Leer ¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela) Capítulo 88 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Al ver que la distancia con la superficie disminuía por segundos, la inquietud en el pecho de Avia llegó a su punto crítico.
Tras dar un par de vueltas de un lado a otro con evidente agitación:
"Ye Tu, ¿qué se supone que debo hacer ahora?"
"¿Hacer con qué?", respondió Ye Tu, contemplando el exterior con genuino interés. "¿Acaso a Su Alteza Avia le parece poca gente la que ha venido a recibirla?"
"¡Deja de bromear, por favor!"
'¡¿En qué momento se le ocurre ponerse chistoso?!'
"Mantén la calma, no es para tanto."
'¡¿Cómo que no es para tanto?!'
"Compórtate con naturalidad; nadie se atreverá a ponerte en aprietos."
Aunque solo ostentara el título de forma simbólica, lo cierto era que fungía como gran arzobispa de la Iglesia del Amanecer y acudía en representación formal de su imperio. A menos que alguien hubiera perdido el juicio por completo, nadie osaría tratar con ligereza al emisario de una facción respaldada por treinta y cinco semidioses y una divinidad auténtica.
"Además, tu maestra también está allí abajo esperándote."
'¡Si es precisamente por mi maestra por quien más me preocupo!'
Sin embargo, por mucho que se carcomiera por los nervios, lo inevitable terminó por llegar.
En cuanto el dragón oscuro tomó tierra y la escalerilla descendió hasta el suelo, la comitiva de profesionales del Rango Sagrado encabezada por Daphne avanzó hacia la plataforma.
Avia fue bajando peldaño a peldaño con pasos torpes y visiblemente agarrotados.
"Bienvenida, Su Alteza Avia", saludó Daphne extendiendo la mano con una sonrisa radiante.
El día de hoy vestía asimismo una túnica de maga y lucía el sombrero puntiagudo ladeado sobre la cabeza. Llevaba el mismo atuendo que Avia, pero en ella proyectaba una estampa mucho más madura, intelectual, elegante y de arrebatadora belleza.
Avia: "..."
'Maestra, no me hable así, que me da miedo.'
A sus espaldas, la Reina Elfa miró alternadamente a Avia y a Daphne, con un destello de genuina perplejidad asomando en sus pupilas.
'¿De verdad la gran arzobispa de la Iglesia del Amanecer es su alumna?'
'¿Tiene esto algún sentido?'
Buscando auxilio con la mirada hacia atrás, Avia descubrió que Ye Tu, Irene White y la sirvienta se habían esfumado sin dejar rastro.
¿Acaso no habían bajado todavía?
¿O recurrieron de nuevo a ese truco de desaparecer en el aire para largarse por su cuenta?
'¡Qué poca lealtad!'
Al verse desamparada, no le quedó más remedio que armarse de valor, fingir una rigurosa compostura y estrechar la mano de su mentora:
"Un placer saludarla, Su Eminencia Daphne."
A sus espaldas, el dragón oscuro, que fingía no ser más que parte del decorado, parpadeó con desconcierto.
'¿Su Alteza Avia?'
'¿O sea que esta pequeña maga que parecía una simple asistente era en realidad la figura principal de todo el asunto?'
Por otro lado.
"Al fin tengo el honor de encontrarme con Su Excelencia."
Un varón de apariencia juvenil depositó con una sonrisa las tazas de té negro servidas en una bandeja frente a Ye Tu, Irene White y la sirvienta.
"Permítanme presentarme formalmente: soy Kyaron Holmes, presidente de la Asociación de Magos."
Poseía una fisionomía alta y corpulenta que rozaba los dos metros de estatura, coronada por una llamativa cabellera pelirroja tan enérgica y desafiante como su propia presencia.
Resultaba un contraste singular: a pesar de ostentar la presidencia de la Asociación de Magos, no exhibía el menor rastro de aquella solemne mesura o sabiduría taciturna que la sociedad solía atribuir a los eruditos del arte arcano.
Por el contrario, desbordaba el apasionado fervor propio de un muchacho intrépido.
Su semblante parecía alimentar una inagotable sed de conocimiento hacia lo desconocido, transmitiendo la estampa de alguien dispuesto a emprender una travesía en el segundo inmediato tras tomar una decisión.
Más que un mago, semejaba un aventurero impetuoso...
Aunque tal descripción encajaba a la perfección con la realidad, pues figuraba indiscutiblemente como el más célebre explorador de la era contemporánea.
Ye Tu lo observó con detenimiento unos instantes antes de tomar la palabra: "Ye Tu. Un cultivador ascendido que ingresó por accidente a su mundo debido a un percance fortuito."
Esta constituía la primera ocasión desde su llegada a este plano en la que revelaba voluntariamente sus verdaderos orígenes ante un tercero.
Incluso Irene White, habitualmente impasible, enarcó las cejas al escucharlo.
Giró la cabeza hacia Ye Tu con los ojos teñidos de desconcierto.
'¿Ingresó por accidente a su mundo?'
'¿Acaso semejante afirmación implicaba que...?'
La sirvienta, ajena a la trascendencia del diálogo, se limitaba a hojear entusiasmada el catálogo de retratos de edición exclusiva de Adela que le acababa de sonsacar a Ye Tu hacía unos momentos.
"Imaginaba que ya lo habías deducido", continuó Ye Tu.
Kyaron sonrió levemente:
"En efecto."
Lo había intuido con certeza.
Poco después de analizar el 《Método Básico de Refinamiento de Maná》, comprendió que Ye Tu distaba de ser un individuo ordinario. Más adelante, al profundizar en el estudio del texto y alcanzar iluminaciones situadas por encima de los linderos del Rango Sagrado, confirmó plenamente sus sospechas.
Aun cuando se trataba de una disciplina cimentada sobre el maná, la senda que transitaba difería radicalmente del sistema trascendente imperante en la actualidad; y, sin embargo, se hallaba tan exquisitamente perfeccionada que resultaba imposible catalogarla como un método tosco o embrionario recién inventado.
¡Solo cabía una conclusión admisible!
Se trataba de un sistema foráneo, y su creador procedía con casi total seguridad de más allá de este plano.
Al fin y al cabo, una vía de cultivo consumada jamás surgía de la nada; transitar desde el vacío absoluto hasta la perfección técnica demandaba el choque dialéctico de incontables mentes a lo largo de sucesivas generaciones.
Por todas esas razones, la hipótesis de que Ye Tu proviniera del exterior —de un cosmos dotado de una estructura trascendente madura e integral— era la única viable.
Y aun si se equivocaba en su deducción, ¿qué importaba?
Si el temor al error impedía atreverse a pensar, ¿cómo aspiraría uno a alcanzar el porvenir anhelado?
"Ha sido un inmenso privilegio coincidir hoy con usted", añadió Kyaron tras una breve pausa. "Tengo innumerables interrogantes que desearía consultarle, de no ser un abuso..."
"Por supuesto", consintió Ye Tu.
Frente a aquellos poseedores de una vocación pura por el conocimiento, jamás se mostraba avaro con sus enseñanzas.
"Pero no será hoy."
La reunión presente debía centrarse primordialmente en los asuntos pendientes entre él e Irene White.
"Entendido", asintió Kyaron.
Lo comprendía a la perfección.
Acto seguido, volvió la mirada hacia un costado.
Al contemplar aquel semblante sumamente parecido al de la figura que albergaba en sus recuerdos, aunque investido de una frialdad considerablemente más marcada, el pecho de Kyaron se llenó de emociones encontradas.
"Hija, cuánto tiempo sin verte."
Ella constituía su única pariente consanguínea en este mundo terrenal.
A decir verdad, tampoco sabía con exactitud cómo encarar el reencuentro, motivo por el cual había optado por entablar conversación con Ye Tu en primera instancia.
"No recuerdo que nos hayamos visto antes", respondió Irene White con tono gélido.
En sus recuerdos, incluso en aquellos fragmentos recuperados con la intervención de Ye Tu referentes a su madre, la figura de este hombre jamás había estado presente.
"Nos vimos", replicó Kyaron en un murmullo apacible. "Cuando apenas eras una criatura de muy corta edad."
"En aquel entonces, yo sentía un profundo desprecio por tu padre."
La mirada de Irene White se afiló en el acto, y la temperatura del entorno descendió bruscamente varios grados.
"Te resulta incomprensible, ¿verdad?", inquirió Kyaron mirándola a los ojos. "¿Sabes acaso quién era tu madre?"
"Fue la hechicera más brillante surgida tras la Era de los Dioses; los logros que ella alcanzó hace sesenta años son cumbres que yo aún hoy me veo incapaz de rozar."
Seis décadas atrás, su hermana mayor ya ostentaba el rango de hechicera de nivel semidiós.
¡La primera y única maga de categoría semidivina en florecer con posterioridad al repliegue de los dioses!
"¿Y qué era tu padre en comparación? Un ignorante Héroe incapaz de razonar con lucidez, que dependía ciegamente de la sangre heredada y de artefactos sacros."
"E incluso cuando tu madre falleció, permaneció completamente impasible."
El semblante de Irene White se tornó más cortante a cada palabra; no obstante, Kyaron hizo caso omiso de su frialdad y sentenció con crudeza: "Por eso consideraba que no era digno de ella."
Incontables cristales de hielo diminutos comenzaron a condensarse en el aire, extendiendo una fina capa de escarcha blanca sobre el suelo.
Aun cuando el individuo frente a ella fuera su único lazo de sangre, su tío carnal, no consentiría que denigrara la memoria de su padre sin consecuencias.
"Esa fue mi convicción durante largos años."
Al llegar a este punto, Kyaron esbozó una sonrisa cargada de amarga autoironía.
"No fue sino hasta hace quince años, cuando tu padre me entregó el núcleo del \[Armamento Mímico del Héroe\], que comprendí que jamás se había rendido."
'¿El Armamento Mímico del Héroe?'
Era precisamente el proyecto en el que Avia se encargaba de recolectar datos.
"¿Qué es eso?"
"Un artefacto semidivino concebido para otorgar las facultades de un Héroe a individuos ordinarios, permitiéndoles empuñar la Espada Asesina de Dioses."
Cerró los ojos y dejó escapar un hondo suspiro:
"A causa de las cadenas del pacto que lo ataban, le resultaba imposible abandonar el territorio del Imperio del Amanecer."
"Por esa razón me suplicó..."
"Me imploró que hiciera justicia por su esposa, por tu madre, por mi propia hermana."
Mientras él se dedicaba a culpar a Leonard Aetherland de la muerte de su hermana y a imputarle toda la responsabilidad sin mover un solo dedo para remediarlo...
Leonard Aetherland, aquel varón al que siempre despreció tildándolo de incompetente e insensato, había consumido su energía vital hasta el agotamiento con el único propósito de vengar a su mujer, forjando el núcleo de una reliquia semidivina.
"Por desgracia, defraudé sus esperanzas."
A lo largo de quince años perfeccionó sin descanso el núcleo del \[Armamento Mímico del Héroe\], mas jamás consiguió activarlo para su uso.
Y mucho menos lograr que la Espada Asesina de Dioses resonara con su persona.
"¿Quién fue?"
La fina capa de escarcha sobre el suelo comenzó a retroceder lentamente mientras Irene White fijaba la mirada en él:
"¿Quién era mi madre, y quién fue el responsable de su muerte?"
"No lo recuerdo", admitió Kyaron con una sonrisa desolada. "Resulta patético, ¿cierto? Ni siquiera soy capaz de retener el nombre de tu madre en mi mente."
"E ignoro por completo el motivo tras este olvido."
"Es obra del 'Secreto'", intervino Ye Tu de improviso.
Kyaron se sobresaltó:
"¿El Secreto?"
"Una divinidad que ostenta el mismo estatus que la Luz y la Noche; borró de la faz del mundo todo registro y memoria vinculados a este hecho."
Ye Tu clavó los ojos en el presidente:
"Si no me equivoco, tú también debiste haber recibido un legado de la Noche en el pasado; de lo contrario, te habría sido imposible conservar la más mínima noción del asunto."
Ciertamente había vivido un encuentro fortuito más de una década atrás, pero...
"¿'También'?"
¿Acaso Lord Ye Tu había experimentado algo similar?
"Yo no; ella."
¿Eh?
En ese instante, un fulgor gélido destelló en la palma de Irene White: una espada de tres pies y tres pulgadas, cristalina y translúcida en su totalidad, cuyo interior semejaba albergar un reino polar en miniatura, se materializó entre sus dedos.
El artefacto divino: la \[Espada de Escarcha\].
La reliquia legada por el linaje del Héroe del Hielo, extraviada siglos atrás en posesión del Segundo Héroe del Hielo.
De no haber presenciado con anterioridad cómo el Señor del Amanecer fue suplantado y las identidades fueron reescritas, Kyaron casi habría dado por hecho que esos recuerdos pertenecían a un pasado incuestionable.
"De modo que fue el Secreto quien intervino para borrar..."
Una sensación de impotencia embargó de pronto a Kyaron.
Tratándose de una deidad ordinaria, la Espada Asesina de Dioses tal vez podría surtir efecto; no obstante, frente a un Dios Verdadero Supremo del calibre de la Luz o de la Noche, no albergaba la más mínima certeza de éxito.
Habiendo vivido los estertores de la Era de los Dioses, comprendía a la perfección el poder inconmensurable de semejantes existencias.
"No fue Él directamente; tan solo hubo alguien que se valió de una brizna de su fuerza divina para conseguir un efecto equivalente."
De haber actuado el Secreto en persona, ni los artefactos divinos ni las almas de nivel semidiós habrían retenido recuerdo alguno; incluso una deidad auténtica habría perdido cualquier rastro de memoria.
"Entonces, ¿quién fue exactamente?", insistió Irene White una vez más.
Aunque albergaba una sospecha en su fuero interno, necesitaba una confirmación concluyente.
Kyaron vaciló unos segundos antes de articular con voz pausada:
"El Segundo Héroe del Hielo, actual deidad demoníaca del infierno y Gran Duque de la Escarcha: Salenchi Aetherland."
Aquel Héroe que renegó del título había consumado finalmente su anhelo primordial, transformándose en una deidad dotada de una existencia inmortal.
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• Novela: 飞升错世界了怎么办?
• Título en inglés: What Should I Do If I Ascended to the Wrong World?
• Autor: A Jiu Wei (阿玖未)
• Traductor: Inmensurable
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¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela)
Capítulo 89
¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela) Capítulo 88
Estás leyendo el capítulo 88 de ¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela), un novela. Año 745 del Calendario de la Luz. Los dioses que antaño caminaban entre los mortales se han retirado a las profundidades del reino astral. Con el silencio divino, ha comenzado la verdadera era de los seres mortales.… Este capítulo tiene publicado el 12 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. ¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.