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Leer ¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela) Capítulo 61 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
"¿Hay ciertas cosas que no deben ser olvidadas por el mundo?" ¿Qué clase de respuesta era esa? Irenevet frunció levemente el ceño. Al advertir la perplejidad en su mirada, Elliot, habiendo alimentado el misterio lo suficiente, se disponía a dar una explicación más detallada. Sin embargo, antes de que pudiera articular palabra, la figura de Irenevet se deshizo de golpe, transformándose en una corriente helada compuesta por incontables y diminutos cristales de hielo que fluyó hacia el exterior de la cámara secreta. En cuestión de un parpadeo, se había desvanecido por completo sin dejar rastro. Ya había obtenido las respuestas que venía a buscar. Elliot también había contestado a la última pregunta; aunque por el momento no terminara de comprender el significado de aquellas palabras... Al fin y al cabo, había respondido. A lo sumo, bastaría con consultárselo a Ye Tu al regresar. Siendo así, continuar allí carecía de sentido; era mucho mejor marcharse. "..." Se había ido sin más. Elliot se quedó atónito unos instantes antes de esbozar una sonrisa amarga y resignada. Aquel apego a los principios que demostraba la muchacha era tan inquebrantable como siempre. Dijo que era una última pregunta y fue estrictamente la última; una vez formulada, se marchaba sin demorarse ni un solo segundo. "De haberlo sabido, se lo habría dicho sin rodeos." Aun así... Irenevet se había topado con el señor Ye Tu hacía ya varios días y, a partir de ese momento, ya no debería estar sujeta a las ataduras del contrato sagrado. ¿Por qué había dejado pasar tanto tiempo antes de acudir a indagar sobre lo ocurrido en el pasado? Sumergido en sus pensamientos, Elliot descolgó el farol que había dejado a un lado y, con paso vacilante y cansino, emprendió la marcha hacia el exterior. Al salir de la cámara secreta no optó por retirarse a descansar. En su lugar, farol en mano, descendió a lo largo de una escalinata oculta que bordeaba el exterior del recinto. Finalmente, llegó ante una celda hermética, desprovista de ventanas y con una única puerta que conectaba con el exterior, situada en lo más profundo de los cimientos de la Gran Catedral del Alba. ¡Chiiirrr! Con un chirrido estridente que helaba los dientes, la pesada puerta cerrada se abrió automáticamente. La luz de las lámparas iluminaba la estancia con claridad. Allí se encontraba Cyril, vestido con una sencilla túnica interior blanca, con los ojos cerrados y sentado con las piernas cruzadas sobre la yacija adosada a la pared. A pesar de llevar un prolongado período entre rejas, su estado de ánimo se mostraba extraordinariamente animado. Al percibir la apertura de la cancela, abrió los ojos y, tras distinguir que el recién llegado era Elliot, una sonrisa sombría y burlona curvó sus labios. "No sonrías de forma tan patética; pareces un villano de tercera categoría." Aquella sola frase congeló de golpe la expresión de Cyril. Elliot, ese vejestorio arrogante, ¿era capaz de pronunciar semejantes palabras? Sin embargo, no tardó en advertir el agotamiento insostenible que se reflejaba en los ojos del Papa, y volvió a reír con desdén: "Viejo trasto, parece que estás con un pie en la tumba." Su tono era en extremo ponzoñoso, desprovisto de todo vestigio del respeto que le guardaba en el pasado. Siendo ambos sacerdotes del Alba, era capaz de percibir con nitidez el resplandor de aquella alma empapada por el poder sagrado. Aquel cuerpo terrenal, envejecido y decrépito con cada día que pasaba, ya era incapaz de contener la inmensidad de su espíritu. "..." Elliot no intentó rebatirlo. Su envoltura carnal ciertamente se encontraba al borde de la descomposición; de lo contrario, no se sentiría exhausto por recorrer un trecho tan insignificante. "Lo siento, muchacho." Elliot lo contempló con una serenidad absoluta. Sin embargo, aquellas palabras volvieron a congelar la sonrisa en el rostro de Cyril. Por un instante, la mirada que le dedicó a Elliot se llenó de un profundo desconcierto y desconfianza. Este viejo carcamal... ¿de verdad se le había fundido el cerebro? "En aquel entonces, no debí permitir que entraras en contacto con esa pandilla de dementes." Aunque sus ojos estaban fijos en Cyril, las palabras no parecían dirigidas al hombre que tenía enfrente en el presente. "..." Cyril puso una expresión como si estuviera contemplando a un aparecido. ¿Qué demonios le ocurría a este vejestorio hoy? ¿A qué venía soltar semejante sarta de disparates nada más entrar? "¿Acaso perdiste el juicio?", no pudo evitar espetar. "Estoy muy lúcido", respondió Elliot con voz pausada. "Más lúcido que en ningún otro momento de mi existencia." En el pasado, ansiaba ofrendar todo lo que era al Señor del Alba, y cada uno de sus pensamientos existía exclusivamente para honrar a su dios. Ante los oráculos que el Señor del Alba manifestaba, se limitaba a acatarlos a ciegas, esforzándose hasta el agotamiento por ejecutarlos sin atreverse jamás a albergar la menor sospecha ni el más ínfimo pensamiento sacrílego. Siendo un creyente, ¿cómo osaría cuestionar los designios divinos? Pero ahora, tras salir de aquellos estrechos márgenes y mirar hacia atrás... ¿En qué se diferenciaba aquel hombre de antaño de una marioneta vacía y carente de voluntad propia? La fe podía tener cabida, ¡pero jamás debía levantarse sobre la premisa de aniquilar el propio ser! "Simplemente me niego a seguir adorando a ciegas; solo busco una libertad lúcida." ¿Una libertad lúcida? Un destello de extrañeza cruzó los ojos de Cyril antes de comprender finalmente el sentido de la conversación. Aquellas palabras que soltó al vuelo en su celda días atrás... ¡se habían vuelto realidad! "Viejo insensato, ¿tienes la menor idea de las consecuencias que acarrea hacer algo así?" Si hubiera perseguido tales delirios en su juventud, todavía cabría comprenderlo. Pero hallándose ya a las puertas de la muerte, ¿renegaba de su fe para entregarse a semejantes pamplinas? ¡Estaba completamente demente! "Lo sé muy bien." Por supuesto que conocía las consecuencias. Con su vida tocando a su fin, ascender al reino divino para transformarse en un ángel semidivino constituía su única vía de salvación. Y justo en un momento tan decisivo, elegía renegar de su devoción solo por abrazar la llamada libertad. Aquello equivalía prácticamente a cercenar con sus propias manos la única oportunidad de supervivencia que le quedaba. "Pero vale la pena." Al menos, para él en lo personal, valía la pena con creces. La libertad... Si ni siquiera se atrevía a saborearla una vez antes de expirar, esta vida habría sido un absoluto sinsentido. Solo resultaba una lástima... Que el mundo fuera todavía tan joven mientras que él ya se había consumido por la edad. "¿Así que viniste hoy únicamente para soltarme estas tonterías?", preguntó Cyril, cada vez más descolocado. "Sí", el tono de Elliot conservaba una calma sepulcral. "Estoy a punto de morir; puedo hacer exactamente lo que me plazca." "..." A Cyril le temblaron las comisuras de los labios. "Te vas a arrepentir." Dicho esto, volvió a cerrar los párpados, negándose a prestarle la menor atención a Elliot. No tenía la intención de perder el tiempo discutiendo con un loco al borde de la tumba. El propio vejestorio acababa de advertir que haría lo que le diera la gana. Si en un arrebato de mal genio le daba por liquidarlo allí mismo... Sería una muerte absurdamente injusta. Más le valía aguardar con paciencia a que el anciano estirara la pata. Una vez fallecido, el Señor comprendería por Sí mismo quién era en verdad Su siervo más devoto. Elliot tampoco añadió palabra; farol en mano, dio media vuelta y emprendió el camino de regreso. ¿Arrepentirse? Habiendo probado las mieles de la libertad, ¿cómo podría arrepentirse por no poder regresar a una jaula? ... ... "¿Qué tal la cosecha?" En el estudio, Ye Tu contemplaba a Irenevet, recién llegada de la Gran Catedral del Alba. La pintura al óleo que había traído consigo de los vestigios de los antiguos dioses yacía boca abajo sobre la mesa frente a él. "Ya lo tengo todo claro." Tras una breve pausa, añadió: "Excepto la parte concerniente a mi madre." Había albergado la esperanza de descubrir algún rastro sobre ella en esta ocasión, pero al final no halló absolutamente nada. "¿Y deseas saberlo?" "... ¿Qué debo pagar a cambio?" "Nada en absoluto", sonrió Ye Tu. "Si quieres saberlo, puedo decírtelo directamente." Dado que aquel asunto no involucraba a los antiguos dioses, deducirlo mediante el cálculo adivinatorio no representaba la menor dificultad. "O bien, puedo hacer que recuerdes una parte primero, y el resto se lo preguntas tú misma a tu tío cuando te reúnas con él." Ye Tu le ofreció otra alternativa. "¿Y bien? ¿Eliges la primera o la segunda opción?" ¿Recordar a su madre? Tras una breve vacilación, Irenevet tomó una resolución: "La segunda. A cambio, extenderé el plazo del contrato por tres meses." Aunque aquello pudiera parecer ventajoso para ella, aparte de eso no disponía de nada más que pudiera ofrecerle a Ye Tu como pago. "Trato hecho." \----- • Novela: 飞升错世界了怎么办? • Título en inglés: What Should I Do If I Ascended to the Wrong World? • Autor: A Jiu Wei (阿玖未) • Traductor: Inmensurable ☯️ ¡Compañero(a) daoísta, deja tu reacción y comentario para ayudar a acelerar el cultivo de los próximos capítulos! ¡Tu apoyo es nuestra energía espiritual! ¡Que tu Gran Dao prospere! 🙏
¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela)

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¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela) Capítulo 61

Estás leyendo el capítulo 61 de ¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela), un novela. Año 745 del Calendario de la Luz. Los dioses que antaño caminaban entre los mortales se han retirado a las profundidades del reino astral. Con el silencio divino, ha comenzado la verdadera era de los seres mortales.… Este capítulo tiene publicado el 11 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. ¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.