Leer ¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela) Capítulo 84 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
"¿De verdad no quieres?"
De camino a la Iglesia de la Luz, la sirvienta sostenía un helado en cada mano.
"No."
¿Quién comía helado con semejante frío?
Avia vestía un grueso abrigo; al parecer, se había puesto varias capas de ropa debajo, lo que hacía que se viera bastante abultada.
Vestirse así no se debía únicamente a que le temiera al frío.
Para una maga, a menos que el entorno fuera excesivamente extremo, un simple hechizo de \[Temperatura Constante\] podía solucionar casi cualquier problema.
La razón principal era...
Esa pregunta de la sirvienta de hacía un momento, "¿necesita que le eche una mano?", realmente la había espantado.
Si no se abrigaba bien, sentía una inquietud constante.
"Bueno, está bien." La doncella tampoco insistió.
Si no quería, mejor para ella: ¡se comería las dos porciones sola!
Poco después, un hombre y una mujer de la raza élfica aparecieron caminando de frente.
El atuendo del varón era bastante llamativo, e incluso podría considerarse un tanto extravagante: llevaba aretes, un aro en la nariz y el cabello teñido de múltiples colores.
No hacía falta pensarlo mucho: a simple vista se notaba que pertenecía a la Facción del Despertar.
En comparación, la otra elfa lucía muchísimo más tradicional y mesurada, con un vestido verde claro de corte recatado.
Aunque aparentaba ser joven, en el fondo de sus ojos se apreciaba una brizna de madurez y vejez.
Era evidente que se trataba de una anciana entre los elfos, muy probablemente de la facción conservadora.
"Hijo, ¿qué significa 'lirio'?"
'¿Eh?'
'¡Un momento!'
'¡Aquí hay algo interesante!'
Picada por la curiosidad, Avia aguzó el oído y redujo el paso.
Justo cuando se disponía a escuchar la explicación del joven elfo...
"Significa lesbianismo", soltó la sirvienta de pronto.
Avia casi se atraganta con su propia saliva.
'Oye, si están hablando entre ellos, ¡¿por qué te metes?!'
La elfa mayor, al escuchar esto, visiblemente alarmada, se apresuró a advertirle al elfo a su lado:
"¡Ay, muchacho, bajo ningún concepto vayas a volverte como tu hermana y salir con cosas de 'lirio'!"
"Quédese tranquila, abuela." El elfo les dedicó una mirada llena de desdén a Avia y a la sirvienta. "Siendo yo un hombre, ¿para qué demonios me van a gustar las mujeres?"
"..."
"Ah, menos mal."
"..."
"..."
'¡¿Pero qué carajos?!'
'¿Acaso eso tenía algún sentido?'
La doncella parpadeó y se disponía a replicar.
"¡Vámonos, vámonos ya!"
Avia tiró de ella y echó a correr hacia adelante.
Solo cuando dejaron a los dos elfos muy atrás se detuvo y la soltó.
"¿Qué ocurre? ¿Por qué no me dejaste hablar?"
¡Lo que acababa de decir ese tipo claramente estaba mal!
"No te metas en asuntos ajenos", advirtió Avia con suma seriedad. "Y menos con esos elfos de la Facción del Despertar que a leguas se ve que son extremistas."
Bajó el volumen de la voz y miró a los alrededores para asegurarse de que no hubiera moros en la costa.
"Todos ellos están mal de la cabeza."
'¿Mal de la cabeza?'
"Ah, entiendo."
Y así, ambas prosiguieron su camino.
En el trayecto se toparon con una joven semidracónida que repartía panfletos promocionando paquetes de descuento.
Y la sirvienta, soltando con total frescura un "¡mira qué enano es ese de ahí adelante!", ofendió a un miembro de la raza de los enanos...
Diez minutos después, tras sortear toda clase de pequeños contratiempos, ambas llegaron por fin a la Iglesia de la Luz.
Por pura coincidencia, Ye Tu acababa de completar los trámites de afiliación acompañado por Adela y salía junto a Irene White.
Ambos grupos se cruzaron de lleno.
"Ye Tu, ¿qué haces aquí?", preguntó Avia, algo desconcertada.
Miró el delgado cuadernillo que llevaba en la mano.
¿No sería que también venía por el catálogo de fotos de monjas?
¡Pero no cuadraba!
Por donde se lo mirara, Ye Tu no parecía esa clase de persona.
"Nada en particular; la Diosa de la Luz me pidió un favor."
'¡Ah!'
'Resulta que fue la Diosa de la Luz; entonces sí tiene sentido.'
De haber sido en el pasado, sin duda habría creído que Ye Tu estaba alardeando.
'¿La Diosa de la Luz pidiéndote favores? ¡Mejor dime que eres el Señor del Amanecer!'
Sin embargo, tras los sucesos del Imperio del Amanecer, donde Ye Tu se convirtió de verdad en el Señor del Amanecer...
¡Aquello resultaba mil veces más lógico que venir a comprar el catálogo de monjas!
"¿Y a qué han venido ustedes?", inquirió Ye Tu.
"Bueno, ¿no le había prometido a la doncella que la acompañaría a inscribirse en la Iglesia de la Luz?", admitió Avia sin molestarse ya en disimular. "Y de paso vine a comprar el nuevo número del catálogo de fotos."
Ese catálogo de fotos de monjas, aparte del ejemplar que obsequiaban al momento de afiliarse, requería pagar por cada volumen posterior.
Aprovechando que acababa de recibir un presupuesto de viaje de cien mil monedas de oro, pensaba comprar dos ediciones de coleccionista para guardarlas con recelo.
Al fin y al cabo, contando con el \[Anillo del Vacío Abisal\], nadie sería capaz de descubrírselos.
'¡Je, je!'
Ye Tu la examinó de arriba abajo con la mirada.
"¿A qué viene esa facha?"
Iba tan abrigada que parecía un pingüino.
"¡Por supuesto que es por el frío!", respondió Avia, esquivando la mirada. "Yo no tengo la resistencia de ustedes."
"..."
Daba la impresión de que ocultaba algo más.
En fin.
Ye Tu no tenía intenciones de indagar en ello.
Lo que cruzaba por la cabeza de esa muchacha no se salía de lo habitual.
Averiguarlo a fondo no resultaría nada saludable para el espíritu.
Diez minutos después.
Avia se quedó con la sirvienta para seguir con los trámites de afiliación.
Ye Tu, por su parte, se dirigió junto a Irene White hacia la \[Fuente del Silencio\] en las Tierras Altas de Escarcha.
La \[Fuente del Silencio\].
Al constituir el ingrediente principal de múltiples pociones mágicas de alto nivel, era un recurso sumamente preciado.
La Asociación de Magos había contratado especialmente a un dragón de escarcha de tercer escalafón —equivalente al rango de un Gran Archimago— para custodiar el lugar.
La mole del dragón yacía enroscada junto al único pasaje de acceso, semejante a una pequeña colina.
Un denso maná de hielo se arremolinaba a su alrededor; sus escamas cristalinas resplandecían bajo las luces artificiales, y cada exhalación cargaba un frío polar que imponía una tremenda sensación de opresión.
Al percatarse de que alguien se aproximaba, abrió los ojos lentamente.
En sus globos oculares de azul celeste se reflejaron dos siluetas humanas. Los ojos de dragón poseían la cualidad de disipar ilusiones y contemplar la verdad...
'¿Dos humanos?'
Justo cuando se disponía a abrir las fauces para decir algo, aquella mujer humana hermosa como una diosa de la nieve y el hielo le dirigió una mirada.
Eran dos ojos de un azul cristalino, límpidos y transparentes.
A pesar de su arrebatadora belleza, hicieron que un frío glacial recorriera su espina dorsal.
'¡Qué frío!'
Un frío punzante parecía calar hasta el tuétano de sus huesos; su alma entera dio la impresión de congelarse en ese instante.
Solo cuando ambos mostraron el salvoconducto expedido por Adela y se internaron en el pasaje, aquel gélido horror se desvaneció por fin.
El dragón se sacudió con un estremecimiento, sintiendo que la situación rozaba lo absurdo.
Él, siendo un dragón de escarcha, ¡había sentido frío ante una humana...!
'¿Rango Sagrado?'
Volvió a estremecerse, cerró los ojos y se acurrucó de nuevo en el suelo.
Aunque la pareja resultaba sumamente sospechosa, él no era más que un dragón de escarcha de tercer escalafón; tendría que estar mal de la cabeza para buscarle problemas a dos individuos que muy probablemente pertenecían al Rango Sagrado.
Mejor fingir que no había visto nada.
Al fin y al cabo, habían ingresado mediante los procedimientos formales.
Al final del pasaje se alzaba un acantilado cortado casi por la mitad; una corriente de agua blanco plateada descendía murmurando por la roca, convergiendo a media montaña para dar origen a una profunda poza.
El maná de hielo extremo se concentraba a tal grado que resultaba visible a simple vista, transformándose en cintas luminosas blanco azuladas semejantes a auroras que ondulaban sin cesar sobre el agua.
Alrededor de la poza, pequeñas flores que parecían talladas en cristal de hielo se mecían con el viento, mientras peces semitransparentes de siete colores saltaban de vez en cuando sobre la superficie cristalina.
Una postal sublime y de ensueño, digna de un cuento de hadas.
"Lo siento..."
Irene White contemplaba la profunda poza con la mirada perdida y el semblante en trance; la marca de pluma en su muñeca brillaba de forma intermitente.
Lo sentía con total claridad.
En lo más hondo de su linaje resonaba una armonía con la fuerza residual de aquel paraje.
Incluso el artefacto divino \[Pluma de Escarcha\] vibraba con júbilo, como si se reencontrara con un viejo amigo tras una larguísima ausencia...
De no haber refinado previamente una parte del artefacto divino, muy probablemente habría entrado en el estado de armadura del artefacto divino sin control.
"Aquí reside, ciertamente, el poder residual del Héroe del Hielo."
"Veamos entonces."
Ye Tu alzó la mano y realizó un leve gesto de atracción; una hebra de las cintas blanco azuladas de maná helado se desprendió de la poza y flotó hacia él.
"Regresión."
Cual mandato absoluto, aquella brizna de maná se disolvió en el acto, fundiéndose en el vacío frente a ellos.
Muy pronto, ondas visibles se propagaron como círculos sobre la superficie de un lago.
Una serie de imágenes comenzó a manifestarse.
Mostraba la misma \[Fuente del Silencio\] que tenían ante sus ojos, pero las escenas cambiaban a una velocidad vertiginosa, hasta volverse completamente borrosas.
Incluso con la formidable agudeza visual de Irene White, solo se alcanzaban a distinguir líneas enmarañadas y difusas que se entrecruzaban sin descanso.
Tal como ordenaba aquel decreto: las visiones retrocedían hacia un punto temporal muy anterior, rastreando la fuente de aquel poder.
Medio minuto después, la fluctuación de las imágenes comenzó a ralentizarse hasta recuperar la estabilidad.
Se trataba de una cordillera.
Bosques frondosos donde un cálido sol iluminaba la arboleda, sin rastro alguno de viento o nieve.
Eran las Tierras Altas de Escarcha en sus orígenes.
O más bien, en una época donde aún no podían llamarse Tierras Altas de Escarcha.
Un hombre de porte esbelto y erguido, con el cabello corto plateado y semblante gélido, cuyos rasgos guardaban cierta semejanza con los de Irene White, aunque provisto de un aire mucho más agresivo.
A pesar de encontrarse en la cima de la montaña, mantenía la mirada alzada hacia el cielo, como si sostuviera un duelo visual con alguien en las alturas.
"Aquel que heredó la voluntad del Héroe, el Héroe del Hielo... ¡pensar que ahora, con tal de convertirse en dios, decide renunciar al título de Héroe! ¡Vaya, vaya!"
Una voz burlona resonó desde fuera del plano de la imagen.
"Qué magnífico espectáculo."
Ye Tu hizo una breve pausa y extendió un dedo hacia la proyección.
Al instante, el plano se expandió, incorporando una densa sombra al cuadro.
Sin embargo, bajo el influjo de una fuerza latente en la penumbra, aquella espesa penumbra fue distorsionada hasta transformarse en una niñita ataviada con ropas de estilo gótico.
Y para colmo, con una expresión sumamente irritante que provocaba ganas de propinarle una bofetada.
"..."
Era de esperar.
"Los Héroes tienen un límite." Un destello de dolor cruzó los ojos del hombre de cabello plateado, pero su tono se volvió aún más cortante. "Solo las divinidades son capaces de alcanzar la auténtica eternidad."
"Mientras usted me conceda la posibilidad de ascender a la divinidad, puede tomar absolutamente todo lo que poseo."
Al escuchar esto, Ye Tu no pudo evitar lanzar una mirada a Irene White.
Por lo visto, esa obstinación venía de familia.
"¿Todo lo que posees?" La pequeña se encogió de hombros.
"No me interesa en lo más mínimo."
"Aunque contemplar a un Héroe renunciar a todo con tal de alcanzar la divinidad... eso sí resulta sumamente entretenido."
"..." El hombre de cabello plateado guardó silencio unos instantes. "¿Significa eso que está dispuesta a ayudarme?"
"¡Por supuesto!"
Una sonrisa perversa y descarada se dibujó en su rostro infantil.
"Pero primero déjame ver tu sinceridad."
'¿Sinceridad?'
"... Por favor, dígame claramente qué desea."
"Puesto que estás dispuesto a renunciar a todo por convertirte en dios, empecemos por la Espada de Escarcha."
Al llegar a este punto, la sonrisa en el rostro de la Diosa de la Noche se esfumó por completo, despojando su mirada de cualquier atisbo de emoción.
"Ya no eres digno de empuñarla."
Acto seguido, volvió la cabeza hacia un costado.
Su mirada pareció atravesar la distancia del tiempo y el espacio, posándose de lleno sobre la mismísima Irene White.
"Trescientos quince años después, vendrá alguien mucho más indicado para heredarla."
\-----
• Novela: 飞升错世界了怎么办?
• Título en inglés: What Should I Do If I Ascended to the Wrong World?
• Autor: A Jiu Wei (阿玖未)
• Traductor: Inmensurable
☯️ ¡Compañero(a) daoísta, deja tu reacción y comentario para ayudar a acelerar el cultivo de los próximos capítulos! ¡Tu apoyo es nuestra energía espiritual! ¡Que tu Gran Dao prospere! 🙏

Continúa leyendo
¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela)
Capítulo 85
¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela) Capítulo 84
Estás leyendo el capítulo 84 de ¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela), un novela. Año 745 del Calendario de la Luz. Los dioses que antaño caminaban entre los mortales se han retirado a las profundidades del reino astral. Con el silencio divino, ha comenzado la verdadera era de los seres mortales.… Este capítulo tiene publicado el 12 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. ¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.