arrow_back

Leer REKURO: LAST PROMISE — ZERO DAY (Novela) Capítulo 4 online gratis en español

El día siguiente comenzó con una sensación extraña. Akira había dormido poco. Demasiadas cosas seguían dando vueltas en su cabeza. La promesa que le había hecho a Haru. Kurotora Ryo. Miyako. Su familia. Y, sobre todo, aquella sensación de que existían partes de su pasado que simplemente no podía recordar. Había despertado en un cuerpo de diecisiete años con los recuerdos de un hombre de treinta. Sin embargo, cuanto más intentaba reconstruir su adolescencia, más evidente se volvía que había enormes espacios en blanco. No sabía por qué había desaparecido de la vida de Haru. No recordaba con claridad la promesa de fundar Kurotora Ryo. Y tampoco comprendía por qué Miyako, una mujer que en su vida anterior había sido su esposa, todavía era una desconocida para él. Aun así, intentó comportarse con normalidad. No quería preocupar a su madre. No quería que su hermano siguiera preguntándole qué le ocurría. Y mucho menos quería que Haru descubriera que, en realidad, apenas entendía lo que estaba pasando. La mañana transcurrió sin grandes problemas. Akira llegó a la preparatoria junto con Haru y su hermano. Durante las primeras horas de clase intentó concentrarse, aunque de vez en cuando terminaba mirando por la ventana. Kurohama seguía pareciéndole familiar y desconocida al mismo tiempo. Las calles. Los edificios. Las personas. Todo estaba donde debía estar. Pero algo dentro de él continuaba diciéndole que aquella ciudad escondía demasiadas cosas. \--- Durante el descanso volvió a cruzarse con Miyako. Ella estaba hablando con unas compañeras cuando Akira se quedó observándola durante unos segundos. Era difícil no hacerlo. No solo porque algún día sería su esposa. Cada vez que la veía encontraba pequeños detalles que reconocía de la mujer que había conocido tantos años después. La forma de fruncir el ceño. Su manera de caminar. Incluso aquella expresión que ponía cuando alguien decía algo que no le gustaba. Definitivamente eres tú. Akira sonrió ligeramente. Miyako giró la cabeza. —¿Qué miras? Akira reaccionó de inmediato. —Nada. —Llevas mirándome varios segundos. —Estaba pensando. —Pues piensa en otra cosa. Akira soltó una pequeña risa. —Sigues teniendo el mismo carácter. Miyako entrecerró los ojos. —¿Qué dijiste? —Nada. Ella lo observó con desconfianza antes de volver con sus compañeras. Akira la siguió con la mirada hasta que desapareció entre los estudiantes. Entonces apareció una imagen fugaz en su mente. Una niña. Una sonrisa. Una voz que creía conocer mejor que la suya propia. Akari. La sonrisa de Akira desapareció. Por un instante, el ruido de la preparatoria pareció alejarse. Todavía no. No podía permitirse perderse en aquellos recuerdos. Akari aún no había nacido en esa época. Y pensar en ello le producía una sensación que no sabía cómo describir. Era como extrañar a alguien que todavía no había tenido la oportunidad de conocer. Akira cerró los ojos un instante y respiró profundamente. Después regresó al aula. \--- Las horas pasaron. Al terminar las clases, Haru caminó junto a él. Hablaron de cosas sin importancia. Haru incluso volvió a burlarse de su extraño comportamiento. —Sigues actuando raro. —¿Otra vez con eso? —Sí. —Estoy perfectamente bien. Haru lo miró de reojo. —Eso dices desde ayer. Akira sonrió. —Te preocupas demasiado. —Alguien tiene que hacerlo. La respuesta le arrancó una sonrisa más sincera. Durante un instante, Akira recordó lo que significaba tener a alguien que se preocupara por él sin pedirle nada a cambio. No respondió. Cuando llegaron al orfanato, Haru se detuvo frente a la entrada. —Nos vemos mañana. —Sí. Nos vemos. Haru entró y levantó una mano a modo de despedida. Akira esperó unos segundos antes de darse la vuelta. Después comenzó a caminar hacia su casa. Las calles estaban tranquilas y el cielo empezaba a oscurecerse. Metió las manos en los bolsillos. Por primera vez desde que había despertado en aquella época, sentía que podía disfrutar de unos minutos de tranquilidad. Entonces escuchó pasos. Rápidos. Desordenados. Alguien estaba corriendo hacia él. Akira levantó la mirada. Un chico de aproximadamente su misma edad apareció desde una esquina. Tenía la respiración agitada y miraba constantemente hacia atrás. —¡Mierda! El muchacho pasó junto a Akira. —¡Muévete! Akira dio un paso hacia un lado. Unos segundos después, varios jóvenes aparecieron corriendo por la misma calle. —¡ATRAPEN A ESE INFELIZ! —gritó uno. Otro señaló hacia delante. —¡NO LO DEJEN ESCAPAR! Akira observó al grupo con el ceño fruncido. ¿Qué demonios está pasando? Los jóvenes pasaron junto a él, pero uno se detuvo. —¡Oye! ¿Viste hacia dónde fue? Akira miró a su alrededor con fingida indiferencia. —¿Quién? —¡El chico que acaba de pasar! Akira señaló vagamente una calle lateral. —No vi nada. —¡Mierda! El hombre salió corriendo y los demás lo siguieron. Akira esperó hasta que desaparecieron. —Qué forma tan rara de pasar la tarde... Continuó caminando. Sin embargo, después de unos pasos se detuvo. Miró hacia atrás. No sabía por qué, pero algo le decía que no debía ignorar lo que acababa de ocurrir. Soltó un suspiro. —Solo voy a mirar. Y regresó por la calle. \--- Finalmente encontró un pequeño callejón. —Oye. El chico que había estado huyendo se sobresaltó. Estaba escondido detrás de una pared, intentando recuperar el aliento. —¿Tú otra vez? El muchacho salió lentamente de su escondite. —Gracias por no decirles dónde estaba. Akira se encogió de hombros. —No sabía quién eras. —Supongo que eso tiene sentido. El chico se pasó una mano por el cabello, todavía nervioso. —Me llamo Shin. —Akira. —¿Akira? Mucho gusto. —Igualmente. Durante unos segundos permanecieron en silencio. Akira señaló hacia la calle. —Oye, Shin. —¿Qué? —¿Estás en problemas? Shin apartó la mirada. —No es asunto tuyo. Akira frunció el ceño. —Eso no parece una respuesta. —Y tú haces demasiadas preguntas para alguien que acaba de conocerme. —Entonces no respondas. Shin estuvo a punto de replicar, pero su teléfono comenzó a vibrar. Bzz... Bzz... Su expresión cambió al mirar la pantalla. Tenía varias llamadas perdidas. —Mierda... Akira lo observó. —¿Tu madre? Shin asintió. —Sí. Se alejó unos pasos y respondió. —¿Mamá? Sí, estoy bien. Hizo una pausa mientras escuchaba. —No, no estoy solo. Miró a Akira. —Estoy con un amigo. Akira levantó una ceja. ¿Un amigo? Shin continuó hablando. —Sí. Me quedaré a dormir en su casa esta noche. Hubo otro silencio. —Te lo explicaré después. Estoy bien, de verdad. Finalmente colgó. Akira lo miró con incredulidad. —¿Un amigo? —¿Qué? —Nos conocemos desde hace unos minutos. Shin sonrió. —¿Y? —¿Y qué? —Ahora eres mi amigo. Akira lo contempló durante un momento. —Qué rápido haces amigos. —Es un talento. Akira soltó una pequeña risa. Pero la expresión de Shin cambió cuando su teléfono vibró de nuevo. Esta vez era un mensaje. Lo abrió. Y su sonrisa desapareció. Akira notó cómo se tensaban sus hombros. —¿Qué pasa? Shin no respondió. Se quedó mirando la pantalla, con los dedos inmóviles. Akira alcanzó a leer unas líneas antes de que el muchacho apagara el teléfono. Tenemos a tu hermano menor. Vienes y haces el encargo. O puedes olvidarte de volver a verlo. Shin sintió que se le helaba la sangre. —Lo siento, Akira. Guardó el teléfono y comenzó a caminar. —Necesito irme. —¿A dónde? —No importa. —Shin... —¡He dicho que no importa! La voz le salió más fuerte de lo que pretendía. Shin se detuvo un instante, apretó los dientes y volvió a caminar. —Perdón. Después echó a correr. Akira permaneció quieto. Podía dejarlo ir. No conocía a Shin. No conocía a su hermano. Y tampoco sabía quiénes eran las personas que lo estaban amenazando. No era asunto suyo. Al menos, eso era lo que debería haber pensado. Pero sus pies ya se habían puesto en movimiento. —Ese idiota... Akira salió detrás de él. Mantuvo cierta distancia para no ser descubierto y siguió sus movimientos por las calles de Kurohama. Shin avanzaba cada vez más rápido. Finalmente llegó hasta un edificio viejo, apartado de las calles principales. Akira se detuvo detrás de una esquina. Observó la entrada. Había varios hombres esperando. Shin respiró profundamente y entró. Akira contó unos segundos antes de seguirlo. No sabía qué iba a encontrar. Pero ya era demasiado tarde para fingir que no le importaba. \--- El interior del edificio estaba mal iluminado. El olor a humedad impregnaba el aire. Akira avanzó con cuidado hasta distinguir varias figuras reunidas al fondo. Entonces lo vio. Un chico más pequeño estaba tirado en el suelo. —¡Hermano! Shin corrió hacia él y se arrodilló a su lado. —¡Oye! ¡Despierta! Lo sostuvo por los hombros y le dio unas palmadas suaves en la mejilla. No recibió respuesta. —¡Vamos! ¡Abre los ojos! Shin levantó la cabeza lentamente. Su rostro había cambiado. La preocupación seguía allí, pero ahora estaba acompañada de una rabia que parecía a punto de desbordarse. Uno de los hombres se acercó. —Llegaste. Shin se puso de pie. —¿Qué le hicieron? El hombre sonrió. —Nada que no pueda arreglarse. —Dijeron que no le harían nada. —Y cumplimos. No tiene ninguna herida permanente. Shin apretó los puños. —¡Hijos de puta! El hombre se encogió de hombros. —Tendrías que haberte presentado antes. Ahora vas a hacer el encargo que te dimos. —No voy a hacer una mierda para ustedes. La sonrisa del hombre desapareció. —Entonces quizá debamos darle una razón más convincente a tu hermanito. Shin dio un paso hacia él. —Si lo tocas... —¿Qué harás? ¿Golpearnos? Los demás comenzaron a reír. Akira observaba la situación desde unos metros atrás. Contó rápidamente. Cuatro hombres. Quizá alguno más detrás de las columnas. No eran demasiados, pero el espacio reducido dificultaría moverse con libertad. Así que utilizan a un niño para obligar a su hermano a hacer el trabajo sucio. Akira sintió cómo se le endurecía la expresión. Había visto métodos parecidos en su vida anterior. Amenazas. Chantajes. Personas que utilizaban a los más débiles para controlar a los demás. No necesitaba recordar todos los detalles de su pasado para reconocer aquella clase de basura. Cerró los puños. —Oye, Shin. El muchacho giró la cabeza. —¿Akira? Akira caminó hasta colocarse a su lado. —Sí. Shin lo miró, sorprendido. —¿Qué haces aquí? ¡Vete! Akira sonrió sin apartar la mirada de los hombres. —Lo siento. Ya me metí demasiado en esto. Después miró al grupo. —Bueno, bastardos. Se crujió los nudillos. —Podemos resolverlo por las buenas... Su sonrisa desapareció. —O por las malas. Uno de los hombres soltó una carcajada. —¿Dos mocosos creen que pueden enfrentarse a nosotros? Akira inclinó ligeramente la cabeza. —No. Creo que ustedes son tan idiotas que van a intentarlo de todas formas. El hombre dejó de reír. —¡Rómpanles la cara! El primero se lanzó contra Akira. Akira esquivó el golpe por muy poco, giró sobre un pie y aprovechó el impulso del atacante para desequilibrarlo. Antes de que pudiera recuperar la postura, le asestó un golpe que lo hizo caer al suelo. Akira aterrizó con firmeza. —Uno. Los otros se abalanzaron sobre él. Bloqueó un puñetazo, esquivó otro y respondió con un golpe al abdomen que obligó a uno de los hombres a retroceder. Sin embargo, el espacio era demasiado estrecho. Un tercero apareció por su costado. Akira logró apartarse, pero perdió el equilibrio durante un instante. El hombre aprovechó la oportunidad para sacar un bate de madera. Akira no llegó a verlo. ¡PAM! El bate impactó contra un lado de su cabeza. Un dolor agudo le atravesó el cráneo. La habitación se inclinó. Akira cayó de rodillas y apoyó una mano en el suelo para no desplomarse. —¡Akira! —gritó Shin. El hombre levantó el bate de nuevo. Shin se lanzó contra él. ¡BAM! Su puño impactó contra el rostro del atacante y lo obligó a retroceder. Shin se colocó junto a Akira. —¿Estás bien? Akira se llevó una mano a la cabeza. Al retirarla, vio sangre en los dedos. —Sí... Parpadeó varias veces para despejar la vista. —Solo me sorprendió. Shin lo miró como si hubiera perdido la cabeza. —¡Te acaban de golpear con un bate! —Y sigo de pie. —¡Eso no significa que estés bien! Los hombres comenzaron a rodearlos. Akira respiró profundamente. El golpe le había afectado más de lo que quería admitir. Necesitaba terminar aquella pelea antes de que las cosas empeoraran. Miró a Shin. El muchacho levantó los puños. Ya no estaban solos. Ahora eran dos contra varios. Los hombres avanzaron. Shin recibió un golpe en el costado, pero consiguió devolverlo y hacer retroceder a su atacante. Akira aprovechó la distracción para derribar a otro. Evitó un puñetazo, sujetó el brazo del hombre y lo desequilibró contra una columna. La pelea se convirtió en un caos de golpes, pasos y respiraciones agitadas. Akira recibió otro impacto en el rostro. Shin terminó en el suelo durante unos segundos antes de levantarse de nuevo. Ninguno de los dos retrocedió. Finalmente, el último de los hombres cayó. El silencio regresó al edificio. Akira respiraba con dificultad. Tenía varios golpes en el rostro y una herida en la frente que seguía sangrando. Shin se llevó una mano al costado. —Creo que mañana no voy a poder moverme. Akira soltó una risa cansada. —Eso te pasa por meterte con tipos más grandes. Shin lo miró de arriba abajo. —¿Tú estás hablando? Akira se señaló la cabeza. —A mí me dieron con un bate. —Exactamente. ¡Te dieron con un bate! —Ya te escuché, pesado. Shin terminó riéndose. Akira también. Durante unos segundos, el dolor y el peligro parecieron quedar lejos. Entonces se escuchó un pequeño movimiento. Shin se giró de inmediato. —¡Hermano! El chico más pequeño comenzaba a abrir los ojos. —¿Shin...? Shin corrió hacia él y se arrodilló a su lado. —¡Estoy aquí! ¿Te duele algo? El niño negó lentamente con la cabeza. —¿Qué pasó? Shin lo revisó de arriba abajo. No parecía tener ninguna herida. Akira se acercó y observó la ropa del muchacho. Estaba manchada de sangre. Frunció el ceño. —Espera. Se agachó y examinó las manchas con más atención. —¿Te duele alguna parte del cuerpo? El niño volvió a negar con la cabeza. Shin miró las manchas rojas. Poco a poco, comprendió. —Entonces... Akira se incorporó y miró a los hombres tendidos en el suelo. —La sangre no era suya. Habían manchado la ropa del niño para hacerle creer a Shin que su hermano estaba herido. Todo había sido una mentira. Solo querían obligarlo a cumplir el encargo. Shin apretó los dientes. —Voy a encontrarlos otra vez... —Y entonces volverás a meterte en problemas —lo interrumpió Akira—. Primero saca a tu hermano de aquí. Shin lo miró, todavía furioso. Después abrazó al niño y lo ayudó a ponerse de pie. Akira caminó hacia la salida. —Malditos idiotas. No saben que no deberían meterse con alguien que no puede defenderse. Shin lo alcanzó. —¿De qué hablas? Tú también eres un mocoso. Akira sonrió. —Cierra la boca, idiota. —¡Tú empezaste! Los tres salieron del edificio. \--- Una vez en la calle, Akira miró la hora. Su expresión cambió. —Mierda. Shin lo miró. —¿Qué pasa? —Debería estar en casa. Akira comenzó a caminar, pero después de unos pasos se tambaleó. Shin suspiró y lo sujetó del brazo. —¿Quién es el idiota ahora? —Estoy bien. —Claro. Por eso casi te caes. —Puedo caminar solo. —Y yo soy el rey de Kurohama. Akira intentó soltarse, pero el movimiento le provocó otro mareo. Shin dejó de bromear. —No, en serio. Apóyate en mí. Akira lo observó durante unos segundos. Después aceptó la ayuda. El hermano menor de Shin caminaba delante de ellos. Los tres avanzaron por las calles de Kurohama mientras el cielo terminaba de oscurecerse. Durante un rato, nadie dijo nada. Entonces el niño giró la cabeza hacia el otro lado de la calle. Por un instante creyó ver a alguien. Una silueta inmóvil. Un rostro que le resultaba familiar, aunque no conseguía recordar de dónde. Parpadeó. La figura había desaparecido. —¿Qué pasa? —preguntó Shin. El niño negó con la cabeza. —Nada. Continuó caminando. Debí estar viendo cosas. No le dio importancia. Ninguno de los tres se percató de que, desde la distancia, alguien había estado observándolos. \--- Cuando finalmente llegaron a la casa de Akira, su familia comenzaba a perder la paciencia. Su hermano caminaba de un lado a otro del salón. —¿Dónde se metió este idiota? Aiko permanecía en la cocina, pero tampoco conseguía tranquilizarse. Miraba constantemente hacia la ventana. —Ya debería haber vuelto... Haru estaba sentado cerca de la entrada. Había regresado del orfanato hacía un rato y esperaba encontrarse con Akira. Miró la hora. —Akira no suele tardar tanto... Entonces sonó el timbre. Ding-dong. Haru se levantó rápidamente. —Yo abro. Caminó hasta la puerta y la abrió. Se quedó completamente quieto. —¿Akira...? Akira estaba apoyado sobre Shin. Tenía una herida en la frente y varios golpes en el rostro. Detrás de ellos estaba el hermano menor de Shin. Haru abrió los ojos. —¡¿Qué demonios te pasó?! —Estoy bien. —¡No parece que estés bien! Shin tuvo que sujetarlo mejor. —Si lo suelto, probablemente se cae. Akira lo miró de reojo. —No exageres. Haru los dejó pasar de inmediato. —Entren. ¡Ahora! Su hermano apareció desde el pasillo. Al ver a Akira, la expresión le cambió por completo. —¿Qué demonios...? Aiko salió de la cocina. —¡Akira! Corrió hacia él. —¡¿Qué pasó?! —Mamá, estoy bien. —Siéntate. —Pero... —Akira, siéntate. Esta vez no discutió. Aiko tomó el botiquín y comenzó a revisar sus heridas. Cuando vio la sangre en su frente, sus manos se detuvieron durante un instante. —Dime qué pasó. Akira guardó silencio. Aiko levantó la mirada. —No volviste a meterte en problemas, ¿verdad? Su voz estaba llena de preocupación. Su hermano cruzó los brazos. —Eso mismo quiero saber. Mira cómo has vuelto. Akira intentó sonreír. —No es para tanto. —¿No es para tanto? —replicó su hermano—. ¡Tienes la cabeza abierta! —Es un corte. —¡Un corte que está sangrando! Shin levantó una mano. —Bueno, técnicamente, yo también tuve algo que ver... Todos lo miraron. —¿Quién eres tú? —preguntó el hermano de Akira. —Shin. —Necesito una explicación, Shin. Akira soltó un suspiro. —Es una historia larga. —Y bastante estúpida —añadió Shin. Akira giró hacia él. —Cállate. Haru levantó una ceja. —Entonces definitivamente fue algo estúpido. Por primera vez desde que habían llegado, la tensión disminuyó un poco. Aiko terminó de limpiar la herida y le colocó un vendaje. Pero su preocupación no desapareció. —Akira, necesito que me digas la verdad. Él la miró. —¿Sobre qué? —Sobre lo que estás haciendo últimamente. Desde ayer te comportas de una manera extraña. Y ahora vuelves a casa en este estado. Su hermano suspiró. —Mamá tiene razón. No es la primera vez que vuelves así. Akira se quedó quieto. —¿Qué quieres decir? Su hermano lo miró con incredulidad. —¿Ahora también vas a fingir que no lo recuerdas? Akira no respondió. —Antes llegabas a casa con heridas parecidas —continuó—. Te metías en peleas, te juntabas con gente problemática y después decías que podías resolverlo todo solo. Hizo una pausa. —Se suponía que habías dejado esa estupidez de pandillero de pacotilla. La palabra quedó suspendida en el aire. Pandillero. Akira sintió que algo se movía en el fondo de su memoria. Unas calles oscuras. El rugido de varias motocicletas. Voces que gritaban su nombre. Una mano cubierta de sangre. La imagen desapareció antes de que pudiera reconocerla. Akira bajó la mirada. Otra pieza de su pasado que no recordaba. Haru también parecía inquieto. —Akira... Desde ayer actúas como si fueras otra persona. Akira intentó responder, pero no encontró ninguna explicación que pudiera darles. Entonces Shin intervino. Les contó que unos hombres lo habían perseguido, que habían utilizado a su hermano menor para obligarlo a realizar un encargo y que Akira había decidido ayudarlo. Aiko escuchó atentamente. Su hermano tampoco hizo ninguna broma más. Cuando Shin terminó, se hizo el silencio. —¿Todo esto fue por una pandilla? —preguntó Aiko. Shin asintió. —Sí. —¿Cuál? Shin dudó. —No sé si debería decirlo. Akira levantó la mirada. —¿Por qué? —Porque no son gente con la que convenga meterse. Su hermano frunció el ceño. —Eso no responde a la pregunta. Shin apretó los labios. —Son parte de una organización que se está extendiendo por Kurohama. No funcionan como una pandilla normal. —¿En qué sentido? —preguntó Haru. —Utilizan información, chantajes y favores. Consiguen que la gente haga lo que quieren sin necesidad de amenazarla directamente. Y, cuando alguien se niega, buscan algo que esa persona no esté dispuesta a perder. Shin miró a su hermano menor. No necesitaba decir nada más. Akira permaneció inmóvil. Aquella forma de actuar le resultaba demasiado familiar. Pero cuando intentó recordar el nombre de la organización, no encontró nada. Ni un rostro. Ni un símbolo. Ni un nombre. Nada. ¿Cómo es posible? Si aquella organización tenía tanta influencia en Kurohama, ¿por qué no aparecía en sus recuerdos del futuro? ¿Había existido siempre? ¿O era una de las cosas que nunca había llegado a conocer? Akira no tenía respuestas. Y eso comenzaba a inquietarlo más que cualquier pelea. \--- La noche avanzó. Después de asegurarse de que el hermano de Shin estaba bien y de que Akira no necesitaba atención médica urgente, Aiko insistió en que todos descansaran. Shin se quedó aquella noche en la casa. Haru fue a su habitación. Su hermano terminó retirándose después de recordarle a Akira que hablarían al día siguiente. Aiko fue la última en apagar las luces. Antes de marcharse, se detuvo junto a la puerta de Akira. —No tienes que contarme todo ahora —dijo con suavidad—. Pero, si te está pasando algo, no tienes que enfrentarlo solo. Akira la miró. Por un instante, estuvo a punto de contarle la verdad. Que en su interior vivía un hombre que había perdido a su hija. Que recordaba una vida que todavía no había sucedido. Que tenía miedo de que, si cometía un solo error, volviera a perder a las personas que amaba. Pero ¿cómo podía explicarle algo así? Aiko sonrió ligeramente. —Descansa. —Buenas noches, mamá. Ella cerró la puerta. Akira permaneció despierto, mirando el techo. ¿Cuántas cosas de este pasado no recuerdo? Pensó en Shin. En la organización desconocida. En las palabras de su hermano. Pandillero de pacotilla. Había algo en aquella frase que le molestaba. No porque fuera un insulto. Sino porque, por primera vez, comprendía que quizá el adolescente cuyo cuerpo ocupaba había sido alguien muy distinto del hombre en el que se había convertido. Akira cerró los ojos. Solo necesitaba descansar unos segundos. Unos segundos sin preguntas. Sin recuerdos. Sin miedo. Y entonces... Todo desapareció. \--- Akira abrió los ojos. Parpadeó varias veces. —¿Eh...? Se incorporó lentamente. Algo estaba mal. Miró sus manos. Eran diferentes. Más grandes. Más adultas. El dolor de la pelea había desaparecido. También el vendaje de su frente. Akira se puso de pie y observó a su alrededor. Un enorme salón se extendía ante él. Había una mesa larga, lámparas elegantes y decenas de personas vestidas con trajes costosos. Algunas conversaban en pequeños grupos; otras permanecían reunidas alrededor de hombres que transmitían autoridad. El murmullo llenaba la habitación. Akira bajó la mirada. Llevaba un traje negro. Su respiración se detuvo. —¿Qué...? Buscó algún espejo. Encontró uno al otro lado del salón y caminó hacia él. Cuando vio su reflejo, se quedó completamente paralizado. El rostro de un hombre de treinta años le devolvía la mirada. Su cabello negro. Sus ojos verdes. Sus facciones. Era él. Había vuelto a tener el cuerpo de su vida anterior. —No... Akira retrocedió un paso. —Esto no puede estar pasando. Un dolor extraño le atravesó la cabeza. Durante un instante, creyó escuchar el rugido de una motocicleta. Después, una voz. Luego, un golpe. Imágenes fragmentadas aparecieron y desaparecieron sin darle tiempo a comprenderlas. Y, de pronto, alguien pronunció su nombre. —Akira. Él se giró. Miyako estaba allí. Su esposa. La mujer que había llorado junto a él mientras sostenían el cuerpo sin vida de su hija. Akira se quedó mirándola. Parecía exactamente como la recordaba. Sus ojos. Su cabello. La expresión con la que lo observaba cuando notaba que algo no estaba bien. —Miyako... Ella se acercó. —¿Qué te pasa? Akira intentó responder. No pudo. Miró alrededor, buscando algo que le permitiera entender dónde estaba. Entonces reconoció algunos rostros. Haru. Shin. El hermano menor de Shin. Estaban allí. Pero también había decenas de personas que no conocía. Hombres vestidos como empresarios. Otros cuya apariencia y actitud le recordaban a los líderes de organizaciones criminales. Personas que parecían conocerse desde hacía años. Algunas lo miraban con familiaridad. Otras apenas reparaban en su presencia. Akira sintió que la respiración comenzaba a acelerársele. —¿Quiénes son todas estas personas? Miyako frunció el ceño. —¿De qué estás hablando? —¿Dónde estamos? Ella lo observó con mayor atención. —Akira, ¿te encuentras bien? Él la miró fijamente. La respuesta no estaba en su rostro. Tampoco en los rostros que lo rodeaban. Necesitaba encontrar algo que pudiera reconocer. Algo que le demostrara que seguía en su propia vida. Entonces hizo la pregunta que más miedo le daba formular. —¿Y nuestra hija? Miyako quedó en silencio. Akira sintió un escalofrío. —Miyako... Ella dio un pequeño paso hacia él. —¿Qué pasa con nuestra hija? Akira tragó saliva. —¿Dónde está Akari? Durante un instante, el ruido del salón pareció apagarse. Miyako lo miró con una expresión que no consiguió comprender. No era exactamente tristeza. Tampoco parecía sorpresa. Había algo más. Algo que Akira no supo interpretar. —Akira... —murmuró ella. Él sintió que el corazón le golpeaba con fuerza contra el pecho. —Dime dónde está. Miyako no respondió inmediatamente. Akira comenzó a mirar alrededor otra vez. Buscó entre los rostros. En cada rincón. Entre las personas que conversaban junto a la mesa. Esperaba encontrar una sonrisa, una mirada, cualquier cosa que le recordara a su hija. Pero Akari no estaba allí. No podía verla. No podía escuchar su voz. No podía encontrarla. Akira retrocedió lentamente. —No... Miró nuevamente aquel salón. Su esposa estaba viva. Haru estaba allí. Shin también. Sin embargo, el lugar estaba lleno de personas que no reconocía y de vínculos que no comprendía. Aquello no era el futuro que recordaba. O, al menos, no era el futuro que él creía recordar. Akira cerró los ojos e intentó respirar. Una vez. Dos veces. Tres. Tranquilo. Se llevó una mano al pecho. Primero tengo que tranquilizarme. Pero no funcionó. Porque, por primera vez desde que había regresado al pasado, una posibilidad terrible comenzó a tomar forma en su mente. ¿Y si no había vuelto al futuro que conocía? ¿Y si había cambiado algo sin darse cuenta? ¿Y si aquella realidad pertenecía a una historia que nunca había vivido? Abrió los ojos. Miró a Miyako. —¿Qué me pasó? Ella intentó acercarse. —Akira, estás asustándome. Él quiso responderle que también estaba asustado. Que no entendía nada. Que había perdido a su hija una vez y que no podía soportar la idea de que aquella nueva realidad se la hubiera arrebatado de otra manera. Pero no encontró las palabras. Solo podía mirar aquel salón y a todas aquellas personas desconocidas. Entonces comprendió algo. No sabía cómo había llegado allí. No recordaba haber hecho nada que pudiera explicar aquel cambio. Y, sin embargo, el mundo que tenía delante no coincidía con sus recuerdos. Akira apretó los puños. Si aquella era otra realidad, necesitaba descubrir qué había cambiado. Quiénes eran aquellas personas. Qué relación tenía con ellas. Y por qué Shin, que apenas había conocido en su adolescencia, estaba allí, en un futuro que no reconocía. Pero, por encima de todo, necesitaba averiguar qué había ocurrido con Akari. Porque no estaba dispuesto a perderla una segunda vez. Continuará.
REKURO: LAST PROMISE — ZERO DAY (Novela)

Continúa leyendo

REKURO: LAST PROMISE — ZERO DAY (Novela)

Capítulo 5

Siguiente Capítulo ›

REKURO: LAST PROMISE — ZERO DAY (Novela) Capítulo 4

Estás leyendo el capítulo 4 de REKURO: LAST PROMISE — ZERO DAY (Novela), un novela. ¿Y si tuvieras una segunda oportunidad para cambiar el destino, pero cada decisión pudiera destruir aquello que intentás salvar? Akira Kurogawa lo perdió todo. En un futuro marcado por la tragedia, la muerte de su hija… Este capítulo tiene publicado el 26 de octubre de 2026. REKURO: LAST PROMISE — ZERO DAY (Novela) tiene 7 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.

TMO

Para muchos fans del manga en español, TMO se ha convertido en uno de los lugares más conocidos para descubrir y seguir nuevas series. Dentro de la comunidad, es habitual encontrar miles de lectores que visitan el sitio cada día para disfrutar de su TMO manga favorito, ya sea continuando una historia popular o encontrando alguna obra menos conocida que valga la pena leer.

Lectortmo

Gran parte de la experiencia de lectura se debe a lectortmo, el visor que permite leer capítulos de forma cómoda y continua. Gracias a lectortmo, los usuarios pueden pasar páginas con facilidad, adaptando la lectura tanto en computadora como en móvil, lo que hace que seguir un manga sea mucho más sencillo y agradable para cualquier fan.

Tumangaonline

Muchos lectores también reconocen el nombre de tumangaonline, una referencia histórica dentro del manga en español. En tumangaonline es posible encontrar una gran variedad de géneros y series, desde títulos clásicos que marcaron a toda una generación hasta mangas recientes que se actualizan constantemente y mantienen a la comunidad pendiente de cada nuevo capítulo.

Tumanga

Al final, la esencia de tumanga está en reunir a lectores que comparten la misma pasión por el manga. En tumanga se pueden descubrir historias de acción, romance, fantasía o comedia, lo que permite que cada persona encuentre algo que le guste y disfrute de la experiencia de leer manga en línea junto a una comunidad que sigue creciendo cada día.

Manhwa online

Leer manhwa online se ha convertido en una de las formas favoritas de descubrir nuevas historias y seguir series que se actualizan con frecuencia. Un buen lector manhwa permite disfrutar de cada capítulo directamente desde el navegador, tanto en computadora como en dispositivos móviles, ofreciendo una experiencia cómoda y sencilla para cualquier lector.

Dentro del mundo del manhwa existen numerosos géneros y estilos para diferentes públicos, desde romance, acción y fantasía hasta manhwa BL. Entre las búsquedas más populares también se encuentran títulos como Jinx manhwa online, Eres mi mundo manhwa y Circles manhwa, obras que han conseguido llamar la atención de muchos lectores interesados en descubrir nuevas historias.

Para quienes todavía no saben qué leer, consultar un top manhwa puede ser una buena manera de encontrar series populares y descubrir títulos recomendados por otros lectores. De esta forma es posible conocer nuevas obras, continuar historias conocidas o explorar diferentes categorías dentro del catálogo de manhwa online.

También existen comunidades, plataformas y páginas relacionadas con términos como manhwa web, manhwa net o manhwa clan, utilizadas por los usuarios para buscar nuevos capítulos, recomendaciones y diferentes opciones de lectura. Para el público hispanohablante también es habitual encontrar búsquedas como manhwa BL español, especialmente entre quienes prefieren disfrutar de estas historias traducidas al español.

Además, existen categorías orientadas exclusivamente a lectores adultos, donde aparecen términos como manhwa 18, uncensored manhwa, manhwa hentai o manhwa porno. Este tipo de contenido forma parte de un segmento específico dentro del mundo del manhwa y está dirigido únicamente a usuarios mayores de edad que buscan historias con temáticas más explícitas.