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Leer ¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela) Capítulo 81 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Un día después. Frente a la estación del tren de vías de nubes, junto a la Plaza de la Aurora. Avia tenía dos enormes maletas a su lado. Se había cambiado de nuevo a su holgada túnica de maga y llevaba una vez más el sombrero puntiagudo sobre la cabeza. Por supuesto, no había desechado la suntuosa túnica divina de arzobispa; simplemente la había guardado con esmero. ¡Al fin y al cabo, servía como un valioso recuerdo! ¡E incluso podría volver a ponérsela la próxima vez que visitara el Imperio del Amanecer! "Pensar que ya nos marchamos..." Al contemplar la Plaza de la Aurora, que lucía casi idéntica a cuando llegaron por primera vez, una inexplicable melancolía se adueñó de su interior. Cuando pisaron este lugar por primera vez, ¿quién habría podido imaginar que todo terminaría desenvolviéndose de esta manera? Con este pensamiento en mente, miró de reojo a Irene White, quien permanecía a su lado con semblante completamente impasible. Esta mujer se había criado en el Imperio del Amanecer desde su infancia; estando a punto de abandonarlo, ¿acaso no sentía la más mínima punzada de nostalgia? "¿Ocurre algo?", preguntó Irene White al percatarse de su mirada fija. "Nada en particular." Poco después, el cristal de energía mágica dorada colocado en el letrero de la estación se iluminó con intensidad. Fuuuu... Los rieles forjados con corrientes de nubes se extendieron serpenteando a lo lejos; el tren, colmado de grabados y runas mágicas a lo largo de su estructura, avanzó deslizándose sobre las vías de nubes, dibujando una fina línea de un blanco inmaculado a través del firmamento. "¡Ya llegó, en marcha!" Avia tiró con esfuerzo de las dos enormes maletas que descansaban a su lado. Sin embargo, al haber olvidado conjurarse el hechizo de \[Fuerza Colosal\], el peso la desequilibró y casi la hizo tropezar de bruces contra el suelo. "Señorita Avia, déjemelo a mí." La sirvienta cerró el libro que sostenía entre las manos, se adelantó unos pasos y, con total naturalidad, levantó de un tirón aquellas descomunales maletas que casi alcanzaban dos tercios de la estatura de Avia. "¡No hace falta!" ¡Su Alteza Avia jamás se daba por vencida! ¡Con solo lanzarse un hechizo de \[Fuerza Colosal\], no solo dos maletas, sino diez más que le pusieran encima las cargaría sin pestañear! "El tren está a punto de arribar; será mejor que me encargue yo." Dicho esto, la sirvienta cargó con ambas maletas gigantes y se adentró a paso firme en la matriz mágica de envío que ya comenzaba a activarse. "En un momento les daré un pequeño artilugio muy conveniente", comentó Ye Tu de improviso. "La próxima vez que surja una situación similar, no tendrán que pasar por tantas molestias." ¿Un pequeño artilugio... conveniente? Aunque sabían de sobra que Ye Tu no se refería a nada indecoroso, tanto la sirvienta cada vez más descarada como Avia, que tenía la mente saturada de pensamientos pecaminosos, no pudieron evitar malinterpretar sus palabras en el acto. Ambas cruzaron una mirada de tácita complicidad. No pronunciaron una sola palabra, pero en ese silencio lo dijeron todo. Ye Tu: "..." 'Este par de descaradas ya no tiene remedio.' En cuestión de segundos, la matriz mágica de envío resplandeció con fuerza y una sutil distorsión espacial comenzó a manifestarse en el aire. "¡E-esperen! ¡Esperen un momento!" Una figura corrió a toda prisa desde la lejanía y, en el último segundo antes de que la matriz se cerrara, se lanzó de cabeza al interior del círculo mágico. El recién llegado vestía una sencilla armadura ligera de cuero, poseía una complexión robusta y llevaba una cabellera rubia bastante desgreñada. Era precisamente el buen amigo de Lorne. Aquel que había nacido y crecido en el Imperio del Amanecer, cuyo padre era un obispo de la Iglesia, pero que soñaba con convertirse en bardo: Gareth Byrne. Llegó jadeando y, al alzar la vista hacia el grupo, alcanzó a balbucear: "¿Ustedes también van a...?" Antes de que pudiera concluir la frase, una luz cegadora lo engulló todo dentro de su campo visual. Unos segundos después, el resplandor se aplacó. Frente a él, a escasa distancia, se hallaba de pie una elfa de facciones delicadas y exquisitas, figura esbelta y una larga cabellera de un verde esmeralda. Llevaba un uniforme de asistente de tren de color rojo oscuro y una sonrisa impecablemente profesional grabada en el rostro: "Usted debe de ser el señor Gareth Byrne; por aquí, por favor." '¡U-una elfa!' '¡¿Una elfa de carne y hueso?!' "H-hola...", tartamudeó el muchacho, sintiendo que la lengua se le trababa. En un principio aún se preguntaba adónde habían ido a parar las otras personas que compartían la matriz mágica instantes antes. Sin embargo, en el preciso momento en que la elfa abrió la boca, cualquier otro pensamiento en su mente se evaporó sin dejar rastro. Su corazón comenzó a martillear desbocado en su pecho. '¡Alabado sea el grandioso y sacratísimo Señor!' '¡Su devoto siervo finalmente ha podido ver a una elfa viva con sus propios ojos!' "Por favor, acompáñeme." 'En estos tiempos, ¿todavía queda alguien que se ponga tan nervioso al ver a un elfo?' "¡S-sí, claro!" Al mismo tiempo, al otro lado de la formación. En el interior de un vagón exclusivo reservado únicamente para pasajeros de altísima alcurnia. "Permítame encargarse del equipaje." Apenas aparecieron en el lugar, una elfa de cabello púrpura se acercó con paso grácil al lado de la sirvienta, ofreciéndole una cálida sonrisa. "De acuerdo." La sirvienta soltó las asas con total docilidad; la elfa que recibió el equipaje sintió un peso descomunal venírsele encima de golpe, tambaleándose de tal forma que casi pierde el aliento en el acto. '¡¿Pero qué demonios llevan dentro para que pese tanto?!' Haciendo gala de una impecable disciplina profesional, recompuso la compostura de inmediato y, tensando los músculos, levantó ambas maletas gigantescas con firmeza. A fin de cuentas, era una profesional trascendente del bando guerrero de primer escalafón y primer rango. El percance de hacía un segundo se debía exclusivamente a que la había tomado desprevenida. Mientras se marchaba con el equipaje, otra elfa se adelantó para recibirlos. Al posar los ojos en la serena Irene White, un destello de genuina admiración iluminó su mirada. 'Qué dama tan deslumbrante... Incluso entre nuestra raza élfica, difícilmente más de un puñado podría rivalizar con semejante belleza.' Su atención se desvió luego hacia la sirvienta, deteniéndose unos instantes en su frente. El cristal incrustado allí... ¿no se parecía demasiado al núcleo de energía de una marioneta mágica? 'Debe tratarse de un juego de rol; este señor ciertamente sabe cómo divertirse.' Un suspiro de indulgencia cruzó sus pensamientos. Pero no pasó de ahí; disimuló a la perfección cualquier asomo de extrañeza en su mirada. Como elfa que era, ¿qué clase de extravagancias no había presenciado a lo largo de su vida? ¡Las excentricidades de algunos de sus propios congéneres dejaban a esto a la altura de una chiquillada! "Distinguidos señores, por aquí, por favor." Dado que los billetes habían sido reservados personalmente por Elliot, la Asociación de Magos había dispuesto el tratamiento del más alto rango posible. El vagón entero, seis azafatas élficas, una maestra de música perteneciente a la raza de las sirenas y un equipo culinario exclusivo estaban a completa disposición del grupo de Ye Tu. Semejante despliegue carecía de precedentes. Tanto fue así que incluso los aristócratas de sangre divina del Imperio de Santa Cruz, altivos y dados a la más desmedida opulencia, elevaron enérgicas protestas exigiendo a la Asociación de Magos un trato equivalente o superior. Por descontado, la Asociación de Magos hizo oídos sordos a sus quejas. Aunque aquellos nobles ciertamente descendían de deidades, ¿quiénes eran los magos en el fondo? ¡Un atajo de fanáticos empeñados en desentrañar los arcanos del cosmos, capaces de profanar sin reparos los dominios prohibidos reservados a los dioses! Si en el pasado se les concedía un trato preferencial, era únicamente porque derrochaban el dinero a manos llenas; no eran más que tontos ricos y presuntuosos. "El ambiente es realmente exquisito." Acomodada en un mullido sofá junto a la ventanilla, Avia sostenía una copa de jugo fresco entre las manos, contemplando los alrededores con fascinación. Aunque viajaba con frecuencia en los trenes de vías de nubes y su mentora era toda una Archimaga Sagrada, ¡un servicio de este nivel era algo que experimentaba por primera vez en su vida! Dejando a un lado el precio astronómico, el simple derecho a acceder a tal vagón estaba fuera del alcance de la gente común. Solo porque el servicio ferroviario en el Imperio del Amanecer acababa de inaugurarse tuvieron que aguardar de pie frente a la matriz de teletransporte; de haber estado en la Isla Celestial, habrían dispuesto de un salón de descanso privado. "Ya dejé todo coordinado: llegaremos a las Tierras Altas de Escarcha alrededor de las cinco de la tarde y pasaremos la noche allí", explicó Avia. Las Tierras Altas de Escarcha. En el pasado constituyeron el feudo de un duque del Imperio de Santa Cruz; azotadas por tempestades de nieve a lo largo de todo el año y con un clima atroz, apenas contaban con habitantes. Diez años atrás, a raíz de un imprevisto, dicho noble contrajo una enorme deuda con la Asociación de Magos y, al no poder saldarla, terminó entregando la meseta como pago. "¡El paisaje de ese lugar es una maravilla!" Tras las modificaciones y reformas implementadas por varios Grandes Archimagos, aquellas tierras antaño inhóspitas y desiertas se habían transformado en un renombrado destino turístico. El agua de la \[Fuente del Silencio\] servía además como ingrediente principal para numerosas pociones de alta categoría. "Mañana al mediodía tomaremos directamente monturas de dragones gigantes y, a más tardar al atardecer, estaremos en la Isla Celestial." Al escuchar esto, Irene White apartó la mirada del cristal de la ventana: "¿No es posible viajar directo a la Isla Celestial?" "Poder, se puede", respondió Avia, volviéndose hacia ella. "Pero ya que estamos de camino, ¿qué daño hace detenernos a mirar?" Irene White frunció levemente el ceño. De ser posible, prefería no demorarse en el trayecto y alcanzar la Isla Celestial cuanto antes. "Además, escuché rumores de que la razón por la cual allí nunca deja de nevar guarda relación directa con el linaje de los Héroes del Hielo." "¿Eh?" '¿Con el linaje de los Héroes del Hielo?' "Concretamente, con el Segundo Héroe del Hielo: aquel que renegó del título de 'Héroe' y desapareció sin dejar rastro." De no ser por ese detalle, ¿acaso Avia se habría tomado la molestia de planear una escala en las Tierras Altas de Escarcha? '¿El Segundo Héroe del Hielo?' La mirada de Irene White fluctuó imperceptiblemente, trayendo a su mente aquel firmamento petrificado por la escarcha eterna: "Gracias..." "No hay de qué, es lo único en lo que puedo echarte una mano." Recopilar datos e información era su especialidad; si llegaban a toparse con enemigos de temer, su frágil complexión difícilmente aguantaría los golpes. Acto seguido, volvió la vista hacia Ye Tu y no pudo contener la curiosidad: "Por cierto, ¿cuál era ese pequeño artilugio que nos ibas a dar?" "Esto." Ye Tu extendió la mano y abrió la palma. Avia estiró el cuello para mirar, y lo que vio fue... '¡¿A-anillos?!' ¡En efecto! Varios anillos de diseño exquisito y refinado reposaban tranquilamente en la palma de Ye Tu. "Escojan el que más les guste." '¡¿P-pero qué es esto?!' '¡¿No es un poco demasiado repentino?!' Cinco de la tarde. Estación de las Tierras Altas de Escarcha. Una marea constante de pasajeros iba y venía por los andenes. El grupo de Ye Tu salió al exterior a través de un pasaje reservado exclusivamente para circunstancias especiales. Fuuuu... El gélido vendaval que soplaba de frente le arrancó un estremecimiento a Avia; sintió cómo las corrientes heladas se colaban por el cuello de su túnica, y el frío punzante la obligó a ajustarse la ropa con fuerza. Al girar la cabeza para observar al resto: Descubrió que Ye Tu conservaba su habitual serenidad, Irene White permanecía completamente impasible y la sirvienta cargaba las maletas mientras curioseaba los alrededores con fascinación. Al final resultaba que ella era la única friolenta del grupo. "Ya reservé la posada; pongámonos en marcha para dejar las cosas primero." "¿No piensas guardarlas?", preguntó Ye Tu con extrañeza. ¿Guardarlas? Ante la pregunta, Avia desvió el rostro con rapidez sin atreverse a sostenerle la mirada, apretando con más fuerza el anillo que sostenía en la mano: "No es nada..." ¿Eh? ¿A qué venía eso de "no es nada"? '¿En qué demonios está pensando esta chica ahora?' "¡Vamos, vamos! ¡No perdamos tiempo, que aquí afuera hace un frío espantoso!" Sintiendo que su propia reacción había sido demasiado sospechosa, Avia se apresuró a cambiar de tema. Ye Tu, pareciendo intuir la causa de su turbación, sintió un leve temblor en el rabillo del ojo: "Lo que les di son anillos de almacenamiento." 'Con razón llevaba un buen rato comportándose de forma tan extraña.' '¿Anillos de almacenamiento?' Avia parpadeó, perpleja. "Puedes entenderlos como artefactos espaciales portátiles." "..." '¿Artefactos espaciales portátiles?' 'O sea que el anillo no significaba... lo que ella había imaginado...' 'Claro, ¿cómo iba alguien como Ye Tu a...?' En una fracción de segundo, el rostro de Avia se encendió de un rojo escarlata ardiente. Al rememorar todas las escenas que se había montado en la cabeza momentos atrás, sintió que las ganas de vivir se le escapaban del cuerpo. '¡Trágame, tierra, prefiero morirme ahora mismo!' \----- • Novela: 飞升错世界了怎么办? • Título en inglés: What Should I Do If I Ascended to the Wrong World? • Autor: A Jiu Wei (阿玖未) • Traductor: Inmensurable ☯️ ¡Compañero(a) daoísta, deja tu reacción y comentario para ayudar a acelerar el cultivo de los próximos capítulos! ¡Tu apoyo es nuestra energía espiritual! ¡Que tu Gran Dao prospere! 🙏
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¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela) Capítulo 81

Estás leyendo el capítulo 81 de ¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela), un novela. Año 745 del Calendario de la Luz. Los dioses que antaño caminaban entre los mortales se han retirado a las profundidades del reino astral. Con el silencio divino, ha comenzado la verdadera era de los seres mortales.… Este capítulo tiene publicado el 12 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. ¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.