Leer Punto de Vista del Autor (Novela) Capítulo 804 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
[Tierra]
El cielo azul parecía centellear y vibrar. Las nubes se abrieron y, de repente, el cielo empezó a resquebrajarse, como un frágil cristal sometido a demasiada presión.
C... ¡crack!
Apareció la primera fractura, irregular y de bordes ásperos, y luego otra, y otra, hasta que el cielo se convirtió en una telaraña de cristales azules rotos.
Desde el interior de las grietas comenzaron a emerger formas extrañas y distorsionadas, como figuras de otra dimensión que irrumpían en esta.
¡Zas! ¡Zas! ¡Zas!
Figuras se materializaron en el cielo, una tras otra. Sus rostros eran pálidos y demacrados, sus ojos hundidos y atormentados. Salieron tambaleándose de las grietas, con los cuerpos demacrados y temblorosos.
¡Ya estamos aquí!
Uno de ellos gritó, con un tono de alivio en la voz.
"Lo hemos logrado."
Otro eco resonó, sonando más exhausto que triunfante.
Tras su aparición, cada vez más figuras comenzaron a materializarse desde la fisura en el cielo, hasta llenar finalmente todo el firmamento con sus respectivos números.
El cielo sobre ellos había dejado de agrietarse, pero seguía siendo de un tono azul profundo e inquietante, como un moretón en el rostro del mundo.
¡Swoosh!
Cuando los últimos supervivientes emergieron del portal, evaluaron su entorno.
Se encontraban en la cima de lo que parecía ser una ciudad, aunque con estilos arquitectónicos peculiares. Los edificios eran largos y rectangulares, y la mayor parte de sus superficies estaban cubiertas de vidrio.
Aparte de eso, reinaba un silencio sepulcral.
No se oía ningún sonido de vida ni movimiento, ni señales de civilización ni actividad.
"¿Estamos en el lugar correcto?"
"¿Esto es la Tierra?"
Los supervivientes se reunieron, con rostros marcados por el cansancio y la ansiedad.
Eran perfectamente conscientes de que habían escapado de la muerte por un pelo y que era solo cuestión de tiempo que esta los alcanzara; en ese momento, simplemente intentaban aferrarse a su última esperanza con las fuerzas que aún quedaban en la Tierra.
Pronto...
Pronto llegarían los demonios, y solo un final les cruzó la mente.
Los supervivientes lo sentían hasta los huesos: un miedo profundo y primigenio que les aceleraba el corazón y les hacía sudar las palmas de las manos.
¿Qué está pasando aquí? ¿Dónde están todos los humanos?
Una de las figuras élficas habló. Sus ojos recorrieron el área a su alrededor, y al extender su maná en un intento por detectar la presencia de alguna forma de vida, se sorprendieron al descubrir que no había nadie en las inmediaciones.
Confundido y conmocionado, uno de los ancianos elfos expresó su confusión.
"¿Por qué es así?"
"Eso es porque yo lo he hecho así."
Una suave voz resonó, y todos volvieron la cabeza para ver a un humano con pelo corto y negro y ojos azul profundo.
Su mirada era tranquila y parecía no estar lejos de donde ellos estaban.
"¿Quién eres?"
Una de las representantes enanas preguntó con voz cautelosa. Era una anciana enana de baja estatura con rastas.
"¿No debería ser esa una pregunta que yo debería hacer?"
El humano respondió, con una voz que no era ni humilde ni prepotente, sino con cierta autoridad que les dificultaba rebatir.
Un anciano elfo salió.
Parecía bastante afable.
"Pedimos disculpas por las molestias. Hemos oído que vosotros, los humanos, habéis firmado una alianza con nuestras razas, y hemos venido aquí como refuerzos."
El humano arqueó una ceja, y aunque su expresión no cambió mucho, la forma en que los miró daba la impresión de que podía leerles la mente. No dijo nada más y simplemente asintió con la cabeza.
"Ya veo, así que ustedes son los refuerzos…"
Lo dijo sin ninguna sinceridad en sus palabras.
Tal vez sí, pero su expresión y su voz eran bastante monótonas. Era difícil comprenderlo bien.
"El tiempo apremia. Los demonios se acercan. ¿Dónde está todo el mundo?"
Un orco impaciente abrió de repente la boca y fulminó con la mirada al humano que estaba de pie a lo lejos.
Acababan de escapar de las garras del demonio y, sin embargo, en el momento en que llegaron a la Tierra, descubrieron que no había nadie y que un solo humano los miraba con desprecio.
¡Su orgullo no se lo permitía!
"Escucha, humano. O nos dices dónde están los demás humanos y miembros o..."
"¿O qué?"
Una voz suave le susurró al oído, y el cuerpo del orco se puso rígido. Giró la cabeza mecánicamente, y se le heló la sangre al ver al humano que había aparecido sin que se diera cuenta.
"¿Cómo?"
Tartamudeó.
No fue el único sorprendido. Los demás miembros de las tres razas también estaban incrédulos. Nadie pudo vislumbrar cómo se había movido el humano.
El humano extendió la mano y la posó sobre el hombro del orco. Su fría mirada se posó en él, y durante un breve instante, no dijo nada. Aun así, para el orco, ese breve instante se sintió como una eternidad, y todo su cuerpo comenzó a temblar.
"Un comportamiento bastante indisciplinado para un grupo de fugitivos."
Sus palabras tensaron el ambiente mientras todos lo miraban con expresiones distorsionadas.
¿Creen que no sé que no son refuerzos? Mírense. ¿Acaso parecen refuerzos?
Su expresión no cambió, pero cada una de sus palabras llegó al corazón de los presentes.
"Conoce tu lugar."
Dijo eso, y esas tres palabras resonaron con fuerza en las mentes de las tres razas que habían llegado.
El humano dejó de prestarles atención y apartó la mirada para contemplar el cielo.
¿De verdad crees que lograste escapar gracias a tus habilidades?
Preguntó de repente, atrayendo de nuevo la atención hacia él.
"¿Qué quieres decir?"
Preguntó uno de los delegados enanos.
"Apenas logramos escapar de los demonios. De hecho, muchas de nuestras fuerzas cayeron para que pudiéramos escapar. Si hay algo de lo que estoy seguro, es que nuestra huida no fue una mera coincidencia."
"Je."
Los ojos del humano se encontraron con los del delegado enano, su mirada cargada de lo que solo podía describirse como lástima. El enano frunció el ceño en respuesta, percibiendo el desdén que emanaba de cada palabra del humano.
Lo mismo ocurrió con los demás.
Antes de que ninguno de ellos pudiera emitir un sonido, el humano habló.
"Te equivocas en todos los sentidos."
Dijo, rompiendo el tenso silencio con su voz. El humano negó con la cabeza, con la mirada fija en lo alto como si buscara algo.
"No escapaste gracias a tus propios esfuerzos."
Continuó, con voz cargada de indiferencia.
"Lograste escapar porque te lo permitieron."
"¿¡Qué dijiste!?"
Los delegados de las tres razas intercambiaron miradas, con el rostro contraído por la ira. Sus palabras les dejaron un sabor amargo en la boca.
Por si fuera poco, el ser humano aún no había terminado.
"Ni siquiera necesito mirarte para entender por qué has perdido tan estrepitosamente."
Escupió, con palabras afiladas como una cuchilla.
"Sois un desastre. Todos y cada uno de vosotros sois egoístas y orgullosos, y aunque hagáis todo lo posible por ocultarlo, puedo ver que os despreciáis mutuamente."
Los delegados permanecieron en silencio, pero sus ojos delataban la frustración que sentían.
Era cierto que existía una clara división entre las tres razas, incluso antes de que estallara la guerra.
Pero siempre habían creído que estaban unidos en su objetivo de derrotar a los demonios.
La voz del humano se elevó en tono, y su molestia se hizo más palpable a cada segundo.
"Vuestras órdenes son un desastre, y todo en vosotros es un desastre. En resumen, no sois más que una carga que solo disminuirá nuestras posibilidades de supervivencia. ¿Qué derecho tenéis a venir aquí a exigir nada?"
¡Cómo te atreves!
¿Sabes por lo que hemos pasado en las últimas décadas? ¿Sabes que la única razón por la que la Tierra sigue aquí es gracias a nosotros?
Los delegados comenzaban a perder la paciencia, pero al humano parecía no importarle.
"Ingenuo."
Interrumpió sus palabras, sus palabras como un látigo que corta el aire.
“Mira con qué facilidad te derrotaron, ¿de verdad crees que eres la razón por la que la Tierra sigue aquí? Para empezar, la razón por la que lograste escapar no es por ti, sino porque los demonios te lo permitieron. Y la única razón es bastante obvia: quieren que nos debilites con tu desorganización.”
El humano alzó la cabeza hacia el cielo, esbozando una sonrisa burlona en sus labios.
"¿Verdad que sí... Jezabeth?"
¡Br! ¡Brr!
Un profundo y atronador estruendo resonó en el aire, y el mana a su alrededor comenzó a transformarse y distorsionarse. El suelo tembló bajo sus pies cuando una imponente figura emergió del cielo.
La figura del ser parecía fundirse con el mundo que lo rodeaba, y su larga cabellera blanca ondeaba al viento. Sus ojos brillaban con una luz sobrenatural, y su sola presencia bastaba para hacer temblar a todos.
No era otro que Jezabet.
El Rey Demonio.
"En efecto.."
Jezabet habló con voz de trueno.
"Como era de esperar de ti... Viste a través de mis intenciones enseguida."

Continúa leyendo
Punto de Vista del Autor (Novela)
Capítulo 805
Punto de Vista del Autor (Novela) Capítulo 804
Estás leyendo el capítulo 804 de Punto de Vista del Autor (Novela), un novela. La persona alrededor de la cual gira el mundo. La persona que derrota a todos sus oponentes y, al final, se queda con la chica guapa. La única existencia que todos los villanos temen. Ese es el protagonista. ¿Y yo qué?… Este capítulo tiene publicado el 7 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Punto de Vista del Autor (Novela) tiene 861 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.