Leer ¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela) Capítulo 24 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Minutos después.
Tras una serie de explicaciones, Evia comprendió finalmente el propósito de Ilinwitt al actuar de ese modo, y también logró comprender...
'¡Comprender un rábano!'
'¡Tu lógica mental es sumamente retorcida!'
Si los Héroes del Hielo de las generaciones pasadas se enteraran de que empleaba las técnicas secretas de forja familiar para fabricar semejante adminículo, se pondrían a llorar de pura vergüenza.
Había tantos detalles absurdos que a ella le resultaba imposible procesarlo.
Sin embargo...
Una cosa era no comprenderlo y otra muy distinta entrometerse.
Al fin y al cabo, se trataba de un asunto privado entre Ye Tu e Ilinwitt; si ella insistía en hacer un drama al respecto, la que quedaría en una posición ridícula sería ella misma.
'En fin.'
Forzándose a ignorar el asunto, tomó asiento, puso cara de concentración y extrajo sus herramientas para dar inicio a la recolección de datos.
'Qué más da.'
'Que hagan lo que les plazca; primero cumpliré con el trabajo.'
No obstante, fiel a su naturaleza inquieta e incapaz de guardar silencio por mucho tiempo, apenas pasaron unos instantes antes de que volviera a abrir la boca:
"Cuando venía de camino hacia aquí, vi a una multitud inmensa en la Plaza del Lucero del Alba. Aparte de Cyril, los otros dos arzobispos de la Iglesia del Alba estaban presentes."
De no ser porque aquella anciana intolerante también se encontraba en el gentío, sin duda se habría quedado un rato a curiosear.
"¿Tienes idea de qué habrá ocurrido?"
'¿La Plaza del Lucero del Alba? ¿Dos arzobispos juntos?'
Ilinwitt frunció levemente el ceño.
"No lo sé."
Del mismo modo en que la Iglesia carecía de autoridad para impartirle órdenes a ella, jamás intervenía en los asuntos internos eclesiásticos.
Sin embargo...
Que dos arzobispos hicieran acto de presencia simultáneo en la Plaza del Lucero del Alba, con la notoria ausencia de Cyril, constituía un acontecimiento sumamente inusual.
A todas luces, parecía haberse desatado una crisis de gran envergadura en el seno de la Iglesia.
"Ye Tu, ¿tú sabes algo?", Evia miró de reojo hacia atrás.
Pero antes de que él pudiera articular respuesta:
"Olvídalo, haz como si no hubiera preguntado."
Si ni siquiera esa mujer lo sabía, Ye Tu, habiendo llegado a la ciudad casi al mismo tiempo que ella, mucho menos estaría enterado.
"En realidad, sí lo sé", comentó Ye Tu con una leve sonrisa.
¿Ah?
"Salvo imprevisto, Cyril debería perder su posición como arzobispo."
'¡Imposible!'
A Evia le brotó el impulso instintivo de refutarlo.
Antes de emprender este viaje se había informado a fondo sobre la estructura del Imperio del Alba.
Aunque se denominaba 'imperio', a su parecer resultaba mucho más acertado catalogarlo como una 'teocracia'.
El Sumo Pontífice, como máxima autoridad soberana de la nación, fungía en la práctica con el mismo rol que un 'emperador' en cualquier otro reino.
Y no un soberano ordinario, sino uno que concentraba la totalidad del poder terrenal y la autoridad sagrada en su persona; alguien exento de rendir cuentas ante mortal alguno salvo ante la deidad suprema, provisto de una soberanía sin límites.
Los arzobispos, como candidatos designados a suceder el solio pontificio, ostentaban en el imperio el equivalente al rango de 'príncipes herederos'.
Además, dadas las marcadas particularidades del Imperio del Alba, las disputas por el trono pontificio distaban de ser cruentas.
Al menos, no se comparaban con los baños de sangre frecuentes en otras naciones donde las cabezas rodaban a la menor provocación.
Una vez proclamado el nuevo pontífice, los dos arzobispos restantes no eran objeto de purgas ni represalias.
Como los devotos más leales del Señor del Alba, uno pasaba a liderar el Tribunal del Santo Juicio, mientras que el otro asumía la custodia y el dominio del semi-artefacto divino 【Lágrimas de la Aurora】.
Podía afirmarse con certeza que los arzobispos ya ocupaban la cúspide indiscutible del Imperio del Alba.
¿Destituir a una figura de semejante envergadura?
No solo requería un procedimiento burocrático y litúrgico extremadamente engorroso, sino el consenso unánime del Sumo Pontífice, de los otros dos arzobispos y de más de la mitad del cónclave de obispos.
Y por encima de todo, semejante medida constituía, en cierta medida, una ofensa directa a la propia divinidad.
Si la fe del más devoto entre los creyentes llegaba a flaquear, ¿no implicaba acaso que el propio Señor del Alba...?
En definitiva, hacía incontables décadas que el Imperio del Alba no presenciaba una situación semejante.
"¿Por qué aseguras algo así?"
Conociendo a Ye Tu, aunque solía gastar bromas de cuando en cuando, jamás soltaba afirmaciones falsas.
Si lo decía con tanta seguridad, debía tener motivos fundados.
A un costado, Ilinwitt pareció atar cabos:
"¿Guarda relación con el individuo que mantenía contacto con él?"
"Así es."
Evia lucía completamente desorientada.
'¿Y quién es ese tal individuo? ¿No será aquel sujeto que mencionaron la otra vez, ese que dijeron que aún no estoy en nivel de conocer?'
En ese instante, la bola de cristal posada sobre el escritorio de Ilinwitt destelló brevemente.
La guerrera bajó la mirada para consultar la información y luego levantó los ojos hacia ellos dos:
"Confirmado. A partir de hoy, Cyril ha dejado de ser arzobispo."
'¡En verdad ocurrió tal como dijo!'
...
En la Gran Catedral del Alba.
Bajo la nave central consagrada a la efigie divina, en el interior de una cámara sellada y sin ventanas, provista únicamente de una pesada puerta que comunicaba con el exterior.
Cyril se había despojado de sus vestiduras sagradas de color blanco y oro, vistiendo únicamente una sencilla prenda interior de color blanco. Permanecía sentado con las piernas cruzadas sobre un camastro pegado a la pared, con los ojos firmemente cerrados.
Chiii...
Acompañada de un chirrido agudo que hacía rechinar los dientes, la puerta sellada se abrió con lentitud.
Cyril abrió los párpados; una densa y profunda oscuridad relampagueó fugazmente en el fondo de sus pupilas.
Al alzar la vista y reconocer a la figura que cruzaba el umbral, las comisuras de sus labios se curvaron en una fría mueca de desdén.
"Cyril, ¿reconoces tu pecado?", inquirió Elliott con voz suave y pausada.
En comparación con días atrás, su aspecto denotaba una decrepitud aún más pronunciada; la austera túnica gris colgaba floja y desgarbada sobre su esquelético armazón.
Sus ojos lucían turbios y apagados, desprovistos de cualquier chispa de vitalidad.
Su figura entera se tambaleaba al andar, exhalando por cada poro una densa emanación de muerte inminente.
"¿Pecado?"
Lejos de la histeria descontrolada que cabría anticipar, Cyril reaccionó con un aplomo sobrecogedor.
"Jamás he flaqueado en mi devoción hacia Nuestro Señor; ¿de dónde sacas que he cometido pecado?"
Al escuchar tal respuesta, una profunda desilusión nubló el rostro de Elliott.
"Habiendo llegado a este punto, ¿aún te niegas a arrepentirte?"
Si bien en un principio él mismo había propiciado este escenario en estricto cumplimiento de un oráculo divino, al ver el desenlace presente, aún albergaba la tenue esperanza de que Cyril recordara su devoción original hacia el Señor.
"¿Arrepentirme?", Cyril soltó una carcajada burlona y desprovista de calor.
"Tu soberbia no conoce límites, Elliott."
"Comparado conmigo, tú eres el verdadero pecador carente de devoción hacia Nuestro Señor."
"..."
Aquellas palabras sumieron a Elliott en un hondo y absoluto mutismo.
'¿Bajo la influencia perniciosa de aquel Apóstol del Pecado Original, su mente se ha degradado hasta semejante aberración?'
Dejando escapar un débil suspiro, Elliott perdió todo deseo de prolongar la conversación ante la irremediable pérdida de su antiguo subordinado. Dio media vuelta, disponiéndose a marcharse.
Sin embargo, justo cuando estaba a un paso de franquear el umbral...
A sus espaldas, Cyril pronunció una frase desconcertante y cargada de misterio:
"Elliott, ¿crees verdaderamente que a quien adoras es al auténtico Señor... o al dios que fabricaste en tu propio corazón?"
Los pasos del anciano se congelaron en seco.
'¿Al verdadero Señor, o al dios en mi corazón?'
Sin ofrecer una sola palabra de réplica, Elliott continuó su marcha y se retiró en silencio.
Con su partida, la pesada puerta volvió a cerrarse con el mismo chirrido estridente y desasosegante.
Cyril contempló la puerta sellada y fijó la vista en el primoroso grabado de la Corona de la Aurora tallado sobre la madera; la sombra oscura en lo más hondo de sus pupilas se espesó aún más.
Alzó la palma de la mano diestra, sobre la cual comenzó a brillar una tenue y cálida aureola dorada.
Era el poder de los sortilegios divinos.
La bendición directa del glorioso Señor del Alba.
Si en verdad hubiese cometido pecado y merecido la reprobación celestial, tras ser despojado de su rango de arzobispo, la gracia divina de su Señor debió haberse extinguido en el acto.
Y sin embargo, no fue así.
Podía sentir con absoluta claridad que aún conservaba intacta la autoridad sagrada que le correspondía en sus tiempos de arzobispo.
Lo cual admitía una única conclusión:
¡El Señor jamás lo había considerado culpable!
"Oh, grandioso Señor, dígnate juzgar a los verdaderos pecadores..."
Su tono rezumaba una piedad devota, mientras un destello de fanatismo incendiaba su mirada.
¿Quién era el verdadero pecador?
¡Por supuesto que era aquel Elliott que, tras escuchar esa última frase, titubeó por un instante e incluso se atrevió a dudar en su mente!
Para el creyente más devoto y consumado, el único deber consistía en obedecer el mandato sagrado sin cuestionar.
No le correspondía pensar.
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• Novela: 飞升错世界了怎么办?
• Título en inglés: What Should I Do If I Ascended to the Wrong World?
• Autor: A Jiu Wei (阿玖未)
• Traductor: Inmensurable
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Estás leyendo el capítulo 24 de ¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela), un novela. Año 745 del Calendario de la Luz. Los dioses que antaño caminaban entre los mortales se han retirado a las profundidades del reino astral. Con el silencio divino, ha comenzado la verdadera era de los seres mortales.… Este capítulo tiene publicado el 9 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. ¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.