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Leer ¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela) Capítulo 82 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Media hora después. En la posada, Avia yacía tumbada bocarriba sobre la cama con una mano alzada frente a sí. Aprovechando la iluminación de la lámpara, examinaba el anillo ceñido a su dedo medio. De un tono púrpura claro en su totalidad, los grabados trazados por líneas de un gris plateado resultaban extraordinariamente refinados; dos caracteres diminutos del tamaño de un grano de arroz, teñidos de un dorado tenue, se vislumbraban entre los relieves. A pesar de ser una escritura jamás vista antes, bastó posar los ojos sobre ellos para comprender su significado al instante: Vacío Abisal. El \[Anillo del Vacío Abisal\]. Un preciado artefacto espacial. Con un leve pensamiento, una brizna de fuerza mental se adentró en su interior; semejante a atravesar una fina película de agua, su percepción se abrió de golpe a una inmensidad cristalina. Era una dimensión blanca y deslumbrante que parecía no tener límites a la vista, aunque el área práctica destinada al almacenamiento no resultaba tan descomunal como la percepción sugería: equivalía aproximadamente al tamaño de un almacén. ¡No! Decir "aproximadamente" era menospreciarlo demasiado. El artefacto espacial portátil que poseía su maestra apenas alcanzaba la mitad de esas dimensiones, y su interior era de un gris plomizo y sombrío. Para colmo de males, cada vez que deseaba extraer algún objeto, debía seguir una fórmula precisa para sortear la barrera mental previamente establecida... Nada que ver con este \[Anillo del Vacío Abisal\], el cual, tras pasar por un proceso denominado "vincular mediante una gota de sangre", quedaba enlazado al alma de forma absoluta. A menos que el portador pereciera y el vínculo se disolviera, resultaba imposible que la fuerza espiritual de un tercero pudiera penetrar en el interior del anillo de almacenamiento. Por ende, tanto guardar como retirar objetos exigía únicamente una sutil chispa de fuerza mental para accionarlo: elemental, cómodo y veloz. Y además... Con un nuevo impulso mental, la superficie del \[Anillo del Vacío Abisal\] destelló con suavidad y desapareció sin dejar rastro a la vista. Daba la impresión de haberse fundido de lleno con la carne y los huesos, dejando únicamente una tenue marca violácea alrededor del nudillo. 'Si en el pasado... hubiera tenido un anillo de almacenamiento como este...' '¡No habría tenido que esconder mis libros debajo de la cama; metiéndolos aquí dentro, nadie habría sido capaz de encontrarlos!' Eso pensaba Avia en su fuero interno. Sin embargo, muy pronto su mente volvió a tropezar con el malentendido a bordo del tren. En ese momento de verdad se le cruzaron los cables... ¡Pero es que era un anillo! ¿Quién no habría pensado mal en su lugar? Por muy fría e inexpresiva que pareciera esa mujer, seguro que también creyó que el regalo de Ye Tu era para... A decir verdad, hasta se le habían venido a la cabeza varias escenas candentes y subidas de tono... Sss... Las mejillas de Avia ardían como ascuas y su rostro se encendió de un rojo vivo; una vergüenza incontenible la obligó a revolcarse de un lado a otro sobre la cama. En ese preciso instante... Ding-dong... El timbre de la puerta resonó con un tañido limpio. Su cuerpo entero se tensó como una cuerda y se incorporó de golpe en el colchón. '¿No será Ye Tu?' 'Si de verdad es él... ¿debería aceptar, o hacerme del rogar un momento antes de decir que sí?' '¡No, no y no!' '¡¿En qué demonios estoy pensando?!' ¡Plas, plas! Se propinó un par de palmadas en las mejillas y sacudió la cabeza con fuerza, como si con eso pudiera barrer todos aquellos disparates fuera de su mente. Ding-dong... El timbre volvió a sonar. "¡Ya voy!" Saltó de la cama, calzó las pantuflas y corrió hacia la entrada. Con un cosquilleo de nerviosismo y una pizca de anticipación que ni ella misma lograba justificar, abrió la puerta. Sin embargo, quien aguardaba afuera no era Ye Tu. Sino... "Buenas noches, señorita Avia." Ese saludo tan particular... La recién llegada no era otra que la doncella. Al ver el rostro encendido de Avia, la sirvienta parpadeó sorprendida y, como si acabara de comprender algo de golpe, asomó la cabeza intentando escudriñar el interior de la habitación. Según las tramas descritas en los libros, en momentos como este lo correcto era prestar ayuda. "¿Necesita que le eche una mano?" '¿Que me eches una mano?' Siendo Avia toda una experta en la materia, captó en el acto la insinuación de su compañera; ¡su rostro se puso tan rojo que parecía a punto de gotear sangre! "¡¿Qué tonterías estás imaginando?! ¡Tengo la cara así por el calor, ¿me oyes?!" '¿Por el calor?' La doncella echó un vistazo al interior; la calefacción, ciertamente, estaba encendida con fuerza. Un velo de decepción cruzó sus ojos: "Mis disculpas, parece que me he equivocado." "..." '¡Oye!' '¡¿A qué viene esa cara de decepción?!' "Entonces, ¿a qué hora nos vamos?", preguntó la sirvienta a continuación. "¿Ir adónde?", Avia tardó un segundo en reaccionar. "¿No habíamos quedado en que iríamos juntas a la Iglesia de la Luz?" Era verdad. Tiempo atrás le había prometido a la muchacha que la llevaría a la Iglesia de la Luz para inscribirse formalmente. Y de paso, ella misma tenía intenciones de canjear el último tomo del catálogo de retratos de monjas. Pero al recordar el destello de desilusión en los ojos de la doncella hacía apenas un momento... 'Irme con ella... ¿será realmente seguro?' Debido a los constantes embates de ventiscas a lo largo del año, las noches en las Tierras Altas de Escarcha eran sumamente prolongadas. Aún no daban las seis de la tarde y en el firmamento apenas persistían tenues vestigios de claridad. La nieve arreciaba con fuerza; copos del tamaño de plumas de ganso flotaban y descendían danzando bajo el resplandor amarillento de los faroles. Bajo una estampa de ensueño, los transeúntes iban y venían por las calles empedradas, y los comercios abiertos las veinticuatro horas mantenían sus puertas abiertas de par en par. Aventureros con mandobles a la espalda arrastraban presurosos los enormes despojos de lobos de las estepas heladas. Muchachas dracónidas de figuras estilizadas comían helados sentadas al borde de la acera; jóvenes de la raza élfica paseaban bajo la nevada junto a sus mayores, y enanos devolvían miradas de furia a cada viajero que osaba contemplarlos con extrañeza... Una escena fantástica pero cargada de una vitalidad cotidiana, que aportaba una cálida cercanía terrenal a semejante manto de nieve. "¿Qué te parece?", preguntó Ye Tu. Él e Irene White caminaban con paso pausado a lo largo de la avenida. Como aún no se cumplía el intervalo de limpieza de cada tres horas, una gruesa capa de nieve cubría el suelo, crujiendo bajo sus botas y llegando casi a cubrirles los tobillos. Pasear sobre la nieve profunda era, de hecho, uno de los atractivos característicos de las Tierras Altas de Escarcha. Solo que... para la raza de los enanos, semejante "atractivo" no resultaba especialmente agradable. "Es muy novedoso." Irene White contemplaba la meseta sepultada bajo el manto blanco, conmovida en su interior. En el Imperio del Amanecer el concepto de "invierno" no existía. Al ser una nación consagrada al Señor del Amanecer, las cuatro estaciones disfrutaban de una calidez primaveral constante, e incluso los días lluviosos eran sumamente raros. La única gran nevada que guardaba en su memoria se remontaba a su infancia: aquella ocasión en que su padre marchó para no regresar jamás... "Y además, ciertamente persisten vestigios del poder de los Héroes del Hielo en este lugar." Desde el primer instante en que pisó las Tierras Altas de Escarcha, lo había percibido con claridad. Esa agitación nacida desde lo más profundo de su sangre era una fuerza que únicamente el linaje de los Héroes del Hielo podía resonar y advertir. Moraba en cada rincón de la meseta, adherida a cada copo de nieve. "El origen se encuentra en aquella dirección." Fijó la vista en el extremo de la calle, hacia las profundidades de la ventisca crepuscular: esa era la ubicación de la \[Fuente del Silencio\]. "¿Quieres que vayamos a ver?" "Vayamos primero a la Iglesia de la Luz; una vez que atiendas tus asuntos, nos ocuparemos de eso." En efecto: ellos también se dirigían a la Iglesia de la Luz. No por el catálogo de retratos de monjas, como pretendían Avia y la sirvienta, sino porque el obispo regional de la Iglesia de la Luz en las Tierras Altas de Escarcha les había hecho llegar una invitación formal poco después de su llegada. La Iglesia de la Luz. Una colosal edificación erigida en medio de la ventisca, pero sobre la cual no lograba posarse una sola mota de nieve. De tonalidades blancas y doradas, ambos flancos del templo contaban con estudios fotográficos especialmente acondicionados. Cuando Ye Tu y su acompañante arribaron, Avia y la doncella aún no habían hecho acto de presencia. La obispa regional a cargo del recinto aguardaba de pie junto a las puertas desde temprano, posando para una fotografía conmemorativa junto a dos turistas recién afiliados a la congregación. Un hábito de monja ceñido a la perfección delineaba una figura exuberante. A cada movimiento, su busto prominente oscilaba con tanta soltura que parecía a punto de reventar las costuras, provocando involuntarias miradas de preocupación. Al percatarse de la llegada de ambos, se despidió con una sonrisa de los dos visitantes y avanzó a su encuentro: "Es un honor conocerla, Su Alteza Irene White." Tras saludar primero a Irene White, posó la mirada sobre Ye Tu y su expresión adoptó una rigurosa solemnidad. Acatando la antigua tradición de la era de los dioses, ejecutó una reverencia impecable: "La devota de la Luz, Adela Ainsworth, se presenta ante Su Eminencia." Las divinidades se coronaban con su propia autoridad, rigiendo desde sus reinos divinos y contemplando a los mortales desde las alturas. En el pasado remoto, el apelativo de "Su Eminencia" estaba reservado con exclusividad a los dioses. Solo en la era actual, tras el repliegue del panteón al Reino Astral, los mortales comenzaron a emplear dicho tratamiento supremo para dirigirse a los profesionales del Rango Sagrado. "¿Es por disposición de la Dama de la Luz Radiante?" Adela sonrió con suavidad: "Así es." Este mediodía, su Señora había transmitido un oráculo ordenándole dar con el paradero del Señor del Amanecer descendido al plano mortal e invitarlo ante su estatua sagrada. Hacía incontables años que ningún oráculo descendía. Haberse convertido en la primera devota en recibir un mandato directo de su Señora después de tanto tiempo representaba un inmenso honor. Más adelante podría emplear este suceso como atractivo publicitario para atraer a más conversos a la fe. 'A mi Señora... no debería molestarle, ¿verdad?' Al fin y al cabo, la Iglesia de la Luz llevaba operando de esta forma durante largos años; si su Señora se opusiera, habría enviado un oráculo para reprenderlos hacía mucho tiempo. "Por favor, acompáñenme." Adela guio a Ye Tu y a Irene White hacia las profundidades de la Iglesia de la Luz. Por respeto a su divinidad, poco después de adentrarse en el templo se cubrió con la túnica sacerdotal representativa de su cargo como obispa regional, ocultando su voluptuosa figura. El juego de roles era su pasatiempo personal, pero a la hora del trabajo correspondía actuar con profesionalismo. En breve. Siguiendo los pasos de Adela, Ye Tu e Irene White llegaron ante la estatua de la Diosa de la Luz. En comparación con el monumento al Señor del Amanecer en la gran catedral, esta efigie apenas alcanzaba un metro de estatura. Vestía una túnica blanca sobria y sencilla, transmitiendo una pureza inmaculada. "Alabada sea la Soberana Suprema." Adela dio un paso al frente y se arrodilló sobre una pierna, entrelazando las manos sobre el pecho, aunque su tono difícilmente denotaba un fervor desmedido: "En cumplimiento de Su sagrado oráculo, Su Eminencia el Señor del Amanecer se encuentra ante Su santa presencia." Su actitud semejaba más bien la culminación rutinaria de una labor administrativa, careciendo por completo de la devoción febril exhibida por los sacerdotes del Imperio del Amanecer. Sin embargo, los hilos de devoción que brotaban desde lo más profundo de su espíritu demostraban que su fe hacia la Diosa de la Luz era sumamente genuina. De hecho, no palidecía en absoluto frente a la reverencia que los fanáticos del Amanecer guardaban hacia su propio señor. ¡Bum! Una mirada suprema, sacratísima, semejante a la fuente misma de toda la luz del cosmos, descendió sobre el recinto. Una voluntad aterradora, imponente y colosal hizo acto de presencia. Irene White sintió una súbita pesadez en todo su cuerpo; ante sus ojos pareció alzarse un resplandor cegador hasta el límite, cuya abrumadora densidad casi le corta la respiración... ¡La Diosa de la Luz, la Dama de la Luz Radiante, la Soberana del Fulgor! ¡La deidad suprema del Reino Astral que unificaba el concepto mismo de la Luz! Como si fuera sacudida por aquel torrente infinito de claridad, Irene White sintió que en lo profundo de su sangre y en el corazón de su alma comenzaba a brotar una fuerza completamente distinta al poder divino de \[Pluma de Escarcha\] y ajena a la herencia del Héroe del Hielo: una energía mucho más pura y primordial. Antigua, solemne, como si en ella estuviera grabada la voluntad de incontables almas. Cuando tengas el coraje de blandir tu espada contra el cielo... yo responderé a tu determinación. "¿Eh?" Una leve exclamación, suave y etérea, impropia del lenguaje terrenal, resonó en el aire. La mirada de la Diosa de la Luz se posó directamente sobre ella. \----- • Novela: 飞升错世界了怎么办? • Título en inglés: What Should I Do If I Ascended to the Wrong World? • Autor: A Jiu Wei (阿玖未) • Traductor: Inmensurable ☯️ ¡Compañero(a) daoísta, deja tu reacción y comentario para ayudar a acelerar el cultivo de los próximos capítulos! ¡Tu apoyo es nuestra energía espiritual! ¡Que tu Gran Dao prospere! 🙏
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¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela) Capítulo 82

Estás leyendo el capítulo 82 de ¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela), un novela. Año 745 del Calendario de la Luz. Los dioses que antaño caminaban entre los mortales se han retirado a las profundidades del reino astral. Con el silencio divino, ha comenzado la verdadera era de los seres mortales.… Este capítulo tiene publicado el 12 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. ¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.