Leer ¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela) Capítulo 80 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Al mismo tiempo, en la Gran Catedral del Amanecer.
Una escalera de caracol descendía en espiral hacia las profundidades, por donde Elliot guiaba a Declan hacia el fondo del templo.
Se trataba de la misma celda de antes: hermética, sin ventanas y con una única puerta que conectaba con el exterior.
Rechinido...
Acompañada de aquel familiar y chirriante crujido que crispaba los nervios, la puerta cerrada se abrió por sí sola.
En el interior, Cyril yacía desplomado frente al catre, con el cabello enmarañado, el semblante demacrado y un aspecto deplorable.
En comparación con la ocasión anterior, su estado anímico era visiblemente mucho peor.
Al contemplar a aquella figura deshecha, el rostro de Elliot permaneció impasible, mientras que por los ojos de Declan cruzó un destello de profunda satisfacción.
'¡Lo sabía!'
¿Cómo podía un hombre egoísta y codicioso como Cyril merecer la gracia del Señor, ser digno de ostentar el papado y guiar a las ovejas más devotas de su rebaño? ¡El Señor, en efecto, había escuchado sus plegarias!
Aquel altivo "el Pontífice soy yo" del día anterior aún parecía resonar con claridad en sus oídos.
Y ahora, bastaba contemplar el lamentable estado en que se hallaba.
¡El pecho de Declan desbordaba un júbilo incontenible!
Haber pisado los calabozos en dos ocasiones y haber gobernado la Iglesia durante apenas medio día... En toda la historia de la Iglesia del Amanecer, semejante récord era absolutamente único.
Pensando en ello, lanzó una mirada a Elliot; al ver que este se limitaba a observar a Cyril en silencio, creyó comprender la situación al instante.
Dio un paso al frente de inmediato:
"Cyril, ¿reconoces tu pecado?"
Cyril, que hasta ese momento mantenía la cabeza gacha contemplando el suelo con la mirada perdida, movió los ojos al escuchar la increpación de Declan y alzó el rostro lentamente.
Al distinguir con claridad a las dos figuras paradas en el umbral de la celda, una sombra de sarcasmo asomó a sus pupilas y soltó una carcajada abierta.
"¿Que si reconozco mi pecado?"
Apoyándose en el borde del catre, consiguió ponerse de pie a duras penas.
"¡Ustedes! ¡Ustedes son los verdaderos pecadores!"
Cualquiera con un ápice de cordura era capaz de discernir que ese tal Ye Tu jamás podría ser el Señor auténtico.
"Haberle dado la espalda al Señor verdadero para postrarse ante ese ladrón vil y desvergonzado... ¡Ustedes! ¡Ustedes son los que de verdad están condenados por sus faltas!"
Cyril se encendía más a cada palabra, hasta terminar desgañitándose en un alarido furioso.
Apenas ayer pensaba que el hecho de que esta gente fuera incapaz de concebir ideas más allá de los "límites" constituía una gran ventaja.
¡Pero ahora, solo sentía que Declan era un imbécil integral!
Por su parte, Declan, enfrentado a semejante "sofisma" descabellado, temblaba de pies a cabeza consumido por la cólera.
"¡El Señor es omnisciente y todopoderoso! ¡Otorga riquezas al laborioso, castigo a la iniquidad y vida eterna a la devoción!"
Pronunció estas palabras imbuyéndolas incluso del poder del \[Arte de la Palabra Sagrada\].
Una voz grandiosa y solemne retumbó dentro de los estrechos confines de la celda.
Sin embargo, aquello no causó la menor mella en Cyril; en cambio, fue Elliot quien sintió una extraña contradicción en su fuero interno.
'¿Riquezas al laborioso?'
'¿Castigo a la iniquidad?'
'¿Vida eterna a la devoción?'
A juzgar por las acciones y conductas de Aroya en el pasado... entre esas tres afirmaciones, ¡ninguna se cumplía en lo más mínimo!
Por el contrario, el Señor que gobernaba ahora, el grandioso, benevolente y generoso Lord Ye Tu, encajaba a la perfección con los tres preceptos.
"¡Cyril!"
"Dudas del Señor únicamente porque ha dejado de complacer tus apetitos mezquinos."
"¡Dime a quién veneras en verdad: al Señor auténtico, o al dios forjado en tu propia mente!"
La voz sagrada continuó reverberando.
Aquel reproche tan familiar dejó a Cyril petrificado en su sitio.
Tiempo atrás, él mismo había increpado a Elliot con palabras muy similares, y ahora...
Esa sola frase resultó más demoledora que todo lo dicho con anterioridad; en ese preciso instante, los cimientos de Cyril flaquearon de verdad.
'¿Al Señor auténtico, o al dios forjado en mi mente?'
'¿Acaso... el Señor al que siempre consagré mi fe no era más que una deidad fabricada por mis propios anhelos, y no el Señor verdadero?'
Tras un largo silencio, Elliot dejó escapar un suave suspiro:
"Medítalo con calma."
Acto seguido, dio media vuelta y se marchó en compañía de Declan.
La puerta de la celda volvió a cerrarse de golpe, dejando a Cyril con la mirada perdida hacia el frente, incapaz de salir de su ensimismamiento durante un largo tiempo.
Esa misma tarde, Cyril murió.
Lo hallaron sin vida dentro del calabozo pocas horas después.
En la pared de piedra quedaba una última línea trazada con sangre fresca:
【Si en verdad soy culpable, que el Señor castigue mi alma】
Sin embargo, su alma no ascendió al reino divino guiada por la luz del alba, tal como él había anticipado.
Pero tampoco descendió al purgatorio.
Quedó atrapada por las artes divinas que sellaban la celda, contemplando en soledad su propio cadáver desprovisto de vida.
No fue sino hasta la noche que Declan llegó de prisa para recoger su espíritu, trasladándolo al Tribunal del Santo Juicio para reducirlo a cenizas hasta el último vestigio.
Probablemente nadie habría imaginado jamás que este pontífice, que apenas el día anterior gozaba de un esplendor sin límites, concluiría sus días de una manera tan absurda y grotesca.
Y así, transcurrieron cinco días en un abrir y cerrar de ojos.
La gente continuó con su rutina de siempre.
Tanto la muerte de Cyril como el descenso del Dios Verdadero apenas alteraron el curso de la vida cotidiana de las personas comunes. Por mucho que cambiara el mundo, un mortal seguía necesitando comer y ganarse el sustento.
Durante este período, gracias a la regulación constante del reino divino, el entorno mágico del Imperio del Amanecer recuperó paulatinamente su equilibrio habitual.
Por su parte, la Asociación de Magos, valiéndose del contacto interno que tenían con Avia para transmitir mensajes, entabló conversaciones formales con el Imperio del Amanecer desde muy temprano.
Tras las debidas deliberaciones, ambas partes alcanzaron un acuerdo preliminar de cooperación.
No solo se reanudó el servicio de los trenes de vías de nubes que había sido suspendido, sino que la Asociación de Magos se comprometió a añadir siete nuevas rutas aéreas sobre el espacio del Imperio del Amanecer, además de la única existente hasta entonces.
De las ocho rutas en total, el setenta por ciento de los beneficios netos pertenecería al Imperio del Amanecer, mientras que la totalidad de los costos de operación y mantenimiento posterior recaería exclusivamente sobre los hombros de la Asociación de Magos.
Podía decirse que las condiciones eran sumamente desiguales.
Sin embargo, a nadie le pareció fuera de lugar.
'¿Igualdad de condiciones?'
¿Acaso alguien pretendía exigir reciprocidad frente a una facción respaldada por treinta y cinco semidioses y una divinidad auténtica?
Que estuvieran dispuestos a sentarse a negociar y alcanzar consensos ya era concederles un gran honor. Mostrar descontento en semejante situación habría sido un auténtico descaro.
Además, en términos prácticos, la Asociación de Magos contaba con recursos inmensos y su red de trenes de vías de nubes conectaba prácticamente al mundo entero; las ganancias de ocho rutas aéreas no representaban más que una gota en el océano.
"¿Ya nos vamos tan pronto?"
En la mansión de Irene White.
En el estudio.
Avia miraba a través de la ventana con un dejo de nostalgia.
Al cabo de tres días, una vez estabilizado el Imperio del Amanecer, Ye Tu se preparaba para partir. Ella e Irene White, como subordinadas sujetas a contrato con él, naturalmente debían marcharse a su lado.
Solo que resultaba una lástima: ella, toda una arzobispa de la Iglesia del Amanecer, nada menos que Su Alteza Avia... pronto volvería a ser una humilde maga que trabajaba como bestia de carga.
"Llevas tantos días en esto, ¿todavía no te has cansado de jugar?", comentó Ye Tu con gracia.
Durante estos días, en cuanto tenía un momento libre, esa muchacha salía a recorrer las calles de Lothur de punta a punta, con el único propósito de escuchar a la gente llamarla "Su Alteza Avia".
"Tampoco es eso...", chasqueó la lengua. "Si hay que irse, nos vamos. En un rato iré a la Asociación de Magos para reservar cuatro pasajes para mañana."
Para ella, Ye Tu, Irene White y la sirvienta cada vez más desinhibida.
Dicho esto, miró de reojo a Irene White tras el escritorio.
A fin de cuentas, había ganado una suma considerable en esta misión; comprar boletos de primera categoría serviría para que esa mujer despejara un poco la mente.
"¿Cuánto es?", preguntó Irene White con voz serena.
"¿Eh? ¿Cuánto es de qué?", parpadeó Avia, confundida.
"Los pasajes del tren."
'¿Ah? ¿Acaso creyó que la miraba para cobrarle el billete?'
"¡No hace falta! ¡Yo invito! ¡Un pasaje de tren no cuesta casi nada!"
¡Era un simple boleto! ¿Acaso la creía tan tacaña?
"Solo pensaba que...", intentó replicar Irene White. No era que considerara mezquina a Avia, sino que no le parecía correcto abusar de su generosidad; la muchacha ya la había ayudado bastante.
"Hazle caso", intervino Ye Tu para cortar la discusión. "Tú no estás familiarizada con el mundo exterior; deja que ella se encargue de organizarlo."
Además, esa chica solía manifestar una terquedad absurda en los detalles más inesperados. Si Irene White terminaba pagando su propio pasaje, Avia se quedaría con un mal sabor de boca.
Al ver que incluso Ye Tu lo decía, Irene White desistió de insistir:
"Te lo agradezco."
"¡Es una pequeñez! ¡Entre nosotras no hay de qué hablar!"
En ese preciso momento, un sacerdote llegó a las puertas del estudio guiado por la ayudante de Irene White.
A través de la puerta:
"Su Alteza Avia, Su Eminencia Elliot solicita su presencia."
Poco después, en la Gran Catedral del Amanecer.
"Su Alteza Avia."
Un obispo que aguardaba en la entrada se apresuró a salir a su encuentro, adoptando una postura de extrema reverencia.
"Por aquí, por favor; Su Eminencia Elliot ya la está esperando."
No era para menos que mostrara tal deferencia. Gran parte de los obispos de la Iglesia daba por hecho que Su Alteza Avia sería la sucesora al trono papal.
Aunque tuviera diecinueve años, le gustara presumir un poco y fuera una maga forastera, ¿qué importaba todo eso? Su Alteza Avia era una arzobispa bendecida directamente por el Señor.
¡El favor divino estaba por encima de cualquier otra consideración! ¡La mirada del Señor sin duda vislumbraba un porvenir mucho más lejano!
"Gracias por la molestia", respondió Avia con calma e indiferencia, encarnando con impecable maestría la majestuosidad propia de una alta prelada.
"Es un honor para mí."
Pronto, guiada por el obispo, llegó al gran salón donde se veneraba la estatua del Señor del Amanecer.
Elliot permanecía de pie ante la escultura, con la mirada fija en el rostro completamente liso y carente de rasgos de la imagen divina.
"Su Eminencia."
Elliot se dio la vuelta con parsimonia:
"Retírate; tengo asuntos que tratar con Su Alteza Avia."
"¡Entendido!"
El obispo se retiró con respetuosa devoción hasta que su figura se perdió de vista por completo.
"¿Me buscabas para algo?", preguntó Avia.
Aunque ostentaba el título nominal de arzobispa de la Iglesia del Amanecer, no era más que eso: un título simbólico. En la práctica, se trataba de una experiencia temporal concedida por Ye Tu; ahora que se marchaba junto a él, dicho pase lógicamente expiraba.
Le resultaba inexplicable qué asunto querría tratar Elliot con ella en este preciso momento.
"¿Estaría dispuesta Su Alteza Avia a representar al Imperio del Amanecer en una visita oficial a la Isla Celestial?", soltó Elliot, dejando caer una propuesta mayúscula.
'¿Representar al Imperio del Amanecer en una visita a la Isla Celestial?'
'¿Quién? ¿Yo?'
"Pero si yo pertenezco a la Asociación de Magos...", no pudo evitar señalar.
"Pero al mismo tiempo es una arzobispa de nuestra Iglesia, favorecida directamente por Nuestro Señor, ¿no es así?", replicó Elliot con una sonrisa serena.
El Imperio del Amanecer actual era demasiado formidable.
Treinta y cinco semidioses... Aunque no movieran un solo dedo, su mera existencia bastaba para infundir un pánico atroz en el resto de las potencias del mundo.
Si de verdad se propusieran conquistar el planeta, no habría mucho que discutir. Sin embargo, él no deseaba desatar guerras, ni el Señor le permitiría emprender campañas bélicas; su único anhelo era integrar al Imperio del Amanecer y a su pueblo en esta nueva era.
Y para conseguir semejante meta, el "miedo" por sí solo no bastaba.
Por ende, que Su Alteza Avia viajara a la Isla Celestial como enviada del Imperio del Amanecer constituía el primer gesto de buena voluntad hacia el resto de las fuerzas mundiales.
"Esto... ¿no sería un poco inconveniente?"
Si regresaba a la Isla Celestial como representante oficial del Imperio del Amanecer, ¿de qué bando se suponía que formaba parte?
"Le ruego que lo considere con detenimiento."
Elliot desplegó un destello de luz suave con un ademán de la mano, haciendo levitar hacia Avia una hoja dorada que parecía fundida en oro puro:
"Este es el presupuesto preparado por la Iglesia para la comitiva, destinado exclusivamente para sus gastos personales de viaje."
Unidades, decenas, centenas, millares, decenas de millares...
¡¿Cien mil?!
¡¿Cien mil monedas de oro?!
¡Si por jugarse el pellejo en esta misión su paga al cambio apenas equivalía a doscientas monedas de oro!
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• Novela: 飞升错世界了怎么办?
• Título en inglés: What Should I Do If I Ascended to the Wrong World?
• Autor: A Jiu Wei (阿玖未)
• Traductor: Inmensurable
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¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela)
Capítulo 81
¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela) Capítulo 80
Estás leyendo el capítulo 80 de ¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela), un novela. Año 745 del Calendario de la Luz. Los dioses que antaño caminaban entre los mortales se han retirado a las profundidades del reino astral. Con el silencio divino, ha comenzado la verdadera era de los seres mortales.… Este capítulo tiene publicado el 12 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. ¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.