la mirada. —No estoy de acuerdo con esta alianza. Tampoco con lo que estás haciendo. —Miyako, yo… —No sé por qué Haru y Shin siguen apoyándote. Se detuvo antes de marcharse. —Pero yo no puedo hacerlo. Después se alejó, dejándolo solo. Akira permaneció inmóvil. Su esposa no reconocía al hombre que él era. Su hermano había desaparecido. Sus antiguos compañeros estaban ausentes. Y Kurotora Ryo parecía haberse convertido en algo que jamás habría querido construir. Cerró los ojos. —¿Qué demonios hice…? —Akira. La voz de Haru lo hizo girarse. El muchacho estaba detrás de él, observándolo con atención. —Haru. —¿Qué pasa? Akira caminó hacia él. —Necesito preguntarte algo. Haru levantó una ceja. —Adelante. —Aparte de Shin… ¿dónde están los demás? —¿Qué demás? —Los capitanes de Kurotora Ryo. La expresión de Haru cambió ligeramente. —Akira… —Quiero saber quiénes son. Quiero saber qué ocurrió con ellos y por qué nadie parece querer hablar del tema. Haru guardó silencio. Durante unos segundos, pareció debatirse entre responder y esperar. Finalmente, suspiró. —Es complicado. —No me importa. Akira lo miró directamente. —Necesito saberlo. Haru sostuvo su mirada. —Cuando termine la reunión, hablaremos. Te contaré lo que pueda. —¿Por qué no ahora? Haru señaló el salón. —Porque todos están esperando que vuelvas a ocupar tu lugar. Si desaparecemos ahora, empezarán a preguntarse qué demonios está pasando. Akira miró hacia las personas reunidas. Tenía razón. No comprendía aquella realidad, pero necesitaba evitar que los demás descubrieran hasta qué punto estaba perdido. —Está bien. Haru asintió. —Después hablamos. Ambos regresaron al salón. Akira volvió a observar a los presentes. Había líderes, capitanes y representantes de distintas organizaciones. Algunos lo miraban con respeto; otros, con abierta desconfianza. Unos cuantos parecían estar esperando que cometiera un error. Akira tomó asiento. Poco después, uno de los hombres se puso de pie. —Como todos saben, hemos sido convocados para discutir la posibilidad de una unión entre nuestras organizaciones. Un murmullo recorrió la sala. —Pero antes de tomar una decisión, debemos resolver una cuestión importante. El hombre dirigió su mirada hacia Akira. —¿Está realmente preparado para dirigir una alianza de esta magnitud? Akira no reaccionó. Así que esa era la verdadera razón de la reunión. No estaban allí solamente para decidir si se unirían. También estaban evaluándolo a él. Un líder de cabello oscuro tomó la palabra. —Kurotora Ryo ha demostrado tener fuerza suficiente para controlar varios territorios. Negarlo sería absurdo. Otro hombre respondió desde el otro extremo de la mesa. —Pero controlar un territorio no es lo mismo que controlar a todas las organizaciones que existen en él. —Exactamente —intervino un tercero—. ¿Por qué deberíamos aceptar que un solo hombre tome las decisiones por todos? Las voces comenzaron a superponerse. —Porque necesitamos una estructura común. —¿Y quién decidirá qué es lo mejor para nosotros? —¿Qué ocurrirá cuando una organización se niegue a obedecer? Akira escuchaba sin intervenir. No conocía sus historias. No conocía sus relaciones. No sabía qué acuerdos se habían establecido antes de su llegada. Y, aun así, todos hablaban de él como si conocieran sus intenciones mejor que el propio Akira. Un hombre se puso de pie. —Yo estoy a favor de la unión. Otro negó inmediatamente con la cabeza. —Yo no. —¿Por qué? —Porque unir tantas organizaciones bajo una sola autoridad provocará una guerra en cuanto algo salga mal. El murmullo volvió a crecer. Akira observó a Haru. El muchacho permanecía tranquilo, aunque sus ojos seguían atentos a cada intervención. Shin, por su parte, escuchaba sin apartarse de su asiento. Finalmente, el hombre que dirigía la reunión levantó una mano. —Es suficiente. La sala quedó en silencio. —No tomaremos una decisión hoy. Todavía es demasiado pronto para decidir si esta unión es viable. Miró a Akira. —Habrá otra reunión. Hasta entonces, cada organización deberá evaluar las condiciones propuestas. Nadie pareció completamente satisfecho. Sin embargo, ninguno discutió la decisión. La reunión comenzó a disolverse. Los presentes se levantaron, formaron pequeños grupos y empezaron a conversar entre ellos. Algunos se acercaron a otros líderes; otros abandonaron el salón sin siquiera despedirse. Akira permaneció sentado. Todo aquello seguía pareciéndole irreal. Había llegado a un futuro en el que tenía treinta años, estaba casado con Miyako y dirigía una organización que parecía haber tomado un rumbo desconocido. Pero no había encontrado a Akari. Tampoco a Renji. Ni a los capitanes que recordaba. ¿Quiénes eran aquellas personas que ocupaban ahora sus lugares? ¿Y por qué el hombre que había construido aquella realidad parecía tan distinto de él? Entonces, al otro lado del salón, Akira vio a alguien. Un hombre permanecía apartado de los demás. No hablaba con nadie. Simplemente lo observaba. Akira entrecerró los ojos. El desconocido sonrió. No era una sonrisa amistosa. Había algo extraño en ella. Algo que le provocó un escalofrío. —¿Quién…? Por un instante, el hombre pareció perderse en sus propios recuerdos. Una imagen atravesó su mente. Una calle. Un edificio destruido. Humo elevándose entre los escombros. Gritos. Y un muchacho de cabello negro y ojos verdes. Akira. Mucho más joven. Su rostro estaba cubierto de rabia. Permanecía de pie frente a él, sin retroceder a pesar de todo lo que había ocurrido. —¡¿Cómo te atreviste?! La voz del muchacho resonó en su memoria. El hombre recordó aquel día. Akira había llegado después de que atacaran el lugar que más apreciaba. No había huido. Tampoco había aceptado sus amenazas. Había decidido enfrentarlo. Pensar que ese mocoso tendría el valor de plantarse frente a mí… La imagen se desvaneció. El hombre volvió a mirar a Akira. Pero el joven ya no estaba observándolo. Una sonrisa apenas perceptible apareció en el rostro del desconocido. Después se dio la vuelta y comenzó a alejarse entre los presentes. Akira permaneció pensativo. Había algo en aquel rostro. Algo que le resultaba familiar, aunque no podía recordar de dónde. —Akira. La voz de Haru lo hizo reaccionar. —¿Qué? —Tenemos que hablar. Akira asintió. Sin embargo, antes de que pudieran marcharse, alguien se interpuso en su camino. —No hace falta. Ambos se giraron. Un hombre de expresión seria estaba frente a ellos. Akira no lo reconoció. Haru, en cambio, pareció sorprendido. —Tatsuya… El hombre dirigió su mirada hacia Akira. No parecía tener miedo. Tampoco mostraba el respeto que otros le habían demostrado durante la reunión. Solo decepción. —Necesito decirte algo. Akira sostuvo su mirada. —Habla. Tatsuya guardó silencio unos segundos, como si estuviera buscando la manera de expresar algo que llevaba demasiado tiempo pensando. Finalmente, habló. —Todo iba bien. Akira frunció el ceño. —¿Qué quieres decir? —Cuando nos unimos a Kurotora Ryo, creíamos que estábamos construyendo algo diferente. Una organización que protegiera a los nuestros, que no tuviera que arrodillarse ante nadie. Su expresión se endureció. —No éramos perfectos. Nunca lo fuimos. Pero había límites que ninguno de nosotros estaba dispuesto a cruzar. Akira permaneció inmóvil. —¿Y qué cambió? Tatsuya lo miró directamente. —Tú. La palabra cayó entre ambos como un golpe. —Todo empezó a cambiar cuando decidiste hacer una alianza con Kurogane para proteger a uno de los nuestros. Akira sintió un pequeño sobresalto. —¿A quién? —A Kaito. Akira no reconoció el nombre de inmediato. Sin embargo, algo en su interior reaccionó. Kaito. Uno de los nombres que pertenecían a los primeros años de Kurotora Ryo. Uno de los hombres que Akira recordaba como parte de su círculo más cercano. Pero en aquella realidad, no sabía qué había ocurrido con él. —¿Qué pasó con Kaito? —preguntó. Tatsuya negó lentamente con la cabeza. —Eso es precisamente lo que no entiendes. Akira apretó los puños. —Entonces explícame. Tatsuya respiró hondo. —La alianza con Kurogane no fue un simple acuerdo entre organizaciones. Cambió la forma en que empezamos a hacer las cosas. Los favores se convirtieron en deudas. Las deudas, en amenazas. Y la información comenzó a utilizarse para obligar a los demás a obedecer. Akira sintió un frío recorrerle la espalda. Aquello se parecía demasiado a lo que Shin había mencionado antes. —¿Y Kaito? Tatsuya apartó la mirada. —Después de aquello, nada volvió a ser igual. No añadió nada más. Su silencio resultaba más inquietante que cualquier explicación. Akira dio un paso hacia él. —Tatsuya, necesito saber qué pasó. —No. El hombre negó con la cabeza. —Llevo demasiado tiempo esperando que te des cuenta por tu cuenta. Volvió a mirarlo. —Yo no voy a seguir formando parte de esto. Haru levantó la cabeza. —Tatsuya… —Ya tomé mi decisión. Tatsuya dirigió una última mirada a Akira. —No tengo ningún interés en seguir dentro de una organización que está perdiendo todo aquello por lo que fue creada. Akira no respondió. No podía defenderse de unas decisiones que no recordaba haber tomado. Tatsuya pareció interpretar su silencio como una confirmación. —Esto no lo habría querido tu hermano. Akira levantó lentamente la cabeza. —¿Renji? —Sí. La expresión de Tatsuya se suavizó por un instante. —Y yo tampoco. Se dio la vuelta. Antes de alejarse, miró a Haru. —Hasta luego. Haru no respondió. Tatsuya desapareció entre la gente. Akira lo observó hasta perderlo de vista. No podía moverse. No podía ordenar sus pensamientos. Kurogane. Kaito. Renji. Los capitanes desaparecidos. Miyako. Y una organización que, según las palabras de Tatsuya, había comenzado a traicionar sus propios principios. Akira cerró lentamente los puños. No sabía qué decisiones había tomado aquel otro yo. No sabía qué había ocurrido con sus compañeros ni por qué Renji se había alejado. Tampoco sabía por qué había decidido unir Kurotora Ryo con organizaciones que Miyako consideraba peligrosas. Pero ahora tenía algo que antes no tenía. Una pista. Una palabra que conectaba la alianza, la desaparición de sus compañeros y la transformación de Kurotora Ryo. Kurogane. Akira levantó la mirada hacia la salida por la que Tatsuya había desaparecido. Quizá aquella alianza no había sido el comienzo de todo. Quizá solo había sido el momento en que las consecuencias se volvieron imposibles de ocultar. Pero necesitaba descubrir qué había sucedido realmente. Porque si quería entender aquel futuro… tendría que descubrir qué había hecho el hombre que llevaba su rostro. Y, sobre todo, por qué. Continuará.
REKURO: LAST PROMISE — ZERO DAY (Novela)

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REKURO: LAST PROMISE — ZERO DAY (Novela) Capítulo 5

Estás leyendo el capítulo 5 de REKURO: LAST PROMISE — ZERO DAY (Novela), un novela. ¿Y si tuvieras una segunda oportunidad para cambiar el destino, pero cada decisión pudiera destruir aquello que intentás salvar? Akira Kurogawa lo perdió todo. En un futuro marcado por la tragedia, la muerte de su hija… Este capítulo tiene publicado el 26 de octubre de 2026. REKURO: LAST PROMISE — ZERO DAY (Novela) tiene 7 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.

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