Leer ¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela) Capítulo 76 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
En la Santa Ciudad de Lothur.
Trescientos sesenta y un pilares de luz se disparaban en línea recta hacia la bóveda celeste, transformándose en trescientos sesenta y un nodos que delineaban una gigantesca matriz en forma de cruz astral. Aunque cubría la totalidad de la urbe sagrada, su influjo bastaba para sacudir los cimientos del Imperio del Amanecer entero.
Aquella colosal formación bloqueaba por completo la vista del firmamento nocturno; sin importar desde qué ángulo se mirara, el núcleo de la cruz astral apuntaba con exactitud hacia el reino divino que colgaba en lo alto como una rueda de luz refulgente.
Doce ángeles semidioses se desplegaban en distintas posiciones; cada batir de sus alas de un blanco inmaculado provocaba una agitación turbulenta en el maná de luz sacralizado.
Incontables plumas níveas descendían revoloteando, danzando al compás de los himnos sacros y cubriendo cada rincón de la ciudad.
Los devotos oraban con fervor absoluto, ensalzando la infinita misericordia del Señor del Amanecer y proclamando Su grandeza.
Mientras tanto, en la mansión de Irene White.
Una multitud arrodillada formaba una densa marea negra.
Una esfera de fulgor blanco azulado, semejante a un meteorito, se elevó a toda velocidad hacia el cielo, solo para precipitarse un instante después en una caída estrepitosa, estrellándose contra el suelo y abriendo un enorme cráter en la tierra.
¡En medio de un estruendo ensordecedor, el polvo se levantó y los fragmentos de piedra salieron despedidos en todas direcciones!
En lo alto.
El Ángel del Albor, Freire, desplegó sus alas, contemplando desde las alturas el inmenso foso bajo sus pies.
En el fondo del cráter, amenazantes y descomunales estacas de hielo se entrecruzaban entre sí; una corriente gélida y violenta se agitaba con furia, repeliendo el maná de luz sacralizado que la rodeaba.
Aquella alta figura que empuñaba una gran hacha estaba envuelta en cintas vaporosas formadas por innumerables cristales de hielo diminutos.
De forma difusa, parecía superponerse con la silueta de hacía quince años.
Sin embargo, en comparación con su padre... ¡todavía estaba a una distancia abismal!
"¡Este es el rito sagrado del descenso de Nuestro Señor sobre la tierra!"
Su voz parecía capaz de perforar cualquier obstáculo; en un abrir y cerrar de ojos recorrió la ciudad sagrada de punta a punta, resonando en los oídos de cada creyente.
"¡No se tolerará la más mínima discordancia!"
Freire alzó la mano derecha. Las plumas de luz dispersas se condensaron en torrentes de llamas incandescentes, puras y cálidas, que convergieron hasta transformarse en una espada afilada que empuñó con firmeza.
La furiosa escarcha fue reprimida al instante; los gigantescos y afilados picos de hielo se derritieron en una fracción de segundo.
El poder sagrado del Amanecer de nivel semidiós desplegó un dominio único que sofocó de lleno el maná de hielo extremo, transformando los alrededores en un territorio gobernado exclusivamente por la "Luz".
"¡La pecadora debe someterse al Santo Juicio del Amanecer!"
"¡Su Eminencia!"
El semblante de Cyril mudó drásticamente y se apresuró a intervenir para frenarlo.
"¡Le ruego que no le haga daño!"
Apenas acababa de asumir el trono papal y su mayor anhelo era poseer a Irene White; ¡¿cómo iba a quedarse de brazos cruzados viendo cómo perecía bajo el Santo Juicio del Amanecer?!
Junto a él, Declan, el otro arzobispo y el resto de los prelados que permanecían arrodillados sin atreverse a alzar la vista sintieron que se les erizaba la piel al escuchar semejante disparate.
'¡¿Acaso Su Santidad Cyril ha perdido el juicio?!'
Tratándose de una pecadora sentenciada por Su Eminencia el ángel semidiós, ¡¿se atrevía a interceder por ella?!
Sin embargo, a Cyril no le importaba nada de eso.
Si tras alcanzar el cargo de Pontífice aún era incapaz de obtener a Irene White, ¿qué diferencia había entre haber sido nombrado o no?
"¡Irene White! ¡Nuestro Señor ya ha descendido y el mundo será gobernado por el 'Amanecer'! ¡¿Es que todavía no entras en razón?!"
"..."
'¿El mundo será gobernado por el Amanecer?'
Freire vaciló un instante, tragándose las palabras que estuvo a punto de soltar.
Tenía intensos deseos de advertirle que midiera lo que salía de su boca. Como Ángel del Albor que había servido al Señor del Amanecer durante incontables años, sabía a la perfección que su gran Señor no era la única divinidad existente en este plano.
Sin embargo, estando rodeado de tantos creyentes... no era prudente ventilar esas verdades en público.
"Se concede tu petición."
Freire aprovechó la salida que se le ofrecía y bajó con parsimonia la mano que sostenía la espada de fuego sagrado.
A fin de cuentas, Cyril estaba destinado a convertirse en el \[Ángel del Pecado Original\], una posición con un estatus equivalente al del Arcángel, ubicándose medio peldaño por encima de él. Guardarle ciertas consideraciones era conveniente.
Por otra parte, jamás había cruzado por su mente aniquilar a la Héroe del Hielo de esta generación; tan solo pretendía neutralizarla y restringir sus movimientos.
Después de todo, si más adelante el Señor no conseguía recuperar aquella porción faltante de su autoridad, aún dependerían de esta muchacha para que consumiera su fuerza vital activando el artefacto divino y limpiara el desastre.
Exactamente igual a lo acontecido quince años atrás...
"¡Infinitas gracias, Su Eminencia!", exclamó Cyril con desbordante júbilo.
Al clavar los ojos en el fondo del cráter, ¡el fuego de la codicia en su interior ardió con renovado vigor!
Declan, el otro arzobispo y la fila de obispos postrados en el suelo quedaron sumidos en un estupor absoluto.
'¡¿Cómo es posible?! ¡¿Su Eminencia Freire de verdad accedió a sus caprichos?!'
Fiu...
En el fondo del foso, dentro de aquel minúsculo reducto de escarcha acorralado por el poder sagrado, Irene White exhaló un suspiro apenas audible.
A través de la rendija de apenas un dedo en su visor, podía distinguir con claridad cómo la mano que aferraba el mango del hacha temblaba ligeramente.
Un semidiós...
¿Ese era el poder de un auténtico semidiós?
En su estado actual, la brecha que los separaba era ciertamente insalvable.
"Irene White, ya lo has oído. Mientras aceptes convertirte en mi..." Cyril se pasó la lengua por los labios resecos.
"¿Tú?"
La voz sonó tan gélida que carecía de la más mínima calidez.
Su figura se enderezó poco a poco; el torrente de aire gélido mutó en ese instante a un blanco inmaculado, resistiendo por la fuerza la sofocante presión del poder sagrado del Amanecer de rango semidiós.
En el peor de los escenarios, el desenlace no sería más que la muerte.
Jamás agacharía la cabeza por semejante motivo.
"¿Acaso te crees digno?"
La mirada que se filtraba tras la celada era tan cortante como sus palabras, contemplándolo como a un gusano repugnante, lo que desató una punzada de cólera en el pecho de Cyril.
'En una situación así, ¿por qué demonios sigue siendo tan terca?'
Sin embargo...
A la par de su enojo, el deseo en su corazón no hizo más que avivarse.
¡Esa era la Irene White que él tanto ansiaba someter!
Altiva, formidable, sin dignarse a bajar la mirada ante nadie.
Cyril apretó los puños con fuerza y, justo cuando se disponía a insistir...
"¿Y ustedes quiénes son?"
Una fuerza insólita, de una naturaleza completamente ajena al maná convencional y cuya esencia desafiaba toda comprensión, barrió el lugar como un vendaval.
El dominio desplegado por el poder sagrado del Amanecer de nivel semidiós estalló ante esa energía como un globo inflado perforado sin esfuerzo.
'¡¿Qué?!'
La mirada de Freire se afiló al instante.
Al girar la cabeza, vio a Avia, que acababa de regresar de la torre de magos sosteniendo una bola de cristal entre las manos, mientras tras ella la sirvienta cargaba varios libros desprovistos de cubiertas.
Al encontrarse con aquel inmenso socavón, la multitud de rodillas en el suelo y ese hombre emplumado suspendido en el aire, tanto Avia como la doncella se quedaron perplejas.
Apenas se habían ausentado un momento para recoger unas cuantas cosas de la torre de magos; ¿cómo se había transformado el patio en semejante caos?
"Son los villanos, ¿verdad?", susurró la sirvienta acercándose al oído de Avia.
"Supongo que sí..."
En ese momento, Avia ya había divisado a Cyril.
Cualquiera que viniera acompañado por ese viejo repulsivo difícilmente podía traer buenas intenciones.
"Entendido."
La doncella asintió con seriedad.
¡Eso lo aclaraba todo!
Tras depositar con sumo cuidado la pila de libros en un rincón apartado, flexionó ligeramente las muñecas.
Dobló un poco las rodillas.
Al instante siguiente, una onda de choque semitransparente e invisible estalló en el aire, a punto de hacer volar por los aires el sombrero puntiagudo que Avia llevaba sobre la cabeza.
La criada que hacía un segundo estaba de pie junto a la entrada se esfumó por completo; su velocidad fue tan vertiginosa que ninguno de los presentes logró registrar el menor movimiento.
Incluso Freire sintió que la vista se le nublaba: un puño delicado y esbelto creció con violencia frente a sus ojos, ocupando todo su campo visual.
¡Una fuerza colosal e irresistible, como si la mismísima bóveda celeste se desplomara sobre su cabeza!
La barrera defensiva de poder sagrado del Amanecer que lo cubría fue destruida con extrema facilidad...
¡No!
¡Más bien habría que decir pulverizada!
Y no solo su energía sagrada: ¡Freire sintió que su cuerpo de semidiós e incluso su propia alma eran triturados por completo en esa misma fracción de segundo!
¡Bum!
Un impacto sordo y seco retumbó en las alturas, y ondas expansivas visibles a simple vista se propagaron acompañadas de una densa niebla de sangre dorada.
Hasta la última pluma de luz que flotaba en los alrededores fue barrida por la onda expansiva.
El silencio que siguió fue absoluto y sepulcral.
En lo alto del aire, la sirvienta replegó el puño y contempló el vacío a su alrededor con una brizna de confusión asomando en sus ojos.
¿Eh?
¿Dónde se había metido?
Apenas le había dado un pequeño empujón; ¿cómo era posible que ese pájaro desapareciera de la nada?
¿Podría ser... que hubiera utilizado algún truco incomprensible para ocultarse?
¡Sí!
¡Tenía que ser eso!
El desconcierto en su mirada dio paso a una severa cautela; tras escudriñar con recelo los alrededores, su figura destelló para reaparecer al lado de Avia. Recogió la pila de libros bajo un brazo mientras con la otra mano sujetaba a la muchacha por el cuello de la túnica, levantándola en peso.
"¡Seguro que se escondió para tender una emboscada! ¡Debemos tener mucho cuidado!"
Avia la miró con los ojos muy abiertos.
'¿D-de verdad?'
'Bueno, tiene sentido...'
A simple vista era evidente que se trataba de uno de esos legendarios ángeles semidioses; no había forma de que muriera con tanta facilidad.
En el centro exacto de la Plaza de la Aurora.
Isaías abrió lentamente los ojos. Un fulgor dorado pálido danzó en sus pupilas mientras dirigía la mirada hacia la mansión de Irene White.
'¿La presencia de Freire se ha desvanecido?'
¿Acaso... había ocurrido algún imprevisto?
No tenía sentido.
En todo el Imperio del Amanecer, la única combatiente capaz de rebasar el Rango Sagrado era la Héroe del Hielo de esta generación. Sin embargo, su destreza aún era incipiente y distaba mucho de alcanzar las cotas de su padre.
¿Cómo podría representar una amenaza para Freire?
Sopesando la situación en su mente, batió levemente los dos pares de alas níveas en su espalda.
En un parpadeo, su figura surcó la distancia y se posó sobre la residencia de Irene White.
Al descender la vista, constató que la atmósfera en el lugar era sumamente extraña.
En el aire flotaban diminutas partículas doradas, y cada una de ellas desprendía un intenso e inconfundible rastro de la presencia de Freire.
Cyril permanecía petrificado al borde de un cráter gigantesco, mientras dos arzobispos, una comitiva de obispos y el resto de los devotos continuaban postrados en la tierra, inmóviles por el pánico.
Y frente a Cyril, un individuo insondable protegía a sus espaldas tanto a la actual Héroe del Hielo como a una pequeña archimaga.
Lo más inquietante era que los ojos de esa persona se habían clavado en él en el preciso instante en que hizo acto de presencia.
¡Peligro!
Con solo recibir esa mirada, Isaías experimentó la aterradora sensación de ser un indefenso conejo blanco atrapado bajo las garras de una bestia implacable.
Su mente y su voluntad quedaron reprimidas hasta el punto de no poder mover un solo músculo.
"¡Ves! ¡Te dije que se había escondido para atacar por sorpresa!"
Aunque la voz sonó en un susurro bajo, a esa distancia resultaba imposible eludir los sentidos aguzados de un ángel semidiós.
"Parece que no es el mismo pájaro de antes, ¿no?", murmuró Avia con discreción. "Ese tiene cuatro alas; el de hace un momento solo tenía dos."
"Y la cara tampoco se le parece mucho..."
"Tal vez se las ingenió para que le crecieran dos alas más; ahora se siente un poquito más fuerte que antes", insistió la criada con terquedad.
Un ser que flotaba en el aire con aires tan imponentes no podía esfumarse con un simple roce.
"¿Y qué hacemos? ¿Puedes ganarle?"
"Al nivel que tiene ahora no hay problema, pero me preocupa que vuelva a esconderse usando el mismo truco de antes."
Al escuchar el intercambio que mantenían en voz baja, un escalofrío inexplicable recorrió la espalda de Isaías.
"¡¿Quién eres tú?!", exigió saber, conteniendo a duras penas la zozobra que le encogía el pecho.
"¿Yo?"
La doncella se señaló a sí misma con el dedo antes de responder con absoluta solemnidad: "Fabricada por el \[Taller de Lilia\], Marioneta Mágica Doméstica Tipo III, código..."
"..."
Por muy templado y sereno que fuera el carácter de Isaías, ante semejante respuesta sintió el impulso irrefrenable de soltar una maldición.
'¿Una marioneta mágica doméstica?'
'¡¿Te estás burlando de mí en mi propia cara?!'
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• Novela: 飞升错世界了怎么办?
• Título en inglés: What Should I Do If I Ascended to the Wrong World?
• Autor: A Jiu Wei (阿玖未)
• Traductor: Inmensurable
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¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela)
Capítulo 77
¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela) Capítulo 76
Estás leyendo el capítulo 76 de ¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela), un novela. Año 745 del Calendario de la Luz. Los dioses que antaño caminaban entre los mortales se han retirado a las profundidades del reino astral. Con el silencio divino, ha comenzado la verdadera era de los seres mortales.… Este capítulo tiene publicado el 12 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. ¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.