Leer ¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela) Capítulo 77 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Justo cuando Isaías vacilaba en su interior y la doncella se mostraba impaciente por entrar en acción, Cyril rompió el silencio.
"Su Eminencia Isaías."
En sus ojos destellaba un odio visceral llevado al paroxismo.
Estaba a un paso de conseguir a Irene White.
Sin embargo, esta sirvienta salida de la nada arruinó sus planes y, ¡de un solo puñetazo, hizo desaparecer a Su Alteza Freire!
Aunque no tenía claro si Su Eminencia Freire había perecido de verdad o si se ocultaba mediante algún método fuera de su comprensión a la espera de una oportunidad... a partir de ese instante, su odio hacia la sirvienta no era menor que el que profesaba hacia el supuesto "amo" de Irene White.
"Ella es una pecadora que mancilla la gloria de Nuestro Señor; usted sin duda debe..."
Su Eminencia Isaías era un ángel de cuatro alas; con él presente, sin duda lograría...
"¡Cállate!"
Isaías interrumpió a Cyril con un grito destemplado.
Al contemplar a la doncella que se flexionaba las muñecas, la inquietud en su pecho se volvió cada vez más asfixiante.
Aunque no percibía la menor fluctuación de maná proveniente de ella...
'¡Moriré!'
'¡Si peleo, moriré sin ninguna duda!'
Aquella premonición era tan abrumadora que parecía brotar desde lo más hondo de su espíritu, haciendo temblar tanto su mente como su cuerpo.
Al ver que la sirvienta daba un paso al frente dispuesta a descargar su ataque:
"¡Espera!"
"¿Eh?"
La muchacha ladeó la cabeza, confundida.
"Dices ser una marioneta mágica doméstica; en tal caso, ¡debes tener un amo, ¿no es así?!", exclamó Isaías, exprimiéndose los sesos para formular esa pregunta.
'Ganar tiempo, ¡tengo que ganar tiempo a toda costa!'
El monstruo que tenía enfrente no era un rival al que pudiera hacer frente.
Cuando el Señor recuperara la porción faltante de su autoridad, el "Santísimo Amanecer" descendería sobre el mundo, y toda la inmundicia terrenal sería consumida por el fuego purificador hasta las cenizas.
"Por supuesto que lo tengo", respondió ella con orgullo. "Mi amo es Ye Tu."
'¿Y eso qué tiene de admirable...?'
'¡Espera un segundo!'
'¿Ye Tu?'
'¡¿Cómo?!'
'¡¡¡Ye Tu!!!'
Abajo, Cyril también se quedó atónito. ¿Acaso Ye Tu no era el supuesto "amo" de Irene White?
'¡No!'
'El verdadero nombre de Nuestro Señor... ¡el verdadero nombre del Señor también parece ser Ye Tu!'
'¡Algo está mal!'
'¡Muy mal!'
La razón le advertía que ese Ye Tu al que él mismo le había entregado un ejemplar del 《Pacto Sagrado del Amanecer》 no podía ser el Señor del Amanecer; sin embargo, sus recuerdos y su cognición le gritaban que el Señor del Amanecer era Ye Tu.
Dos certezas completamente contradictorias y enfrentadas colisionaban sin descanso en su mente.
Por un instante, quedó paralizado en su sitio.
Y la sirvienta captó con agudeza esa fracción de segundo de distracción.
'¡La oportunidad!'
Su figura destelló y apareció en las alturas; tal como había hecho al pulverizar a Freire, arremetió con el puño directo al rostro de Isaías.
¡Bum!
Acompañado por un sordo y familiar estruendo, ¡la mitad superior del cuerpo de Isaías se desintegró por completo bajo el impacto de aquella fuerza colosal!
Sangre divina de tono dorado y plumas níveas destrozadas salieron despedidas en todas direcciones.
La mitad inferior de los restos salió disparada hacia afuera, estrellándose pesadamente contra el suelo.
¡BUM!
Un gigantesco hongo de humo y escombros se elevó por los aires; la brutal onda expansiva deformó el aire en ondas visibles, rugiendo cual dragón desbocado y sacudiendo la ciudad sagrada hasta sus cimientos.
Numerosos obispos y guardias de menor poder fueron arrastrados por los vientos en el acto, saliendo eyectados hacia el cielo como frágiles muñecos de paja.
De haber contemplado la escena desde las alturas, se habría podido advertir que casi una décima parte de la urbe sagrada se había desplomado por completo.
Aquel artefacto semidivino resultó tan endeble como el papel frente a la absurda e irresistible fuerza bruta de la doncella.
Ella... en realidad... ¡era una divinidad auténtica!
Al presenciar semejante despliegue desmedido, todos los presentes concibieron ese mismo pensamiento de forma inevitable.
Tras una fina barrera de luz blanco azulada, Avia miraba con los ojos desorbitados hacia el centro de la polvareda, con el desconcierto pintado en el rostro.
¿Ye Tu no había dicho antes que "solo le había hecho unas pequeñas modificaciones"?
¡Esta sirvienta descarada era absurdamente poderosa!
Irene White apretaba con fuerza el mango de su gran hacha.
Si tan solo ella contara con semejante poder...
Sin embargo, a diferencia de la conmoción del resto, el corazón de la doncella en las alturas dio un vuelco.
'No puede ser.'
'¿Acaso este tipo ni siquiera intentó defenderse?'
Al contemplar el desastre y la ruina en los alrededores, el miedo comenzó a apoderarse de ella.
Habiendo destrozado tantos lugares, ¡a cuánta gente terminaría perjudicando!
Si su amo se enteraba, ¿no la desarmaría pieza por pieza?
¡Es que de verdad jamás imaginó que ese pájaro de cuatro alas ni siquiera metería las manos para bloquear el golpe!
Mientras se consumía en la zozobra, en medio de la humareda comenzaron a brotar esferas de luz de diversos tamaños.
Cada una de ellas cobijaba a personas en su interior, descendiendo con suavidad hacia la tierra firme.
"La próxima vez que pelees, procura tener más cuidado."
La voz sonó serena y limpia, pero atravesó la nube de polvo para resonar en los oídos de todos los presentes.
Fiu...
La densa humareda se aplacó en un instante; la matriz en forma de cruz astral que cubría la urbe sagrada comenzó a languidecer.
En medio de la noche estrellada, tan solo una silueta ataviada con vestiduras negras y cabello azabache, con una calabaza amarilla suspendida a la cintura, descendió caminando sobre el vacío.
La multitud alzó la mirada.
Al posar los ojos sobre él, una revelación brotó en sus corazones:
El Soberano del Alba y del Amanecer, el primer rayo de luz tras la noche eterna, el Señor del Amanecer:
¡Ye Tu!
¡El Señor!
¡Había descendido!
"¡Cuán sublime!"
"¡Cuán sagrado!"
"La voz del Espíritu Santo pone fin a la noche eterna."
"La aurora del amanecer nos trae la luz."
"Señor, santificado sea Tu nombre, venga a nosotros Tu reino, hágase Tu voluntad en la tierra; la gloria sea al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, desde ahora y para siempre, por los siglos de los siglos."
Declan, el otro arzobispo, la comitiva de prelados que descendía del aire y cada uno de los civiles recién liberados de las esferas de luz...
Todos y cada uno de ellos adoptaron espontáneamente una devoción febril y ferviente para darle la bienvenida al advenimiento del "Dios Verdadero".
De entre todos los fieles del Amanecer, únicamente Cyril permanecía de pie.
Al contemplar a esa figura que se aproximaba con paso pausado, idéntica a la que albergaba en sus recuerdos, una punzada de extravío cruzó su mirada.
En las alturas, la criada vio a Ye Tu y sacó la lengua con picardía.
"Es que no me imaginé que no se defendería..."
Si hubiera sabido que ese pájaro ni se cubriría, ¡jamás habría usado tanta fuerza!
¿Ye Tu?
¿El Señor del Amanecer?
'Ya entiendo; seguro no he despertado todavía, ¡todo esto tiene que ser un sueño!'
'Claro, ¿cómo iba a ser tan fuerte una sirvienta de pacotilla?'
'¡Seguro sigo dormida!'
'¡Sí, tiene que ser eso!'
Soltando la bola de cristal que cargaba, la dejó caer a un lado sin pensarlo.
¡Plaf!
Se propinó una sonora bofetada en la mejilla con todas sus fuerzas.
"¡Aush...!"
El dolor lacerante le arrancó un gemido; la delicada piel de media cara se le encendió de un rojo vivo y las lágrimas casi se le escapan de los ojos.
'¡Duele, duele muchísimo!'
Se cubrió la mejilla inflamada, con los ojos llorosos.
'¡Resulta que no era un sueño!'
Irene White: "..."
'¿Qué demonios está haciendo ahora?'
Poco después, Ye Tu se aproximó ante ellas junto a la doncella.
"¿Se puede saber si eres Ye Tu o el Señor del Amanecer?", preguntó Avia a toda prisa, mientras se cubría la mejilla enrojecida con la mano.
"¿Acaso no puedo ser ambas cosas?", sonrió Ye Tu.
Media hora más tarde.
Por haber mostrado una actitud insolente durante el advenimiento del Dios Verdadero, Cyril había sido atado de pies a cabeza por los enardecidos devotos del Amanecer.
A nadie, absolutamente a ningún fiel de la Iglesia, le importaba que apenas unos instantes antes hubiera ostentado el cargo de Pontífice.
Al fin y al cabo, en este mundo donde existían los "dioses verdaderos", la razón por la que un Pontífice era venerado y gobernaba sobre las masas radicaba exclusivamente en contar con el "reconocimiento del dios".
Dicho de otro modo: en cuanto perdía el favor divino, dejaba de ser Pontífice al instante.
La voluntad de la divinidad lo determinaba todo.
En el ya familiar estudio.
Sobre el sofá, Avia se aplicaba en el rostro una compresa de hielo recién fabricada por Irene White; frente a ella reposaba la bola de cristal con varias fisuras en la superficie.
Ambas tenían la vista clavada en Ye Tu.
A su lado, la sirvienta hojeaba con fascinación uno de los libros sin portada, con los ojos brillándole de entusiasmo.
Y a un costado...
Isaías, tras haber reconstituido la mitad del cuerpo que la criada le había destrozado, permanecía arrodillado con reverencia sobre una rodilla, inmóvil como una estatua de piedra.
"Ye Tu, ¿qué carajos está pasando aquí?", no pudo evitar inquirir Avia.
Los acontecimientos de estos días estaban frescos en su memoria.
Ye Tu era el mismo con quien había viajado hasta el Imperio del Amanecer.
Sin embargo, su propia cognición le recordaba una y otra vez que el hombre frente a sus ojos era el dios venerado por la Iglesia durante incontables años: ¡el Dios Verdadero, el Señor del Amanecer!
"Es exactamente lo que estás viendo: soy el Señor del Amanecer."
Ye Tu abrió la mano; diminutas chispas de luz cálida y suave danzaban sobre las yemas de sus dedos.
Irene White clavó la vista en aquellos destellos titilantes: "Entonces... ¿este era tu método?"
Recordó la mañana de hoy.
En aquel momento, Ye Tu ya había dejado entrever sus intenciones de hacerse con el Imperio del Amanecer.
"¿Ya lo entendiste?"
"Sí."
En una nación donde la voluntad de una deidad se imponía por encima de todas las cosas, ¿qué vía más directa existía para tomar el control que usurpar la identidad misma de esa deidad?
Conservando los recuerdos de este tiempo, no resultaba difícil notar las anomalías en la situación.
Apretó los labios: "Entonces... ¿dónde está el verdadero?"
"Desapareció", admitió él con franqueza. "Si hubiera resistido, te lo habría dejado a ti para que lo ajusticiaras; por desgracia, no aguantó."
"... Gracias."
Una sombra de abatimiento cruzó los ojos de Irene White.
En su interior se abrió un profundo vacío.
La meta por la cual había buscado poder sin descanso había sido resuelta por Ye Tu como quien aparta el polvo de la mesa.
¿Cómo no iba a sentirse desorientada?
"¿De qué están hablando ustedes dos?"
Avia se sentía completamente perdida.
¿Qué método?
¿Qué verdadero dios?
¿Y qué era eso de que ya lo había entendido?
'¡Explíquenlo de una vez y dejen de hablar en acertijos!'
"Es muy sencillo: usurpé la identidad del verdadero Señor del Amanecer", aclaró Ye Tu directamente.
'¿Usurpar... la identidad del verdadero Señor del Amanecer?'
Isaías, arrodillado a un lado, se estremeció levemente antes de recuperar su inmovilidad pétrea.
Avia tardó un buen rato en asimilarlo, ¡hasta que al fin reaccionó!
"¿Acaso se puede hacer algo así?"
¡Se trataba de un Dios Verdadero! ¡Semejante hazaña rayaba en lo absurdo!
"Tú misma lo has presenciado."
'Pues sí, tiene razón...'
"Entonces, ya que ahora eres el Señor del Amanecer... ¿podrías nombrarme Pontífice de la Iglesia del Amanecer?", soltó Avia en una repentina ocurrencia.
"Claro."
¿Eh?
"¿En serio?"
'¿Lo aceptó tan fácil?'
Avia parpadeó y miró de reojo a Isaías, que continuaba postrado a un costado como una escultura.
"Si yo me convierto en Pontífice, ¿tendrás algún problema con eso?"
"..." Tras una breve pausa: "Acataré el oráculo de mi Señor."
"..."
¿Acaso importaba quién fuera el verdadero Señor del Amanecer?
¡Él rendía culto al "Señor del Amanecer" como concepto!
"Pero... ¿los demás miembros de la Iglesia del Amanecer aceptarán a una maga como su líder religiosa?"
'Y encima a una maga tan joven y hermosa...'
"..."
Siguió otro prolongado silencio.
"La voluntad del Señor lo es todo."
Una divinidad no necesitaba dar explicaciones a ningún mortal; ¡lo único que le correspondía a los fieles era obedecer!
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• Novela: 飞升错世界了怎么办?
• Título en inglés: What Should I Do If I Ascended to the Wrong World?
• Autor: A Jiu Wei (阿玖未)
• Traductor: Inmensurable
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¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela) Capítulo 77
Estás leyendo el capítulo 77 de ¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela), un novela. Año 745 del Calendario de la Luz. Los dioses que antaño caminaban entre los mortales se han retirado a las profundidades del reino astral. Con el silencio divino, ha comenzado la verdadera era de los seres mortales.… Este capítulo tiene publicado el 12 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. ¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.