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Leer ¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela) Capítulo 89 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
En efecto. Se trataba del Segundo Héroe del Hielo. En el corazón de Irene White no hubo la menor sorpresa. Tiempo atrás, cuando recuperó los recuerdos sobre su madre con la ayuda de Ye Tu, ya había formulado esa sospecha. Su madre deseaba asegurarle un porvenir libre de ataduras. Sin embargo, las vías viables para conseguirlo se reducían a dos. La primera era el Señor del Amanecer. Pero el Señor del Amanecer habitaba en el Reino Astral, y este había quedado sellado hacía incontables años. Ese camino era a todas luces intransitable. Por ende, solo restaba el Segundo Héroe del Hielo, aquel que en su día pactó con el Señor del Amanecer. La última escena en su memoria mostraba precisamente a su madre marchando hacia aquel firmamento petrificado por la escarcha... Resultaba evidente que pretendía valerse de él para disolver el pacto. El desenlace no solo fue un fracaso absoluto, sino que le costó su propia vida en el intento. Irene White exhaló un suave suspiro: "Ya lo entiendo." Sabía con certeza qué debía hacer a continuación. Sin embargo... "No intervengas en este asunto", intervino Kyaron. Irene White era la única descendiente de su hermana en este mundo, su única pariente consanguínea. No deseaba que ella se expusiera al peligro por esta causa. Cobrar venganza contra aquel Gran Duque de la Escarcha era una carga que le correspondía asumir a él. "Cuando tu padre me entregó el núcleo del \[Armamento Mímico del Héroe\] en aquel entonces, lo hizo precisamente para mantenerte al margen, para evitar que pasaras el resto de tus días viviendo exclusivamente para la venganza." "Pero ahora ya lo sé." La voz de Irene White se mantuvo imperturbable: "No necesito que me enseñes cómo debo actuar." Qué hacer y de qué manera proceder eran decisiones que ella misma tomaría. No recorrería jamás el sendero trazado por otros, ni siquiera si quienes dispusieron ese camino fueron su padre o su tío carnal. "Además, no viviré únicamente para la venganza." Miró de reojo a Ye Tu: "A lo largo de los próximos ocho meses y pico, buscaré el propósito que me permita seguir adelante." '¿Ocho meses y pico?' '¿Por qué precisamente ocho meses y pico?' Kyaron quedó desconcertado, aunque en ese momento carecía de ánimo para detenerse en tales detalles. La terquedad de Irene White rebasaba cuanto había imaginado. En sus planes originales, una vez descubierta la verdad del pasado, Irene White debía acatar con docilidad las disposiciones que él y Leonard Aetherland habían preparado, viviendo como una persona común, sin cargar con fardos del pasado y disfrutando de una existencia plácida y serena. "Llevo quince años preparándome para esto", sentenció Kyaron con voz sombría. "Este asunto me corresponde a mí, y solo a mí." "Ya lo veremos", replicó Irene White con idéntica frialdad. En el fondo, ambos compartían naturalezas sumamente inflexibles, reacias a torcer el brazo con facilidad. Justo cuando la tensión comenzaba a volverse asfixiante... "¿Y si me encargo yo?", soltó Ye Tu de improviso, disipando la tirantez del ambiente de golpe. "Puedo traerlo encadenado ante ustedes ahora mismo para que dispongan de él a su antojo." De paso, aquello le permitiría tantear al "Secreto": averiguar qué clase de existencia era ese Secreto no fiable al que la Diosa de la Noche había aludido. Ambos guardaron silencio. Ciertamente, Ye Tu había usurpado la identidad del Señor del Amanecer con absoluta facilidad; con semejante poderío, lidiar con un Gran Duque de la Escarcha de rango semidivino... "Agradezco su benevolencia, Su Excelencia", habló primero Kyaron. "Tal vez le parezca un capricho absurdo, pero sigo deseando concluir esto con mis propias manos." Había dedicado quince años de su vida a esa preparación. Tal como acababa de afirmar: esta labor le correspondía a él, y debía ser él quien la llevara a término. No solo por sí mismo, sino en memoria de Leonard Aetherland y de su hermana. "Lo comprendo." Ye Tu no insistió y se volvió hacia Irene White: "¿Y cuál es tu postura?" "Pienso exactamente lo mismo." La sensación de ver evaporarse ante sus ojos la meta perseguida durante toda su vida antes de poder alcanzarla era algo que ya había experimentado en una ocasión. Esta vez deseaba actuar por sí misma. Incluso si el golpe definitivo de la venganza no procedía de su mano, quería tomar parte activa en ello. "Siendo así, les daré una promesa", dijo Ye Tu, mirándolos a ambos. "Esto se mantendrá estrictamente como un asunto entre ustedes y ese individuo." "Aparte de eso, nadie —sea mortal o divinidad— intervendrá en su contra." Al escuchar esto, el corazón de Kyaron halló un alivio definitivo: "Se lo agradezco profundamente." Tras enterarse de que una deidad suprema podía estar involucrada en la penumbra, ciertamente abrigaba un hondo temor. Pero contando con el respaldo de estas palabras de Ye Tu, la calma regresó por fin a su espíritu. La mirada de Irene White vaciló levemente. '¿Solo entre ellos y ese individuo...?' Involuntariamente, apretó con más fuerza la empuñadura de su espada. Cuando abandonaron los aposentos de Kyaron, pasaban ya de las siete de la tarde. El manto nocturno cubría por completo la bóveda celeste, dejando apenas una tenue brizna de claridad en los confines del horizonte lejano. Ye Tu se detuvo en medio de la espaciosa plaza, contemplando la distancia. Bajo el titilar de las estrellas, la gigantesca espada surcada por las huellas de incontables eras se erguía en medio de la noche, proyectando un aire desolado y vetusto. ¡La \[Espada Asesina de Dioses\]! Aquel filo forjado por el primer Héroe había sido recuperado por Kyaron junto con los vestigios de la Isla Celestial perdida desde las ruinas situadas en los confines del mundo. No quince años atrás, sino mucho antes. En una época en que la madre de Irene White aún no conocía a Leonard Aetherland. En rigor, cuando Leonard Aetherland ni siquiera había nacido... "¿Dónde está ella?", preguntó Irene White. La sirvienta ciertamente los había acompañado, pero poco después de salir perdió su rastro. "Como le fascina 'leer y aprender', la envié a la biblioteca." Le vendría bien empaparse de libros formales para purificar su mente de la influencia perniciosa de Avia. '¿A la biblioteca?' Irene White vaciló un momento. Tenía la ligera impresión de que a la doncella difícilmente le entusiasmarían los textos guardados en la biblioteca... "¿No iremos a ver a Avia?" "¿Te preocupa?" "Sí", admitió con su habitual franqueza. En verdad sentía cierta inquietud. Apenas arribaron, Ye Tu las había conducido de inmediato ante Kyaron, dejándola a ella sola... Con semejante multitud, compuesta en su inmensa mayoría por profesionales del Rango Sagrado, ¿realmente sería capaz de salir airosa por su cuenta? "Está bien, vayamos a echar un vistazo." Sin embargo, justo cuando ambos se disponían a ponerse en marcha, una chispa dorada resplandeció frente a Ye Tu, parpadeando de manera intermitente, como si aguardara una resolución de su parte. "Espera un momento." Ye Tu detuvo a Irene White y alzó la mano derecha, posando la yema del dedo sobre aquel destello titilante. Weng... Entre ondulaciones visibles pero sutiles, la chispa dorada giró y se expandió a toda prisa, transformándose en un espejo de luz de aproximadamente un metro de diámetro. "Mi Señor, Su Alteza Irene White; ruego disculpen si mi intromisión interrumpe sus asuntos." La figura que se proyectaba en el espejo era nada menos que Elliot. "¿Qué ocurre?" "He cumplido con Su sagrado oráculo difundiendo el 《Método Básico de Refinamiento de Maná》, pero los resultados distan de ser satisfactorios", admitió Elliot con una sonrisa amarga. "A pesar de que el clero organiza sesiones formativas, el ritmo de asimilación del método entre las masas es sumamente lento." ¿A qué grado llegaba la escasez? Descontando a los obispos y sacerdotes de la Iglesia, los habitantes comunes del Imperio del Amanecer que habían logrado aprender el 《Método Básico de Refinamiento de Maná》 sumaban apenas 3796 personas. Resultaba difícil concebir que, en un colosal imperio con una población de varios miles de millones de habitantes, y tras movilizar los recursos de la nación entera durante tanto tiempo, el total de aprendices ni siquiera rozara los cuatro mil. "¿Cuál es el motivo?" "La tasa de alfabetización es demasiado baja." El Imperio del Amanecer gozaba de un vasto volumen poblacional, pero el nivel de alfabetización rozaba cifras alarmantes. Apenas una de cada mil personas sabía reconocer un puñado de palabras, y entre decenas de miles con suerte se hallaba a alguien capaz de leer un libro completo. En el pasado, al Señor del Amanecer jamás le importó el conocimiento que pudieran poseer sus siervos; únicamente exigía devoción. En ocasiones, saber demasiado resultaba contraproducente, por lo que la Iglesia mantuvo una férrea contención sobre la instrucción popular. "Intentamos emplear artes divinas para inculcarles el conocimiento directamente en el espíritu, pero en ese caso sus almas quedan marcadas por el poder sagrado del Amanecer, quedando limitados en el futuro a profesiones como sacerdotes del Amanecer o Guerreros del Brillo Sagrado." Aquello desvirtuaba por completo el propósito inicial. "¿Cuál es tu propuesta entonces?" Ye Tu advertía con claridad que Elliot acudía con la solución ya pensada de antemano. "Deseo contratar un contingente de magos letrados de la Asociación de Magos para establecer academias a lo largo y ancho del Imperio del Amanecer. Obligar a toda la población a ingresar en las instituciones hasta dominar plenamente el 《Método Básico de Refinamiento de Maná》. ¿Qué opina Su Excelencia?" '¿A toda la población?' Ye Tu negó levemente con la cabeza: "La intención es loable, pero la medida es excesiva. La magnitud de la población del imperio la conoces mejor que nadie; si todos ingresan a las academias, ¿quién sostendrá el funcionamiento del reino? Además, ¿has considerado cuántos maestros demandaría y qué costos implicaría semejante empresa?" Elliot frunció el entrecejo: "He realizado los cálculos: bastaría con la colaboración de aproximadamente un tercio de los magos de la asociación." Ye Tu: "..." '¿Un tercio, y encima dice «aproximadamente»?' "Respecto a los gastos, las arcas eclesiásticas ciertamente son insuficientes, pero podemos solicitar un empréstito a la Iglesia del Dios de la Riqueza." La Iglesia del Dios de la Riqueza. Antaño consagrada a dicha deidad, tras el cierre de la \[Red Mágica Astral\] y el cese de los oráculos, el templo mutó gradualmente en un consorcio mercantil. En la actualidad constituía el mayor gremio comercial del mundo, aunque recurrir a sus créditos... "Tengo entendido que sus tasas de interés suelen ser sumamente exorbitantes", intervino Irene White. "¿Intereses?" Elliot vaciló un segundo antes de responder con absoluta seguridad: "Mientras Nuestro Gran Señor lo apruebe, puedo negociar personalmente con ellos; confío plenamente en que me ofrecerán una propuesta sumamente conveniente." 'Básicamente planea pedir prestado sin la menor intención de devolver un solo centavo...' Sin embargo, en esta era donde los dioses permanecían replegados en el Reino Astral, ¡el poder de un semidiós bastaba para barrer cualquier oposición! Respaldado por treinta y cinco semidioses, el Imperio del Amanecer ciertamente gozaba de semejante autoridad. "Este mundo no es tan simple como supones", señaló Ye Tu. En la superficie, el imperio contaba ciertamente con la capacidad militar para avasallar el plano entero. Pero aquello era únicamente en la superficie. Las deidades demoníacas del infierno no sufrían las mismas restricciones que los dioses del Reino Astral para manifestarse en el mundo terrenal. Sin mencionar al "Secreto", así como a la "Soberbia", frente a la cual la mismísima Diosa de la Noche le había advertido tomar precauciones. Y por encima de todo, yacía el dios antiguo. Ye Tu abrigaba el presentimiento de que dar pasos desmedidos en este cosmos difícilmente traería buenas consecuencias. "Dentro de medio mes debo ausentarme para atender ciertos asuntos; no tendré margen para vigilar sus progresos." Había comprometido su palabra con la Diosa de la Luz para resolver el desbordamiento de la corrupción de la Lujuria. Tratándose de una autoridad del Pecado Original, no estaba seguro de poder desviar su atención hacia el Imperio del Amanecer. "Por ende, avancemos con cautela. Procedan según tu planteamiento, pero restrinjan la medida a los menores de doce años en una primera etapa; eviten paralizar las funciones de la nación desde el inicio." Elliot vaciló un instante antes de inclinarse con reverencia: "Acataré Su sagrado mandato, Grandioso Señor." \----- • Novela: 飞升错世界了怎么办? • Título en inglés: What Should I Do If I Ascended to the Wrong World? • Autor: A Jiu Wei (阿玖未) • Traductor: Inmensurable ☯️ ¡Compañero(a) daoísta, deja tu reacción y comentario para ayudar a acelerar el cultivo de los próximos capítulos! ¡Tu apoyo es nuestra energía espiritual! ¡Que tu Gran Dao prospere! 🙏
¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela)

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¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela) Capítulo 89

Estás leyendo el capítulo 89 de ¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela), un novela. Año 745 del Calendario de la Luz. Los dioses que antaño caminaban entre los mortales se han retirado a las profundidades del reino astral. Con el silencio divino, ha comenzado la verdadera era de los seres mortales.… Este capítulo tiene publicado el 12 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. ¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.