Leer ¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela) Capítulo 2 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
El Imperio del Alba.
Una nación consagrada al culto del Señor del Alba.
Al ser una de las pocas deidades capaces de derramar poder divino y manifestar milagros en esta era de silencio divino, el noventa por ciento de los súbditos del imperio eran sus devotos creyentes.
Según los dogmas de la Iglesia del Alba, fue el Señor del Alba quien puso fin a la solitaria noche eterna y creó todo cuanto existe en el mundo.
No obstante, a ojos de los extranjeros, aquello no pasaba de ser un delirio colectivo propagado por una sarta de fanáticos religiosos.
¿En qué época creían estar como para seguir tragándose el cuento de la creación divina?
La Santa Sede de Lothé.
Una urbe sacra e imponente, esculpida en una sola pieza sin el menor rastro de intervención humana, como si hubiese brotado directamente de las entrañas de la tierra.
En 《El Pacto del Alba》 se la denominaba "el primer rayo de la aurora que desgarró la noche eterna", una ciudad sagrada forjada con autoridad divina por el mismísimo Señor del Alba en los orígenes del imperio.
En la zona superficial, al flanco sur de la Plaza del Resplandor Sagrado, se erigía una estación de trenes de vías de nubes recién inaugurada apenas un mes atrás.
Pronto, los rieles condensados a partir de corrientes de vapor se extendieron en la distancia, y el tren de vías de nubes arribó sin contratiempos sobre el espacio aéreo de la ciudad santa.
Un suave zumbido resonó en el andén.
El círculo mágico de teletransportación se iluminó y, envueltas en destellos de luz, las figuras de Evia y Ye Tu se materializaron en la plataforma.
En efecto.
Ellos dos fueron los únicos pasajeros que descendieron en esa parada.
El tren de vías de nubes no se demoró; sobrevoló la Gran Catedral del Alba que flotaba sobre la ciudad sagrada y prosiguió su marcha a lo largo de las vías hacia horizontes lejanos.
Un clérigo que aguardaba en las inmediaciones de la estación se apresuró a salir a su encuentro.
En un principio, su semblante era inexpresivo y mantenía una compostura bastante fría y distante.
Sin embargo, en cuanto distinguió con claridad el ejemplar de 《El Pacto del Alba》 que Ye Tu llevaba en la mano, su actitud dio un vuelco radical. Pasó por alto por completo a Evia, que caminaba al frente, y fue derecho hacia él.
"¿Acaso el señor Ye también es un devoto creyente de Nuestro Señor?"
Su voz rebosaba genuino regocijo.
Evia: "..."
"Solo siento curiosidad por los preceptos de la Iglesia; disto mucho de considerarme un creyente", respondió Ye Tu con una leve sonrisa.
Al oírlo, el sacerdote no pudo disimular cierta desilusión, aunque no por ello juzgó que faltara al respeto al glorioso Señor del Alba.
Comprendía a la perfección que los forasteros jamás habían sido cobijados por la gracia suprema de su dios, por lo que resultaba sumamente meritorio que manifestara semejante interés por la doctrina eclesiástica.
Así pues, decidido a conducir a esta "oveja descarriada" por el sendero correcto, redobló su entusiasmo y calidez.
Durante todo el trayecto no cesó de debatir pasajes doctrinales con Ye Tu.
Habiéndose leído ya 《El Pacto del Alba》 de cabo a rabo, Ye Tu respondía con impecable soltura, arrancando constantes asentimientos de admiración del clérigo.
Evia, en cambio, quedó relegada al olvido más absoluto.
No le quedó más remedio que cargar a pulso con dos enormes baúles de equipaje, resoplando y jadeando con fastidio detrás de ellos.
...
Poco después.
En la residencia que la Iglesia del Alba les había asignado.
Evia contemplaba boquiabierta la suite de auténtico lujo que tenía frente a sus ojos, y al rememorar la modesta habitación que le habían dado a ella —que no era pésima, pero distaba leguas de ser buena—, sintió que la envidia le carcomía las entrañas.
¡Si todo su cuarto entero no igualaba en tamaño al baño privado de la suite de Ye Tu!
"¡¿En base a qué semejante privilegio?!"
"Te aconsejé que leyeras más y me ignoraste; ahora aténgase a las consecuencias", replicó Ye Tu, sentado junto a una mesa en el balcón mientras hojeaba un ejemplar de 《El Pacto del Alba》 encuadernado con detalles en pan de oro, fino como una obra de coleccionista.
Había sido un obsequio enviado expresamente por un arzobispo de la Iglesia del Alba.
"¡¿Quién dice que no leo?!"
Herida en su orgullo, Evia marchó furiosa hacia la mesa, le arrebató la taza de té negro y se la bebió hasta la última gota de un solo trago.
"¡Para que lo sepas, soy la Archimaga más joven de la Asociación de Magos en casi un siglo!"
¡Apenas tenía diecinueve años!
Ya había superado la barrera de los Grandes Magos de noveno rango y dirigía de forma autónoma la recolección de datos de un proyecto oficial.
Sus contemporáneos todavía se arrastraban penosamente como simples aprendices.
Además, ¿qué mérito tenía leer un panfleto dogmático tan insustancial como 《El Pacto del Alba》?
"¡No me importa nada, yo también me quedo a vivir aquí!"
Ye Tu la miró de reojo y soltó con calma imperturbable:
"Por mí está bien."
"..."
El valor de Evia se esfumó en un parpadeo.
Aunque en días recientes habían protagonizado cierto episodio de intimidad accidental —del cual ella luego extrajo inspiración para trazar unas cuantas páginas ilustradas—, compartir de verdad un mismo techo con Ye Tu...
Todavía no reunía las agallas para semejante osadía.
"¡Olvídalo!", exclamó agitando la mano con despecho. "Aquí ni siquiera hay una sola novicia que sirva el té, ¡ni que me muriera de ganas! En un rato me trasladaré a la torre de magos de mi maestra."
A pesar de que el Imperio del Alba era bastante cerrado al exterior debido a su celo religioso, la Asociación de Magos, siendo la mayor organización continental, disponía de una delegación en la Santa Sede de Lothé; de lo contrario, jamás se habría podido enlazar la red de vías de nubes.
Sin darle tiempo a replicar, la joven cambió de conversación:
"Mañana tengo que acudir a recopilar los registros de combate. ¿Vendrás conmigo?"
La General Exterminadora de Demonios del Imperio del Alba, Ilinwitt Aetherlan, empuñaba el artefacto divino 【Pluma de Escarcha】 y era descendiente directa del ancestral Héroe del Hielo.
Al mismo tiempo, ostentaba el título de la Héroe más poderosa de la era actual.
"Iré."
Un artefacto divino era un armamento supremo forjado únicamente por la mano de los dioses.
Ye Tu albergaba auténtica curiosidad por examinar algo así.
"De acuerdo, iré a dejar mis pertenencias a la torre de magos; mañana vendré a buscarte antes de partir."
"Bien, adelante."
Tras servirse otra taza de té negro y apurarla de un trago, Evia se dio media vuelta y partió.
Ye Tu siguió sus pasos con la vista hasta que su silueta se disipó a lo lejos. Solo entonces bajó los ojos hacia el primoroso tomo de 《El Pacto del Alba》 que sostenía en las manos.
Tanto la encuadernación como el pergamino del libro estaban confeccionados con piel de bestias míticas.
Cada carácter había sido caligrafiado con una tinta dorada especial y, tras recibir la bendición de múltiples sortilegios sagrados, se obtenía un ejemplar semejante.
En cuanto a sus facultades...
Cualquiera que conservara el tomo consigo durante un período prolongado se convencería paulatinamente de la veracidad de su doctrina, hasta transformarse en un ferviente fanático del Señor del Alba.
Lavado de cerebro; o, en términos espirituales, adoctrinamiento forzado.
Guardaba cierto parecido con las artimañas del monje budista que salió de aquella Tierra Bendita en el pasado y a quien él pulverizó de tres puñetazos, aunque la sutileza de este método superaba con creces a la de aquel sujeto.
"Je."
Con una risa displicente, Ye Tu posó el libro sobre la mesa y contempló el panorama más allá del balcón.
Allí arriba, suspendida entre las nubes y bañada por la luz solar, desde la cúspide de la sagrada y monumental catedral emergía un haz dorado de pura fe condensada que ascendía en línea recta hacia los confines del firmamento.
Los dioses de este plano guardaban cierta similitud con las deidades del incienso y la fe que él conocía, pero en su raíz más honda presentaban marcadas diferencias...
"Un mundo fascinante, sin duda..."
En efecto.
Ye Tu no pertenecía a estas tierras, sino que procedía de un reino dominado por el cultivo del Sendero Inmortal.
En su universo natal, los cultivadores absorbían y refinaban el Qi espiritual, templando su ser para comprender el Dao y alcanzar la longevidad eterna.
Habiendo llevado su base de cultivo al límite absoluto de lo que su mundo podía soportar, tomó la determinación de cruzar la Puerta de la Ascensión para ascender al legendario Reino Inmortal en pos de la cúspide del Gran Dao.
Sin embargo, a mitad de la ascensión se desató una turbulencia inexplicable; todo se oscureció ante sus ojos y, de la manera más insólita, terminó varado en este plano desconocido.
Espadas y hechicería, héroes y demonios...
Junto a una multitud de seres que a sus ojos no eran más que monstruos y espíritus animales, pero a quienes los humanos de aquí denominaban "razas míticas".
Para colmo, la esencia trascendental de este mundo no era el "Qi espiritual", sino una sustancia de propiedades enteramente distintas, capaz también de permitir a los seres vivos quebrar sus límites naturales:
¡El maná!
Por fortuna, su cultivo se encontraba en un nivel tan formidable que apenas dependía de la absorción de Qi espiritual externo.
Además, cuando se encontró por primera vez con Evia, la utilizó como punto de referencia para decodificar de forma preliminar el sistema sobrenatural local, habituándose y asimilando en cierta medida las leyes primordiales de este cosmos.
No obstante, ese era el límite por ahora.
Alcanzar una adaptación plena no era una tarea factible a corto plazo.
A menos que encontrara entidades trascendentales con un poder descomunal, capaces de tocar la trama misma de las leyes del mundo, y analizara su esencia para acelerar el proceso.
Por ejemplo, los "dioses"...
Encajaban a la perfección en ese criterio.
Incontables cavilaciones cruzaron por su mente, solo para retornar a la calma absoluta en el instante posterior.
Ye Tu retiró la mirada y se recostó cómodamente contra el respaldo.
Ya vería qué ocurría más adelante.
Aunque no pretendía erigirse como un virtuoso desinteresado, después de todo era un Ascendido cuyos méritos kármicos habían sido consumados y reconocidos por la propia Plataforma de Ascensión; capturar a una deidad inocente únicamente para usarla como objeto de estudio contrariaba los principios de su corazón taoísta.
Asimismo, en este momento preliminar, no convenía provocar fricciones innecesarias con las entidades superiores de este plano.
Sin mencionar a las demás potencias, aquellos "Antiguos Dioses"...
No eran precisamente seres con los que resultara grato tratar.
\-----
• Novela: 飞升错世界了怎么办?
• Título en inglés: What Should I Do If I Ascended to the Wrong World?
• Autor: A Jiu Wei (阿玖未)
• Traducción del chino al español: Inmensurable
Si encuentras algún error tipográfico o inconsistencia en los términos, déjamelo saber en los comentarios.

Continúa leyendo
¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela)
Capítulo 3
¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela) Capítulo 2
Estás leyendo el capítulo 2 de ¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela), un novela. Año 745 del Calendario de la Luz. Los dioses que antaño caminaban entre los mortales se han retirado a las profundidades del reino astral. Con el silencio divino, ha comenzado la verdadera era de los seres mortales.… Este capítulo tiene publicado el 9 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. ¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.