arrow_back

Leer ¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela) Capítulo 62 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
¿De verdad era posible? Por un instante, el cuerpo de Irenevet se tensó ligeramente y, desde lo más hondo de su ser, brotó un nerviosismo incontenible. Al percatarse de ello, incluso ella misma se sintió desconcertada. ¿Por qué se sentía nerviosa? Cuando el concepto de "madre" era algo completamente ajeno para ella... Exhaló un suave suspiro. Intentó sofocar aquel torbellino de emociones encontradas, solo para descubrir que, por mucho que buscara la calma, le resultaba imposible recuperar su habitual serenidad imperturbable. "¿Cómo debo cooperar?" "Solo quédate sentada." ¿Eh? Al alzar la vista, en el instante exacto en que sus ojos se cruzaron con los de Ye Tu... ¡Buum! El mundo desapareció de golpe. Una oscuridad de silencio perpetuo se expandió sin freno, y aquel par de ojos tibios como el jade, de pupilas azabaches y blanco límpido, ocuparon la totalidad de su percepción mediante un mecanismo que desafiaba todo entendimiento. Su mirada comenzó a perder el foco; su ser entero cayó en el letargo. Muy pronto, aquellos ojos templados como el jade también se disiparon, dejando únicamente dos colores puros, blanco y negro, entrelazándose y girando como una piedra de molino que engullía su alma en su vórtice. El cielo y la tierra dieron vueltas. Olas colosales e infinitas rugieron con violencia; el alma semejaba una frágil barca abriéndose paso a duras penas en medio de la tormenta desatada. Templada por el viento y la lluvia, la esencia de su espíritu alcanzó en este instante una pureza inmaculada. Aquello olvidado por el mundo, aquello olvidado por ella misma... Comenzó a emerger con lentitud desde lo más profundo de sus recuerdos, como sutiles burbujas ascendiendo a la superficie. Era una tarde bañada por un sol resplandeciente; campos de flores semejantes a tapices de seda se mecían con la brisa fresca, y una madre tierna reposaba en los brazos de su padre. Elegante, hermosa, culta. Sus facciones guardaban un noventa por ciento de parecido con las suyas, pero desprovistas de frialdad y rebosantes de dulzura. Era como la encarnación de toda la belleza existente en el mundo, capaz de cautivar la mirada de cualquiera desde el primer instante. Y sin embargo, aquella mujer que irradiaba una serenidad absoluta ante cualquier circunstancia contemplaba en ese momento a la criatura que sostenía en brazos, con los ojos curvados en una sonrisa tan pura y espontánea como la de una niña. "Tienes que crecer muy rápido, ¿de acuerdo?" En sus pupilas, límpidas como el cristal, titilaba una "luz" que Irenevet no lograba descifrar del todo. Tan brillante y viva, pero que le produjo un nudo amargo en el corazón. Mamá... Los fragmentos de memoria perdidos se ensamblaron poco a poco hasta completarse. Al principio de la historia, una legendaria maga que recorría el mundo conoció al héroe que custodiaba el imperio; se conocieron, se enamoraron y de allí nació ella. Y al final del relato, todo concluyó con una irreconciliable discrepancia de convicciones. El padre consideraba que era perfectamente natural que los descendientes del Héroe del Hielo protegieran el imperio, tal como lo habían hecho generación tras generación. La madre, en cambio, sostenía que su hija merecía gozar de un futuro mucho más libre. "¡Maldito sea ese estúpido contrato!" Aquella fue la primera vez que esa mujer elegante y hermosa perdió la compostura, la primera vez que alzó la voz contra su esposo. Fue así como abandonó el Imperio del Alba, marchando hacia aquel cielo sellado bajo la escarcha eterna, para no regresar jamás. E incluso el mundo entero la borró de la memoria. "..." La penumbra eterna se replegó como una marea menguante; la luz resurgió en derredor. Irenevet lucía una expresión aturdida. Tuvo que pasar un buen momento para que lograra emerger por completo de las profundidades de aquel recuerdo. "... ¿Quién fue?" "¿Acaso no lo has adivinado ya?" "..." Tras sumirse en un prolongado mutismo, Irenevet se puso de pie tras el escritorio. "Disculpa, creo que necesito estar a solas para pensar bien las cosas." Dicho esto, dio media vuelta dispuesta a abandonar el estudio. Sin embargo, al llegar al umbral de la puerta, se detuvo un segundo. "Gracias." "Mmm." Con su partida, Ye Tu dirigió la mirada hacia la ventana, con los pensamientos dispersándose en la lejanía. La madre de Irenevet había sido la primera maga en rozar el dominio de los semidioses tras el retiro del panteón divino al Reino Astral. No mediante la fe en una deidad, sino a través de la metamorfosis de su propio espíritu. Se negaba a que su hija naciera desprovista de libertad, encadenada a los grilletes del supuesto "pacto". Deseaba cambiarlo todo. Por ello, fue en busca de aquel segundo Héroe del Hielo que en su día firmó el pacto con el Señor del Alba y renegó del título de "Héroe". El desenlace, sin embargo, fue un rotundo fracaso. Incluso los vestigios de su propia existencia sobre este mundo fueron borrados por una fuerza procedente de un estrato superior. Lenner Ishelan también se vio afectado, incapaz de recordar nada vinculado a ella; no obstante, la convicción que lo ataba a proteger el imperio se tambaleó a raíz de aquel suceso, dando paso a la Irenevet del presente. Una Héroe del Hielo completamente distinta a sus predecesores, que ya no consagraba su vida en exclusiva a la custodia del imperio. ... ... "Puesto que la misión ha concluido, regresa de inmediato." En la cima de la torre de magos. La proyección espiritual de Daphne apremiaba a Evia sin tregua. "¿Acaso no toma tiempo cotejar los datos?" Apenas acababa de enviar el cristal etéreo a través del círculo mágico de teletransportación. Con el ritmo de trabajo habitual en la Asociación de Magos, solo los trámites burocráticos tomarían un par de días, ¿no? ¡Para actualizar formalmente el estado de la misión seguramente harían falta tres días enteros! "De eso no te preocupes, yo me encargaré de gestionarlo desde aquí", el semblante de Daphne denotaba una gravedad sin precedentes. "¡Lo único que debes hacer es marcharte del Imperio del Alba de inmediato junto a Ye Tu y esa Héroe del Hielo!" Los instrumentos de observación astral de la Isla Celestial ya habían registrado anomalías en el firmamento. La densidad del maná de afinidad lumínica en el Imperio del Alba se disparaba a un ritmo vertiginoso, coincidiendo con el fenómeno de "desbordamiento de divinidad" documentado en los archivos antiguos. Resultaba evidente que se avecinaba un acontecimiento colosal que involucraba de lleno el plano divino, con la magnitud suficiente para estremecer al mundo entero. Numerosos profesionales del Reino Sagrado que llevaban incontables años desaparecidos del ojo público habían comenzado a dar la cara. Una Maga recién ascendida como Evia, de verse arrastrada al vórtice de un suceso de semejante calibre, ¡ni siquiera sabría cómo terminó perdiendo la vida! "Pero a Ye Tu no parece hacerle mucha gracia la idea de marcharse todavía", parpadeó Evia con inocencia. "Entonces márchate tú sola primero." "¿Cómo voy a hacer eso? Sería de muy mal gusto." Formaban un equipo: si se iban, se iban juntos; si se quedaban, se quedaban juntos. ¿Cómo iba a tener la desfachatez de huir por su cuenta? ¡Eso equivaldría a ser una desertora! Y además... "No es más que un simple Señor del Alba; Ye Tu ya dijo que no había problema, así que quédese tranquila, maestra", soltó con total desparpajo. Daphne casi se echa a reír de pura indignación. ¿Que no es más que un simple Señor del Alba? Siendo una Maga recién consagrada, que ante una auténtica deidad ni siquiera calificaba como una mísera hormiga, ¿cómo se atrevía a pronunciar semejante barbaridad? Si ya era así de arrogante ahora, el día que se convirtiera en una Archimaga Sagrada, ¿acaso irrumpiría en el vacío estelar para poner patas arriba el mismísimo Reino Astral? "¿Maestra?", la llamó Evia en tono de tanteo. "No me llames maestra; tú eres mi maestra a partir de hoy." 'Pues llámame maestra a ver cómo suena, anda.' La frase estuvo a punto de escapársele de la boca por puro instinto, pero en el último instante logró sofocar ese impulso suicida. ¡Si soltaba eso en voz alta, su maestra la molería a palos de verdad! "Ay, ya sé que no confía en mí, maestra, pero ¿cómo no va a confiar en Ye Tu?" Con todas las cosas increíbles que él le había dado... Y usted ni siquiera es capaz de concederle un ápice de fe. Protestaba Evia en voz baja para sus adentros. "Esto no es una cuestión de confianza", replicó Daphne con frialdad implacable. "Si fueras una Gran Archimaga, ni me molestaría en decirte nada." ¡Otra vez discriminando por el rango mágico! "Qué cosas dice, maestra", murmuró Evia con un mohín de protesta. "Como si ante los dioses hubiera alguna diferencia entre una Maga y una Gran Archimaga." A los ojos de una divinidad, ¿no eran ambas simples sabandijas a las que se podía aplastar con un solo dedo? A lo sumo, la única diferencia radicaba en ser un bicho un poco más chico o un poco más gordo. ¡Y los bichos gordos hasta llamaban más la atención! \----- • Novela: 飞升错世界了怎么办? • Título en inglés: What Should I Do If I Ascended to the Wrong World? • Autor: A Jiu Wei (阿玖未) • Traductor: Inmensurable ☯️ ¡Compañero(a) daoísta, deja tu reacción y comentario para ayudar a acelerar el cultivo de los próximos capítulos! ¡Tu apoyo es nuestra energía espiritual! ¡Que tu Gran Dao prospere! 🙏
¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela)

Continúa leyendo

¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela)

Capítulo 63

Siguiente Capítulo ›

¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela) Capítulo 62

Estás leyendo el capítulo 62 de ¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela), un novela. Año 745 del Calendario de la Luz. Los dioses que antaño caminaban entre los mortales se han retirado a las profundidades del reino astral. Con el silencio divino, ha comenzado la verdadera era de los seres mortales.… Este capítulo tiene publicado el 11 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. ¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.