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Leer REKURO: LAST PROMISE — ZERO DAY (Novela) Capítulo 3 online gratis en español

Akira no pudo apartar la mirada. La chica que caminaba por la calle era Miyako. La mujer que algún día sería su esposa. La madre de Akari. Pero para ella, él no era nadie. Miyako lo observó durante unos segundos antes de apartar la mirada. Para ella, aquel encuentro no parecía tener ninguna importancia. Akira permaneció inmóvil. —Miyako… Haru volvió la cabeza. —¿La conoces? Akira reaccionó demasiado tarde. —No. La respuesta salió tan rápido que incluso él se dio cuenta. Haru levantó una ceja. —No parecía eso. Akira guardó silencio. ¿Cómo podía explicárselo? No podía decirle que aquella chica algún día formaría parte de su familia. Que había compartido una vida con ella, que conocía su sonrisa y que recordaba el rostro que tenía cuando estaba preocupada. Mucho menos podía hablarle de Akari. Para Haru, Miyako era simplemente una estudiante. Para Akira, era alguien que pertenecía a un futuro que ya había perdido. Un futuro que, por alguna razón, todavía no existía. —Vamos —dijo finalmente. Haru lo miró con desconfianza, pero no insistió. Los dos continuaron caminando. \--- —Haru. —¿Qué? —¿Qué fecha es hoy? Haru giró la cabeza. —¿Ahora también olvidaste qué día vivimos? —Solo responde. Haru le dijo la fecha. Akira se detuvo. No coincidía con lo que recordaba. Había regresado al pasado. De eso ya no tenía dudas. Su cuerpo tenía diecisiete años y sus recuerdos de la vida que había perdido seguían presentes. Pero aquella fecha… ¿Por qué no coincidía? —¿Qué pasa? —preguntó Haru. —Nada. Akira reanudó la marcha, aunque la inquietud no desapareció. No sabía cuánto tiempo había retrocedido exactamente. Tampoco podía confiar por completo en sus recuerdos. Si había algo que el viaje temporal le había enseñado hasta ese momento, era que no entendía las reglas de lo que le había sucedido. Y no pensaba descubrirlas por las malas. Unos minutos después llegaron frente a un edificio que Akira reconoció inmediatamente. El orfanato. Las paredes, las ventanas y la entrada seguían pareciéndole familiares. Por un instante, sintió que había regresado al lugar donde todo había comenzado. Avanzó hacia la puerta. Haru lo sujetó del brazo. —Akira. —¿Qué? —¿Adónde vas? Akira señaló el edificio. —Adentro. Haru lo miró desconcertado. —¿Al orfanato? —Sí. —Pero tú no vives aquí. Akira se quedó inmóvil. —¿Qué? Haru suspiró. —¿Te golpeaste la cabeza? ¿No recuerdas dónde está tu casa? La palabra casa provocó algo extraño en su memoria. Una mesa. Una habitación. Una voz llamándolo desde la cocina. La imagen de una mujer sonriendo. Akira cerró los ojos. Los recuerdos aparecieron fragmentados, como fotografías que alguien hubiera mezclado sin orden. —Mi casa… —Sí, tu casa —respondió Haru—. Vamos. Antes de que empiece a preocuparme de verdad. Akira abrió los ojos. Tenía razón. No vivía en el orfanato. Al menos, no en aquel momento de su vida. —Vamos —murmuró. Mientras se alejaban, una pregunta comenzó a perseguirlo. ¿Por qué había olvidado algo tan sencillo? \--- La casa era modesta. No tenía nada extraordinario. Sin embargo, cuando Akira se encontró frente a la entrada, sintió una presión en el pecho. Había recuerdos allí. Recuerdos que creía haber perdido para siempre. Abrió la puerta lentamente. El olor del interior le resultó familiar. Desde la cocina llegaba el sonido de los utensilios y el murmullo de una radio. —¿Ya volvieron? Akira dejó de respirar por un instante. Conocía aquella voz. La había escuchado durante años. Pero hacía demasiado tiempo que no la oía así. Viva. Cercana. Su madre apareció en el pasillo. —Akira, ¿qué te pasa? Él no respondió. Aiko. Su madre. Durante su vida anterior había tenido que aceptar su ausencia. Había aprendido a continuar sin ella, aunque eso no significara que el vacío hubiera desaparecido. Y ahora estaba allí. Frente a él. —¿Akira? —insistió Aiko, acercándose—. ¿Te sientes mal? Akira bajó la mirada para ocultar la expresión de su rostro. —No. Estoy bien, mamá. Intentó sonreír. Aiko lo examinó con preocupación. —Estás muy raro hoy. —Yo también se lo dije —intervino Haru desde la entrada. Akira le lanzó una mirada. —Cállate. Haru sonrió. Entonces se escucharon pasos desde el fondo de la casa. —¿Qué está pasando? Akira levantó la cabeza. Un joven apareció en el pasillo. Renji Kurogawa. Su hermano. La misma sonrisa despreocupada. La misma forma de caminar. La misma mirada que Akira había recordado tantas veces sin poder volver a verla. Renji lo observó. —¿Por qué me miras así? Akira no consiguió responder. —¿Tengo algo en la cara? Haru soltó una risa. —Desde que despertó está mirando a todos como si fueran fantasmas. Renji se rio. —Entonces definitivamente se golpeó la cabeza. Akira sintió que algo se le quebraba por dentro. Pero esta vez no era dolor. Era alivio. —Renji… —¿Qué? Akira negó lentamente con la cabeza. —Nada. Su hermano se acercó y le dio un golpe suave en el hombro. —Estás raro, hermanito. Después se dirigió hacia la cocina. —Mamá, ¿hay algo para comer? —Todavía no. —¿Entonces qué hacemos? —Esperar. Renji hizo una mueca. —Eso es cruel. Haru comenzó a reírse. Akira los observó en silencio. Una madre. Dos hermanos. Un amigo. Una casa. Una tarde cualquiera. Y, sin embargo, para él aquello era algo que había creído imposible volver a experimentar. \--- La comida transcurrió entre conversaciones y bromas. Haru terminó quedándose un rato más, como tantas otras veces. Por primera vez desde que había despertado, Akira sintió algo parecido a la tranquilidad. Cuando terminaron de comer, Aiko comenzó a recoger los platos. Akira se levantó y abrió un armario. Después revisó otro. Renji lo observó desde la mesa. —¿Qué estás buscando? —Algo. —Eso ya lo veo. Akira continuó buscando hasta que Aiko volvió la cabeza. —¿Qué necesitas, hijo? —El café. Se hizo un breve silencio. Renji lo miró fijamente. —¿El café? Akira asintió, sin comprender la reacción. —Sí. Siempre viene bien después de comer. Renji se levantó lentamente. —Estoy tratando de entender quién eres. Akira frunció el ceño. —¿Qué dijiste? —¿Dónde está el mocoso de mi hermano? Porque este parece un viejo. Haru soltó una carcajada. Aiko apareció detrás de Renji y le dio un pequeño golpe en la cabeza. —¡Deja de molestar a tu hermano! —¡Mamá! ¡Solo estaba preguntando! Aiko negó con la cabeza y miró a Akira. —Te prepararé algo caliente. —Gracias. Ella hizo una pausa. —Aunque nunca te gustó el café. Akira se quedó quieto. Otra vez. Un detalle insignificante para cualquiera de ellos. Pero no para él. Había reaccionado como un hombre que llevaba años acostumbrado a tomar café después de comer. Como alguien que había olvidado cómo era ser un adolescente. Haru, sentado a la mesa, lo observaba con atención. A veces reconocía al Akira de siempre: el amigo con el que había crecido, el chico al que conocía desde hacía años. Pero otras veces encontraba algo diferente. La mirada. La forma de hablar. La manera de reaccionar ante cosas que antes no parecían importarle. Haru no dijo nada. Sin embargo, aquella tarde comenzó a preguntarse si realmente entendía a su amigo tanto como creía. \--- Más tarde, Akira salió de la casa. Necesitaba estar solo. Caminó unos metros y se detuvo junto a la vereda. El viento movía suavemente las hojas de los árboles y las voces de los vecinos llegaban desde las casas cercanas. Todo parecía demasiado real. Akira miró sus manos. —Realmente volví… Lo dijo en voz baja. Pero ¿a qué había regresado exactamente? No conocía la fecha correcta. Había olvidado detalles básicos de su adolescencia y no comprendía por qué Haru hablaba de una promesa que él apenas recordaba. Se llevó una mano a la cabeza. —¿Y si no puedo regresar? La pregunta quedó suspendida en el aire. No sabía qué había provocado el viaje temporal. Tampoco sabía si existía alguna manera de volver al futuro. Se pellizcó el brazo. Sintió dolor. —No estoy soñando. Entonces, sin previo aviso, el mundo pareció desaparecer. El viento dejó de sentirse. Las voces se apagaron. Y una imagen cruzó su mente. Dos tumbas. Piedras oscuras bajo un cielo gris. El suelo húmedo. Flores marchitas junto a los nombres grabados. Aiko Kurogawa. Renji Kurogawa. Akira estaba solo frente a ellas. No podía recordar cuándo había sido aquella visita ni cuánto tiempo había pasado desde la última vez que había estado allí. Solo recordaba la sensación de vacío que le apretaba el pecho. La tumba de su madre. La tumba de su hermano. Las personas que ahora estaban vivas, hablando y riendo dentro de aquella casa, habían terminado convirtiéndose en recuerdos de su vida anterior. Akira intentó acercarse a las lápidas. Pero la imagen se quebró. —¡Akira! Una voz lo arrancó de aquella oscuridad. La calle regresó de golpe. El viento volvió a rozarle el rostro. Akira respiró con dificultad y miró a su alrededor. Seguía en el mismo lugar. Seguía en el pasado. Pero durante aquel instante había vuelto a estar frente a las tumbas de su familia. —Akira. Renji estaba a pocos pasos de él. —¿Realmente estás bien? Akira tardó en responder. Su hermano lo miraba con una expresión seria. Ya no estaba bromeando. —Mamá está preocupada. Akira bajó la cabeza. —Estoy bien. Renji cruzó los brazos. —No parece. Guardó silencio un instante antes de continuar. —Mamá no quiere que te metas en una pandilla ni que termines involucrado en problemas. Akira levantó la mirada. —¿Una pandilla? —Sí. Y, sinceramente, yo tampoco quiero verte metido en algo así. Renji suspiró. —Puedes ser un idiota… Akira soltó una pequeña risa. —Gracias. —Pero eres mi hermanito. Renji le dio un golpe suave en el hombro. —Así que intenta no hacer estupideces. Después sonrió y levantó los puños. —Aunque, en una pelea, sigo ganando. Akira lo miró durante un segundo. Y terminó riéndose. —Sigue soñando. Ambos permanecieron allí unos instantes. Akira observó a su hermano. Estaba vivo. Podía escucharlo, responderle y discutir con él por cualquier tontería. La visión de las tumbas todavía le pesaba en la memoria. No quería volver a verlas. No quería aceptar que algún día aquellas imágenes pudieran convertirse otra vez en su realidad. —Lamento haberlos preocupado —murmuró. Renji dejó de sonreír. Akira lo miró directamente. —Estoy bien. De verdad. Su hermano asintió, aunque no parecía completamente convencido. —Eso espero. Entonces pareció recordar algo. —Ah, por cierto. Acomoda tus cosas. —¿Para qué? Renji lo miró como si acabara de olvidar algo evidente. —Para ir a la preparatoria. Akira se quedó inmóvil. —¿La preparatoria? —Sí. La palabra resonó en su cabeza. Todavía era un estudiante. Todavía vivía con su familia. Todavía tenía tiempo. Mucho más del que había imaginado. \--- A la mañana siguiente, Akira abrió los ojos antes de que sonara la alarma. Durante unos segundos permaneció mirando el techo. Después recordó dónde estaba. La casa. Aiko. Renji. Haru. El pasado. Se incorporó lentamente. —Así que realmente tengo que ir a la preparatoria… Se vistió y salió de la habitación. Renji ya lo esperaba en la entrada. —Por fin. Pensé que tendría que arrastrarte hasta la escuela. Haru apareció detrás de él. —Yo también lo pensé. Akira los miró con cansancio. —Buenos días para ustedes también. Aiko se asomó desde la cocina. —Tengan cuidado. —Sí, mamá —respondió Renji. Los tres salieron. La motocicleta de Renji esperaba frente a la casa. Él se subió y encendió el motor. —Akira, atrás. Haru levantó una mano. —¿Y yo? Renji sonrió. —Tú también. Haru miró la motocicleta. —¿Los tres? —¿Quieres caminar? —No. La motocicleta arrancó. Mientras atravesaban las calles de Kurohama, Akira observó la ciudad. No era que hubiera cambiado. Era él quien la veía con otros ojos. Algunas tiendas que recordaba todavía no existían. Había edificios que en su futuro tendrían otra apariencia y calles que aún estaban en construcción. Era como contemplar una fotografía de la ciudad antes de convertirse en el lugar que conocía. Finalmente llegaron frente a un edificio. Sobre la entrada se leía: INSTITUTO KUROHAMA SEISHIN Renji apagó la motocicleta. —Llegamos. Akira bajó y observó el edificio. —Seishin… —¿Qué pasa? —preguntó Haru. —Nada. Los estudiantes entraban mientras conversaban sobre exámenes, deportes y problemas cotidianos. Akira casi sonrió. Durante años había vivido rodeado de violencia, traiciones y decisiones que podían costarle la vida a alguien. Ahora estaba allí, rodeado de estudiantes que se preocupaban por cosas normales. Para ellos era una mañana cualquiera. Para él, era una segunda oportunidad. Renji se quitó el casco. —Nos vemos después. Estoy en un curso superior, así que no voy a acompañarlos hasta el salón. Akira asintió. —Lo sé. Renji lo observó unos segundos. —Y trata de no meterte en problemas. Haru se rio. —Eso dile a Akira. —¡Los estoy escuchando! —protestó Renji. Después arrancó la motocicleta y se alejó. Akira y Haru caminaron hacia la entrada. \--- El salón estaba lleno de estudiantes. Algunos conversaban; otros terminaban de copiar tareas antes de que llegara el profesor. Akira se sentó y observó el aula. No recordaba cada detalle. Había cosas que reconocía de inmediato y otras que parecían haberse borrado de su memoria. Cuando el profesor hizo una pregunta, Akira respondió casi automáticamente. Varios estudiantes lo miraron sorprendidos. Haru se inclinó hacia él. —¿Desde cuándo sabes eso? —Siempre lo supe. —Mentira. —Cállate. Haru sonrió. El resto de la mañana transcurrió con normalidad. Clases. Descanso. Almuerzo. Conversaciones. Nada extraordinario. Y precisamente eso era lo extraño para Akira. Durante el almuerzo, Haru se sentó frente a él. —Estás diferente. Akira levantó la mirada. —¿Otra vez con eso? —Sí. —¿Qué quieres que haga? Haru se encogió de hombros. —Nada. Solo digo que pareces más tranquilo. Akira guardó silencio. Quizá era verdad. En su vida anterior siempre había estado preocupado por lo que sucedería después. Cada decisión parecía conducir a un nuevo peligro. Ahora ya había vivido aquel futuro. Sabía que no podía confiar en sus recuerdos como si fueran una garantía, pero al menos conocía algunas de las tragedias que quería evitar. O eso esperaba. Al otro lado del patio, Miyako estaba sentada con unas compañeras. Akira la miró apenas unos segundos. Intentó no hacerlo demasiado evidente. No lo consiguió. Haru siguió la dirección de su mirada. —Otra vez. —No estoy haciendo nada. —Claro. Akira suspiró. —Déjalo. Haru se rio y continuó comiendo. Akira apartó la mirada. No tenía derecho a tratar a Miyako como si ya existiera una relación entre ellos. Ella no lo conocía de aquella manera. No le debía confianza, cariño ni una oportunidad. Si alguna vez llegaban a compartir una vida, tendría que ser porque ambos lo elegían. No porque él intentara reproducir el futuro que había perdido. \--- Cuando terminaron las clases, los estudiantes comenzaron a salir. Akira y Haru caminaron hacia la entrada. Renji todavía no había llegado. —Tenemos que esperarlo —dijo Haru. Akira asintió. Entonces escucharon unas voces. —¿Qué miras? Tres estudiantes rodeaban a otro chico. No parecían pertenecer a ninguna organización. Simplemente habían encontrado a alguien a quien intimidar. El muchacho intentó ignorarlos. —Te estoy hablando. Uno de los estudiantes lo empujó. El chico retrocedió, pero no respondió. Haru suspiró. —Vamos. Busquemos a un profesor. Akira no se movió. El estudiante volvió a empujarlo. Esta vez cayó al suelo. Algo se tensó dentro de Akira. No era solo indignación. Era un impulso que parecía venir de un lugar más profundo, como si su cuerpo hubiera reaccionado antes de que pudiera pensarlo. Se acercó. —Déjenlo. Los tres se giraron. —¿Qué? Akira se detuvo frente a ellos. —Dije que lo dejen. Uno soltó una carcajada. —¿Y tú quién eres? Akira no respondió. El muchacho se acercó, desafiante. —¿Quieres pelear? —No. El estudiante sonrió. —Entonces lárgate. Akira lo miró con calma. —Pero tampoco voy a dejar que sigas golpeándolo. El muchacho lanzó un puñetazo. Akira se apartó. Su movimiento fue rápido y preciso. Sujetó el brazo del atacante, aprovechó su propio impulso y lo derribó contra el suelo. Los otros dos retrocedieron. Akira los miró. —¿Alguien más? Ninguno respondió. Uno de ellos pareció prepararse para avanzar, pero una voz los interrumpió. —¿Ya terminaron? Todos volvieron la cabeza. Miyako estaba detrás de ellos, con los brazos cruzados. Miró al estudiante caído y después a Akira. —¿Otra pelea? —No fue una pelea —respondió él. Miyako levantó una ceja. —Claro. El muchacho que estaba en el suelo se levantó rápidamente. —¡Tú no te metas! Miyako lo miró sin inmutarse. —¿Quieres que me meta? El estudiante dudó. Ella dio un paso adelante. —Entonces váyanse antes de que esto termine peor para ustedes. Los tres se miraron entre sí. Finalmente, se alejaron lanzando algunas quejas. Miyako se acercó al estudiante agredido. —¿Puedes caminar? Él asintió. —Sí. Gracias. —Deberías ir a que te revisen. Lo ayudó a levantarse y comenzó a acompañarlo. Akira observó la escena. No le sorprendía que Miyako hubiera intervenido. En su otra vida había llegado a conocer su determinación. Pero verla así, antes de que ambos se conocieran realmente, le recordaba que ella siempre había tenido voluntad propia. No necesitaba que él decidiera por ella. —Tú —dijo Miyako de pronto. Akira levantó la cabeza. Ella lo estaba mirando. —¿Sí? —No peleas como alguien de tu edad. Akira frunció el ceño. —¿De qué estás hablando? Miyako soltó un suspiro. —Sigues siendo el mismo pandillero. Akira se quedó inmóvil. —¿Qué? —Pensé que habías cambiado —respondió ella—. Me equivoqué. Su expresión no era de admiración ni de curiosidad. Era de decepción. Después volvió a mirar al estudiante herido. —Vamos. Ambos se alejaron. Akira permaneció en el mismo lugar. El mismo pandillero. Las palabras resonaron en su cabeza. No entendía. Él recordaba la vida que había vivido, pero no recordaba haber sido el adolescente que Miyako parecía conocer. ¿O acaso estaba confundiendo sus recuerdos con la realidad? Haru se acercó. —Oye. Akira volvió la cabeza. —¿Qué? —¿Era necesario intervenir? Akira frunció el ceño. —¿Qué quieres decir? Haru cruzó los brazos. —Normalmente nunca te metes en estas cosas. Cuando alguien tiene problemas, haces la vista gorda y sigues caminando. Akira guardó silencio. Haru lo observó con curiosidad. —Aunque eres mi amigo, a veces parece que no te importa nada de lo que les pase a los demás. Akira sintió un nudo en el estómago. Haru no estaba hablando de una impresión pasajera. Estaba describiendo al chico que conocía. —¿Qué te pasó realmente? —preguntó Haru—. ¿Por qué actúas como si fueras otra persona? Akira no supo qué responder. Haru bajó un poco la voz. —¿Qué pasó con el delincuente de pacotilla que eras antes? Akira levantó lentamente la mirada. Por primera vez, la pregunta no le produjo solamente confusión. Le produjo miedo. Porque si Haru y Miyako recordaban a un Akira diferente… ¿qué otras cosas había olvidado? \--- El sonido de una motocicleta interrumpió sus pensamientos. Renji frenó frente a ellos y se quitó el casco. —¿Qué pasó aquí? Miró hacia la dirección en la que Miyako se había marchado con el estudiante. Después observó a Akira. Una sonrisa apareció en su rostro. —Oye… —¿Qué? —preguntó Akira. Renji señaló discretamente hacia Miyako. —Entiendo que es bonita esa chica, pero estás feo para ella. Akira abrió los ojos. —¿Qué? Renji comenzó a despeinarle el cabello. —¡Déjame! Haru estalló en carcajadas. —¡Tiene razón! —¡Haru, cállate! Renji siguió riéndose. —Vamos, hermanito. Hay que volver a casa. Akira se acomodó el cabello mientras los miraba. Por primera vez en mucho tiempo, se rio de verdad. No una sonrisa para ocultar el dolor. No una expresión que fingiera tranquilidad. Una risa sincera, nacida de un momento que jamás había imaginado recuperar. Pero, cuando subió a la motocicleta, la pregunta seguía allí. ¿Quién había sido Akira antes de regresar? \--- Aquella tarde, Akira intentó comportarse con normalidad. Sin embargo, no podía dejar de pensar en las palabras de Miyako y Haru. El mismo pandillero. El delincuente de pacotilla que eras antes. Se sentó junto a la ventana. Haru lo observó desde el otro lado de la habitación. —¿Otra vez pensando? —Sí. —¿En Miyako? Akira suspiró. —No. —Claro. Akira lo ignoró. Había algo más importante. La promesa. La frase que Haru había mencionado desde su reencuentro. Akira cerró los ojos e intentó recordar. Al principio solo encontró oscuridad. Después apareció una imagen. Una calle. Haru, más joven. Él mismo, de pie frente a su amigo. Y su propia voz, pronunciando unas palabras que había olvidado. «Cuando forme Kurotora Ryo, volveré por ti». Akira abrió los ojos. —Eso… Haru levantó la cabeza. —¿Qué pasa? Akira respiró lentamente. —Fue lo que te prometí. Haru lo miró. —Sí. Me lo prometiste. Akira bajó la mirada hacia sus manos. Ahora lo recordaba. No había sido una promesa de Haru. Había sido suya. Una promesa que todavía no había cumplido. Kurotora Ryo. El nombre que algún día se convertiría en el centro de su vida. Pero en aquel momento la organización todavía no existía. No había miembros que lo siguieran. No había alianzas que mantener ni enemigos a los que enfrentarse. Todo estaba por comenzar. Y él ni siquiera comprendía quién había sido antes de convertirse en su líder. Akira cerró lentamente los puños. Había regresado antes de las organizaciones, antes de las alianzas y antes de muchas de las traiciones que recordaba. Pero también había regresado a un pasado que no comprendía por completo. No podía limitarse a utilizar sus recuerdos para cambiar el futuro. Primero tenía que descubrir qué partes de su historia eran reales, cuáles había olvidado y por qué los demás recordaban a una persona tan diferente de la que él creía haber sido. Miró hacia la ventana. Por un instante recordó las dos tumbas. Aiko. Renji. No permitiría que aquella imagen volviera a convertirse en su realidad sin luchar. —Esta vez… —murmuró. Haru lo observó. —¿Qué dijiste? Akira levantó la mirada. —Nada. Pero por dentro había tomado una decisión. No sabía todavía cómo salvaría a Akari. No sabía quién había provocado su regreso ni por qué sus recuerdos parecían incompletos. Sin embargo, ya tenía un punto de partida. Kurotora Ryo. La promesa que le había hecho a Haru. Y el misterio del adolescente que todos parecían conocer, excepto él mismo. Akira respiró profundamente. —Voy a descubrirlo todo desde el principio. Haru no comprendió el significado de aquellas palabras. Todavía no. Akira tampoco sabía que, al intentar reconstruir su pasado, podría descubrir verdades que jamás habría querido conocer. Pero su segunda oportunidad acababa de adquirir un nuevo propósito. No bastaba con salvar el futuro. Primero tendría que descubrir cómo había comenzado realmente su historia.
REKURO: LAST PROMISE — ZERO DAY (Novela)

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REKURO: LAST PROMISE — ZERO DAY (Novela) Capítulo 3

Estás leyendo el capítulo 3 de REKURO: LAST PROMISE — ZERO DAY (Novela), un novela. ¿Y si tuvieras una segunda oportunidad para cambiar el destino, pero cada decisión pudiera destruir aquello que intentás salvar? Akira Kurogawa lo perdió todo. En un futuro marcado por la tragedia, la muerte de su hija… Este capítulo tiene publicado el 26 de octubre de 2026. REKURO: LAST PROMISE — ZERO DAY (Novela) tiene 7 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.

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